De qué hablamos cuando hablamos de plástico
Publicamos un avance del libro 'La era del plástico. El viaje de los microplásticos por el planeta y nuestro cuerpo' , escrito por los periodistas Tania Alonso y Juan F. Samaniego: Resulta cuanto menos curioso que, cuando hablamos de plástico, no llamemos a cada uno de los distintos tipos por su nombre concreto. Y, sin embargo, el mundo está lleno de materiales tan diferentes entre sí como los usos que les damos: tereftalato de polietileno o PET para las botellas de bebidas, policloruro de vinilo o PVC para las tuberías o polietileno de baja densidad o LDPE para las bolsas, por ejemplo.
Eduardo Robaina
Esto se debe, sobre todo, a que el término plástico es más comercial que científico. Pero, si indagamos en los componentes científicos del material, descubrimos un mundo relativamente desconocido para la mayoría.
Los plásticos son polímeros que llevan asociados aditivos químicos, que son los que les dan distintas propiedades. Un polímero es una macromolécula compuesta por una repetición de unidades más pequeñas, llamadas monómeros. Estos polímeros pueden tener una base natural, como la celulosa (que dio pie al celuloide de Hyatt), o sintética. Hoy, la mayoría de los polímeros con los que se fabrican los plásticos derivan del petróleo.
Para que el plástico tenga las propiedades que lo hacen un material tan interesante, como, por ejemplo, su color, su flexibilidad o su dureza, a estos polímeros se les añaden diferentes cantidades y tipos de aditivos químicos.
«El plástico es un polímero al que se le añaden aditivos químicos. Es muy importante tener esto en cuenta, porque la cantidad de aditivos que se le añaden puede llegar a representar hasta la mitad del peso final del material. Es decir, cuando tú ves un objeto de plástico, puede que la mitad de su peso sea el polímero y la otra mitad, aditivos químicos», explica Ethel Eljarrat, directora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IDAEA- CSIC).
Dentro de todos estos aditivos químicos que se añaden hay plastificantes, que buscan dar flexibilidad o dureza al polímero, estabilizantes, que hacen que no se degrade y mantenga su estabilidad durante el proceso de fabricación, o retardantes de llama, que deben integrarse por ley para reducir los riesgos en caso de incendio.
«Son estos químicos los que hacen posible que le demos a cada objeto de plástico sus características y sus usos. Si queremos fabricar una silla, necesitamos darle propiedades de dureza, y si lo que queremos es una bolsa, tendremos que añadirle aditivos químicos que le den flexibilidad», explica la directora de IDAEA.
Uno de los principales problemas asociados a los plásticos en la actualidad es que no sabemos, realmente, el impacto que estos químicos pueden tener en el medioambiente y en nuestros cuerpos. Un estudio financiado por el Norwegian Research Council y publicado en 2024 concluye que, a día de hoy, se utilizan al menos dieciséis mil productos químicos para la elaboración de plásticos. De ellos, más de cuatro mil doscientos son peligrosos, bioacumulativos y/o tóxicos, y de otros diez mil no se tiene información. Tampoco existe información disponible que muestre en qué tipos de plástico se utilizan nueve mil de estos químicos.
Algunos de estos aditivos son los principales responsables de que los plásticos tarden tanto en degradarse. Cuando compramos un objeto de este tipo de material, esperamos que sea duradero. Sin embargo, una vez se convierte en basura, la resistencia a la degradación es una de las causas que hace que nos sigamos encontrando objetos de plástico fabricados hace décadas y en muy buenas condiciones en las playas o en los bosques.
«El gran problema de la contaminación por plásticos es que tiramos materiales que duran una eternidad, que son muy resistentes y que tardan muchísimo en degradarse», explica Eljarrat. «Pero no debemos considerar todos los plásticos por igual: dependiendo de los tipos de polímero y de aditivos que tenga el material, va a tardar más o menos en degradarse por completo».
Incluso los aditivos utilizados para dar color pueden determinar el futuro de los plásticos. Un grupo de investigadores de la Universidad de Leicester, en Reino Unido, y de la Universidad de Cape Town, en Sudáfrica, realizó dos estudios complementarios que involucraron plásticos, la luz del sol y el paso del tiempo. Los primeros colocaron tapas de botellas de varios colores sobre el tejado de un edificio de la universidad para exponerlas a la intemperie durante tres años, y los segundos analizaron restos de plásticos (de los que se conocía la fecha de fabricación) encontrados en una playa.
Después de someter estas piezas a diferentes pruebas técnicas, los experimentos dieron resultados muy similares: los plásticos de colores negro, blanco y plateado no se vieron tan afectados como los azules, verdes y rojos, que se volvieron más frágiles y se fragmentaron con mucha más facilidad. De acuerdo con los investigadores, esto demuestra que el color de los plásticos determina su resistencia ante la radiación ultravioleta y, también, la velocidad a la que se van fragmentando en microplásticos.
«A menudo me he preguntado por qué los microplásticos en la arena de la playa parecen tener todos los colores del arcoíris», señala Sarah Gabbot, coautora del artículo publicado en Environmental Pollution y profesora de la Escuela de Geografía, Geología y Medio Ambiente de la Universidad de Leicester en una noticia difundida por este mismo centro.
«Hasta que realizamos nuestro estudio, creía que me engañaban los ojos y que solo veía los microplásticos más coloridos porque eran más fáciles de detectar. Pero resulta que es probable que haya más microplásticos de colores brillantes en el medioambiente porque esos plásticos pigmentados en rojo, verde y azul son más susceptibles a fragmentarse en millones de diminutas, pero coloridas, partículas microplásticas», añade Gabbot.
Fuente: https://climatica.coop/novedad-editorial-la-era-del-plastico/ - Imagen de portada: El color de los plásticos determina su resistencia ante la radiación ultravioleta y, también, la velocidad a la que se van fragmentando en microplásticos. Foto: Krizjohn Rosales.
