lunes, 15 de junio de 2015


Queridos lectores, amigos, eco-legas y visitantes ocasionales:
Este Blog permanecerá sin modificaciones desde el 14 de Junio hasta el 10 de Julio 2015.

Sepan disculpar este breve período sin actualizaciones pero todos necesitamos un descanso para luego retomar la actividad con la energía requerida para esta labor informativa diaria, voluntaria y sin sponsoreo, que no cesa desde hace varios años.
Espero volver a reencontrarnos al cabo de este breve período para seguir compartiendo estas reflexiones, ensayos, notas y noticias que jamás van a ten un espacio destacado en los globalidiotizados medios masivos de des-información.
Un abrazo

En Ausencia de una Cultura Profunda Andino-Patagónica: La Tragedia del Bosque Nativo




por: Lucas Chiappe


"Hay un increíble ignorancia sobre el valor de los bosques nativos y sobre la abundante pero frágil biodiversidad que depende de ellos". 

Erupciones volcánicas: Vientos, cenizas y desconcierto
Hace algunos años atrás escribí un breve ensayo referido a la ausencia de lo que llamé "Cultura de Montaña Andina", una reflexión relacionada con las sucesivas crisis socio-ambientales que provocaron la erupciones de los Volcanes: Hudson, el Chaitén, el Cordón del Caulle (Puyehue) y finalmente la más reciente provocada por el Calbuco… todos ellos ubicados en territorio Chileno, pero que provocaron grandes disturbios en nuestro país debido a la prevalencia de los vientos del Oeste… A lo que me refería, era al hecho que estas catástrofes naturales no son algo inédito, si no un fenómeno recurrente desde hace miles de años, por el simple hecho que hay más de 90 Volcanes activos y centenares dormidos, situados cerca de la frontera de ambos países…

La síntesis de lo que quise resaltar en ese momento, es que el problema no es la actividad cíclica de estos volcanes, si no la falta de prevención de quienes ocuparon valles y laderas al este de la cordillera, edificando pueblos y ciudades en una zona propensa a estas fenómenos, sin tomar en cuenta ese riesgo… Incluso sostuve en aquel entonces que, esta falta de memoria colectiva se debía en gran parte a la expulsión y al desarraigo forzado de las culturas originarias de esta Biorregión  y a la consiguiente pérdida de registro de quienes gradualmente se apropiaron de estos lugares. 

Como cuenta la Dra Patricia Sruoga, en el pasado, cuando el volcán de la región del Maule entraba en actividad, los indígenas que habitaban ese sitio en Mendoza se mudaban hacia otro lugar y se instalaban en diversas latitudes en búsqueda de recursos naturales apropiados. Sin embargo, vale destacar que eran habitantes que tenían otra percepción de la naturaleza y no desarrollaban esa cosmovisión contemporánea que conduce a creer que el ser humano tiene dominio total sobre lo natural.

De hecho con sólo haber prestado atención a los mitos y leyendas de la cultura Mapuche y Tehuelche, cualquiera habría podido notar las referencias constantes en sus relatos sobre los temblores del suelo y las erupciones frecuentes de los volcanes, con sus nubes de cenizas que invariablemente aterrizaban al Oriente de los cerros… y profundizando un poco esos relatos, también nos habríamos podido preguntar si era casual que de este lado de la cordillera no hubiera vestigio de comunidades arraigadas "viento abajo" de la mayoría de esos Volcanes…

Incendios Forestales Intencionales: Los Cordilleranos ¿somos tontos, suicidas o rehenes?
Hoy quisiera retomar esas reflexiones pero llevándolas al campo de los incendios forestales que, en un época anterior a la conquista blanca de la Patagonia tenían una recurrencia promedio de un incendio forestal de grandes dimensiones cada 300 años, mientras que hoy esas cifras se invirtieron dramáticamente arrojando un saldo de un promedio de 300 incendios por año.
Mi análisis sigue siendo parecido: El problema básico que enfrentamos en este caso también reside en la falta absoluta de una "Cultura Profunda del Bosque Andino-Patagónico"…
Y cuando menciono la ausencia  de una cultura profunda, me refiero a la falta de comprensión de sus procesos biológicos, a la falta de percepción de los incontables beneficios que nos brinda el bosque (mitigación del clima y de los vientos, abundancia de agua, tierra fértil, aire limpio), la falta de gratitud, de respeto y de amor por este entorno que mantiene a millones de seres en un equilibrio asombrosamente estable y auto-sustentable… y no quiero dejar de mencionar la profunda estupidez que significa ignorar las consecuencias a corto, mediano y largo plazo, debido a su desaparición constante y acelerada.
¿En que me baso para ser tan lapidario en mis conclusiones?: Antes que nada en el hecho incontestable de que, habiendo remplazado una cultura nómade o poco sedentaria que acudía a los bosques sobretodo para recolectar frutos y yerbas medicinales, con una cultura conquistadora criollo-europea-pampeana, llegaron a la cordillera hordas de ganaderos para los cuales el bosque solo significaba un estorbo y como primer medida se dedicaron a erradicarlo "a fin de abrir campo" para el pastoreo de sus animales domésticos y eventualmente para instaurar una serie de explotaciones madereras, agrícolas y frutícolas a costa de esos ecosistemas boscosos. 
Política fomentada por el Gobierno Central con el fin de poblar la Patagonia, poniendo especial énfasis en el sector fronterizo, como una forma de afianzar la soberanía nacional y contener los reclamos territoriales de los otros conquistadores blancos, que invadieron los territorios al Sur del Biobio, luego de 300 años de resistencia por parte de los pueblos nativos que habitaban ese territorio, que ellos llamaban Puelmapu, y hoy conocemos como las distintas regiones chilenas al Sur del Río Limari hasta la Isla de Chiloé, y en Argentina desde los Ríos Cuarto y Salado por el norte, hasta la zona de pampas y nor-patagonia por el sur.
Fieles a esos principios rectores de una cultura de dominación a hierro y fuego, al Sur de Bariloche desde 1910 a 1913 los colonos incendiaron intencionalmente más de 300.000 Has de bosques prístinos, en lo que podríamos calificar como el primer ecocidio de grandes dimensiones en la Patagonia Argentina. Situación que lamentablemente fue reproduciéndose (y en algunos casos sigue ocurriendo) a lo largo de toda esta estrecha pero larguísima franja cubierta por los bosques más australes del Planeta, que comenzaba al Norte de la Provincia del Neuquén y finaliza, 4000 km más al Sur, en La Isla de los Estados (Tierra del Fuego).
Por su parte, en el sector austral de Chile el proceso fue similar y aún más feroz y depredador: Según crónicas de la época, en 1870, colonos ingleses, yugoslavos y españoles, además de perpetrar su propio genocidio con los habitantes indígenas, quemaron 3.000.000 de hectáreas de Selva Vadiviana. Y con ese nefasto ejemplo se inició la conquista de la cordillera de la Costa, Collipulli y Traiguén, proceso que terminó con 5.500.000 hectáreas erosionadas. Y para rematar esa locura, a partir de 1937, el Gobierno transandino comenzó a entregar tierras con la única condición de que cada poblador eliminara un mínimo de 120 hectáreas de bosque de su predio, lo que obviamente se hizo a puro fuego… 
Así, a través de los incendios forestales, se colonizó la Patagonia en sus dos vertientes… con las mismas prácticas nefastas y las mismas consecuencias ambientales y sociales.

