Impactos socioeconómicos del cambio climático en Europa y algunas propuestas
“Este ha sido el peor verano de mi vida, nunca pasé tanto calor. Pero me han dicho que será uno de los mejores que me quedan por vivir” (Frases parecidas que circulan por internet)
En este año, el calor extremo asfixió a Europa. Las imágenes de los grandes ríos como el Rin, Danubio, Sena, Támesis, con caudales tan bajos que apenas podían navegar barcos, han sido demoledoras. El Instituto Elcano ha planteado que las altas temperaturas y la sequía prolongada tendrá una factura de 180 000 millones de euros. Para los presupuestos europeos esto viene a significar alrededor del 1% del PIB de la Unión Europea.
Por Jesús Jaén Urueña
No se trata solo de un tema europeo. Además de los países africanos, del subcontinente indio o de Oriente Medio, en el estado de California, las pérdidas económicas a causa del cambio climático fueron de 250 000 millones de dólares (2025). Las compañías de seguros lo tenían previsto y por eso cancelaron 90 000 pólizas, lo que impulsó un mercado especulativo (bonos catástrofe).
Los gobiernos de la UE han dejado pasar el tiempo sin tomar medidas eficaces para revertir las emisiones de CO2 o, como mínimo, minimizar las consecuencias del cambio climático. Es decisivo también que, al frente de las instituciones están afianzándose las fuerzas más conservadoras de la derecha o la extrema derecha. Pero los problemas se van a seguir agravando tanto a nivel económico como en el coste de vidas humanas.
La Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA) y la ONU han hecho algunas estimaciones. Durante el período 1980 a 2024 las pérdidas económicas de la UE relacionadas con fenómenos extremos fueron de unos 822 000 millones de euros. Pero lo más alarmante es que entre los años 2021 y 2024 se han acumulado el 25 % de estas pérdidas, es decir, 208 000 millones de euros. La lista de los países está encabezada por Alemania, Italia y Francia; mientras España, figura en cuarto lugar debido a las olas de calor, sequías prolongadas, incendios forestales e inundaciones en el Levante.
El desarrollo capitalista choca con los límites biofísicos del planeta
Debemos tener en cuenta que Europa se está calentando a una velocidad superior a la media mundial (el doble); es decir, una media de 0,56 ºC por década (frente al 0,28 ºC). Esto es así porque interactúan una serie de fenómenos como el deshielo del océano Ártico y Groenlandia, los anticiclones de bloqueo, la pérdida de humedad del suelo y paradójicamente, una atmósfera más limpia liberada de aerosoles y sulfatos.
El calentamiento del Ártico es cuatro veces más rápido que la media global por la pérdida de albedo respecto a la radiación solar. Esto está provocando que el Ártico se transforme en una especie de motor del calentamiento europeo (ampliación Ártica), ya que se está modificando un patrón climático de miles de años: la corriente del chorro (jet stream) que se vuelve más ondulante permitiendo la entrada de aire caliente sahariano que, por ejemplo, este verano invadió el continente creando domos de calor. A la vez, también está sucediendo un deshielo en Groenlandia que está mandando masas ingentes de agua dulce hacia el mar, enfriando y ralentizando las corrientes oceánicas como AMOC que regula, en gran medida, las temperaturas del continente europeo.
Partiendo de estos condicionantes particulares, nos situaremos directamente en los estudios del IPCC AR6 (Grupo Intergubernamental de expertos sobre el cambio climático) que han presentado durante los años 2021/2022/2023. Se trata de trabajos elaborados a través de diferentes modelos en donde toman en cuenta las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) y su impacto sobre el clima, las poblaciones, la producción de alimentos, consumo energético…. Así mismo, también analizan la importancia de la intervención de las instituciones y el papel que puedan llegar a jugar las distintas tecnologías tanto en la mitigación como adaptación al cambio climático.
El IPCC definió cinco posibles escenarios llamados “Trayectorias Socioeconómicas Compartidas” (SSP siglas en inglés) y los puntuó en una escala de riesgos bajo, medio y alto, para conseguir una adaptación de los humanos al clima cambiante. SSP1:desarrollo sostenible (bajo). SSP2: desafío medio. SSP3 y SSP4: desafío alto y graves problemas de supervivencia para regiones enteras de la población mundial. SSP5: se mezcla una explotación intensiva de combustibles fósiles pero con una gestión buena. Todos estos diferentes escenarios nos llevan al año 2100 con un abanico de +1,5 ºC centígrados (que es lo que ya tenemos desde hace dos años) o 4,5 ºC en el peor de todos. Sin embargo, también hay que decir que el IPCC este año rebajó un escenario de 5,7 ºC basándose en un argumento bastante dudoso como el mayor desarrollo de las energías renovables.
