Ecuador, el ‘país de las ranas’, contabiliza su diversidad anfibia con el tiempo en contra
Los científicos de Ecuador se encuentran inmersos en una carrera contrarreloj para aprender más sobre la biodiversidad anfibia única del país, antes de que se destruyan los hábitats de su gran variedad de especies: Ecuador, uno de los países más pequeños de Sudamérica, posee características geográficas singulares que lo convierten en un territorio excepcional para los anfibios. Según BioWeb, una base de datos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), alberga 281,3 especies por cada cien mil kilómetros cuadrados, la mayor densidad del mundo. De ahí el apodo “país de las ranas”.
Tali Santos
Hasta la fecha, diversos proyectos de taxonomía (como BioWeb y AmphibiaWeb) han contabilizado más de 700 especies diferentes de ranas en Ecuador. Los anfibios, que incluye a sapos, ranas, salamandras y cecilias, cumplen roles importantes para el funcionamiento de los ecosistemas, pues, como consumidores y presas, son un eslabón intermedio en la cadena de flujo de energía y nutrientes.
Las ranas tienen un valor cultural para las comunidades indígenas de la Amazonía ecuatoriana, como los shuar y los achuar. Muchas de ellas también poseen un potente veneno que podría tener propiedades medicinales. “Por ello Ecuador es un país privilegiado”, afirma la bióloga Andrea Terán a Dialogue Earth. Ella administra el Banco de Vida del Centro Jambatu de Investigación de Anfibios, con sede en la capital de Ecuador, Quito.
Pero mientras el país sigue revelando nuevas especies, el tiempo corre: la pérdida de hábitats, las enfermedades y el cambio climático amenazan con acabar con esta riqueza biológica antes incluso de que pueda estudiarse.
“Cuando vas a investigar todos los grupos —fauna, flora, y en nuestro caso anfibios— comienzas a entender por qué hay que proteger esos lugares”, explica Terán.
Un punto caliente de biodiversidad
Ecuador integra la lista de los 17 países megadiversos del planeta. En su fauna anfibia, el 49% de las especies identificadas por Bioweb son únicas en el país. El pasado mes de enero, científicos describieron siete especies endémicas de Ecuador cuyos linajes se separaron hace 21 millones de años. El hallazgo ha ayudado a revelar la profundidad evolutiva de Ecuador.
Para Santiago Ron, biólogo evolutivo ecuatoriano, profesor de la PUCE y curador de anfibios del Museo de Zoología de esta universidad, la clave está en una historia natural única, marcada por eventos geológicos y biológicos que favorecieron la diversificación y supervivencia de los linajes, sostiene a Dialogue Earth. El levantamiento de los Andes Tropicales—hace unos 50 millones de años— y la ubicación del país entre esta cordillera, la Amazonía y el Pacífico generaron una variedad de paisajes, gradientes climáticos y nichos ecológicos que impulsaron la evolución.
Además, Ecuador se encuentra atravesado por la línea ecuatorial, lo que provoca un clima tropical relativamente estable y disponibilidad de agua todo el año, condiciones ideales para un grupo tan dependiente de la humedad como los anfibios.
Gracias a estos factores, Ecuador cuenta con la tercera fauna de anfibios más grande del mundo, después de Brasil y Colombia. Sin embargo, con 256.370 kilómetros cuadrados, Ecuador es aproximadamente 4,5 veces más pequeño que Colombia y 33 veces más pequeño que Brasil. Según los registros de la Estación de Biodiversidad Tiputini (EBT), situada en la hiperdiversa selva tropical de Yasuní, en Ecuador hay 140 especies de anfibios solo en los 6,5 kilómetros cuadrados de la reserva de Tiputini.
La concentración de especies es lo que lo diferencia de esos países. La mayoría de la fauna anfibia nacional (65%), según la descripción de Bioweb, se distribuye en la zona andina, con ranas que alcanzan alturas de 4.100 metros sobre el nivel del mar, “y un poco más arriba”, refiere Diego Cisneros, director del museo de zoología de la Universidad de San Francisco de Quito.
También existen áreas con montañas más antiguas que los Andes, como las cordilleras del Kutukú y el Cóndor, de unos 150 millones de años. Durante mucho tiempo permanecieron sin inventariar. “Son como mundos perdidos de los anfibios”, dice Ron.
Con el tiempo en contra
Luis Coloma, director del Centro Jambatu, proyecta que Ecuador podría superar las 900 especies de anfibios descritas, pero advierte que, a la actual tasa (13 especies nuevas por año), esto llevaría entre 15 y 20 años más. Teme que no dé el tiempo, ya que aproximadamente el 60% de los anfibios de Ecuador están en peligro de extinción; se cree que la cifra global es de poco más del 40%.
La minería y la agricultura provocan la deforestación y la fragmentación del hábitat, según explica Cisneros. Por otra parte, el uso de pesticidas y fertilizantes sintéticos está afectando a la química de los suelos, añade, lo que también afecta a los anfibios. Estos animales también se han visto gravemente afectados por la propagación mundial de la quitridiomicosis. Esta mortal enfermedad fúngica ha provocado 90 presuntas extinciones entre las especies de anfibios.
