España: La mayor parte de la población percibe la crisis climática como un problema grave, pero no actúan para frenarla
Solo el 26 % de los encuestados en un estudio reciente declara llevar a cabo conductas proambientales con frecuencia, tales como reciclar, ahorrar agua, usar el transporte público o acudir a manifestaciones por el clima
En un momento como el actual, en el que la crisis climática se agrava pese al consenso científico sobre la urgencia de actuar para frenarla, resulta esencial comprender qué factores impulsan o dificultan la adopción de conductas sostenibles o proambientales por parte de la ciudadanía. La psicología del cambio climático aporta claves para entender por qué los datos sobre el deterioro ambiental no siempre generan una respuesta.
La crisis climática afecta al bienestar emocional y acentúa desigualdades sociales. Millones de personas ya sufren consecuencias psicológicas asociadas a la crisis climática, como ansiedad, estrés o duelo ecológico, especialmente entre los grupos más vulnerables, como las comunidades rurales, la infancia o quienes viven en zonas expuestas a desastres ambientales. Pero las diferencias en la respuesta emocional y conductual no se explican solo por la edad: las condiciones sociales y económicas también desempeñan un papel clave, ya que influyen tanto en la exposición al riesgo como en la capacidad para actuar
Un reciente estudio llevado a cabo por Cintia Díaz-Silveira (Universidad Rey Juan Carlos), María Luisa Vecina (Universidad Complutense), María Alonso-Ferres, (Universidad de Granada) y Francisco Burgos (Universidad Rey Juan Carlos) y publicado por el Observatorio Social Fundación La Caixa sobre una muestra de 1912 personas encuestadas, examina las principales variables psicológicas y sociodemográficas de los individuos y su relación con la adopción de conductas proambientales.
El estudio pone al descubierto que, en España, la mayor parte de la población percibe la crisis climática como un problema grave (puntuada con un 4,05 de media sobre 5). Sin embargo, esta conciencia no siempre se traduce en acción, puesto que solo el 26 % de los encuestados declara tener conductas proambientales con frecuencia, tales como reciclar, ahorrar agua, usar el transporte público, acudir a manifestaciones por el clima, etc. En este sentido, la percepción de la gravedad climática solo explica un 13,3 % de la conducta proambiental, lo que indica que percibir la crisis climática es importante, pero no suficiente para actuar.
Existen otras variables que influyen de forma más clara en la conducta proambiental. El sentido de eficacia personal para mitigar la crisis –también denominado como agencia climática– es el factor que más impulsa la conducta sostenible: por sí solo explica un 35,9 % de estas conductas. También destacan la ecopreocupación (17,7 %), la ira (16,7 %), la culpa (10,1 %) y la esperanza (1,5 %). En cuanto al hartazgo climático –la percepción de una sobrecarga informativa en la población, que alimenta una alarma climática exagerada–, las personas que puntúan más alto en esta emoción tienden a mostrar unos niveles significativamente más bajos de conducta proambiental. Este patrón sugiere que el hartazgo podría actuar como un freno al compromiso ambiental.
Con respecto a los factores sociodemográficos, los que más influyen son la ideología política (5,7 %) y el nivel educativo (1,9 %). Estos datos refuerzan la idea de que tanto los factores psicológicos como los sociodemográficos son importantes para explicar por qué algunas personas actúan frente a la crisis climática y otras no.
El género no determina en gran medida la conducta proambiental. Sin embargo, sí influye en el perfil emocional que la acompaña. Las mujeres muestran unos niveles más altos de ira (de media 4 sobre 5), tristeza (3,9), culpa (2,9) y conducta proambiental (3,2) en comparación con los hombres.
Respecto a la edad, en general, a mayor edad de los participantes se observan unos niveles más altos de conducta sostenible, una mayor intensidad emocional –especialmente en la ira y la tristeza– y una sensación de agencia más elevada. Por el contrario, los jóvenes destacan por experimentar más culpa climática (2,95 en una escala entre 0 y 5), más hartazgo (3,04) y más indefensión (3,54) que el resto. También son quienes se sienten menos capaces de actuar (3,58) y quienes muestran una esperanza ligeramente menor (2,97).
Las condiciones socioeconómicas no solo afectan a lo que una persona puede hacer por el medio ambiente, sino también a cómo vive y siente la crisis ecológica. En este estudio, el 47 % de la población afirma tener pocas dificultades socioeconómicas para adoptar una conducta generalmente proambiental, mientras que un 22 % señala que sus condiciones de vida son muy difíciles para ello. En consecuencia, el compromiso con la sostenibilidad no depende solo del modo en que las personas viven emocionalmente su realidad climática, sino también de la percepción de sus condiciones vitales.
Fuente: https://ctxt.es/es/20260301/Firmas/52442/Observatorio-Fundacion-la-Caixa-cambio-climatica-psicologia-accion-inaccion.htm - Imagen de portada: Contenedores de reciclaje en Urduliz (Bizkaia). / Zarateman