Las siguientes invasiones y saqueo: Madereros, forestadores y agentes inmobiliarios...
Pero a este primer avance des-forestador, a lo largo de todo el siglo XX se le agregó otro factor determinante para la desaparición de los pilares de la frágil biodiversidad que se cobija en los bosques templados: Luego de estos actos de barbarie inigualable, llegó la industria maderera como un supuesto factor de desarrollo, también favorecido por los sucesivos Gobiernos, que sostenían (como la mayoría de los dirigentes de la era industrial) que esta abundancia de materia prima (los mal llamados "recursos" naturales) eran una fuente de riquezas inagotable… 

Un craso error que provocó el enriquecimiento de unos pocos dueños de aserraderos, pero que no trajo ningún tipo de abundancia económica para el resto de los habitantes y, al contrario de lo augurado, implicó la pérdida de la mínima auto-subsistencia de colonos que habían migrado a estas tierras llenos de ilusiones, ya que la mayoría fueron empleados como mano de obra mal remunerada por la industria maderera, sin lograr mejorar su calidad de vida ni obtener cobertura social ni sanitaria para su entorno familiar.

Y, como si esto fuera poco, a medida que iba mermando el bosque y abundaban las sobre-dimesionadas concesiones forestales (no se conocen estudios que indicaran cuánto se podía cosechar sin perder el "capital" de árboles), irrumpió el tercer embate mortal para el sufrido bosque nativo Andino-Patagónico…. Aparecieron nuevamente los invasores, aunque esta vez, se trató de cuatro especies de árboles del Hemisferio Norte: Los malfamados pinos (Murrayana, Insigne, Ponderos y Oregón, esté último de la familia de los abetos). Paradójicamente estas especies tienen en su genética al fuego como la mejor forma de dispersar sus semillas...
En la vertiente oriental de la cordillera hay plantados 2.500.000 Has de pinos, las comunas de la provincia de Arauco tienen un 58% de su suelo cubierto de plantaciones forestales y en el caso de Curanilahue, la proporción llega a ser de un 82%, además, para el año 2010 se había registrado erosionada el 32% de la superficie de la Región del Bío-Bio a causa de las forestaciones de especies exóticas e invasivas. 
Enésimo error de los Ingenieros Forestales locales y astuto golpe de los dueños de las papeleras europeas, norteamericanas y asiáticas que, mirando a futuro, obtuvieron ingente cantidad de pulpa barata para sus industrias, pero como si eso no les alcanzara, lograron también que los Legisladores Nacionales de toda Latinoamérica, promovieran unos subsidios escandalosos para las corporaciones forestales, a fin de perpetrar esos reemplazos masivos de bosques nativos por especies exóticas. Situación que derivó en otro desastre ambiental de proporciones inimaginables en la Patagonia y en todo el Hemisferio Sur.
Insistiendo con esta evidente falta de cultura de bosque y de montaña, de quienes poblaron y siguen arraigándose en este maravilloso territorio sureño, quiero volver a subrayar que el peor enemigo de estos ecosistemas boscosos, el fuego, sigue siendo utilizado con saña y recurrencia hasta el día de hoy también para otros fines de lo más diversos: pleitos entre vecinos, búsqueda de rédito económico con la subsiguiente cosecha de hongos, como método de desmonte para expandir la urbanización y la abertura de caminos, para facilitar el acceso a a eventuales concesiones madereras o mineras… y últimamente, a esas modalidades "clásicas", también se le ha agregado lo que se suele denominar como el "curro verde": Una serie interminable de turbios negocios inmobiliarios, instigados por un grupos de empresarios, asociados con varios políticos corruptibles, a través de quienes intentan provocar el cambio de status de las Reservas Forestales y las distintas Areas Protegidas, con el fin de municipalizarlas, o directamente facilitar la venta de esas tierras fiscales, supuestamente bajo resguardo del Estado.
En definitiva la ecuación vuelve a ser la misma que podemos notar en cada desastre ambiental provocado o accidental: O aprendemos a valorizar el beneficio que proveen estos bosques en sus múltiples funciones y nos esforzamos en comprender su relación directa con la calidad de vida de todo su entorno... para amoldarnos a estos ecosistemas en cambio que intentar modificarlos según nuestros caprichos… o habremos dado otro paso para acercarnos a la primera extinción masiva provocada por el mamífero más idiota y desadaptado que jamás haya habitado este Planeta.

Las culturas que no reconocen que la vida humana y el mundo natural tienen una dimensión sagrada, 
se canibalizan hasta morir.  (Chris Hedges)




Patagonia Argentina: Destruyendo la dinámica que regula la vida


Por: Lucas Chiappe

Al plantearme cuáles son los retos y los motivos de preocupación que más requieren nuestra atención aquí y ahora en nuestra biorregión... van emergiendo en el horizonte algunas de las causas que van a condicionar la vida misma de nuestros hijos y nietos en este frágil territorio Patagónico: La "condenable y bien condenada" minería metalífera a cielo abierto junto con la extracción del gas y petroleo «no-convencionales», el famoso "fracking" (con sus temibles secuelas ambientales y sociales)... Y la asombrosamente "tolerada y poco combatida" especulación inmobiliaria que trae aparejada una explosión demográfica exponencial que colapsa la infraestructura de servicios y supera la capacidad de carga de estos valles...

