Argentina: Milei, el peón de Trump contra la integración sudamericana
Los
insultos del aún presidente argentino Javier Milei al mandatario
brasileño Lula da Silva durante su reciente visita a Brasil, son parte
de un libreto escrito en Washington y destinado a romper todo intento de
integración latinoamericana, garantizando el sometimiento regional a
los designios y humores de Donald Trump: Brasil muestra una pretensión
de autonomía frente a Estados Unidos, y Trump insiste en cambiar esto:
no sólo impuso aranceles, sino que hace poco y tras un año y medio sin
embajador, designó a un diputado de Florida sin ninguna experiencia y lo
hizo sin consultar primero a Itamaraty, como se acostumbra a hacer. Fue
un mensaje político claro.
Por Aram Aharonian
Asimismo,
no es la primera vez que la relación Argentina-Brasil atraviesa la
tensión de un enfrentamiento, ni la primera vez que Milei insulta a Luiz
Inácio Lula da Silva. Pero nunca Brasil había decidido retirar por
tiempo indefinido a su embajador y degradar un vínculo que,
históricamente y para ambos Estados, es considerado una asociación
estratégica.
Tras su papel de «killer» en Sao Paulo, donde
participó en el lanzamiento de la candidatura presidencial del
ultraderechista Flavio Bolsonaro (hijo del preso ex presidente Jair),
Milei profundizó su interferencia en la campaña electoral brasileña y
extendió sus ya conocidos insultos a Lula a uno de los jueces más
poderosos de la corte suprema de Brasil: Alexandre de Moraes.
En una
nueva «misión», el libertario presidente argentino Javier Milei viajó a
encontrarse con Daniel Noboa, el ultraderechista presidente de Ecuador y
en Colombia estará en la asunción presidencial del admirador de Donald
Trump, Abelardo De la Espriella.
Milei huye hacia adelante (y al
exterior) a pesar de la crisis política, social y económica del país,
ansiando ubicarse como líder derechista de una región que se caracteriza
por contener contradicciones profundas y una enorme polarización sobre
todo en lo referente al alineamiento con las políticas estadounidenses.
Su
poco diplomático ensañamiento contra Lula deja al Mercosur al borde del
nocaut: ya Uruguay suplicó frenar la pelea Argentina-Brasil. El
canciller uruguayo Mario Lubetkin advirtió que la escalada entre los
gigantes de la región paraliza al bloque y se ofreció como mediador.
Brasil
y Argentina poseen niveles de interdependencia económica e
institucional mayores que la relación personal entre Lula y Milei.
Además del comercio bilateral, hay cadenas productivas integradas, el
andamiaje institucional del Mercosur, inversiones en energía e
infraestructura. Esto genera una diferencia muy grande con el conflicto
con Estados Unidos. De entrada, Brasil y Argentina necesitan administrar
conjuntamente mecanismos permanentes del Mercosur para que se ejecute
la integración regional.
En paralelo, Lula destapó otro frente de
tormenta internacional: trató de «irresponsable» a la Casa Blanca por
revocarle la visa a su embajadora y congeló el ingreso de nuevos
diplomáticos. El Departamento de Estado decidió revocarle la visa a la
embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Viotti, acusando a
Brasilia de cajonear deliberadamente la autorización para Daniel Pérez,
el diplomático que propusieron en junio para hacerse cargo de la
embajada en el país vecino.
Fiel a su estilo, el presidente brasileño
no se guardó nada. Durante una entrevista, Lula calificó la jugada de
la Casa Blanca como «irresponsable» e «impensada», y le recordó a la
gestión de Donald Trump que dejaron la embajada acéfala durante un año y
medio. «A Estados Unidos no le importa tener un embajador en Brasil. ¿Y
ahora pretenden enviar uno y creen que estamos obligados a hacerlo en
la fecha que ellos quieren? No es justo ni posible. Queremos que nos
traten con respeto», sentenció.
La Secretaría de Comunicación Social
del gobierno brasileño sacó un duro comunicado tachando de «falsas» las
excusas de Washington y acusando a Estados Unidos de tomar decisiones
motivadas por razones puramente ideológicas. Para coronar la ruptura,
Lula pateó el tablero y avisó que bajó la persiana: no recibirá las
cartas credenciales de ningún embajador extranjero nuevo hasta que pasen
las elecciones de octubre.
Mientras Flavio Bolsonaro recogió el
discurso de la batalla cultural global de Milei y Trump y se ubica
dentro una avanzada de la derecha internacional para «exterminar» la
izquierda y el comunismo, Lula sabe que le falta un empujón para tener
una chance en primera vuelta y apuesta a enmarcar la conversación en una
discusión que los argentinos aprendieron hace unas semanas que
despierta las pasiones de hasta las sociedades más adormecidas: la
defensa de la soberanía nacional.
Sin duda, la ofensiva de Milei en
Brasil sirvió a los intereses de Trump. “Nosotros queremos ser tratados
con respeto”, afirmó Lula luego de que EE.UU. cancelara la visa de la
embajadora brasileña.
Desde el Gobierno de Brasil no quieren
adelantar cuál será su próxima movida, sólo informan que su embajador
ante Argentina, Julio Bitelli, «seguirá más tiempo en Brasil».
