Comentario en torno a «Bajo el viento oceánico» de Rachel Carson
Estamos ante una de las mejores escritoras de nature writing del siglo XX, también ante una bióloga marina con una capacidad pedagógica excepcional. Rachel Carson (1907-1964) creció en el pueblo rural ribereño de Springdale, Pensilvania. Pasó los primeros años de su vida en la granja de su familia a las orillas del río Allegheny, lo cual le permitió explorar e interesarse por el mundo de lo vivo. Su madre le transmitió admiración y amor por la naturaleza, algo que más tarde ella reflejaría en sus escritos y en su vocación de bióloga.
Lola Callejón
Carson se graduó (magna cum laude) en el Pennsylvania College for Women (ahora Universidad de Chatham) en 1929, estudió en el Laboratorio de Biología Marina Woods Hole e hizo su maestría de zoología y genética en la Universidad Johns Hopkins en 1932, donde dos años más tarde, por dificultades económicas, tuvo que dejar su doctorado para impartir clases como profesora en la Universidad de Maryland. Trabajó como limnóloga en el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. (FWS), en Washington, DC, principalmente como escritora y guionista de programas de radio sobre el océano, convirtiéndose en editora jefa. Allí se formó también como bióloga marina. Carson renunció a su cargo público en 1952 para dedicarse plenamente a la escritura. Es autora de distintos artículos de divulgación científica y libros que tuvieron (y tienen) una gran influencia en la conciencia ambiental de varias generaciones.
Bajo el viento oceánico fue su primer libro y forma parte de La Trilogía del Mar, una serie muy reconocida de tres libros de divulgación científica que nos muestran la vida marina, la oceanografía y la ecología de ese ecosistema, haciendo gala de una prosa literaria, casi poética, que no ensombrece el rigor científico. Dicha trilogía se publicó entre 1941 y 1955, e incluye:
1 Bajo el viento oceánico (1941), el primer libro de esta trilogía, que quedó algo ensombrecido por el devenir de la II Guerra Mundial.
2 El mar que nos rodea (1951), una especie de biografía del océano, un éxito de ventas que muestra la formación de los océanos, su dinámica y la gran biodiversidad que albergan.
3 La orilla del mar (1955), último libro de la trilogía, dedicado a la zona intermareal.
La autora siempre manifestó que el primero de estos libros (publicado en España en 2019 por Errata Naturae, con traducción de Silvia Moreno Parrado) era su preferido de cuantos había escrito. En esta obra de no ficción se manifiesta cómo sus investigaciones científicas se convierten en una bellísima prosa lírica, como muestran estas líneas en la última parte del libro:
Miles de millones de anguilas jóvenes, miles de millones de pares de ojitos como alfilerazos negros asomados al extraño mundo oceánico que cubría el abismo.
La obra muestra las interacciones de aves marinas, multitud de organismos microscópicos, moluscos, crustáceos, equinodermos, corales, plantas, distintos peces (caballas, sábalos, anguilas...) y otros seres de la frontera océano-tierra.
Con un relato que roza la personificación (pone nombre a los protagonistas principales), la autora cierra los ciclos biológicos y nos acerca casi de forma familiar a todos ellos y a su medio. Así, entre otros, encontramos un rayador americano llamado Rynchops (un ave relacionada con ríos y mares), dos correlimos llamados Patinegro y Plateada (aves limícolas), un rape de nombre Lophius, una caballa (Scomber), una anguila llamada Anguilla, un águila pescadora (Pandión) o un águila calva (Coliblanco) entre otras especies.
… Volaba de forma constante y sin prisas por el estrecho, y su avance era tan comedido y elocuente como el de las sombras que, poco a poco, iban apagando el brillante sendero sobre el agua. El ave se llamaba Rynchops, un rayador americano.
