“Los colapsos ambientales han estado acompañados de genocidios”

Josefa Sánchez Contreras es investigadora y activista socioambiental perteneciente al pueblo angpøn (zoque) de Chimalapas en Oaxaca, México. Es doctora en Sociología por la Universidad de Granada, donde actualmente imparte clases en la facultad de Ciencias Sociales. Ha publicado varios trabajos, como Desojos Racistas, hacia un ecologismo anticolonial (Anagrama, 2025) o Colonialismo energético (Ona, 2024), donde analiza, entre otras cuestiones, la relación del colonialismo y el racismo estructural con la actual crisis climática.

Entrevista de Gonzalo Soria Giner

El pueblo angpøn al cual pertenece se ubica en una geografía donde existe una larga historia de lucha y resistencia por la defensa de su territorio, ¿cómo han influido sus orígenes en su trabajo como investigadora?

Por supuesto que las realidades históricas que han atravesado al pueblo angpøn al cual pertenezco han marcado mis procesos investigativos y de formación dentro de la universidad. Estas realidades se expresan en las amenazas en forma de megaproyectos y de conflictos agrarios contra los bienes comunales y en la defensa del territorio que ha sostenido el pueblo angpøn frente a concesiones extractivas de oro y cobre. También de las luchas que han mantenido otros pueblos vecinos como los Ikoots y Zapotecas, pueblos de la planicie y el istmo de Tehuantepec, quienes han resistido contra la proliferación de parques eólicos a gran escala en sus territorios. Todas estas experiencias constituyen mi punto de partida como investigadora. Trabajos como Despojos racistas y Colonialismo energético nacen de estas experiencias concretas, de la necesidad de entender cómo se desarrollan todos estos procesos.