En
otras palabras, no tiene fecha de retorno, al menos no hasta que los dos
gobiernos puedan reconstruir un canal de diálogo político y no
solamente administrativo, como el que queda activo ahora tanto en Buenos
Aires como en Brasilia, ya que la Cancillería argentina a cargo de
Pablo Quirno informó en un comunicado que el gobierno de Lula también le
pidió que retire a su embajador y lo devuelva a Buenos Aires.
Nuevamente, sin fecha de retorno conocida.
Las agresiones de Milei a
Lula en Brasil crearon el riesgo (¿calculado, provocado?)de una
parálisis en la agenda bilateral y regional. Cuando Brasilia y Buenos
Aires dejan de coordinar posiciones, las capacidades de negociación del
bloque (sudamericano, latinoamericano y del Mercosur) quedan disminuidas
a nivel internacional.
Brasil es la décima economía del mundo y la
quinta en términos de territorio; Argentina, la economía número 27 con
el octavo territorio más grande. Hoy, los analistas argentinos auguran
una profundización de la confrontación política en las próximas semanas y
meses, con una escalada de las agresiones verbales, en medio de la
campaña electoral brasileña con lo que Milei habría cumplido con su
objetivo desestabilizador.
A los ataques en el lanzamiento de campaña
de Flavio Bolsonaro Jr en San Pablo, le siguieron una lluvia constante
de insultos proferidos por Milei en cada entrevista en Buenos Aires y
ratificados por sus ministros y funcionarios de manera repetida, casi
sistemática. Las diferencias ideológicas entre gobiernos son legítimas,
pero la intervención directa de un mandatario extranjero en la campaña
electoral con ataques a instituciones, no.
La escalada de los ataques
verbales puede empeorar. Si esto sucede, la gran incógnita es a quién
beneficiaría en las urnas: ¿a Lula o a Bolsonaro? La última
encuesta publicada volvió a ubicar a Lula primero con 39% (cayó un punto
porcentual desde julio) y mostró a Bolsonaro con un leve ascenso, de 28
a 30%. De confirmarse este pronóstico de la empresa Quaest, el
mandatario aún tiene una posibilidad de ganar en primera vuelta ya
que los indecisos suman un 10%. En Brasil, los candidatos presidenciales
necesitan alcanzar el 50% de los votos para evitar un balotaje.
Para
analistas brasileños, a Milei le puede salir el tiro por la culata: al
atacar las instituciones de Brasil está habilitando un cambio en la
discusión pública, de una elección izquierda vs derecha hacia una más
favorable para Lula: soberanía nacional vs interferencia extranjera.
El
Partido de los Trabajadores (de Lula) aprovechó la fibra nacionalista,
muy fuerte entre los sectores de menores recursos, ante los ataques de
Milei y los permanentes ataques de Trump, ya advirtió esa posibilidad y
busca tocar la fibra nacionalista de los brasileños, especialmente
fuerte entre los sectores populares. No sólo por la reciente agresión de
Milei, sino por los ataques permanentes de Trump.
Los «amigos» de
Milei también comparten, junto con el argentino, obviamente el apoyo de
Trump. Pero tienen un problema: su amo del norte está en crisis, salió
derrotado de lo que se podría llamar la primera fase de su guerra
imperial contra Irán y, a pesar de sus bravuconadas, no logra salir de
esa Guerra.
Y los costos son muy altos: el precio del petróleo sigue
en alza, internamente la oposición a la guerra es altísima (más de un
66%), además de que a partir del genocidio de Israel a los palestinos,
ya no hay en EE.UU. ese consenso mayoritario a favor del Estado de
Israel que existió históricamente, mientras que sectores de la juventud y
de trabajadores rechazan el bipartidismo.
Noboa, De la Espriella y
el mismo Milei están unidos por su aval a esa política guerrerista del
imperialismo estadounidense y el respaldo al genocidio israelí.
Internamente Noboa (multimillonario heredero del imperio bananero), ha
construido un régimen donde la impunidad para los suyos, la persecución
política selectiva, la represión, la militarización y el control de los
medios son herramientas para mantenerse en el poder. Políticas similares
a las que aplicó Milei en sus dos años de mandato y que ahora entró en
crisis.
El presidente de Argentina, que se abraza con el criminal
Netanyahu y ahora visita estos países de América del Sur para celebrar a
estos gobiernos ultraderechistas e insultar a la democracia, busca
erigirse como líder de esa derecha trumpdependiente, que insiste en
proclamar como hegemónica.
Pero enfrenta a algo incómodo para
sus planes: la realidad, porque -según varias encuestas recientes- Milei
cuenta en su país con el 65% de desaprobación de su gestión, a su
colega y correligionario ecuatoriano le va igual o peor: su aprobación
cayó a un pobrísimo 21%.
*Periodista
y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de
Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana
(FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)
Fuentes:
CLAE - Rebelión / Imagen: Noboa (presidente de Ecuador), Milei y el Rey
de España, entre los asistentes a la asunción del nuevo presidente de
Colombia, Abelardo De la Espriella, en Bogotá.
