Regenerar frente a resistir: el cambio de paradigma que España ya ejecuta en su litoral
Alejar los paseos marítimos del oleaje ha dejado de ser un tabú político para convertirse en la única solución viable. Especialistas explican por qué devolver el espacio a las dunas es una oportunidad y no una derrota: Los vecinos se quejan de que sus casas están llenas de tierra. Los turistas, lo mismo, se lamentan por no poder caminar por el paseo, ocupado por montañas de arena de varios metros de altura. Esta estampa, tan habitual en el entorno de las Dunas de Maspalomas (Gran Canaria) cuando hay fuertes rachas de viento y temporales, ilustra un problema de fondo. Tanto el paseo como los alojamientos turísticos en primera línea de esta reserva natural fueron construidos sobre el sistema dunar original. La arena, empujada por la dinámica eólica, no está invadiendo las construcciones humanas, sino que simplemente reclama el corredor que por derecho geológico le pertenece.
Eduardo Robaina
Esta realidad, aplicable a tantísimos puntos del territorio español, resume a la perfección el conflicto estructural de nuestra costa: un pulso histórico entre la rigidez del modelo actual y la fluidez de una naturaleza que, espoleada por un clima cada vez más extremo, ha comenzado a recuperar el terreno perdido. A medida que el nivel del mar asciende y los temporales se recrudecen, la solución para garantizar el futuro de nuestras playas ya no pasa por levantar muros más altos ni por invertir millones en rellenar artificialmente lo que el mar devora. La salida pasa por asumir un concepto que hasta hace poco era un tabú: la retirada gradual y gestionada de ese entorno y la adaptación del litoral.
La física del ‘estrangulamiento’ y el déficit de arena
Durante décadas, la tendencia en España ha sido hormigonar hasta el último centímetro frente al mar. Sin embargo, este modelo de «sol y cemento» choca de frente con la física en un fenómeno conocido como «estrangulamiento costero».
Para entender por qué las defensas rígidas acaban destruyendo la playa, hay que mirar el comportamiento del oleaje. Laura del Río, catedrática de Geografía Física en la Universidad de Cádiz (UCA), lo explica de forma muy gráfica: «Realmente, el paseo marítimo no intenta proteger la playa, sino lo que está detrás de ella. Cuando el oleaje llega hasta ese muro de hormigón, se refleja. Esa reflexión aumenta la turbulencia justo delante, y va poco a poco erosionando la arena, llevándosela hacia mar adentro, y termina socavando la estructura».
En contraposición, la experta detalla cómo un sistema natural tiene la capacidad de autogestionarse: «Una playa natural se adapta a los cambios: pierde arena en invierno y la vuelve a ganar en verano. Si tú le metes un muro de hormigón, eso no sucede».
A esto se suma un factor estructural decisivo: las playas se están quedando sin su materia prima. «La arena de casi todas las playas de España procede principalmente de los ríos, pero estos están muy regulados por presas. Estas infraestructuras, aunque necesarias para multitud de usos, bloquean la llegada a la costa del sedimento», apunta Del Río, señalando esta falta de aporte sedimentario como la causa fundamental del retroceso a nivel general, agravado a nivel local por espigones y barreras artificiales.
El pozo sin fondo de la arena artificial
Frente a la ineficacia de los muros, las administraciones invierten cada primavera millones de euros públicos en dragados y vertidos de arena artificial. Es un parche de corto recorrido. Matalascañas (Huelva), con inversiones millonarias constantes para mejorar espigones y aportar arena, es el paradigma de este bucle.
Laura del Río advierte de la fragilidad de estas intervenciones: «La arena recién vertida en una playa regenerada es muy inestable al principio porque está muy suelta y no se ha compactado. Un fuerte oleaje a los 15 días de la obra provocaría la pérdida de todo el material aportado». Al final, esa arena termina en sumideros submarinos o atrapada por las propias infraestructuras artificiales, alterando aún más la dinámica litoral.
Ejemplos de cambio
Frente a este escenario, varios municipios han puesto en marcha las excavadoras para dar más espacio a la naturaleza. Históricamente, a este proceso se le ha llamado «deconstrucción» o «desurbanización», un término que genera pánico en alcaldes y en el sector turístico al percibirse como una derrota.