Entre los problemas globales que figuran en la actualidad informativa se encuentran, por un lado, la crisis climática y por otro, el auge de los discursos racistas de la extrema derecha. En su análisis, encuentra una relación directa entre estas dos situaciones.
Al aumentar la disputa por los recursos energéticos, se van incrementando también una serie de discursos racistas tanto en Estados Unidos como en Europa
En la medida en que van aumentando la crisis ambiental, la emergencia climática y la disputa por los recursos energéticos, se van incrementando una serie de discursos racistas tanto en Estados Unidos como en Europa que, de alguna manera, tratan de justificar los genocidios y los exterminios en otras partes del mundo. No es la primera vez que esto sucede. Se trata de una relación histórica, es decir, los colapsos ambientales han estado acompañados de genocidios. Por ejemplo, la gran debacle demográfica de los primeros tiempos de colonización, con el exterminio del 90 % de la población nativa de América Latina, supuso también un impacto en el clima del planeta.
Actualmente, no es casual, que Donald Trump agite el odio contra las poblaciones migrantes ya que su discurso racista trata de deshumanizar a estas poblaciones que vienen de territorios que, hoy día más que nunca, están siendo saqueados para extraer minerales, petróleo o gas, que se requieren en el norte global para seguir sosteniendo los modos de vidas imperiales.      
Pero no solo Donald Trump, también la Unión Europea, que se nutre de los recursos de sus excolonias o España, que a través de la ley de extranjería explota la mano de obra barata que le proporciona principalmente la población africana. Los discursos de odio racistas deshumanizan a las personas que mueren cada día cruzando el Mediterráneo para tratar de llegar a la Europa fortaleza. Vemos que estos discursos se van agudizando porque la crisis ambiental exige cada vez más recursos. Tampoco es casual que veamos tantas guerras en el mundo, que Estados Unidos haya bombardeado Irán, intervenga en Venezuela, dispute por Groenlandia, se agudice el exterminio del pueblo kurdo en Siria, se prolongue la guerra de Ucrania...
Palestina...
Después de Palestina todo es posible, todo se desploma, el genocidio televisado demuestra que los grandes poderes están dispuestos a todo. Palestina, está atravesada por la disputa de recursos, por el racismo y el proceso colonial. Es ilustrativo el caso de la corporación Mekorot, compañía nacional de agua de Israel, que además de ser parte responsable del genocidio del pueblo palestino, interviene también robando el agua en territorio Mapuche. Un territorio donde se pretende la extracción de minerales a gran escala y que ha sido incendiado recientemente en una nueva modalidad de guerra. Entonces, estamos iniciando un año sumamente convulso, donde vemos que hay un nuevo racismo que se agudiza y se va configurando.
En su trabajo, como ha comentado, analiza cómo el racismo sirve para deshumanizar a poblaciones enteras con el fin extraer los recursos de sus territorios. ¿Hasta dónde se remonta esta estrategia y cómo de vigente está a día de hoy?
No se trata de denunciar un prejuicio social, de cómo te ven por tu color de piel, hablamos de un pilar histórico del sistema El punto de partida está en los primeros tiempos de conquista y colonización de los siglos XV y XVI, Entonces era un racismo de otras características que ha ido cambiando a lo largo de la historia hasta nuestros días, pero siempre manteniendo la idea de que aquellos cuerpos que hemos quedado tipificados como indios, negros, prietos, son cuerpos desechables, desprovistos de humanidad, para quienes no se cumplen los derechos humanos. Eso explica por qué hay tanta impunidad en los asesinatos de defensores que, en muchos casos, pertenecen a pueblos indígenas. Estos defensores son una cifra más de esa violencia que puede ser ejercida a la luz del día ya que nada pasa, pueden ser asesinados impunemente porque históricamente, hay una naturalización de la violencia ejercida sobre estos cuerpos racializados. Esto es el racismo. No se trata de denunciar un prejuicio social, de cómo te ven por tu color de piel, hablamos de un pilar histórico del sistema.       
En el mismo sentido, explica también que estos territorios sufren un racismo ambiental.
En Estados Unidos se viene estudiando desde el siglo pasado sobre la distribución de la contaminación en distintas ciudades. En 1978, un informe titulado “TOXIC WASTES AND RACE. In The United States A National Report on the Racial and Socio-Economic Characterist!cs of Communities with Hazardous Waste Sites” demostró que existía una correlación entre las zonas que recibían mayor cantidad de residuos y los lugares donde vivían las poblaciones negras e hispanas. Esto mismo lo podemos encontrar en Latinoamérica. ¿Quiénes contaminan y quiénes pagan esa contaminación? ¿Dónde están los basureros de las ciudades? ¿Quiénes viven en las partes de las ciudades sin agua, sin luz eléctrica, sin acceso a servicios? ¿Por qué siempre son esos cuerpos tipificados como indios, como prietos, como negros? Porque hay un aspecto colonial, un aspecto racista. El racismo estructural sirve para catalogar estos territorios como tierras baldías, susceptibles de ser ocupadas, de ser despojadas, de ser utilizadas para lo que el capital quiera y necesite. En el mismo sentido, las zonas habitadas por poblaciones indígenas son susceptibles de ser violentadas, donde no existe el derecho humano, ni el derecho indígena, ni el derecho de una persona a respirar un aire limpio y vivir en un lugar sin contaminación.
Habla explícitamente de colonialismo y hay quien podría pensar que este es un concepto anacrónico, sin embargo usted apunta en otra dirección.