O sea, por un lado la continuidad del llamado «extractivismo», que en palabras sencillas vendría a ser el último saqueo de los bienes naturales no renovables...  y por otro, la urbanización salvaje, producto de una falta de regulación y planificación pautada y efectiva en su implementación... 
Un panorama sólo posible debido a la corrupción y la falta de previsión generalizada entre los mandatarios a cargo de nuestros bienes comunes, y a la instalación de un modelo de vida absolutamente individualista, consumista y poco solidario, que pretende suplantar las ventajas de la vida rural, por el típico modelo urbano basado en el «sálvese quien pueda»... 
Es que lamentablemente en la Comarca Andina (S.O. de Río Negro y N.O. del Chubut), como un reflejo de lo que ocurre en el resto del mundo, se está pasando de un clima de ruralidad o naturaleza poco intervenida, que proveía a sus pobladores una calidad de vida envidiable, a la locura de querer remplazar ese ritmo pausado y saludable, por un caótico océano metropolitano, con enclaves de campo adquiridos por una elite adinerada y poco respetuosa con su entorno... Y todo en aras de un mal llamado progreso que instala en la población una brecha de desigualdad, que, lejos de producir un bienestar común, destruye los valores culturales que nos permiten un desarrollo mínimamente compatible con los derechos de la «madre» naturaleza. Situación que a su vez, estimula la mal llamada «inseguridad» de la que pretende escapar esta ola de inmigrantes y refugiados ciudadanos, que fueron seducidos por un paisaje hermoso... que va dejando de serlo, a medida que el asfalto cubre las tierras fértiles y los tendidos eléctricos oscurecen los cielos trasparentes... 
Que paradoja esta cultura humana desbordante de creatividad, y con enormes capacidades tecnológicas, filosóficas y científicas... acercándose peligrosamente hacia una especie de suicidio colectivo, al no poder controlar más su propio destino; empujado por una inercia productiva totalmente des-cerebrada, que hace rato sobrepasó la capacidad de regeneración natural del planeta. 
No puedo dejar de asombrarme, como seguramente le ocurre a muchos de ustedes, con las actitudes de la gobernanza mundial, quienes, al poseer datos concretos e irrefutables del acelerado cambio climático que vivimos día a día, siguen rehusándose tozudamente a implementar medidas de mitigación y de prevención, aludiendo a una serie de "problemas económicos temporarios"...  Incluso acaban de borrar ese mamarracho llamado Protocolo de Kioto que imponía la disminución de emisiones de gases tóxicos a la atmósfera, para frenar el llamado «efecto invernadero»... Y en su lugar, decidieron instalar y estimular el comercio de bonos de carbono, disfrazándolo de «economía verde», provocando un deterioro ambiental aún más severo y mucho más acelerado: Algo parecido a vislumbrar un gigantesco crater en el camino, y en cambio de parar a inspeccionar alguna via alternativa para sortearlo, decidir acelerar a fondo con la ridícula esperanza de llegar al otro lado por el impulso... sin tener en cuenta la fuerza de gravedad al que estamos sometidos todos lo que vivimos en este planeta. 
Delante de tantas incógnitas sin respuesta coherente, intuyo que es hora de abrir el paraguas dejando de lado la tibieza y los prejuicios, para seguir explorando y aplicando todo tipo de estrategias que nos permitan luchar, como seres diseñados con un fuerte instinto de sobrevivencia innato y como comunidades activas, en la búsqueda de soluciones concretas: una vía de escape al fondo de este atolladero... Sin esperar o suponer que, quienes nos sumieron en este caos, sean quienes encuentren las soluciones correctas para salvarnos de esta crisis sistémica...
Pareciera que estamos esperando y a veces casi deseando que venga algun "mesías extraterrestre" o se encargue alguna catástrofe, de destruir lo que está mal, con la absurda esperanza de que "éste lugar" se salve milagrosamente, para luego restablecer un mundo mejor... ¿Pero, para qué esperar que los océanos se acidifiquen, que la temperatura aumente 4 Cº y desaparezcan todas las áreas costeras de los cinco continentes? 
Mejor sigamos priorizando la conservación y las causas ambientales como el tema transversal que nos involucra a todos, sin distinción de razas o de credos... Un colectivo de indignados que sea constante en la acción, que no se tiña con banderías partidarias (sí políticas, por supuesto), que no idolatre ni privilegie a sus conductores y, sobretodo, que mantenga la mayor coherencia posible entre la prédica y la práctica... 
Recordando que la propuesta no debe ser transformar los ecosistemas naturales según nuestros caprichos, sino adaptarnos a cada uno de ellos, minimizando los daños y maximizando la unión y la armonía con nuestro maravilloso entorno: La única fuente de vida que nos permite subsistir en el planeta Tierra

Fuente: HOJA POR HOJA Nº 31

De Pumas, Guanacos, estancieros y políticos




Por: Lucas Chiappe

Dos noticias aparecidas en los medios y a través de las redes sociales vuelven a dejarme atónito, como supongo le ocurrirá a muchos pobladores de la Patagonia Argentina, por no decir a cualquier persona en el resto del país que tenga una mínima sensibilidad ambiental o un conocimiento básico sobre temas relacionados con la biología o la vulnerable biodiversidad que puebla nuestro entorno... Amén de la eterna discusión sobre la capacidad intelectual de quienes gobiernan nuestros destinos y su incapacidad de ver más allá de los intereses sectoriales de quienes los presionan para presentar proyectos de leyes o Decretos absolutamente retrógados o escandalosamente desquiciados...

