Más allá de las praderas de posidonia: ¿es posible recuperar el Mediterráneo?

Las acciones de restauración se multiplican en uno de los mares más degradados del planeta, pero no todas son igual de efectivas: La isla de Pantelaria ha sido muchas cosas a lo largo de la historia: puerto comercial fenicio y lugar de exilio para los romanos, territorio de cultivos de algodón para los árabes, objeto de deseo de turcos y berberiscos y bastión de Mussolini en la II Guerra Mundial. Su posición como faro natural en medio del estrecho de Sicilia, a medio camino entre las costas de Italia y las de Túnez, no le ha permitido pasar precisamente desapercibida.

Juan F. Samaniego

Hoy, este territorio volcánico vive sobre todo del cultivo de la vid y de la alcaparra, y cada vez más del turismo. El viento sopla con fuerza durante todo el año en Pantelaria, por lo que las condiciones para salir al mar nunca han sido muy favorables. Aun así, la pesca siempre fue un recurso para los locales, en especial en los meses de primavera y verano. Los fondos de arrecifes rocosos y las praderas marinas que rodean la isla la convierten en un lugar productivo. Sin embargo, en las últimas décadas, las capturas han empezado a ser cada vez más escasas.
Los pescadores locales, preocupados, intentaron primero cambiar sus técnicas, pero las presiones humanas eran demasiadas (pesca, turismo, especies invasoras, urbanización de la costa y aumento de la temperatura del agua), por lo que decidieron pedir ayuda. Y así plantaron la semilla del proyecto PANTHER. «Lo primero que hice fue hablar con ellos para entender qué especies estaban desapareciendo y cuáles eran más habituales y qué lugares de la isla habían sido más productivos en el pasado. Así localizamos la Secca di Campobello«, explica Agnese Riccardi, bióloga marina de la Università Politecnica delle Marche y líder del proyecto PANTHER, que es también parte de la iniciativa MedReAct.
Esta pequeña bahía en el norte de la isla había sido un lugar rico en posidonia, una planta acuática (no un alga) que forma praderas submarinas, y gorgonias (un tipo de corales). «La Secca di Campobello era un lugar en el que había muchos organismos clave para los ecosistemas marinos, pero con los impactos mecánicos de la pesca y del turismo y con la subida de la temperatura del agua había ido degradándose», añade Riccardi. Una vez entendido el problema y seleccionado un lugar, llegó el momento de empezar la restauración.
Entre 2023 y 2025, se replantaron 300 plantas de posidonia, 100 fragmentos de esponjas y 500 esquejes de gorgonia. El objetivo no era solo recuperar la capacidad del ecosistema de filtrar el agua, de proporcionar soporte vital para otras especies y de retener carbono, sino también explorar un modelo de colaboración entre científicos, pescadores y habitantes que hagan otros usos del mar. Es decir, maximizar la implicación local para que el proyecto perdurase en el tiempo.
«Los resultados por ahora han sido positivos. Las zonas repobladas se han ido llenando de peces de varias especies que buscan refugio y lugares para reproducirse», detalla Riccardi. «Pero ha habido muchos otros progresos más allá de la recuperación de la biodiversidad: la colaboración con los pescadores y otras empresas locales, la gestión del proceso a nivel político que nos ha permitido limitar los impactos humanos en la zona, el trabajo de comunicación con la comunidad para que todo el mundo se sintiese parte de la restauración… Todo esto es muy importante».

Acciones de restauración del proyecto PANTHER en la Secca di Campobello.