Efectivamente podríamos pensar que es anacrónico hablar de colonialismo en el siglo XXI y en países que tuvieron procesos de independencia en el siglo XIX, quizás puedan decir: “No, pues no leíste historia”. No es así. En México, cuando hablamos de colonialismo, estamos señalando que en la formación del Estado-Nación se han mantenido las lógicas desiguales con los pueblos indígenas.
La vulneración de los derechos territoriales de los pueblos nos habla de una relación colonial, una relación en la que el Estado pretende la tutela de los pueblos, donde hay una idea de nación basada en la blanquitud. Con blanquitud me refiero a una relación de poder que, como explica la autora argelina Houria Bouteldja, tiene que ver con un proyecto donde la nación está supeditada a intereses neoliberales y capitalistas, que siguen lógicas coloniales. Abundan concesiones mineras en México y van a continuar porque hay una demanda global de minerales, supeditadas a lógicas coloniales que aseguran la extracción de esos recursos. Esto sucede en México, pero también en muchas partes del mundo, donde las mismas lógicas coloniales se van agudizando en este contexto de crisis ambiental y demanda de recursos.
Cuando nos referimos a los pueblos indígenas y del sur global, muchas veces tenemos una mirada que solo los contempla como pueblos vulnerados, replegados en resistencia, sin embargo tienen también una parte propositiva que es necesario destacar y que tú explicas que viene de largo.
Intento señalar cómo las expresiones anticoloniales vienen acompañando la historia de los pueblos desde la Colonia. Por ejemplo, cuando se oponían a la economía tributaria colonial que estaba transformando completamente los territorios, insertando nuevas ganaderías, nuevos cultivos, lógicas que demandaban territorios para ser exportados. El rechazo que pueblos como los Ikoots y Zapotecas tuvieron hacia estos sistemas son algunas expresiones de defensas de territorio que no se llamaban ecológicas en la época, pero que hoy día, en el siglo XXI, sí podrían dialogar con los ecologismos. Entonces, si revisamos la historia y ponemos en valor estos procesos de resistencia puede que, ante estas nociones tan catastrofistas que tenemos hoy día, encontremos que situaciones similares ya han acontecido en otro momento y que muchos pueblos han sobrevivido, generando estrategias, sosteniendo sus cultivos y sus territorios comunales y ejidales. Los pueblos indígenas han asistido históricamente a los fines de sus mundos y los han reconstruido una y otra vez. Tal vez, habría que aprender de ellos sin romantizarlos, sin señalarnos como los buenos salvajes, ni decir que hay una relación esencial entre los pueblos indígenas y la tierra. Esta es otra forma de racismo. Más bien, hay que entender que existe un proceso histórico en el cual los pueblos indígenas y muchos otros pueblos del mundo han disputado y siguen disputando actualmente sus procesos de descolonización y emancipatorios. Aprender y dialogar con esas formas de resistir, de renovarse y de proponer sus maneras de mantener la vida.
Precisamente, en su trabajo explica que las pretendidas soluciones a la crisis climática, como la llamada transición energética de las energías renovables, no dejan de construirse sobre un ecologismo que sigue siendo colonialista.
Las políticas verdes reconocen que existe una emergencia climática y la necesidad de apostar por energías limpias, pero no abandonan el uso de combustibles fósiles ni las prácticas extractivistas. El modelo desarrollista no se pone en cuestión con la llamada transición verde. Entonces, una vez más, son los pueblos del sur global los que sufren las políticas colonialistas de la explotación de sus territorios para la extracción de minerales y de todo tipo de recursos necesarios para que las sociedades industriales continúen.
Sin embargo, la llegada de Trump y la violencia ejercida por líderes como Netanyahu, entre otros, viene a poner de manifiesto que el nuevo fascismo es negacionista, es capaz de destruir territorios y exterminar poblaciones y está dispuesto a ir por todo. Entonces, en este momento, creo que es importante situar la crítica ahí. Una crítica antifascista, antiimperialista, anticolonialista, que ponga en su justa dimensión la relevancia que tienen las defensas de los territorios que están encabezando los pueblos en muchas partes del mundo.
Propones una alianza antirracista que va directa a tocar uno de los pilares del sistema.
Sí, sobre todo como una forma de interpelar a “los Nortes”. Mis ensayos dialogan con los ecologistas del norte global que buscan transformar las cosas pero eso no se consigue únicamente abandonando los combustibles fósiles. Es necesario señalar que las crisis ambientales tienen un carácter racista. No habrá soluciones a estos problemas si no entendemos que la emergencia climática y la crisis energética tienen su origen en el colonialismo histórico. Solo a partir de ahí, podemos empezar a pensar en una justicia ambiental que acabe con las desigualdades raciales y cumpla con las demandas históricas de las luchas anticoloniales.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260301/Politica/52662/gonzalo-soria-giner-josefa-sanchez-contreras-entrevista-colapso-ambiental-genocidio-mexico.htm - Imagen de portada: La investigadora y activista socioambiental Josefa Sánchez Contreras durante una entrevista en 2024. / SERTV Panamá

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