El caso es que nos encontramos, por un lado con una serie de fotos terroríficas e impactantes de varios cazadores (algunos muy jóvenes, otros no tanto) armados de poderosos rifles con mira telescópica de última generación... "posando" sonrientes y orgullosos a lado de sus presas cubiertas de sangre, el único gran felino que existe en la Patagonia y que está considerado por la CITES como otra especie en vías de extinción: El Puma...
Lamentablemente, este maravilloso animal, que se hallaba en la cúspide de la cadena biológica ha sido perseguido, cazado y diezmado por los hombres que re-colonizaron la Patagonia luego del genocidio llevado adelante por las milicias de Roca y repetidamente en distintos períodos del Siglo 20, bajo expreso pedido de las estancias ovejeras, fue declarado "plaga" en las Provincias patagónicas... y específicamente este año, se le colocó un precio de 500 pesos por cabeza en la Provincia de Río Negro... 
Esta aberración se suma a la del gobierno de Chubut, que a través de la Dirección de Fauna y Flora Silvestre dictó la Disposición Nº 9/12 sobre autorización de caza selectiva del Puma concolor. Mientras en Santa Cruz se ofrecen recompensas aún mayores por cada animal asesinado... Para mayores detalles truculentos el director de Ganadería de Río Negro explicó por TV que hay dos formas de cazarlos en esa provincia: con la colocación de trampas metálicas, que son provistas por el mismo Ministerio de Producción y funcionan atrapando una de sus patas y torturando al animal hasta que muere desangrado; o bien siguiendo el rastro con perros, hasta hallar al puma y matarlo con un rifle. “La suma que se paga oficialmente se aumenta, por otra parte, con un plus por cuenta de los propios ganaderos, que son los primeros interesados en terminar con esta plaga”, concluyó orgulloso el funcionario.
Situación que derivó en una práctica aberrante como se desprende de esa serie de fotografías que circulan por las redes sociales y que ejemplifican la locura de una cultura humana que perdió todo contacto con su entorno y que prioriza los intereses de un grupo de productores laneros, por encima de la extinción de una especie emblemática a la cual el Estado debería garantizar su conservación a perpetuidad, ya que, entre otros beneficios que le brinda a su entorno, ayuda a mantener el equilibrio natural de un entero ecosistema, al igual que el Condor y tantas otras especies originarias de cada Biorregión. 
La segunda información que se difundió en los últimos días, es que la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Cruz, a través del Despacho de Comisión  Nº 096/12 le solicitó al Poder Ejecutivo Provincial que, el Consejo Agrario Provincial (CAP) clasifique también al Guanaco (Lama guanicoe) como "especie perjudicial" a fin de permitir su caza indiscriminada...
De concretarse tal declaración es posible que pese a no contarse con un Plan Provincial de Manejo ni estimaciones poblacionales confiables de esta especie, no sólo quede liberada la caza de guanacos en el territorio provincial sino que también sea fomentada por autoridades y productores hasta su erradicación definitiva de la meseta patagónica... 
Obviamente ambas noticias tienen un relación directa y un único fin: intensificar la ganadería ovina... que, paradójicamente ha sido la responsable directa de que en el siglo pasado se desertificara esta amplia extensión del territorio argentino a un ritmo desconocido en el pasado... transformado un ecosistema sano y en perfecto equilibrio... en un territorio árido, imposible de restaurarse por sus propios medios y con una variedad de pasturas y vegetación prácticamente irrecuperables aún con la ayuda del hombre... De hecho existe una amplia bibliografía científica que avala plenamente este diagnóstico, incluso por parte de entidades oficiales como el INTA.
Vale a decir: Dos ecocidios impensables en el momento de emergencia ambiental planetaria por la que estamos atravesando... simplemente para garantizar una actividad que se demostró insustentable en el tiempo, debido a que los estancieros nunca respetaron la capacidad de carga de estos frágiles suelos australes y terminaron devastando la meseta en el breve lapso de cien años... sin que hubiera ni una sola autocrítica por parte de las distintas sociedades rurales que aglutinan a los ganaderos, mucho menos algún castigo ejemplar por parte del Estado que debería garantizar la protección de sus suelos y de su biodiversidad por razones ecológicas, sociales e incluso económicas y productivas... 
En definitiva un panorama ambiental patético al que ahora se pretende agregar la extinción definitiva de dos emblemáticas especies patagónicas que vivieron en esta biorregión durante miles de años en armonía con su entorno natural sin provocar daños en este frágil y complejo ecosistema... 
Una equación que sólo le puede cerrar a los diputados más desinformados al Sur del Paralelo 40º, o a los ganaderos más insensibles, mezquinos y corto placistas que se tenga memoria.

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Puma: A partir de 1996,la caza del puma está prohibida en Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Guayana Francesa, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Suriname, Venezuela y Uruguay, mientras que en Chile se lo declaró especie protegida en 1996, y se prohibió su caza en todo su territorio. En la Argentina, la especie ya se encuentra extinguida en las provincias de Corrientes, Entre Ríos, el sur y centro de Santa Fe, el centro de Tucumán y toda la provincia de Buenos Aires. En la provincia argentina de Córdoba, donde hace 50 años abundaba, hoy es una especie casi extinguida. Mientras que, paradójicamente en la Provincia de Mendoza se lo ha declarado monumento natural, y al igual que en Chile se lo considera una especie protegida por el Estado.
Desde 2008 en la Patagonia Chilena se llevan a cabo un programa de monitoreo del puma en la zona. Le pusieron a doce ejemplares un collar con un dispositivo de radio que permite seguir sus movimientos y hábitos, habiéndose descubierto fehacientemente que la dieta del puma es en un 92% guanaco y casi un 4% de ovejas (y lo más importante: menos de un 2% corresponde al huemul, animal en peligro de extinción, del cual se calcula que quedan 2 mil ejemplares). Este seguimiento demostró que este felino, el mayor de Sudamérica después del Jaguar, contribuye a la salud del ecosistema porque permite que se alimenten al menos 12 especies nativas. Es decir, lo que no se come el puma de la presa que caza se lo comen el zorro Cumpeo y el cóndor. y su alimentación es extremadamente variada incluyéndose en su menú, la liebre, y los Tucu tucu aunque también son sus presas ratones, peces y aves. A juicio de los ambientalistas, tener perros ovejeros reduce las pérdidas por depredadores entre un 60% a 80%... Tener perros es más efectivo que la caza, porque el animal salvaje no vuelve.

Guanaco: El guanaco es el más grande de los camélidos silvestres. Por efecto de la cacería descontrolada y el deterioro de su hábitat sufrió una retracción del 58% en Argentina, 75% en Chile y Perú, está reducido a su mínima expresión en Bolivia y Paraguay, mientras que en Ecuador se lo considera extinguido (Puig 1991). las últimas evaluaciones por región efectuadas por el GECS para las Listas Rojas de UICN, detectan una serie de poblaciones que ha disminuido drásticamente su tamaño y corren riesgo de desaparecer. Algunas de ellas habitan terrenos muy degradados, que sufrieron un uso ganadero extensivo por más de cien años. Mientras la simple eliminación de la cacería furtiva del guanaco puede en algunos casos ser suficiente para desencadenar un proceso de recuperación poblacional, hasta recuperar su nivel óptimo, no es raro el caso de poblaciones diezmadas que habitan ambientes fuertemente deteriorados, donde la protección del hábitat juega un rol importante para la recuperación del guanaco. En la actualidad se desarrollan varios proyectos de cría en cautiverio o semicautiverio para aprovechar su lana. La caza comercial disminuyó drásticamente y algunas leyes provinciales lo protegen e integra el Apéndice II de la CITES. Se encuentra protegido sólo en los siguientes Parques Nacionales: El Leoncito, Sierra de las Quijadas, Lihué Calel, Tierra del Fuego, Nahuel Huapi, Laguna Blanca, Perito Moreno, Los Glaciares y Bosque Petrificados (Heinonen y Chebez, 1997).