El problema es que estos cálculos del IPCC para una parte muy importante de la comunidad científica (entre ellos James Hansen conocido como el “padre del cambio climático”), se han quedado cortos a la luz de lo que se está viendo en los últimos años. Hemos pasado de una gran aceleración (en la quema de combustibles fósiles y del ascenso de las temperaturas) a partir de los años setenta del siglo pasado; a una doble aceleración de la temperatura media en los últimos once años según el estudio del Instituto de Potsdam (Geophysical Research Letters, 2026).
En la última década la temperatura no asciende ya a 0,28 ºC sino a 0,35 ºC. Unas décimas que se podrían seguir incrementando posiblemente porque hemos entrado en lo que la comunidad científica ha denominado los puntos de no retorno (Tipping Point) al haber rebasado ya siete de los nueve límites biofísicos del planeta ( Stockholm Resilience Centre, 2007).
Impactos sobre la economía y la población a corto y medio plazo en Europa
En el citado informe del IPCC (AR6) se sitúan variables de aumento de la temperatura media global +1,5 ºC centígrados a 2 ºC alcanzándose esta temperatura (+2 ºC) posiblemente en la próxima década. La diferencia de medio grado a nivel global es cualitativa en cuanto a las consecuencias y retroalimentaciones. Esto es lo que está pasando ya con las inundaciones en el Levante en donde se está mezclando un Mediterraneo a 30 º emitiendo humedad y vapor de agua muy caliente con frentes de aire frío a niveles altos (9000 o 12 000 metros).
Europa en un escenario como el que ya estamos (1,5 ºC) empieza a tener problemas de abastecimiento de agua. El IPCC calcula una reducción anual del 9 %. Y del 17 % cuando la temperatura media global sea de +2 ºC con relación a la era preindustrial. Se calcula que en ese escenario las lluvias en Europa del sur bajarán en torno al 20 %.
En cuanto a la producción de alimentos habrá una caída paulatina (6 % del trigo y 7 % del maíz en toda Europa). En relación con la Península Ibérica con una temperatura como la actual, la cosecha de trigo bajará de un 10 a un 20 %; mientras que con +2 ºC rondará en torno al 20 y 30 %. Los viñedos se desplazarán unos 300 km al norte. Aclaración: por encima de 3 ºC centígrados no hay adaptación eficiente, porque gran parte de las infraestructuras críticas estarían en unos niveles de estrés máximos (servicios sanitarios, redes de comunicación, transporte público, suministros de agua y electricidad, sistemas financieros e incluso la adaptación de nuestros propios cuerpos).
En el capítulo de la energía bien es cierto que Europa ha sido, durante un tiempo, el continente que hizo mayor inversión en la energía solar y eólica (en estos momentos China está a la cabeza), pero será insuficiente porque la industria y la mayor parte del comercio o del turismo se sostienen con los combustibles fósiles y sus derivados. Como nos recordaba Vaclav Smil (2050 “Por qué un mundo sin emisiones es casi imposible”), no hay ninguna posibilidad de cumplir los objetivos de descarbonización propuestos en la agenda 2050.
Un verano con +2 ºC de media global (por encima de las temperaturas preindustriales) significa en la Península Ibérica que aumenta el consumo de energía un 30 %. En el verano de 2026 aumentó un 6,9 % (Red eléctrica, 3/08/26). Sin hablar de precios ni de sobrecapacidad en la red instalada que llevaría a apagones como los que ya tuvimos (abril, 2025).
Hay quienes consideran que una transformación energética en Europa basada en la electrificación producida por energía solar y eólica solucionará todos los problemas. Sin embargo no es tan sencillo.
La electrificación como adaptación al cambio climático presenta limitaciones estructurales en contextos de estrés hídrico. Requiere grandes volúmenes de agua para generación de hidroeléctricas y para la refrigeración de las centrales térmicas y nucleares. Su sustitución por solar fotovoltáica y eólica resuelve la dependencia hídrica, pero introduce dependencia meteorológica y variabilidad diaria y estacional. Además, la electrificación directa mediante baterías es termodinámicamente inviable para industria pesada >400 ºC. Los aviones, grandes barcos contenedores y la gran industria requieren combustibles de alta densidad energética cuyo vector (hidrógeno verde) vuelve a demandar agua (Vaclav Smil, “Cómo funciona el mundo”, 2023).
En resumen, sin agua, solo con solar+eólica pueden cubrir el consumo eléctrico actual en zonas de la Península Ibérica a unos determinados niveles pero, al menos por el momento, no pueden garantizar una solución viable para toda Europa y mucho menos para sectores claves de la economía (25 %). Se necesitan muchas más cosas que no hemos venido haciendo y a las que estamos llegando tarde.