Sin embargo, el relato está cambiando desde las disciplinas del territorio. Miriam García García, arquitecta, urbanista y directora de LAND LAB, propone una revisión urgente del concepto: «Me parece una reflexión muy interesante y necesaria en el actual contexto de crisis climática. Sin embargo, evitaría hablar de “deconstrucción” en términos estrictos. Más que desmontar, se trata de adaptar. Es un cambio de enfoque: pasar de resistir al mar a convivir con él de forma más inteligente y sostenible».
Para García, alejar la línea de asfalto no es perder terreno, sino ganarlo en resiliencia y calidad. «No se trata de un fracaso, sino de una oportunidad. Una intervención bien planteada puede mejorar significativamente la calidad del espacio público, el confort ambiental y la escena urbana. No hablamos simplemente de deconstruir, sino de regenerar el frente costero. El relato debe pasar de la pérdida a la mejora».
Ya hay ejemplos que imitar. El caso de Calafell (Tarragona) demuestra que los resultados de esta retirada estratégica pueden ser casi inmediatos. A principios de 2024, las excavadoras levantaron 800 metros cuadrados de baldosas y hormigón de la plaza del Mil·lenari, un saliente del paseo construido en 2002 directamente sobre la arena. Al eliminar esta barrera rígida, la playa no solo recuperó su espacio natural de amortiguación frente a los temporales, sino que la intervención se complementó con un proyecto de naturalización integral. Mediante la instalación de barreras de retención y la plantación de miles de ejemplares de flora autóctona, se ha empezado a asentar un nuevo cordón dunar.
Los resultados ya los está midiendo la ciencia. Carla Garcia-Lozano, profesora del Departamento de Geografía de la Universitat de Girona, lidera el estudio de esta zona a través de los proyectos europeos IMPETUS y DUAL. La investigadora aporta la cifra del éxito: desde el inicio del proyecto impulsado por el Ayuntamiento, la playa ha ganado 2.000 metros cúbicos de arena. Las dunas, recuerda, funcionan como eficaces «repositorios de arena y biodiversidad».
Garcia-Lozano advierte, además, sobre el peligro de la memoria selectiva frente al paisaje costero. En los años 70, zonas del municipio como Segur de Calafell aún conservaban su sistema dunar original, hoy devorado por la urbanización. La experta señala que el retroceso actual responde también al impacto geomorfológico del puerto local y al fin de una práctica ilusoria: las regeneraciones masivas de arena de los años 90. «Aquello generó una percepción social de más playa de la real. Esto es insostenible ecológica y económicamente. Al dejar de hacer esta práctica, la línea de costa trata de volver a su estado anterior a esta regeneración artificial», explica.
El de la playa de Samil, en Vigo, ilustra también la transición del hormigón a la infraestructura verde. En su primera fase, las actuaciones ejecutadas por la Dirección General de la Costa y el Mar han supuesto la demolición de 450 metros del antiguo paseo marítimo, eliminando por completo muros de contención, rellenos y pavimentos rígidos. De ese tramo, 250 metros se han reconstruido retranqueando la estructura una media de 25 metros hacia el interior, lo que ha permitido recuperar la superficie del arenal de forma natural, sin necesidad de verter arena externa. Los 200 metros restantes no se han vuelto a levantar, liberando el espacio para garantizar la evolución natural del ecosistema. Además de ampliar la duna y plantar especies autóctonas, la rigidez del asfalto ha dejado paso a soluciones integradas en el paisaje, canalizando el tráfico peatonal mediante senderos de tierra y pasarelas de madera a través del pinar continuo.
En febrero de 2026, el Ayuntamiento de Vigo dio luz verde a la segunda fase de su regeneración dunar con un movimiento muy simbólico: el derribo del icónico restaurante Di San Remo, un local de hormigón que ocupaba el frente marítimo desde hacía 40 años.
¡Comparación del estado en 2024 y actual: ya se aprecia con claridad la recuperación de DPMT y la necesidad de retirar y redistribuir las instalaciones que impiden continuar la fase 2 proyectada en 2010. MITECO.
El retroceso estratégico también se está aplicando para corregir diseños urbanísticos del pasado reciente. En la playa Cerezo, en Chilches (Castellón) , el paseo marítimo y la zona de aparcamiento construidos en la década de los noventa sobre terrenos de dominio público terminaron mostrando claros signos de agotamiento funcional, dejando el ancho de playa reducido a apenas 10 metros. Para revertir esta situación, se ha impulsado una obra adjudicada por cerca de 660.000 euros que está previsto concluir este mes. La intervención consiste en demoler un tramo del paseo para reubicarlo más atrás, ocupando el espacio del antiguo aparcamiento. Este movimiento tierra adentro permitirá a la playa ganar una anchura media de 15 metros y recuperar más de 1.200 metros cuadrados de superficie.