"Sólo si entendemos, podremos cuidar, sólo si cuidamos, podremos ayudar, sólo si ayudamos, ellos se salvarán"  (Jane Goodall)

Esto es una crisis de civilización


Por: Lucas Chiappe

Las cuatro ‘leyes informales’ de la ecología, formuladas por Barry Commoner, son bien sencillas: 
1) todo está relacionado con todo lo demás.
2) todas las cosas van a parar a algún sitio. 
3) nada procede de la nada.
4) la naturaleza sabe más. 

Cada vez más sumergidos en el caos de una economía absolutamente desquiciada y rehenes del festín de políticos, empresas, bancos y corporaciones nacionales y extranjeras que manejan nuestros destinos hacia una inevitable catástrofe ambiental y social mundial, no puedo evitar de formular el famoso trío de preguntas que aplico frente a cualquier emprendimiento que pueda tener un impacto ambiental negativo: ¿Quién decide qué, para quién y como?

Años luz de una democracia realmente participativa, vemos atónitos un grotesco retroceso social en donde se aparenta gobernar con palabras que ya no responden a su sentido original… en países impuestos, colonizados o inventados, que van fragmentándose, desintegrándose o subyugándose a causa de una acelerada pérdida de soberanía territorial, al estar regidos por una economía supuestamente capitalista que ya abandonó hace rato su famoso capital (aquel que era respaldado por metales preciosos guardados en bóvedas), para transformarse en una ficción surrealista compuesta por números electrónicos colgados de una nube virtual… 
La tasa de endeudamiento en el mundo creció del 160% del producto interno bruto en 2001 hasta el 220% del PIB en 2014. Vale a decir que "Al contrario de lo que supone la opinión pública, la deuda crece en vez de contraerse"... Nada es lo que parece y todo lo que parece no es lo que pensábamos hasta hace pocas décadas atrás. 

El poder se transformó en una entidad amorfa, sin otra ideología que el saqueo y la acumulación a corto plazo, manejada por intereses brumosos de los que solo nos muestran las caras responsables y amables elegidas mediante asesores de imagen y marketing... mientras en la lejanía ya se percibe la huella de un nuevo des-orden mundial impuesto como siempre por la fuerza de las armas y el miedo.

Un panorama poco alentador cobijado cuidadosamente por un manto de desinformación masiva provocada por la concentración de medios que repiten un mismo esquema: Grandes fachadas manejadas, como la política y las corporaciones, por entidades anónimas de las que con mucha suerte se alcanzan a ver sus gerentes, nunca quienes las dirigen. El capitalismo “globalidiotizado”, se transformó más que nunca en una máquina de destrucción masiva de grandes porciones de la sociedad y al mismo tiempo del planeta.

Obviamente, parafraseando a Gian Carlo Delgado Ramos: "- Sólo nos quedan dos opciones: o abandonarse al más abismal de los nihilismos (y aparecen síntomas de ello en bastantes fenómenos sociales actuales, me temo), o luchar por construir formas de vida más austeras pero también más plenas, sociedades amigas de la biosfera y practicantes de la ética de la autocontención."

Si la política es el arte de lo posible… ahora necesitamos con urgencia 
una horda de artistas de lo imposible. (David Brooks)

El robo del agua: Un modelo económico que seca la vida


El gran saqueo del agua

Cada año, flotas de aviones, barcos, camiones y trenes, así como miles de kilómetros de tuberías y ductos, transportan miles de miles de toneladas de minerales, madera, petróleo, gas, productos agroindustriales, agrocombustibles y muchísimas otras “materias primas” extraídas, en su mayoría, de los territorios del Sur global para ser consumidas en el Norte. 

Para extraer y transportar todos estos “productos”, se deben acaparar y contaminar cada vez más tierras, lo que conlleva a que el agua - en constante movimiento y arraigada a los territorios - está siendo cada vez más acorralada, desarraigada, sobreexplotada y contaminada. Esos mismos “productos” también requieren de grandes cantidades de agua en casi todos sus niveles de producción. Así, el modelo económico de sobre-producción y consumo afecta directamente el acceso de las poblaciones locales al agua potable y a sus medios de sustento. El agua, esencial para la vida y considerada “sagrada” para muchos pueblos tradicionales, está siendo usurpada de los territorios. 

Los bosques y el agua
Estemos donde estemos, en la ciudad o el campo, siempre estamos dentro de una cuenca hidrográfica. Una cuenca es el territorio por donde drena cuesta abajo toda el agua de la lluvia y de la nieve hasta formar masas de agua, como por ejemplo un arroyo, río, lago o humedal. Las cuencas son parte esencial del ciclo del agua. Este ciclo permite que, a través de la evaporación y condensación, el agua salada de los océanos se convierta en agua dulce y caiga en valles y montañas, bajando por las cuencas de forma superficial o subterránea. Una cuenca saludable protege el abastecimiento de agua, alimenta a las comunidades, los bosques, las plantas y animales y mantiene el suelo fértil (1). 
Al destruir los bosques también se destruye la capacidad que éstos tienen de equilibrar el ciclo del agua, ya que los suelos vivos pueden retener agua y sostener corrientes. Muchos científicos afirman que la deforestación tiene un efecto directo en la escasez de agua en centros urbanos. Según Antonio Nobre, científico brasileño que colabora con el panel intergubernamental sobre cambio climático que aconseja a la ONU, la destrucción de los bosques también destruye el sistema climático local (2). Es decir, la transpiración de un árbol grande de la Amazonía, con diez metros de radio de copa, pone en vapor más de mil litros de agua en un día. Ahora imaginemos la totalidad del territorio amazónico. El vapor que sale de los árboles es una gran fuente de lluvia y humedad para otros lugares y es mayor al flujo de agua que corre en el río Amazonas, el río más grande de la tierra. Con la historia de deforestación de la “mata atlántica” (los bosques costeros) en Brasil y la creciente deforestación de la Amazonía, centros urbanos como San Pablo confrontan una grave crisis de agua.

