Entre críticas ecologistas, Indonesia reforesta con eucaliptos clonados los bosques talados por las papeleras


Por Pablo M. Diez / Perawang

La próxima vez que saque una fotocopia o imprima una página, piense que hace falta un árbol para producir 1.250 folios. Aunque la irrupción de las nuevas tecnologías y la crisis han reducido el uso de papel y cartón en los países desarrollados, las potencias de Asia siguen tirando del consumo mundial, que ronda los 400 millones de toneladas anuales.
La industria papelera y del aceite de palma arranca vastas extensiones a las junglas tropicales de Sumatra, en Indonesia
Devastadoras, las dentelladas de ese apetito voraz se aprecian a vista de pájaro en Perawang, justo en el centro de la isla indonesia de Sumatra. Atravesados por el Ecuador, sus frondosos bosques tropicales aparecen salpicados de kilométricos rectángulos totalmente pelados donde el color marrón de la tierra contrasta con las verdes copas de los árboles. A 30 metros de altura, son tan espesas que la luz del sol no puede filtrarse al suelo entre sus ramas. Exuberante, la vegetación resalta entre los terrenos talados o ya reforestados, delimitados por carreteras de tierra donde se vislumbran camiones cargados de troncos.
Gracias a sus vastas extensiones de jungla, Indonesia se ha colado entre los principales productores de papel del mundo, pero a costa de un alto precio ecológico. Tras la tala incontrolada durante décadas, este gigantesco archipiélago formado por 17.000 islas ha reservado 10 millones de hectáreas para plantaciones de árboles con el fin de fabricar papel. En régimen de concesión, el Gobierno ya ha repartido la mitad de ellas, de las cuales 2,6 millones de hectáreas son explotadas, bien directamente o a través de 30 proveedores, por la empresa Asia Pulp & Paper (APP), la mayor del país.
Fundada en 1970, esta compañía pertenece a una gran corporación indonesia con negocios en la minería y el aceite de palma que, además, produce cada año 9,5 millones de toneladas de pasta de celulosa, papel y cartón. Con unos ingresos de 12.000 millones de dólares (9.786 millones de euros), vende a 120 países.
APP asegura que un tercio de su producción se abastece de material reciclado, un 15% procede de pasta de celulosa extranjera y el 55% restante se origina en sus propias plantaciones de Indonesia. Según explica a ABC Natural su directora, Aida Greenbury, «el 90% de la madera que usamos viene de plantaciones que controlamos directamente (40%) o a través de nuestros proveedores (60%) y el resto de bosques naturales degradados y sin especies protegidas, pero el objetivo es reducir esa cuota al 8%».
En sus plantaciones, APP utiliza árboles clonados y manipulados genéticamente para que crezcan más rápido, más alto, más rectos, con menos ramas y resistentes a las plagas. De esta manera, la compañía puede reforestar en cinco años las extensiones del bosque tropical que han sido ya taladas y alimentar sus fábricas de papel.
Tres «superárboles»
«Desde 2004 replantamos a gran escala con clones de eucaliptos, la especie preferida por la industria papelera debido a las características de su tronco. Seleccionamos un millar de las mejores semillas, pero sólo una decena acaban en el laboratorio. Al final, elegimos tres superárboles», detalla el profesor chino Zhu Guanglian, director del centro de investigación de APP.
Los experimentos con la clonación se remontan a principios de los años 90, pero en aquella época los árboles sufrían muchas infecciones. Desde entonces, las investigaciones han avanzado tanto que se ha reducido de seis a cinco años el tiempo de crecimiento de los árboles. «Empiezan a crecer más rápido a partir de los dos años, pero hay que usar fertilizantes cada dos o tres meses para protegerlos de las enfermedades», apunta la jefa del Departamento Forestal, Evi Eriana, quien sin embargo minimiza la contaminación química de los abonos en el suelo y los ríos próximos.
Es muy difícil de clonar acacias naturales
En el laboratorio, decenas de operarias, ataviadas con batas blancas y mascarillas, insertan las diminutas raíces de los árboles clonados en miles de tarritos con una savia enriquecida que acelerará su crecimiento hasta que sean trasplantados a tierra firme al cabo de unos meses.
Ubicada junto al molino de papel de Indah Kiat, esta auténtica «fábrica de árboles» produce diez millones de eucaliptos cada año. Para la replantación, APP también utiliza acacias naturales, ya que el doctor Zhu reconoce que es muy difícil clonarlas. «El 70% de la superficie está plantado con acacias, que también crecen en cinco años, mientras que el resto son eucaliptos», desgrana el científico.
Brasil, a la vanguardia
Según explica un guía a un grupo de periodistas internacionales invitados a la fábrica de Indah Kiat, «hacen falta 4,2 toneladas de madera para producir una tonelada de pulpa de celulosa, de la que salen unos 8.000 kilos de papel. El objetivo es bajar a 3,9 toneladas, en consonancia con la productividad de Brasil, que es de 3,8». Para reforestar la tala masiva en la Amazonia, las papeleras brasileñas están a la vanguardia de la clonación de árboles para competir con la finlandesa International Paper, líder del sector por los bosques que hay en su país.
El problema, según los ecologistas, es que la industria papelera está destruyendo las selvas indonesias, con su consiguiente impacto sobre especies animales como tigres, orangutanes y rinocerontes, y reforestándolas con especies que no son autóctonas como acacias y eucaliptos, que proceden de Papúa, consumen bastante agua del subsuelo y no dejan crecer otros árboles. Además, la tala está afectando a los bosques que contienen turba en su suelo, liberando tanta cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera que Indonesia es ya el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero, tras Estados Unidos y China. Según los mapas del Gobierno, entre 2003 y 2009 han sido cortadas 800.000 hectáreas de junglas de turba, lo que supone un 28% del total.
La reforestación se realiza con especies procedentes de Papúa
«APP no está reforestando, sino reemplazando los bosques naturales de Sumatra», critica Bustar Maitar, responsable de Greenpeace en Indonesia. A su juicio, la empresa «está usando madera procedente de selvas tropicales y de turba, con su consiguiente amenaza para los tigres y elefantes de Sumatra, que ven reducido su hábitat».
En febrero, dos años antes de lo previsto, APP suspendió la tala de bosques naturales que seguían llevando a cabo sus proveedores, al tiempo que anunciaba la supervisión y conservación de las turberas (reservas con mayor cantidad de carbono) por parte de la ONG The Forest Trust, que ayuda a las empresas a comercializar productos respetuosos con el medio ambiente. Además de por cuestiones ecológicas, para mejorar su imagen.
Documentando sus denuncias con investigaciones sobre el terreno, Greenpeace lidera una agresiva campaña de boicot contra los productos de APP, que comercializa 35 marcas de papel. Aunque importantes clientes, como Mattel, Gucci, Hugo Boss, H&M y Fuji Xerox, han rescindido sus contratos con la compañía, su directora, Aida Greenbury, asegura que «apenas hemos sufrido impacto económico». Frente a la sostenibilidad, la industria papelera indonesia esgrime motivos económicos y pide un tiempo que, según los ecologistas, la Tierra ya no puede permitirse.
ABC://www.abc.es - Imagen: flores.culturamix.com

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