Eso hace que el texto despierte nuestro interés por el ecosistema marino de la costa este de EE. UU. También ayudan las comparaciones y metáforas extendidas a lo largo de los distintos capítulos y la presencia humana en ese contexto, formando parte de las criaturas que lo habitan. Por ejemplo, en la primera parte del libro encontramos este párrafo:
Durante toda la noche, mientras las luces de la aldea pesquera se apagaban una a una y los pescadores se reunían en torno a las estufas para combatir el frio viento del norte, los mújoles atravesaban tranquilos la ensenada, rumbo al oeste y el sur, siguiendo la costa, a través de aguas oscuras en la que las crestas de las olas eran como las estelas de un pez gigantesco, plateadas bajo la luz de la luna.
Desde el primer momento de nuestra lectura, entendemos que hay una relación estrecha entre los diferentes eslabones de la cadena trófica, entre los diferentes ciclos biológicos de los seres vivos y su hábitat. Todo está relacionado.
El banco de plancton era arrastrado por el viento y las corrientes, y los peces que lo seguían eran arrastrados hacia tierra; en dirección a ellos, las caballas nadaban desde el noreste y el pez espada se dejaba llevar desde el noroeste.
Y en el último párrafo del libro:
Igual que la espera de las anguilas frente a la bocana de la bahía no era sino un interludio en una vida larga llena de constantes cambios, la relación del mar, la costa y las cordilleras era también un instante del tiempo geológico. Porque, una vez más, la erosión infinita del agua desgastaría las montañas y se las llevaría convertidas en limo, hasta el mar y, una vez más, toda la costa volvería a ser agua, y los lugares donde se asentaron pueblos y ciudades retornarían al mar.
Bajo el viento oceánico no es un ensayo de biología marina al uso. Es literatura de naturaleza desde una mirada sabia y didáctica, desde la comprensión de los ritmos de la vida y sus dificultades, desde la empatía y el asombro. Nos despierta los sentidos y consigue que establezcamos vínculos estrechos al poner nombre e individualizar a los protagonistas (aves marinas, peces, plancton...). Podemos vivir los avatares desde su nacimiento, las interacciones de vida-muerte que se libran en el océano y en su frontera con la tierra (redes de pesca, estuarios, procesos migratorios...). Podemos ver, oír y sentir por los ojos de estos seres y entender que todo está conectado, que formamos parte del gran ciclo de la vida. Un ejemplo de ellos son estas líneas que encontramos al principio del libro:
Los sonidos de la tierra eran pocos. Había un fino trémolo de insectos, el preludio primaveral de los incesantes violines de los quitones, que, avanzada la estación, darían la bienvenida a la noche. Estaba el murmullo de los pájaros dormidos en los cedros (grajillas y ruiseñores), que, cada tanto, se despiertan lo justo para piarse, soñolientos, unos a otros. Cerca de la medianoche, un ruiseñor estuvo tiritando casi un cuarto de hora, imitando todos los cantos de pájaros que había oído ese día y añadiendo sus propios gorjeos, risitas y silbidos. Y luego se aquietó él también y volvió a dejar la noche al agua y sus sonidos.
Me parece un gran libro de literatura de naturaleza porque, siendo una obra de no ficción, aúna:
▪ Buena escritura, ya que usa un estilo muy lírico (casi poético), así como varios recursos interpretativos: comparaciones, personificaciones, relato ameno al huir de un lenguaje científico, creación de conexiones emocionales en los lectores o estimulo de la imaginación (entre otras).
▪ Profundo conocimiento del tema que desarrolla (el océano y sus interacciones). Conocer de lo que se habla es fundamental para convertirlo en literatura de naturaleza.
▪ Toma de conciencia por parte del público que lee esta obra. La autora es una excelente divulgadora que consigue nuestra empatía y la transformación de nuestras conciencias hacia la naturaleza, nuestra forma de relacionarnos con ella.