Cultivando sequías: las industrias agrícolas y de plantaciones de árboles
“El río que usaban los aldeanos ya no se puede utilizar durante la estación de lluvias, dado que recibe todos los agrotóxicos que aplica la compañía en la plantación (…) Somos esclavos en nuestra propia tierra.” - Sunny Ajele, comunidad de Makilolo, Nigeria, frente a la expansión de las plantaciones de palma aceitera de la compañía Okomu Oil Palm (Ver Boletín de febrero de 2014
El modelo agroindustrial y de plantaciones de monocultivo depende de un continuo suministro de agua. Los inversionistas interesados en adquirir grandes extensiones de tierras casi siempre buscan apropiarse también de las fuentes disponibles de agua como parte de los mismos acuerdos de compra-venta. Así, en Mali y Sudán por ejemplo, algunos inversionistas cuentan con acceso ilimitado a toda el agua que necesiten en sus proyectos (3). 
La escala del saqueo de agua sin embargo puede extenderse mucho más allá del correspondiente acaparamiento de tierras. En el valle de Ica, en la costa centro-sur peruana, por ejemplo, las empresas agroindustriales han utilizado diversas estrategias para acumular agua fuera de sus concesiones de tierra. Dos empresas han logrado canalizar agua para sus plantaciones con tuberías provenientes de más de 40 pozos ubicados fuera de sus propiedades. De la misma forma, en el valle de Piura, en el norte de la costa peruana, la agroindustria ha instalado en un punto estratégico del río una enorme estación de bombeo de agua, junto a canales y lagos artificiales, que está “protegida” con alambre de púas y patrullada con guardias armados (4).      
Asimismo, las plantaciones de árboles de monocultivo a gran escala son también cultivos sedientos que devoran bosques y dejan suelos erosionados y sin vida. Después de setenta años de investigación hidrológica realizada en el Valle Jonkershoek, en Sudáfrica, un estudio reveló en 2010 el impacto de las plantaciones de monocultivos de árboles en el agua subterránea y en el caudal de los cursos de agua (5). Se encontró que las plantaciones de pino utilizan un equivalente a 400 mm de lluvia, lo que significa que cada año hay 400 millones de litros de agua por km cuadrado que no se vuelcan a los cursos de agua. Los árboles de eucalipto consumen aún más: 600 mm de lluvia. Según el estudio, cada árbol de pino absorbe en promedio 50 litros diarios de agua cuando tienen una edad de entre 5 a 7 años. En el caso del eucalipto, el promedio puede variar de 100 a 1000 litros, dependiendo de dónde esté ubicada la plantación. Sin embargo, las plantaciones de eucaliptos, debido a su rápido crecimiento, impactan los caudales de agua fuertemente en los primeros años; cuando su consumo empieza a disminuir, generalmente ya es el periodo de corte de los árboles y se inicia una nueva plantación. Los árboles cercanos a un arroyo o río pueden utilizar el doble de agua porque tienen mayor acceso a la misma.

Peor aún, los monocultivos agotan los nutrientes del suelo y como resultado se deben aplicar fertilizantes químicos que, a su vez, contaminan el suelo y las fuentes de agua aún disponibles (6). 
Un estudio enfocado en Indonesia, el país que produce casi la mitad del consumo mundial de aceite de palma, advierte sobre la intensidad de los impactos de las plantaciones de palma aceitera en los arroyos de agua dulce, afectando directamente a las comunidades en la disponibilidad de agua para beber, producir alimentos y mantener sus actividades de vida y sustento (7). El estudio destacó que durante el proceso de deforestación, del manejo de la plantación – que incluye la aplicación de agrotóxicos y fertilizantes químicos – y del procesamiento de las frutas para generar aceite, muchos sedimentos y otras sustancias dañinas se filtran en los arroyos que cruzan las plantaciones, concentrando hasta 550 veces más sedimentos que en aquellos que cruzan bosques.
Las temperaturas en los arroyos en los que drenan las plantaciones de palma jóvenes y maduras tienen casi 4 grados Celsius más que los arroyos de los bosques, afectando negativamente el ciclo biológico de las numerosas especies que habitan en los cursos de agua. El estudio también registró que durante la temporada de sequía hay un aumento en el metabolismo del arroyo – la taza a través de la cual el arroyo consume oxígeno y una forma importante de medir la salud del arroyo. Los impactos sobre la pesca, las zonas costeras, y los arrecifes de coral – potencialmente muchos kilómetros río abajo – siguen siendo desconocidos. Pero lo que sí se sabe es que, como lo dijo una de las autoras del estudio, “Esto [las plantaciones de palma] puede causar el colapso de los ecosistemas de agua dulce así como adversidades sociales y económicas en la región” (8). 
Las severas consecuencias de violar el ciclo de agua, de intoxicar y robar agua, son sentidas por las comunidades y sistemas de vida que dependen de las corrientes y los territorios de cuenca. Es decir, desde el punto de vista del agua, que está en constante movimiento y transformación, los impactos de las plantaciones afectan áreas mucho mayores a los territorios que las ocupan y, por tanto, mucho más comunidades son también afectadas. Los gobiernos, como administradores del uso del agua dentro de sus fronteras nacionales y acostumbrados a apoyar al gran capital, le otorgan licencias abusivas – y muchas veces ilegales – a las corporaciones que agotan y contaminan las fuentes de agua necesarias para los pueblos. Asimismo, los gobiernos también están acostumbrados a ignorar las tradiciones de manejo, protección y usos del agua que muchas comunidades conservan por generaciones. Lo que es peor aún, cuando los problemas de escasez de agua se agudizan, son generalmente las poblaciones las que sufrirán restricciones y no las industrias.

