Chile y Argentina: dos Estados contra un mismo territorio (fronteras que se derriten al toque del capital)
El
próximo 7 de julio, los Estados argentino y chileno ratificarán el
tratado minero firmado en 1997. Ya había recibido agregados desde
entonces, que simplifican los trámites tributarios y aduaneros para
empresas que extraen mineral en zonas fronterizas. A partir de julio,
serán incluidos nuevos dispositivos que permiten tratar territorios
fronterizos de extracción mineral con una legislación común a los dos
Estados. Esperan con eso atraer más inversiones. En la práctica, las
empresas interesadas en explotar áreas contiguas no precisarán tramitar
autorizaciones en cada país, ni someterse a normativas diferentes.
Por Silvia Beatriz Adoue
Esto
ocurre al mismo tiempo en que el congreso argentino aprobó una ley,
conocida como “ley de glaciares”, que permite actividades productivas
con impacto sobre áreas de importancia para las redes hídricas. Dice
Barinia Montoya: “En estas zonas extremas, el entramado subterráneo
funciona como un gigantesco regulador hídrico natural, atrapando el agua
de las escasas lluvias y nevadas para liberarla gradualmente”. La
flexibilización de las leyes de protección ambiental viene avanzando a
pasos agigantados. Y se espera que el tratado biestatal iguale los
marcos legales reduciendo los obstáculos para la expoliación territorial
en ambos países.
"Espejos de un mismo Saqueo"
Observamos en el continente “manchas dinámicas” de extracción de commodities que se sobreponen unas a las otras y que no se circunscriben a las fronteras de los Estados (dizque)nacionales. Las fronteras que obstaculizan el paso de refugiados se disuelven al toque de los intereses extractivistas. Las manchas de extracción avanzan unas sobre las otras al ritmo de la instalación de infraestructura logística y energética, y de los vaivenes de los fondos de inversión y los mercados de futuros que especulan en el medio de la catástrofe ambiental. El resultado es la expulsión de las gentes, la destrucción de los territorios y el acorralamiento de los migrantes que buscan otros medios de vida o simplemente huyen de la muerte instalada en las zonas de sacrificio, que, a partir del tratado minero, podrán tener alcance biestatal.
Los Estados garanten ese cribo que asegura el paso de capitales y mercaderías, e impide el paso de las gentes.
El
miércoles 10 de junio, el gobierno brasileño promulgó un acuerdo de
cooperación policial en el Mercosul que permite el ingreso de las
instituciones policiales de los Estados miembros en los territorios de
los demás para perseguir fugitivos. Se espera que dos Estados más,
miembros del Mercosul, ratifiquen el acuerdo para que entre en vigor.
Mientras
tanto, la “mancha” del litio, la de la soja, la del oro, la de la
carne… agujerean las fronteras. El tratado minero pretende una nueva
forma de gobernanza para dar curso a la explotación de Atacama, en el
norte de Chile, y San Juan, en el centro oeste de Argentina. La región
es rica en aguas heladas, que podrán ser aprovechadas en contexto del
cambio climático y la escasez hídrica. La presencia de oro y cobre viene
alimentando la codicia de mineras como Lundin Mining y BHP Canadá, que
explotan los yacimientos de Josemaría, Filo Sol y Helados. Todos
organizados en el Proyecto Vicuña, nombre bonito para un emprendimiento
que justamente afecta las vicuñas, majestuosos camélidos del sur del
continente.
Las
fronteras se derriten al paso de los intereses capitalistas. ¡Qué bueno
sería que se disolvieran para un continuum de la vida de los
territorios!
Fuente: Huella del Sur