Entorno de la playa Cerezo. Diciembre de 2025. Vista aérea en la que se puede apreciar la proporción entre el ancho de la playa antes de la actuación y el que se ganará para la playa. MITECO.
La cornisa cantábrica también suma hitos en esta línea de desurbanización. En la playa de La Arena (Bizkaia), la más concurrida de la provincia, se acometió la demolición de seis edificaciones de servicios, un vial y una gran plaza de hormigón construidos a lo largo del siglo XX. Esta actuación, finalizada en 2024 y que ha contado con un presupuesto de 750.000 euros financiados por el MITECO, ha logrado liberar unos 9.000 metros cuadrados en un frente de 150 metros. El objetivo: dar respiro y restaurar uno de los pocos sistemas dunares relevantes que existen asociados a las playas de Euskadi.
Plano con el plan de actuación en la playa de La Arena. MITECO.
Otro ejemplo de cómo los temporales pueden ser el catalizador del cambio se encuentra en la playa de Balerma (El Ejido, Almería). Tras los graves destrozos ocasionados por las tormentas a principios de 2019, la Administración optó por no tropezar con la misma piedra. En lugar de limitarse a reconstruir el tramo de muro dañado en su posición original, las obras de emergencia incluyeron la demolición y el retranqueo de la infraestructura. Una decisión que permitió devolverle al mar su espacio, recuperando 70 metros cuadrados de playa a lo largo de 25 metros lineales de costa.
A estos casos, se le suman muchos otros. Y los que están por venir. La urgencia climática ha pisado el acelerador administrativo en los últimos meses. Un ejemplo evidente se encuentra en la costa de Lugo, muy castigada por las sucesivas borrascas. Este mes de abril, se aprobaron los proyectos de urgencia para retranquear los paseos marítimos de San Bartolo (Barreiros) y Arealonga (Foz). En este último caso, tras los graves desprendimientos provocados por la erosión extrema del oleaje, la Administración ha optado por no reconstruir el muro dañado, sino ejecutar un nuevo trazado de 450 metros de longitud. Este nuevo corredor se aleja de la orilla aprovechando de forma estratégica el espacio de antiguos viales, cediendo así la primera línea a la dinámica natural del mar.
El paisaje del mañana: sistemas vivos y resilientes
El objetivo de esta regeneración es reconstruir con soluciones basadas en la naturaleza (SBN). Pero, ¿cuánto espacio hay que cederle al mar para que funcione? Laura del Río aclara que no se trata solo de medir distancias, sino de ecología: «No es tanto una cuestión de metros, estrictamente hablando, como de que haya un sistema playa-duna completo y en buen estado de salud. Lo resiliente es una playa que tenga detrás unas dunas en condiciones y no cuatro dunitas, y pegado a ellas el paseo marítimo. Esas dunas en condiciones son lo que amortigua y lo que nos puede seguir protegiendo en el futuro».
Ese nuevo frente litoral exige también una nueva estética urbana. Miriam García dibuja cómo debe ser ese paisaje adaptado al siglo XXI: «Visualmente, esto implica sustituir superficies duras como el asfalto por soluciones permeables, vegetación autóctona y paisajes dinámicos, donde el cambio forma parte del proyecto. Funcionalmente, estos sistemas aumentan la resiliencia frente a temporales, favorecen la biodiversidad y mejoran la calidad ambiental».
Llevar a cabo estas transformaciones implica coordinar Demarcación de Costas, ayuntamientos y sector privado, un reto mayúsculo pero ineludible. «Si hay voluntad política, es posible», concluye Miriam García. Adaptarse al cambio climático devolviendo terreno a las dinámicas litorales no es rendirse frente a las olas. Es, sencillamente, la única evolución racional y económicamente viable para garantizar que las próximas generaciones —y nuestro modelo turístico, que tanto importa— sigan teniendo una costa que disfrutar.
Este reportaje forma parte del proyecto ‘Especial Océanos‘, coproducido por Climática junto a Ecologistas en Acción como parte del proyecto MED30.
Fuente: https://climatica.coop/regenerar-frente-resistir-cambio-paradigma-litoral-espana/
Imagen de portada: Imagen a vista de dron de la playa de Samil (Vigo) donde se observa el paseo marítimo antiguo (al fondo) y el nuevo tramo reformado. Foto: cedida por el MITECO.





