El deshielo de Groenlandia está liberando mercurio atrapado durante siglos hacia el océano
El deshielo de Groenlandia suele asociarse con una imagen conocida: grandes masas de hielo perdiendo volumen y océanos que aumentan su nivel. Pero detrás de ese fenómeno existe una historia más compleja, donde el agua también transporta minerales, sedimentos y sustancias químicas almacenadas durante siglos. Entre ellas se encuentra el mercurio, un elemento que puede pasar del hielo a los fiordos árticos y entrar en contacto con ecosistemas marinos. Los científicos estudian ahora este recorrido para entender cómo el calentamiento global está cambiando los procesos naturales de una de las regiones más frágiles del planeta.
por Carolina Gutiérrez Argüelles
Deshielo de Groenlandia: un hielo que guarda secretos químicos
La enorme capa de hielo de Groenlandia no es una superficie estática. Durante el verano, el aumento de temperatura genera ríos de agua de deshielo que atraviesan grietas, llegan a zonas profundas del glaciar y finalmente desembocan en el océano. En ese camino, el agua puede recoger partículas minerales y elementos almacenados en la nieve, el hielo y las rocas.
El mercurio llega al Ártico por diferentes vías. Parte procede de actividades humanas como la quema de carbón y la minería, mientras otra cantidad forma parte natural de los minerales del planeta. El hielo funciona como un archivo químico que conserva rastros del pasado y puede liberarlos cuando cambia el clima.
El viaje del mercurio desde los glaciares hasta el mar
Para seguir el recorrido del mercurio, los investigadores utilizan un enfoque conocido como “ice-to-ocean” o “del hielo al océano”. Este método analiza muestras de hielo, agua de deshielo, sedimentos y fiordos para descubrir de dónde viene el elemento y qué ocurre después de abandonar la capa congelada Un estudio publicado en Nature Geoscience detectó concentraciones elevadas de mercurio en algunos ríos de fusión del suroeste de Groenlandia y propuso que parte podía proceder de la erosión de rocas bajo los glaciares.
Sin embargo, investigaciones posteriores, como estudios publicados en 2024, encontraron valores más bajos y señalaron que Groenlandia no representa una fuente global dominante de mercurio. La evidencia actual muestra un fenómeno real, pero mucho más complejo que una simple liberación masiva de contaminación.
Mercurio y ecosistemas del Ártico: una conexión delicada
El interés científico por el mercurio se debe a que algunas formas de este elemento pueden transformarse en monometilmercurio, una molécula capaz de acumularse en los organismos vivos. A través de la cadena alimentaria puede llegar a peces, aves y mamíferos marinos, por eso su presencia es vigilada especialmente en regiones como el Ártico.
Los fiordos de Groenlandia son zonas clave porque funcionan como puntos de encuentro entre el agua dulce de los glaciares, el océano y los sedimentos. Allí el mercurio puede quedar atrapado en el fondo marino o continuar disponible para procesos biológicos. Los científicos todavía estudian qué factores determinan su comportamiento a largo plazo.
El deshielo de Groenlandia cambia más que el paisaje
El caso del mercurio demuestra que el cambio climático no solo transforma lo que vemos, como glaciares más pequeños o costas diferentes. También altera procesos invisibles relacionados con la química del agua, la circulación de sedimentos y la interacción entre hielo, tierra y océano. Los expertos señalan que el futuro dependerá de varios factores: la velocidad del calentamiento global, la pérdida de hielo, el descongelamiento del permafrost y la forma en que los ecosistemas respondan a estos cambios. Groenlandia no es solo una reserva de hielo: es una pieza activa del sistema climático y químico del planeta.
El deshielo de Groenlandia no está provocando una crisis mundial por mercurio, pero sí revela una realidad importante: cuando el clima cambia, también cambian las conexiones ocultas de la naturaleza. Cada río que nace del hielo transporta mucho más que agua; lleva minerales, historia geológica y señales de un planeta en transformación. Comprender ese viaje será fundamental para anticipar cómo responderán los ecosistemas del Ártico en las próximas décadas.
Fuente: https://ecoosfera.com



