Colombia: Los Naso se levantan contra Hidroecológica del Teribe.


El pueblo Naso Tjër Dji lleva décadas, siglos, luchando. En el río Bonyick, afluente del río sagrado Teribe, los Naso llevan casi una semana cerrando el acceso a las obras de la hidroeléctrica que allá construye una multinacional colombiana. La fractura entre el pueblo y sus autoridades, así como el choque con el Gobierno amenaza a este pueblo en riesgo de extinción.
Los Naso saben bien lo que es una trinchera de resistencia y Bonyick, en ese sentido, es un símbolo. Allá mantuvieron una larga lucha con el liderazgo de algunos de los ancianos y ancianas de la comunidad en la que sólo cedieron después de una brutal represión policial y persecución policial en 2008. Desde entonces, los cortes de carreteras y las protestas se han sucedido en torno a una obra que ha desconocido los derechos territoriales Naso, que supone una grave agresión ambiental en el bosque protector del Parque Internacional La Amistad y que ha logrado dividir a parte de la comunidad a punta de juego sucio y de dinero distribuido hábilmente.
El proyecto autodenominado Hidroecológica del Teribe es realizado por la empresa multinacional colombiana Empresas Públicas de Medellín (EPM), quien recientemente firmó un acuerdo con el rey Naso, Alexis Santana, máxima autoridad tradicional Naso. Pero los habitantes de la comunidad de Bonyick y de las comunidades cercanas del Teribe consideran que la empresa no está cumpliendo ni en el respeto del territorio, ni en el pago de las indemnizaciones, así como en lo referido al cuidado ambiental.
Por eso, desde la semana pasada, se realiza un corte de los accesos a las obras y la tensión ha subido en las últimas horas. Como manifiesta Adolfo Villagra, uno de los líderes Naso, “las autoridades nos piden que levantemos el corte antes de negociar, pero ya estamos cansados de los repetidos engaños”.
Y es que no es la primera vez que los Naso se levantan contra Hidroecológica del Teribe.
El pueblo Naso Tjër Dji es uno de los que lucha en Panamá por el reconocimiento de su comarca para tener autonomía política, económica y cultural. Con algo menos de 4.000 personas, se trata de un pueblo originario que mantiene varios frentes de lucha abiertos tanto en el río Teribe como en las comunidades de San San y San San Druy, donde mantienen un conflicto hace décadas para evitar la expansión ganadera en sus territorios. 

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