Los combustibles fósiles y su sed insaciable 
“Fluye el petróleo, sangra la selva” – grafiti en el ciudad de Quito, Ecuador (9). 
Todos los proyectos de extracción de combustibles fósiles (es decir, petróleo, gas y minerales) resultan en un cambio brusco en las corrientes, su contaminación y, en la mayoría de casos, en el control corporativo y/o gubernamental de las fuentes disponibles. Las actividades petroleras y gasíferas han provocado desastres en todas las zonas donde se realizan: la contaminación de aire, agua y suelo, junto a un acelerado proceso de intervenciones e imposiciones, poniendo en riesgo a los bosques y territorios indígenas. 
La minería por su parte necesita de grandes cantidades de agua para la extracción y procesamiento de minerales y produce muchos desechos que contaminan las fuentes disponibles. Para darse una idea, ¡se necesitan 24 tinas llenas de agua para extraer y lavar una tonelada de carbón! (10). Las plantas de carbón consumen aproximadamente el 8% de toda la demanda de agua a nivel global. Una planta típica de carbón de 500MW extrae la cantidad de agua que entraría en una piscina olímpica cada 3.5 minutos. Esta agua, utilizada para enfriar la planta, es devuelta a sus fuentes originales pero a temperaturas muy altas, lo que mata la vida acuática y los ecosistemas sensibles a cambios en la temperatura (11).
Del mismo modo, cuando el agua y el aire se mezclan con el azufre en lo profundo del suelo (sulfuro) creando ácidos que disuelven los metales pesados, ocurre el drenaje ácido de la mina. Esta mezcla tóxica se mete dentro el suelo, penetra a las aguas subterráneas y termina en los ríos y lagos. Los venenos en el agua enferman lentamente a la gente, las plantas y animales, destruyendo también la vida río abajo hasta por cientos de años (12). En consecuencia, los proyectos mineros casi siempre generan oposición por parte de las comunidades locales, quienes buscan defender sus territorios, y con estos, sus fuentes de agua. Un reciente reporte de EJOLT, una red de organizaciones de justicia ambiental, documenta 346 casos de conflictos sociales por minería y muestra sus principales impactos. Entre los más mencionados están la contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, así como la reducción del nivel de agua (13). 
Pero ahí no termina el robo. Una vez extraídos los minerales, estos deben ser transportados - y no solo con la extensa red de caminos y carreteras que también provocan deforestación, sino también con tuberías que llevan los minerales (o el petróleo o gas) a los puertos. En Brasil por ejemplo, donde se vive actualmente una grave escasez de agua para abastecer a la población,  los mineroductos – tuberías que llevan el mineral de fierro en estado arenoso mezclado con agua – llevan los metales hasta el puerto. Los cuatro proyectos de minería del estado de Mina Gerais que cuentan con tuberías para el transporte del fierro consumen suficiente agua como para abastecer una ciudad de 1.6 millones de habitantes. Las tuberías operan las 24 horas del día, todos los días (14).

Hidroeléctricas: encarcelando ríos, corrientes y pueblos 
“El río nos da todo. Pescado con el que podemos hacer aceite, comer y vender; incluso cubre mis estudios. En las márgenes, podemos crecer cultivos, y sabemos qué hacer aquí, en realidad, es todo lo que sabemos. Si nos van a mover lejos del río vamos a sufrir” – el hijo de un pescador afectado por la represa Mphanda Nkuwa en el río Zambezi en Mozambique (15) 
La generación de energía hídrica, empujada fuertemente por las políticas climáticas e instituciones financieros como el Banco Mundial, también tiene efectos nefastos en el ciclo del agua y, por tanto, en los bosques y las comunidades que dependen de estos territorios. La construcción de grandes represas paraliza el movimiento del agua en los sistemas de cuenca y encarcelan sus corrientes, su fauna y su flora, así como inundan tierras fértiles y territorios aledaños. Las consecuencias son devastadoras. La pared de la represa bloquea la migración de peces e incluso puede llegar a separar los hábitats para desove con los hábitats para crianza. La represa también atrapa sedimentos necesarios para el mantenimiento de procesos físicos y hábitats río abajo. El sistema de libre flujo del río arriba de la represa es transformado en un reservorio artificial de agua. El alterar o interrumpir las corrientes de agua puede ser tan severo como el desaguar todo un río, sus tramos y la vida que contienen (16). 
Los ríos, lagos y lagunas son la base de muchas culturas y sustentos de vida, y el eje central de economías locales. Para finales del siglo XX, la industria de la energía hidroeléctrica ya había obstruido más de la mitad de los ríos más grandes de la tierra con unas 50.000 represas a gran escala, desplazando a millones de personas (17). En algunas de las remanentes cuencas con ríos de flujo libre a nivel mundial, como la del Amazonas, del Mekong, del Congo, y los ríos de la Patagonia, los gobiernos y la industria están empujando cadenas de enormes represas; todas con el argumento de ser energía “limpia”.

El ciclo del agua a la venta 
Además de este insolente abuso capitalista, el ciclo del agua ya entró al proceso de la llamada financierización. Este presupone la separación y cuantificación de los ciclos y funciones de la naturaleza -como el ciclo del carbono, el ciclo del agua, la biodiversidad o el paisaje- para convertirlos en “unidades” o “títulos” equivalentes para que puedan ser comercializados en mercados financieros o de especulación (18). 
Pero el agua es símbolo de vida, y por lo tanto, el agua une y moviliza. La deforestación, contaminación y construcción de infraestructura a gran escala dañan las cuencas y sus fuentes de agua, alterando la capacidad de los territorios para sostener seres vivos, incluyendo a las comunidades humanas. Es imprescindible apoyar las luchas en la defensa de los territorios. Territorios que son más que sus tierras, ríos, árboles o poblados; sino un todo, donde un elemento depende del otro y de donde se sostiene la vida.


Boletín Nº 214 del WRM 

Las plantaciones de árboles - el robo sigiloso del agua


Por: Wally Menne
Coalición Timberwatch

Mientras una gran parte del mundo está atrapada en un caos económico y político, transcurre un proceso lento, casi imperceptible, difícil de detectar o de medir, que se ha convertido en un problema mucho más grave, aunque menos evidente. Se trata del robo del agua, el cual rara vez es considerado como un crimen de alta prioridad. Sin embargo, frente a nuestras propias narices se está produciendo una apropiación indebida de enormes volúmenes de agua por parte de ladrones “sigilosos” que actúan las 24 horas del día, los 365 días del año. Los monocultivos de árboles son los culpables, pero, ¿cómo es posible que los árboles plantados se comporten de manera tan diferente a los bosques naturales? La mayoría de la gente asume que son lo mismo. Esta falacia, sin embargo, ha llevado a una crisis del agua en todos los lugares donde se han establecido estos “bosques falsos” de árboles exóticos en suelos alguna vez cubiertos por verdaderos bosques o por pastizales y matorrales biodiversos.