▪ Además, a todo ello contribuye la estructuración del libro en tres partes y un glosario final:
1 Libro primero: «El borde del mar». Aquí se nos introduce en los movimientos intermareales y las migraciones de aves.
2 Libro segundo: «El camino de la gaviota». En esta segunda parte entendemos las migraciones de peces en el mar de primavera, el ciclo de una caballa, el plancton y las interacciones tróficas, las vías marítimas y la captura en cerco.
3 Libro tercero: «El río y el mar». Dedicado al misterioso comportamiento de las anguilas y su ciclo biológico.
4 Glosario: Aclaración de conceptos (de una manera sencilla y asequible).
Otras obras de la autora también reflejan esa prosa delicadísima a la que hemos aludido, llena de rigor, conocimiento y meticulosidad. Así, un libro que marcó un hito por su influencia en el movimiento conservacionista fue Primavera silenciosa (publicado originariamente en septiembre de 1962, cuando el cáncer ya afectaba a la autora) donde se denuncia la contaminación de la tierra y, en concreto, el gran impacto de los pesticidas sobre las personas y el medio ambiente. Por este libro pagó un alto precio pues la industria química la tachó de alarmista y se tuvo que enfrentar a su desprestigio como científica y escritora. Testificó en el Congreso en 1963 exigiendo nuevas políticas para proteger la naturaleza.
Su último manuscrito fue El sentido del asombro, un borrador de unos cuantos folios antes de morir (publicado en 1965). Seguramente se hubiera convertido en un interesante ensayo sobre la importancia de mantener la capacidad de asombro por la naturaleza en los niños, un sexto sentido que se va perdiendo, en la mayoría de los casos, cuando nos hacemos adultos. Hacer acompañamiento del niño para que este sentido permanezca, es fundamental. Para Rachel Carson, mucho mejor que cualquier instrucción es experimentar, trabajar con la curiosidad, descubrir o percibir a través de los sentidos. Todos son pasos previos que abren la puerta al conocimiento.
El sentido del asombro seguramente es su libro menos conocido, pero muy relevante para las personas que nos hemos dedicado a la Educación Ambiental y la Interpretación del Patrimonio.
Es importante poner en valor el legado que nos ha dejado esta bióloga y escritora. Una mujer comprometida y valiente que murió joven, a los 57 años de edad, por un cáncer de mama. Aunque no escribió ninguna autobiografía, es de mucho interés la colección de más de 900 cartas que intercambió con Dorothy Freeman, con la que mantuvo una relación amorosa y de profunda complicidad intelectual (ambas veraneaban en Southport Island). 750 de esas cartas se recogen en el libro Always, Rachel, un recorrido por detalles de su vida, sus reflexiones y bocetos de conferencias, sus escritos embrionarios (incluyendo el embrión de Primavera Silenciosa), su enfermedad y el mutuo apoyo entre las dos mujeres, además de textos de Dorothy Freeman (cuentos, charlas sobre Carson...).
Cuando murió Rachel Carson, en 1964, un senador expresó: “Toda la humanidad está en deuda con ella”.
Y así es, gracias a su incansable labor se prohibió el DDT, se creó la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. (EPA), se estableció un Día Mundial de la Tierra y contribuyó a unificar las reivindicaciones del movimiento ecologista de los años 70. Nos mostró a la especie humana como una más de todo el engranaje de lo vivo, con capacidad de alterar el asombroso mundo natural. Alertó y exigió un cambio en el rumbo de la humanidad a favor de la naturaleza.
Leer Bajo el viento oceánico ha sido para mí un gran descubrimiento porque es un valioso ejemplo de literatura de naturaleza. Aquí hay mucho conocimiento, belleza y lirismo, conciencia de la interdependencia, conexión emocional, vínculos con el ecosistema que describe y sus habitantes (humanos y no humanos).
Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2026/05/10/comentario-en-torno-a-bajo-el-viento-oceanico-de-rachel-carson/ - Imagen de portada: Augusto Metztli



