Trípoli y Fukushima









Juan José Colomer Grau
Rebelión



1.- EL “FIN” DE LA ERA ATÓMICA
Parecía que tras el desmembramiento del bloque soviético y la distensión nuclear, superado el trauma de Chernobyl y con el petróleo tomando exclusivo protagonismo en el debate energético, que la era atómica se fue, pasando a los libros de historia o formando parte del paisaje cuando realizábamos un viaje en tren, seguros de que la central que veíamos pasar no iba a estallar.
La serie de dibujos animados Los Simpson se encargaron de mostrar que todas las miserias y virtudes del ser humano occidental, bien podían tener como trasfondo y escensario una central nuclear, la cual, si bien no deja de tener un componente incierto en cada capítulo, siempre permanece estable en tanto que escenario, de modo que capitulo tras capitulo podemos estar seguros de que no estallará.
La Era atómica desaparecida se caracterizaba por las amenazas, ya fuera por el debate sobre la seguridad de las centrales nucleares, avivado por Chernobyl, ya fuera mediante el sistema de autodestrucción mutua ideado por EEUU y la URSS (entre otros).
En este sentido, considerar que la Era atómica había finalizado significaba al mismo tiempo que la amenaza también se había marchado.
El debate sobre la energía nuclear reverdece cuando los gobiernos occidentales, especialmente Europeos, como modo de combatir el encarecimiento del barril de petróleo causado por las guerras de Irak y Afganistán, apuestan de nuevo por ella. Pero este es un debate condicionado por las crisis de abastecimiento de petróleo, de modo que la cuestión se polariza, sobre todo en los grandes medios de comunicación, de petróleo vs energía nuclear, quedando marginadas otras opciones, pero también quedando marginado el componente de amenaza, el cual pasa de ser una posibilidad real de catástrofe, como demostró Chernobyl, a riesgo que hay que asumir para no pagar la factura petrolera.

2.- FUKUSHIMA
El tsunami que ha arrasado con gran parte de Japón ha puesto de relieve que la amenaza nuclear se hace efectiva por accidente, de tal modo que ni la más perfecta de las seguridades pueden impedir que, a largo plazo, los accidentes ocurran. En este sentido, si bien podemos aceptar el “fin” de la era atómica en tanto que fin de la guerra fría, no debimos en cambio poner fin a la amenaza que la energía nuclear lleva consigo.
Quienes creyeron que extremando las medidas de seguridad tras la experiencia Chernobyl se lograba poner fin a esa amenaza, obviaron que hay hechos que maduran y hay hechos que ocurren por accidente, de modo que para eliminar verdaderamente la amenaza hay que eliminar lo que la crea y solo así se impedirá el próximo accidente, el cual ocurrirá por muchas centrales anti-tsunamis que seguro se están empezando a proyectar ahora.

3.- EL “FIN” DEL AMIGO DICTADOR
El modo más recurrente que han tenido los gobiernos occidentales para asegurarse un suministro estable de materias primas es mediante el apoyo de dictaduras, ya fuera abiertamente o subrepticiamente, sin que importe lo que haga este con su pueblo, pues con el amigo-dictador los derechos humanos son una cuestión secundaria.
Es con el abastecimiento de petróleo en el que este binomio se ha hecho más visible. No hay que mirar más que al gobierno Saudí, del que podría decirse que es la dictadura con la que todos los gobiernos occidentales sueñan con instaurar allá donde haya yacimientos abundantes.
Ahora bien, el dictador no siempre ha sido amigo, aunque puede que alguna vez haya sido. El caso de Saddam Hussein es paradigmático en este sentido. Su error fue invadir Kuwait, gobernado por un verdadero amigo-dictador, dejando de ser amigo al momento y con ello volviendo inestable el destino de su producción petrolera.
Cuando un amigo dictador pasa a ser enemigo el discurso democrático entra en un primer plano, se potencia, se alaba, llenas las bocas respetables y las no respetables. Con ello se olvida que el enemigo una vez fue amigo y que tan solo es un dictador que masacra a su pueblo, que amenaza al mundo con armas de destrucción masiva o que ha perdido el Norte, nunca mejor dicho.
Pero esta cuestión ética, que los grandes medios de comunicación se encargan de diseminar, solo se esgrime cuando el enemigo-dictador amenaza el suministro estable, de tal modo que se corre el peligro de desabastecimiento. Dado que los gobiernos occidentales no pueden permitirse estar desabastecidos, la intervención militar, después de vilipendiar, es el recurso que últimamente más están utilizando cuando llega el fin del amigo-dictador.

4.- TRÍPOLI
Si Fukushima es la prueba plausible de que no hay energía nuclear segura, Trípoli es el escenario actual en el que el amigo-dictador una vez más ha dejado de serlo.
Pero Gaddafi no ha pasado a ser enemigo por cambiar de rumbo y amenazar con el corte de suministro. Antes bien, nunca occidente se había encontrado y había sido tan amable como con el Gaddafi pre-revuelta.
Y es que son las revoluciones las que han desenmascarado al amigo-dictador en enemigo, pero no de occidente, sino de los pueblos a los que someten.
Ahora bien, los gobiernos occidentales se han encontrado con que las inesperadas revueltas y revoluciones (inesperadas, pero largamente maduradas como demuestra el profesor Vincenç Navarro ), llegadas a Libia ponían en peligro el abastecimiento, de tal modo que el recurso de la intervención militar, una vez el recuento de muertos de mano de Gaddafi ha sido suficiente alto para llamarle genocida (el mismo sistema utilizaron en Kosovo), que no es sino la palabra que certifica el fin de la amistad, y reconociendo de una tacada los derechos del pueblo Libio.
Derechos que, por otra parte, hace un año estaban olvidados, obviados. Y que ha sido justamente ese olvido flagrante, ese sufrir un día y otro en las propias carnes ese olvido, el que ha estallado y amenaza a amigos-dictadores "legítimos".

5.- TRÍPOLI Y FUKUSHIMA
El arco que va de Trípoli a Fukushima marca la linea de un mundo dominado por dos modelos energéticos, que sustentados por importantes intereses económicos, buscan prevalecer frente a otras alternativas.
Trípoli simboliza el más reciente escalón bélico, por la avidez y dependencia de un recurso que se está agotando sin que nadie o casi nadie le busque sustitutos, a no ser la energía nuclear.
El arco que va de Fukushima a Trípoli es la línea que marca la deriva demencial de unos dirigentes mundiales a los que sus marionetas se les escapan de las manos.
Pese a quien le pese, no hay guerras humanitarias como no hay energía nuclear ciento por ciento controlable. Lo que hay son los intereses de unos pocos que nos hicieron creer en el amigo-dictador como nos hicieron tomar una cerveza tranquilos con el trasfondo de la catástrofe nuclear.
Y dado que hablamos de un arco, cabe pensar en la posibilidad de que Trípoli y Fukushima estrechen el arco y acaben fusionándose como momento álgido en una Era de la información que solo trae miseria y represión a los pueblos.
 

Blog del autor: http://tiemposdenadie.wordpress.com/

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