‘La Tierra no es tu planeta’, de Andreu Escrivà


AÚN NO ES TARDE

«Pero el futuro es otra cosa, pienso:
tiempo de verbo en marcha, acción, combate,
movimiento buscado hacia la vida».

Ángel González

Fragmento del nuevo libro de Andreu Escrivá, La Tierra no es tu planeta

Este ha sido, para mí, un libro difícil de escribir. Está lleno de cadáveres y ceniza, de desolación y pérdida. Condensar el estado actual y las amenazas a las que se enfrenta la vida en la Tierra es un ejercicio de dolor y desgaste, más aún porque me veo en la imposibilidad de proporcionar una solución única, infalible y universal. La erosión del tejido vivo de nuestro planeta responde a múltiples factores, que solo podrán frenarse con un cambio profundo y duradero de nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza. No hay botón, resorte, invento o solución mágica que valga. El camino para aprender a retirarnos y devolverle su espacio a la vida es arduo y largo, pero es también la única senda posible si queremos seguir respirando bajo esta palpitante escafandra espacial que es la biosfera.

No corren otros mundos por nuestras venas. Evolucionamos a la vez que el resto de la vida que nos acompaña. Formamos parte de una historia compartida y única, de un tejido con un patrón irrepetible en todo el universo. Cada especie que desaparece es una ventana a nuestro pasado que se cierra, un pedazo de nuestra identidad que se desvanece.

Vivimos en un momento crucial, cuyo peso es apenas soportable. De nuestras decisiones en las próximas décadas pende el clima del planeta, la vida y el sufrimiento de millones de animales no humanos y el destino de incontables especies. No ha existido jamás otro instante igual en nuestra historia. Asumirlo es el primer paso para ser capaces de navegarlo. «No hay belleza sin verdad» era el credo del geógrafo y artista Franz Schrader; era también una frase que, según su editor, repetía el poeta Joan Margarit. No puede haber tampoco futuro sin dolor, sin duelo, sin una última mirada a todo aquello que hemos perdido.
¿Cómo tener esperanza entonces? Escribe Rebecca Solnit que la esperanza es reconocer que puedes proteger una parte de lo que amas incluso mientras lloras lo que no eres capaz de salvar; también el hecho de saber que debemos actuar aun a pesar de desconocer el resultado de esas acciones. La incertidumbre del futuro debe impelernos a participar en su definición. Porque no es tarde, porque la alternativa, quedarnos de brazos cruzados, nos despojaría de nuestra humanidad. Porque es una cuestión de compromiso y conciencia más que de acciones. Y porque la vida renace.
Los brotes, semillas, huevos y crías vuelven con increíble rapidez a los lugares que hemos aprendido a compartir. Retorna el sonido que rompe el silencio mineral, que anuncia futuro y complejidad. La vida es agradecida y también resistente. A pesar de todo, a pesar de nosotros, del humo, el asfalto, la motosierra, la escopeta y el lodo tóxico. 

 
En su artículo de 1937, «El sentimiento de la naturaleza, fuerza revolucionaria», escribió Bernard Charbonneau:
Si no tenemos miedo de expresar la emoción que nos trastorna en los lindes de los bosques, comprenderemos que dicha emoción tiene su origen en una situación revolucionaria, y si no nos regocijamos en nuestras desgracias, si somos capaces de contemplar las hojas alzadas del suelo por el viento, si nos conmociona ver a la trucha ascendiendo por el remolino, rodeada de burbujas; en definitiva, si sentimos el contacto con los objetos de la naturaleza, nuestra meditación de caminante solitario nos obligará a una voluntad consciente de cambiar el mundo.

La lucha por la vida es también la lucha por la paz, por cambiar el mundo, por la posibilidad de vivir en un lugar mejor. Es un sentimiento revolucionario que enraíza en el pasado para nutrir el futuro. Celebremos la coexistencia, la maravilla y la improbabilísima lotería cósmica que nos ha tocado. Estar vivos, aquí, en este preciso momento, en un planeta que late y nos protege. No hay meta más profundamente humana que aprender a compartir este planeta, la Tierra, que no es nuestro.


Fuente: https://climatica.coop/adelanto-editorial-la-tierra-no-es-tu-planeta-andreu-escriva/ - Imagen de portada: La charca de Maspalomas, en Gran Canaria. Foto: Eduardo Robaina.

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