Junto a estos impactos económicos, en los próximos años nos vamos a ir encontrando con dificultades crecientes en sectores estratégicos que afectan a la totalidad de la población pero muy concretamente a sus sectores más vulnerables: personas mayores, niñas y niños en la edad escolar, familias con ingresos bajos o muy bajos e incluso sectores de las clases medias urbanas donde está concentrada la inmensa mayoría de la población europea (75 %).
Hace falta una mayor inversión y planificación en los servicios públicos esenciales (sanidad, educación, transporte público, infraestructuras, vivienda…). Hace falta otra política respecto a la emigración a nivel europeo y español. El drama humanitario y la negativa de los gobiernos en el asunto de Ceuta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Sin embargo, los vientos políticos soplan en un sentido opuesto. Este es el primer problema que debemos abordar: la propuesta económica, social y política deben ir unidas.
D+D+D (Decrecimiento+Derechos+Democracia): un programa mínimo a desarrollar contra el cambio climáticos
Utilizaré esta expresión algebráica (muy del gusto de la economía política) para sintetizar lo que considero un pack económico, social y político indivisible.
El decrecimiento en lo económico, los derechos en lo social y la democracia en lo político no se deben separar. Hablar solamente de decrecimiento por más que expliquemos su significado y a quiénes afecta y a quiénes no, se quedará como una propuesta básicamente de austeridad. Pero si el decrecimiento va unido a la defensa de los derechos sociales de las clases trabajadoras y de las poblaciones más pobres de Europa, le estaremos dando una orientación más justa. Esto es así, porque incluso hay grupos ecofascistas que defienden un decrecimiento basado en la población sobrante o desechable (inmigrantes). Las teorías nacionalistas y fascistas (el bote salvavidas) de Garrett Hardin basadas en un maltusianismo radical y xenófobo.
La tercera D de la expresión algebráica, la democracia, es la propuesta política mínima en un mundo acosado por el ascenso de los nuevos fascismos (trumpismos, lepenismos, mileirismos y todo tipo de ismos basados en el supremacismo racial y el establecimiento de un nuevo orden político impuesto a través de una violencia sistémica). Su mayor expresión y símbolo del proyecto fascista distópico es el genocidio de Gaza a manos del sionismo.
D+D+D debería ser un punto de unión de las izquierdas, los sindicatos y los movimientos sociales de todo tipo, al margen de nuestras diferencias políticas. No se trata de diluir sino de unir. Los orcos de Mordor están más unidos que nunca, nosotras y nosotros (…). De momento no.
Hay decenas de libros y cientos de artículos dedicados al decrecimiento, no es mi intención desarrollar aquí lo que yo entiendo y, mucho menos, polemizar con personas que no están de acuerdo o que no ven la importancia del mismo.
Para mí, el decrecimiento, es la alternativa a corto, medio y largo plazo. Creo que focalizar los debates en torno a la descarbonización de las economías es necesario pero insuficiente si no avanzamos en propuestas que lleven a rebajar la producción y el consumo de los países ricos (G7 y algunos más).
Hay que empezar por los gastos en armamento; el despilfarro en la producción de alimentos (30% a nivel mundial); inversiones improductivas (publicidad); el turismo como industria, la regulación del comercio internacional a una escala menor; el mercado financiero puramente especulativo (…) No se trata de acabar con el capitalismo de un día para otro (ya nos gustaría), sino de echar el freno al desarrollo de unas fuerzas de productivas (y destructivas) que en los últimos ochenta años han provocado que los recursos del planeta (que no son ilimitados) se encuentren, en algunos casos, en situación crítica. Hoy en día la humanidad consume recursos a un ritmo tal que necesitamos 1.7 planetas Tierra para regenerar lo que consumimos en un año (Global Footprint Network).
Pero todo esto es papel mojado si los nuevos fascismos siguen en ascenso, si los republicanos de los EEUU vuelven a ganar las elecciones de noviembre (midterms 2026), si AfD en Alemania, Le Pen en Francia y la ultraderecha alemana, portuguesa o española, se encaraman en el poder o consiguen una capacidad de influencia que acelere todos los procesos como el cambio climático, el endurecimiento de las leyes antiinmigración, retrocedamos en los derechos de la mujer o las personas homoxesuales, en los derechos de las trabajadoras y trabajadores, en las libertades de expresión o, incluso, en la posibilidad de votar libremente cada cuatro años.
En ese sentido, estoy absolutamente convencido, que la lucha contra el cambio climático es política y social. Es una lucha como la que sostuvieron nuestras madres y padres contra el viejo fascismo pero, muy probablemente, hoy nos enfrentemos a un enemigo más fuerte.
Fuentes: Viento sur - https://vientosur.info/impactos-socioeconomicos-del-cambio-climatico-en-europa-y-algunas-propuestas/