Ejemplos recientes muestran la urgencia. En febrero de 2025 el Instituto Nacional de Biodiversidad del Ecuador (Inabio) anunció cuatro nuevas especies en la provincia del Carchi, en el extremo norte del país. Una de ellas recibió un nombre elocuente: Pristimantis praemortuus, “previamente muerto” en latín. “Muchas especies se están describiendo cuando ya están por extinguirse”, advierte Mario Yáñez, investigador del Inabio, a Dialogue Earth.
Lo mismo ocurre en la cordillera del Cóndor, una pequeña cordillera en la provincia ecuatoriana de Zamora-Chinchipe, donde investigadores de la Universidad San Francisco de Quito trabajan en la descripción de 24 nuevas especies. Algunas podrían haber perdido su hábitat antes de ser formalmente reconocidas debido a minería ilegal y expansión agrícola desordenada, sostiene Cisneros. La rana número 700 de BioWeb, Hyloscirtus maycu, recibe su nombre de la Reserva Maycú de la provincia en la que fue descubierta. Según se informa, esta reserva se encuentra amenazada por actividades mineras ilegales.
Terán subraya que, en un país tan megadiverso, “cualquier tipo de minería implica riesgos”, pues la mayoría de concesiones se ubican en áreas de alto endemismo. Ella fue parte de una acción legal en 2020 que detuvo temporalmente el proyecto minero de cobre Llurimagua en la provincia de Imbabura, en el norte de Ecuador. Los estudios de impacto del proyecto habían omitido especies amenazadas, como el sapo de nariz larga (Atelopus longirostris). Sin embargo, el 11 de diciembre pasado, un funcionario del gobierno anunció que Llurimagua se sacará a licitación este año.
El sapo de nariz larga (Atelopus longirostris) es una especie amenazada que vive en los bosques montañosos y tropicales de los Andes. Se consideraba extinta tras 20 años sin avistamientos, y recientemente ha sido parte de una acción legal contra un proyecto de minería de cobre (Ilustración: Pablo Ruiz Teneb / Dialogue Earth; Audio: Amadeus Plewnia / Centro Jambatu )
Símbolo de esperanza
A pesar de las amenazas, los últimos años también han traído buenas noticias. En la última década, cinco especies clasificadas como extintas han sido redescubiertas. Una de ellas, Pristimantis ruidus, reapareció el año pasado después de un siglo sin registros.
Pero ninguna historia ha sido tan emblemática como la del jambato negro (Atelopus ignescens). Una especie común en los Andes hasta los años ochenta, desapareció en 1988. Tras décadas de búsquedas infructuosas fue declarada extinta. Pero en mayo de 2016, el Centro Jambatu anunció su reaparición en Angamarca, en la provincia de Cotopaxi.
En ese lugar hoy se desarrolla un programa de conservación in situ liderado por la bióloga María del Carmen Vizcaíno, directora ejecutiva de Alianza Jambato. La comunidad local ha adoptado al jambato como especie emblemática y celebra cada 21 de abril —día del hallazgo— una fiesta en su honor. La especie también forma parte del programa ex situ del Centro Jambatu y puede observarse en un terrario del Wikiri Sapo Parque en Quito.
El jambato negro (Atelopus ignescens) vive en los valles interandinos. Este animal de movimientos lentos tiene péptidos en las secreciones de su piel que, según algunos expertos, podrían ayudar a tratar el cáncer (Ilustración: Pablo Ruiz Teneb / Dialogue Earth; Audio: Morley Read / Centro Jambatu)
Además, el jambato negro ha abierto un nuevo campo de investigación biomédica. En un laboratorio de la PUCE, la microbióloga Miryan Rivera estudia las secreciones de su piel en busca de péptidos con potencial anticancerígeno. “Estamos encontrando ranas muy eficientes para matar células malignas sin dañar células sanas”, señala a Dialogue Earth. Su objetivo es que los hallazgos no se queden en publicaciones académicas, sino que generen beneficios directos para la salud humana.
Ron dice que al Ecuador le hace falta conocer y valorar lo que tiene. Y refiere una situación personal que refleja las percepciones que se suele tener sobre los anfibios: “Un día —dice—, siendo niño, encontré una rana cerca de mi casa, la atrapé en un vasito y esperé a que llegara mi papá de la oficina para mostrársela. Cuando este llegó le dije: ‘¡Mira, papá, lo que encontré!’ Él se enojó y me respondió: “¡No la toques! Esas son cochinas. Tienes que deshacerte de eso”.
“Hay esas creencias —lamenta—. A veces, la gente tiene una visión negativa con respecto a los anfibios. Eso me afectó a mí en ese tiempo, pero más fuerte fue la fascinación que yo sentí por las ranas. Yo supe que eran animales maravillosos”.
Terán comparte esa visión: “Los anfibios muestran cuán megadiverso es Ecuador. Si la base de la taxonomía es saber cuánta riqueza tenemos y cómo conservarla, entonces, escuchemos a las ranas”.
Fuente: https://dialogue.earth/es/naturaleza/ecuador-el-pais-de-las-ranas-contabiliza-diversidad-anfibia-tiempo-en-contra/ - Imagen de portada: (Ilustración: Pablo Ruiz Teneb / Dialogue Earth)




