Esto es una crisis de civilización


Por: Lucas Chiappe

Las cuatro ‘leyes informales’ de la ecología, formuladas por Barry Commoner, son bien sencillas: 
1) todo está relacionado con todo lo demás.
2) todas las cosas van a parar a algún sitio. 
3) nada procede de la nada.
4) la naturaleza sabe más. 

Cada vez más sumergidos en el caos de una economía absolutamente desquiciada y rehenes del festín de políticos, empresas, bancos y corporaciones nacionales y extranjeras que manejan nuestros destinos hacia una inevitable catástrofe ambiental y social mundial, no puedo evitar de formular el famoso trío de preguntas que aplico frente a cualquier emprendimiento que pueda tener un impacto ambiental negativo: ¿Quién decide qué, para quién y como?

Años luz de una democracia realmente participativa, vemos atónitos un grotesco retroceso social en donde se aparenta gobernar con palabras que ya no responden a su sentido original… en países impuestos, colonizados o inventados, que van fragmentándose, desintegrándose o subyugándose a causa de una acelerada pérdida de soberanía territorial, al estar regidos por una economía supuestamente capitalista que ya abandonó hace rato su famoso capital (aquel que era respaldado por metales preciosos guardados en bóvedas), para transformarse en una ficción surrealista compuesta por números electrónicos colgados de una nube virtual… 
La tasa de endeudamiento en el mundo creció del 160% del producto interno bruto en 2001 hasta el 220% del PIB en 2014. Vale a decir que "Al contrario de lo que supone la opinión pública, la deuda crece en vez de contraerse"... Nada es lo que parece y todo lo que parece no es lo que pensábamos hasta hace pocas décadas atrás. 

El poder se transformó en una entidad amorfa, sin otra ideología que el saqueo y la acumulación a corto plazo, manejada por intereses brumosos de los que solo nos muestran las caras responsables y amables elegidas mediante asesores de imagen y marketing... mientras en la lejanía ya se percibe la huella de un nuevo des-orden mundial impuesto como siempre por la fuerza de las armas y el miedo.

Un panorama poco alentador cobijado cuidadosamente por un manto de desinformación masiva provocada por la concentración de medios que repiten un mismo esquema: Grandes fachadas manejadas, como la política y las corporaciones, por entidades anónimas de las que con mucha suerte se alcanzan a ver sus gerentes, nunca quienes las dirigen. El capitalismo “globalidiotizado”, se transformó más que nunca en una máquina de destrucción masiva de grandes porciones de la sociedad y al mismo tiempo del planeta.

Obviamente, parafraseando a Gian Carlo Delgado Ramos: "- Sólo nos quedan dos opciones: o abandonarse al más abismal de los nihilismos (y aparecen síntomas de ello en bastantes fenómenos sociales actuales, me temo), o luchar por construir formas de vida más austeras pero también más plenas, sociedades amigas de la biosfera y practicantes de la ética de la autocontención."

Si la política es el arte de lo posible… ahora necesitamos con urgencia 
una horda de artistas de lo imposible. (David Brooks)

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