Genocidas




Por: Carlos del Frade



Los finales del siglo diecinueve reaparecen dos siglos después.

O la historia argentina atrasa o se repite una lógica.

La perversa lógica de la trama de intereses de las minorías que imponen modelos económicos, políticos y ecológicos que terminan siendo sufridos por los que son más.

Hacia 1870, el norte de la provincia de Santa Fe todavía formaba parte de los montes y selvas propiedad de los pueblos originarios.

Era necesario para el proyecto diseñado en Buenos Aires, siempre en relaciones carnales con el imperio del momento, Gran Bretaña para el caso, eliminar a los molestos reales propietarios e inventar a los nuevos poseedores de las tierras, las aguas, los aires y las vidas.

El general Manuel Obligado estuvo a cargo de la llamada conquista del Gran Chaco y lo hizo a sangre y fuego. Terminó siendo gobernador del territorio chaqueño y el verdadero agente que permitió el desarrollo de las nuevas ciudades blancas en el norte santafesino, entre ellas, Reconquista, fundada en 1872.

A partir de aquella represión y persecución, amanecieron los negocios vinculados a la explotación de la tierra y demás recursos naturales.

El principal de ellos fue el desarrollo de la empresa La Forestal, indiscutible depredadora del quebracho colorado y multiplicadora de la desocupación, la pobreza y el analfabetismo cuando levantó su último ingenio taninero en el año 1964.

Cacería humana, explotación del medio ambiente y las personas y enormes ganancias remitidas al exterior. La síntesis de cualquier país neocolonial, del tercer mundo, del sur.

Dos siglos después de la conquista del general Obligado, una tercera parte del norte santafesino recibe el nombre de departamento General Obligado donde en estos días tiene plena vigencia un nuevo proyecto económico ecológico que también va sembrando de angustia el territorio del presente y el futuro de las hijas y los hijos del pueblo.

Ya no hay quebracho en la terraza de la provincia de Santa Fe.

Ahora el negocio pasa por la soja y la urgencia de su cosecha.

Urgencia que no repara en daños, ni ecológicos ni humanos.

El médico pediatra Rodolfo Páramo, residente en Malabrigo, comuna del mencionado departamento General Obligado, destacó que hay un promedio de doce nacimiento con malformaciones sobre doscientos nacimientos, cuando en el Hospital Cullen, de la ciudad de Santa Fe, la cifra es de uno por cada diez mil.

Para el profesional esos datos son consecuencia de los agroquímicos que se utilizan en pos de una mayor cosecha sojera. “Nos llamaron terroristas ecológicos”, remarcó Páramo.

-Nos quieren hacer creer que este modelo hegemónico y de monocultivo es para alimentar el mundo, a 400 millones de personas. Es mentira, la soja no se usa para consumo humano en el país, y Oriente usa un derivado de la misma para hacer tofu. El resto es para consumo animal. Además, a los médicos pediatras se nos aconsejó que prohibamos a las madres les den de comer soja a los menores de 5 años. Yo digo nadie tiene que comer nada que tenga soja. No estamos en contra de los colonos, sino en contra del modelo productivo- agregó el investigador.

Y terminó diciendo como feroz conclusión: “Son genocidas hijos de puta”.

En el norte de la provincia se repite la lógica de dos siglos atrás, la perversa línea de hechos y saqueos que siempre termina impactando en los cuerpos de los pibes y en el medio ambiente.

Fuente: Agencia de Noticias Pelota de Trapo

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