Bogotá / Colombia: el camino para dejar de ser una de las ciudades más contaminadas del mundo pasa también por los barrios pobres
Bosa fue, durante siglos, un asentamiento clave para el pueblo muisca. Hoy es la localidad número 7 del Distrito Capital de Bogotá, en Colombia, y la inmensa mayoría de sus más de 700.000 habitantes pertenecen a un estatus socioeconómico bajo o muy bajo. Bosa es, también, una de las zonas con peor calidad del aire de la capital colombiana. Aquí, los niveles de pequeñas partículas en suspensión (las llamadas PM 2,5) triplican el límite seguro establecido por la OMS y entre 8,7 y 17,3 de cada 100.000 habitantes (en función de la zona) fallecen por enfermedades respiratorias. Pero eso puede estar a punto de cambiar.
Juan F. Samaniego
La localidad número 7 ha sido el punto escogido por el Gobierno de Bogotá para empezar a implementar sus zonas de bajas emisiones. La primera de las llamadas zonas urbanas por un mejor aire (ZUMA) no está en un barrio céntrico ni turístico, tampoco en un barrio rico, sino en una de las zonas desfavorecidas de la ciudad. La ZUMA de Bosa fue declarada en septiembre de 2023, en el barrio de Apogeo, y desde entonces ha sido objeto de intervenciones graduales en la red de transporte (mejora de la pavimentación o creación de ciclovías), en la cobertura verde (más parques y más huertas y jardines comunitarios) y en la infraestructura de medición de calidad del aire.
«A nivel global, las zonas de bajas emisiones típicamente se ubican en el centro histórico de las ciudades, pero en Bogotá están en la zona suroccidental de la ciudad, el lugar con la mayor problemática de contaminación y un alto nivel de vulnerabilidad socioeconómica«, explica Jaime Rueda, líder de Breathe Cities en Bogotá, una iniciativa impulsada por Bloomberg Philanthropies, Clean Air Fund y C40 Cities que colabora con el gobierno local en la implementación de su plan de mejora de la calidad del aire. «La primera ZUMA, hogar de 35.000 personas, cuenta con un portafolio de 39 acciones para mejorar la calidad del aire y la calidad de vida de los residentes, como la mejora del tráfico y la creación de más ciclovías y senderos peatonales, haciendo el área más segura y verde».
Las ZUMA son solo el último paso de una estrategia que ha logrado reducir la contaminación por partículas en la capital colombiana un 24% durante los últimos 10 años y que tiene como objetivo lograr que las concentraciones medias anuales de PM 2,5 no superen los 15 microgramos por metro cúbico de aire en 2030. Esto las situaría ya muy cerca de la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (10 microgramos por metro cúbico de aire). El camino de Bogotá para dejar de ser una de las ciudades más contaminadas del mundo pasa por Bosa, pero también por una extensa red de carriles bici, por transporte público electrificado y por conectar los barrios aislados mediante teleféricos.
El plan de Bogotá para limpiar su aire
En Bogotá no hay metro ni cercanías, pero hay TransMilenio. La red de autobús de tránsito rápido, inaugurada a finales del 2000, es uno de los símbolos (y motivos de orgullo) de la ciudad. Es un sistema estructurado alrededor de una serie de líneas troncales en las que los autobuses circulan por carriles exclusivos que vertebran el casco urbano. Hoy, las 8 troncales se extienden 114 kilómetros y, junto a las líneas secundarias que las conectan con los barrios, mueven alrededor de 2,3 millones de pasajeros cada día laborable. Muchos de los autobuses son, además, eléctricos: la flota urbana de Bogotá cuenta ya con más de 1.400 vehículos que funcionan sin cumbustibles fósiles y sumará otros 700 a lo largo de este año.
«Este sistema de transporte masivo de buses ha logrado reducir en un 88% las emisiones de material particulado entre 2012 y 2022, gracias a la renovación de su flota hacia vehículos eléctricos y de bajas emisiones», señala Jaime Rueda. «Estas estas acciones han generado beneficios medibles en la exposición de las personas dentro de los autobuses, con una reducción del 70% en los niveles respirables de PM 2,5 para los pasajeros». La electrificación y el transporte colectivo, sin embargo, no han sido el único frente en el que Bogotá ha intervenido.
Según la última Encuesta de Movilidad 2023, en Bogotá se realizan más de 12 millones de viajes diarios, de los cuales 4,2 millones son en transporte público, 3,3 millones a pie, 1,7 millones en automóvil y 886.000 en bicicleta. «Es decir, más del 70% de los viajes se hacen de forma sostenible«, resalta Rueda. «Reducir las emisiones del transporte es clave para disminuir el material particulado, esas pequeñas partículas dañinas que llegan al corazón, los pulmones y el cerebro, y que generan graves problemas de salud».
Hace 50 años nació la primera Ciclovía Bogotana a modo de protesta ciudadana contra el dominio de los vehículos privados en el transporte de la ciudad. La iniciativa, que consiste en el cierre de algunas calles de Bogotá todos los domingos, sigue vigente, pero la realidad de la capital colombiana ha cambiado mucho. Hoy existen más de 600 kilómetros de infraestructura exclusiva y permanente para bicicletas (bautizadas como ciclorrutas) y Bogotá tiene una de las redes más extensas de carriles bici de América Latina.
La tercera pata de la reforma del transporte de la capital de Colombia viaja por el aire. Al igual que han hecho otras ciudades del país como Medellín, Bogotá quiere conectar los barrios de mayor altitud (está ubicada en una zona montañosa) mediante teleféricos. La primera línea del llamado TransmiCable está operativa desde 2018 en Ciudad Bolívar, la localidad número 19 de la capital, también al sur de la urbe. Y hay otras dos nuevas líneas en ejecución. Además, en 2021, poniendo fin a casi un siglo de debates urbanísticos, Bogotá inició la construcción de su primera línea de metro.
Todas estas acciones encajan en el Plan Aire 2030, una estrategia a 10 años que define las intervenciones para la reducción de emisiones contaminantes y la mejora de la calidad del aire, la salud y la calidad de vida de los bogotanos. Además de las reformas del transporte, la ciudad está regenerando sus parques y creando huertos urbanos y cubiertas verdes en muchos edificios. Las cifras, por ahora, acompañan la estrategia: en comparación con los niveles de 2018, la contaminación del aire ha disminuido cerca de un 24%, a pesar del crecimiento demográfico.
Aun así, hay retos importantes en el horizonte, como señala Jaime Rueda. El crecimiento poblacional y el desarrollo económico de la ciudad hace que estén aumentando las fuentes de emisión, los planes a largo plazo requieren presupuestos sostenidos en el tiempo que no siempre son fáciles de mantener y hay fuentes de emisiones, como el transporte mercancías, que son difíciles de mitigar. A pesar de todo, Bogotá tiene clara la receta que le ha funcionado hasta ahora.
El camino para mejorar la calidad del aire (y la salud) es también el mismo que puede ayudarnos a reducir una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero. «De Londres a Bogotá, estamos viendo un modelo que funciona: los datos ayudan a las ciudades a comprender el problema, las comunidades y los alcaldes contribuyen y posibilitan las acciones, y un liderazgo sólido ayuda a convertir la evidencia en acción», concluye Rueda. «Bogotá es un ejemplo poderoso de lo que es posible cuando la calidad del aire se trata no solo como un problema climático, sino como una prioridad de salud y económica».
Fuente: https://climatica.coop/bogota-ciudades-contaminadas-barrios-pobres/ - Imagen de portada: Foto: Michael Pointner.