La estrella del marketing en el Mediterráneo
El estado del Mediterráneo es preocupante desde hace décadas. Es un mar cerrado, donde la temperatura del agua no ha dejado de aumentar a causa del cambio climático, cuyas costas están muy pobladas y urbanizadas, que sustenta una importante actividad pesquera y turística, y un corredor muy concurrido del tráfico marítimo global, que sirve también de vector para las especies invasoras.La degradación de sus ecosistemas es aquí mucho más acusada que en la mayoría de mares del planeta. Por eso, quizá, es también un objetivo prioritario de los muchos proyectos de restauración que han surgido en los últimos años.
Muchos de estos proyectos pasan, de una forma u otra, por la Posidonia oceanica. Esta planta marina captura y almacena grandes cantidades de carbono, ayudando a mitigar el cambio climático, sirve de refugio y zona de cría para cientos de especies, protege las costas al reducir la erosión y amortiguar el impacto de las olas y mejora la calidad del agua. Además, es una especie endémica del Mediterráneo y de crecimiento lento, capaz de formar grandes praderas submarinas. Los ingredientes perfectos para convertirla en emblema de la restauración.
Durante las últimas décadas no han dejado de proliferar proyectos para recuperar las praderas de posidonia, pero no todos han sido igual de efectivos. De acuerdo con un estudio publicado en 2022 que analizó 208 acciones de restauración de Posidonia oceanica a lo largo de 40 años, existen todavía importantes lagunas de conocimiento sobre qué funciona y qué no. Otro estudio, publicado en 2025 con el análisis de 25 puntos de restauración a lo largo de cuatro décadas, señala las iniciativas que tienen mayor éxito son aquellas que se basan en evidencias científicas, implican a la comunidad local y son monitorizadas una vez concluida la restauración. “Para que una restauración sea efectiva, lo primero es eliminar las presiones que causaron el daño que se quiere reparar. Si no, la actuación fracasará”, explica Carlos Duarte, ecólogo marino de la Universidad King Abdullah de Arabia Saudita y experto en posidonia y carbono azul. “En segundo lugar, es importante seguir las buenas prácticas que han emergido como resultado de todos los proyectos llevados a cabo y de cuyos análisis, publicados en revistas científicas, se han derivado pautas y procedimientos que aseguran el éxito”.
Para Duarte, ex-investigador del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA, CSIC-UIB), es evidente que en todos esos proyectos de restauración hay actores que buscan también publicidad, pero eso no es un problema. «Hemos perdido buena parte de los hábitats y de la biodiversidad de los océanos, conservar ya no es suficiente. Tenemos que reparar y restaurar activamente lo dañado. Si esto contribuye al marketing, bienvenido sea, pero lo importante es detener y revertir los daños«, recalca.
«La recuperación de praderas de posidonia es una de las acciones de restauración más típicas del Mediterráneo, perosi no se acompaña de una protección real después, no sirve de nada, porque en poco tiempo se degrada», añade Helena Álvarez, científica marina de la ONG Oceana. «Ha habido empresas que, seguramente con buenas intenciones, han apostado por proyectos así que después, a largo plazo, han quedado en nada».
Aunque los proyectos de restauración no son algo nuevo, la nueva Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea abre un nuevo abanico de oportunidades para impulsar la recuperación de ecosistemas. La pelota está ahora en el tejado de los 27 países que conforman la UE, que deberán aprobar un Plan Nacional de Restauración que incluya las zonas de los hábitats y las especies prioritarias, así como las acciones a desarrollar. «Lo más importante es que los proyectos de restauración tengan el objetivo claro y último de recuperar los ecosistemas y estén basados en la ciencia», subraya Álvarez.
«¿Cómo saber si estamos ante un proyecto científico serio o uno con objetivos más de marketing? Toca hacer un poco de verificación, un poco de fact-checking«, añade Agnese Riccardi. «Los participantes del proyecto y sus experiencias previas, como por ejemplo otras colaboraciones en estudios científicos serios, nos pueden dar una buena idea de la credibilidad del proyecto. La colaboración con las entidades locales, con los pescadores y con las personas que hagan otros usos económicos del mar también es clave».

Posidonia oceanica. Foto: Frédéric Ducarme.

La importancia de la restauración pasiva
A unos 50 kilómetros de la costa de Castellón, las islas Columbretes fueron durante décadas un importante punto de pesca de langosta roja, explotado con intensidad desde finales del siglo XIX. Pero como sucedió en tantas otras zonas del mundo, la población local de este crustáceo empezó a dar síntomas de colapso en la segunda mitad del siglo XX. Tras probar diferentes medidas de protección, en el año 1990 se creó la reserva marina de las islas Columbretes,prohibiéndose la pesca en 1400 hectáreas de fondos singulares de roca volcánica y cascajo (maërl) hasta unos 80 metros de profundidad.
Al cabo de una década, empezaron a verse los primeros efectos positivos. Las langostas de las Columbretes se recuperaban y un número cada vez más elevado de individuos dejaba los límites de la reserva para asentarse en áreas donde sí se permitía la pesca. Un estudio efectuado entre 1997 y 2007 concluyó que los beneficios netos de los pescadores por capturas de langosta en la zona habían aumentado un 10% desde la creación de la reserva.
Este efecto de desborde es algo habitual y ha sido comprobado en cientos de áreas marinas protegidas en todo el planeta. «En otras reservas del Mediterráneo, como la de cabo de Palos en Murcia o la de Tabarca en Alicante se ha visto que la biomasa de especies se ha multiplicado por 10, incluidas especies comerciales, y que las praderas de posidonia se han recuperado», señala Helena Álvarez. «Por eso nosotros apostamos, sobre todo, por la restauración pasiva».
Las acciones de restauración pasiva buscan eliminar las presiones humanas que han contribuido a la degradación de un ecosistema en primer lugar y dejar que la naturaleza se recupere sola. «Los ecosistemas viven, en realidad, en constante restauración. El problema es que, si nosotros aplicamos presiones de forma reiterada, por ejemplo, la pesca de arrastre que daña los fondos, la naturaleza no consigue recuperarse», concluye la investigadora de Oceana. «Pero si eliminamos la presión, enseguida vuelve a prosperar. Si dejamos que cada especie cumpla su papel sin intervenciones externas, la salud del ecosistema mejora».

«Igual que sucede con una casa, es mucho más barato conservar que restaurar, mantener que reconstruir», subraya Carlos Duarte. «Las acciones de restauración tienen que ir acompañadas de medidas de conservación, no podemos seguir aumentando el daño».

Este reportaje forma parte del proyecto ‘Especial Océanos‘, coproducido por Climática junto a Ecologistas en Acción como parte del proyecto MED30.
Fuente: https://climatica.coop/praderas-posidonia-recuperar-mediterraneo/ Imagen de portada: Foto: Julius Hildebrand.

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