Esta conversión artificial del paisaje tiene muchos impactos negativos que los llamados “forestales” y empresas de plantaciones prefieren ignorar. A pesar de que existen numerosas pruebas, tanto empíricas como científicas, aquellos que se benefician con los monocultivos forestales han escondido deliberadamente la terrible verdad acerca de cómo las plantaciones industriales de árboles afectan las fuentes de agua y la biodiversidad. 
En muchos casos, el efecto de la toma de agua por estas plantaciones puede equipararse sólo a la peor sequía. Experimentos llevados a cabo en zonas donde la tierra fue convertida a plantaciones de árboles revelaron que su consumo de agua puede ser mayor que el agua que cae con la lluvia en ese lugar. Esto ha quedado demostrado, por ejemplo, en África del Sur, donde se midió la reducción del caudal de los arroyos luego de haber convertido las zonas de pradera en plantaciones forestales. Informes del investigador Joan Whitmore (1) describen este efecto como “la piratería del agua”, debido a su impacto en los usuarios de tierras adyacentes y en los ecosistemas aguas abajo, incluidos los humedales, estuarios y hábitat marino costero. 
Cómo funciona el robo 
Los árboles de las plantaciones de hoja perenne consumen agua durante todo el año, a diferencia de la vegetación natural que consume muy poco en la estación seca. Además, el denso y frondoso follaje de estas plantaciones evita que el agua de la lluvia alcance la superficie del suelo. La pérdida de humedad por la evaporación directa del agua atrapada en el follaje junto con la transpiración del agua subterránea absorbida desde las raíces hacia las hojas constituye el proceso de evapotranspiración. Durante la estación seca, cuando hay escasas lluvias, o ninguna, los árboles absorben el agua subterránea de las napas freáticas. Esto tiene como consecuencia la contracción localizada del acuífero, provocando que las aguas subterráneas de las zonas adyacentes fluyan hacia el acuífero agotado que está debajo de la plantación. Esto también reduce el flujo de agua en los sistemas naturales, de la cual dependen los hábitat y las comunidades agrícolas aguas abajo. Los arroyos y ríos que normalmente fluyen a lo largo de todo año se vuelven estacionales, y esto da origen a sequías localizadas, lo que afecta a las funciones del ecosistema.
Además de robar el agua de la naturaleza y de las comunidades humanas, las plantaciones de árboles también provocan un estado de deshidratación en las zonas adyacentes, y esto tiene el efecto de aumentar la incidencia de los incendios forestales. Además de destruir la plantación, esos incendios también devastan el ambiente humano causando muertes y pérdida de los recursos utilizados por las comunidades, como ocurrió recientemente en partes de Australia, Portugal, África del Sur, California y Chile. Luego deben destinarse dineros públicos a la construcción de represas y tuberías para reemplazar el agua perdida por las plantaciones, y llevar agua en camiones cisterna a las comunidades afectadas. 
Conclusión
Por supuesto, las plantaciones no son en sí mismas las verdaderas ladronas – éstas son una de las tantas herramientas utilizadas por las empresas multinacionales y las instituciones financieras internacionales para robar los “recursos naturales” de los países del Sur, especialmente de aquellos que viven y dependen de los bosques. Generalmente los árboles son procesados industrialmente cerca de donde fueron cultivados, utilizando aún más agua y energía para obtener millones de toneladas de celulosa y papel, embalaje y otros productos que generan ganancias para los dueños de las plantaciones y las fábricas de celulosa, junto con su financiadores. Sin embargo, del otro lado están las numerosas comunidades afectadas que terminan con sus territorios y medios de vida contaminados o resecos. Las plantaciones industriales de árboles deterioran severamente los recursos de agua dulce que suministran agua potable a millones de personas.

Wally Menne, plantnet@iafrica.com
(1) Whitmore J. S. “An estimation of the possible effects of land management practices on run-off from the Catchment Control Areas in the Natal Midlands”, mayo de 1972. Nota técnica no. 26, Departamento de Asuntos Hídricos de la División de Investigación Hidrológica.
Whitmore J. S. “Factors controlling the precipitation / water yield relationship”, marzo de 1976. Nota técnica no. 62, Departamento de Asuntos Hídricos de la División de Hidrología

sábado, 13 de junio de 2015

En paz con el planeta



“Está claro que necesitamos comprender la interacción entre nuestros dos mundos: la ecosfera natural, la fina envoltura del aire que rodea al planeta, el agua y el suelo y las plantas y animales que viven en él, y la tecnosfera, lo suficientemente poderosa como para merecer tan grandioso término hecha por el hombre. La tecnosfera se ha vuelto lo bastante grande e intensa como para alterar los procesos naturales que rigen la ecosfera. Y a su vez, la ecosfera alterada, amenaza con inundar nuestras grandes ciudades, secar nuestras ricas granjas, contaminar nuestra comida y agua y envenenar nuestros cuerpos, disminuyendo catastróficamente nuestra capacidad de proveer las necesidades humanas básicas”.
Barry Commoner. En paz con el planeta.

Durante los últimos años la humanidad ha pasado de vivir en un mundo vacío a vivir en un mundo lleno o saturado. El planeta está dominado por el ser humano. La humanidad extrae recursos de las fuentes de la biosfera y deposita residuos y contaminación en sus sumideros, alterando la Tierra globalmente, hasta llegar a trastocar los grandes ciclos bioquímicos del planeta (como la circulación del nitrógeno o el almacenamiento del carbono en la atmósfera).

Somos más de 6.500 millones de inquilinos en una casa común que es el planeta Tierra. 

“Las decisiones de uno, ya sea un individuo, una colectividad o una nación, tienen necesariamente consecuencias, a mayor o menor plazo, para todos los otros. Cada uno incide entonces en las decisiones de todos. Esta sujeción puede parecer penosa. En realidad, es la clave para el acceso de todos a un estatuto verdaderamente humano. Intentar escapar de ella sería renunciar a una riqueza esencial, nuestra ‘humanitud’ que no recibimos de la naturaleza, sino que la construimos nosotros.”
Albert Jacquard. Finitud de nuestro patrimonio. (Le Monde Diplomatique ). 

Fuente: decrecimiento.info