El ruido reduce el hábitat oceánico de las ballenas





Los océanos fueron una vez un lugar relativamente tranquilo. Sin embargo en las últimas décadas, los niveles de ruido antropocéntrico en el océano han aumentado considerablemente, duplicándose cada década durante los últimos 50 años, según una investigación de los científicos en el Scripps Whale Acoustic Lab. Hoy en día, debido al volumen del tráfico marino así como las perforaciones y exploraciones de petróleo y gas en mar abierto, el ruido submarino, donde los sonidos pueden viajar largas distancias, es constante. En realidad, algunos científicos dicen que prácticamente ningún medio ambiente marino está libre de contaminación acústica. Este hallazgo es algo que alarma a los científicos que estudian los cetáceos y otra vida marina pues cada vez es más evidente que las ballenas dependen intensamente de la integridad de su hábitat acústico. Si el ruido marino sigue aumentando como resultado de las actividades humanas, pronto las ballenas no tendrán donde ir.
De mayor preocupación son los sonidos de baja frecuencia que viajan largas distancias por el océano. Por ejemplo, las hélices de los barcos y motores producen sonido de baja frecuencia, al igual que la actividad sísmica. Estos intensos ruidos retumban en el océano profundo y pueden ocultar o bloquear eficazmente la comunicación vital de las ballenas. Chris Clark, director del Programa de Investigación Bioacústica de Universidad de Cornell, dice que el ruido artificial en la Bahía de Cabo Cod, en Massuchussetts, ha reducido el hábitat acústico de las ballenas francas en un 80%.
Para comprender mejor estos sonidos submarinos, Clark y sus colegas han desarrollado animaciones gráficas que muestran el hábitat acústico como aquel experimentado por las ballenas. Con el empleo de información recogida por los monitores de sonido del suelo marino, los científicos pueden mapear la localización de las ballenas y medir sus sonidos junto con los sonidos antropomórficos. Las animaciones resultantes describen gráficamente como el ruido procedente de las actividades humanas obstruye físicamente y reduce el hábitat de las ballenas, interfiriendo en lo que Clark denomina el 'espacio de comunicación' de los animales.
Clark explica que ha visto ballenas abandonar un lugar debido al ruido, algunas veces dejando atrás una fuente rica de alimento. Esto es de particular preocupación para las ballenas francas, una especie que permanece fiel año tras año a determinados hábitats. Los cambios en la alimentación influyen en la reproducción y lo que sea que dañe la capacidad de las ballenas de dar a luz hace peligrar a la larga la supervivencia.
Se está analizando nueva información que documenta los efectos de la degradación del hábitat acústico en ballenas jorobadas y peces acústicamente activos, incluyendo el abadejo y el bacalao. La situación más funesta se presenta para las ballenas francas, en particular, en la Bahía de Cabo Cod, dado que sus llamadas son más silenciosas y en consecuencia más vulnerables al ruido. Entre las cuestiones que los científicos esperan responder con las nuevas observaciones está en cómo la contaminación acústica afecta las llamadas de alimentación de las ballenas jorobadas.
Cómo las ballenas emplean el sonido
El sonido en el océano ocurre de forma natural, por supuesto procedente de olas, viento, precipitación, movimiento del hielo y peces, entre otras fuentes. Pero es la incidencia crónica, intensidad y frecuencia del ruido antropocéntrico que lo hace tan alarmante para las ballenas y otra vida marina. Además de provocar estrés generalizado, el ruido puede afectar al desarrollo y salud del sistema inmune, indica Hildebrand.
'Somos tan omnipresentes en nuestros impactos en el océano que no existe ni un solo lugar donde no haya ruido,' dice Sofie Van Parijs, dice el bioacústico en el Centro de Ciencias Pesqueras del Noroeste (NWFSC) de la NOAA. 'El ruido antropocéntrico puede interrumpir una variedad de comportamientos críticos que en un momento dado pueden estar llevando a cabo los animales.'

Las ballenas emplean el sonido para hallar y seguir a sus presas así como comunicaciones de doble sentido. La alimentación, el cuidado de las crías y la reproducción implican llamadas y cada especie de ballena emplea sonidos específicos, explica Van Parijs. Especies distintas tienen también distintas capacidades de escucha en sintonía con varias frecuencias de sonido, que pueden abarcar largas distancias, a menudo varios kilómetros o más.
En la vida de las ballenas que Clark ha estado observando (algunas de las ballenas francas que estudia pueden vivir 70 años), el ruido antropomórfico ha aumentado de forma espectacular. 'Cuando estas especies de larga vida eran niños y adolescentes, el mundo era normal,' dice Clark. 'Hoy en día su ruido de fondo ha aumentado en tres órdenes de magnitud.'
Esta alteración tiene también implicaciones para la actividad humana. El ruido antropomórfico está regulado en medio ambientes marinos donde especies en peligro de extinción como la ballena franca están presentes; está prohibido cualquier ruido lo suficientemente elevado que resulte en lesiones o hostigamiento, explica Leila Hatch, ecologista marina en el Santuario Nacional Marino Stellwagen Bank. El último estudio ha estimado las fuentes de ruido individualmente. Las animaciones del equipo de Clark ha posibilitado la valoración de los impactos acumulativos procedentes de muchas fuentes a lo largo del tiempo y a través de largas distancias. Esta nueva perspectiva puede influir en la localización de futuras rutas de navegación así como en parques eólicos marinos y nuevos desarrollos de gas y petróleo. Fuente

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