España: “Los que nos rebelamos lo tenemos cada vez más crudo. Enseguida te empiezan a achacar delitos”

Fernando Valladares (Mar del Plata, 1965) es doctor en Biología, investigador del CSIC y profesor asociado en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Además es activista y divulgador del cambio climático y la crisis ecológica. El 6 de abril de 2022 participó, con el movimiento Rebelión Científica, en una protesta frente al Congreso de los Diputados por la intervención de Estados y lobbies en la publicación del sexto informe del IPCC de la ONU y por la inacción de las instituciones políticas ante el cambio climático. Durante esa protesta, en la que participaron varias decenas de activistas, se vertió zumo de remolacha sobre la fachada del Congreso. La Fiscalía solicita penas de prisión para quince de ellos por daños al patrimonio histórico y a las instituciones del Estado.

Elena de Sus

En la obra de teatro Zumo de remolacha, de la asociación Cor de Terra, Valladares se interpreta a sí mismo viajando en tren hacia esta protesta, asaltado por las dudas y rodeado de gente y situaciones diversas. La idea de la obra surgió en Valencia, allí se formó la asociación Cor de Terra y se llevaron a cabo las primeras representaciones. Aunque el objetivo era utilizar el teatro como forma de hacer llegar el mensaje de la lucha climática a un público más amplio, Valladares admite que una parte importante de quienes han acudido a las salas en Valencia son “gente que conoce el tema, que viene a través de los colectivos ambientalistas o sociales”. Por ello, anima también a verla a los ecologistas de Madrid, donde se estrena este 20 de junio.
Zumo de remolacha se representará en la Fundación Pablo VI. Valladares explica que escogieron este lugar, entre otras razones, porque necesitan un escenario grande para el decorado y buscan un público amplio para ser rentables. “La hemos hecho muy a lo grande, con un técnico de sonido, otro técnico de iluminación, técnico de escenografía… Mucha gente muy capaz y todo eso hay que pagarlo”.
¿Qué le diría a alguien para animarle a ver esta obra?
Yo le diría que te hace reflexionar sobre el cambio climático, pero lo hace en clave de humor, de provocación, es una cuestión entretenida. No es un martirio, no es una cosa que te de ganas de ir al confesionario a confesar tus pecados. Yo espero que al que vaya, si no está muy convencido, le dé por pensar que esta sociedad necesita un buen meneo.
La obra trata sobre su viaje en tren hacia una protesta climática ante el Congreso de los Diputados, en la que se lanzó zumo de remolacha sobre la fachada del edificio.
Tal cual. Está basada en un artículo que escribí el mismo día de los hechos por la tarde. Pero es una obra de teatro y está escrita por un profesional, por un dramaturgo, Tomás Verdú. Entonces es una obra de arte. Él ha creado a partir de esos hechos, ha imaginado situaciones, algunas inverosímiles, otras muy verosímiles y muchas de ellas con un poder escenográfico, que es lo que se busca con este género.
Johan Rockström, un científico muy conocido en el ámbito del cambio climático y los límites planetarios, hizo una conferencia teatralizada. Un equipo de teatro le acompañó para hacer su discurso más escénico. Pero esto no es eso, aquí me interpreto a mí mismo siendo una persona que tiene miedo, que se plantea lo que puede pasar si participa en un acto de desobediencia civil. Y mientras tanto pasan cosas en el tren, la gente hace comentarios, se dan situaciones surrealistas.
De hecho ese acto de desobediencia civil ha terminado en los juzgados.
Sí, hay un poco de confusión porque hay tres procesos muy relacionados entre sí. El más antiguo es por una sentada que cortó el paseo de la Castellana en Madrid en 2019 de forma pacífica. Eso ya quedó visto para sentencia el 26 de mayo. Jorge Riechmann participó en esta protesta y está siendo juzgado junto con otros dos activistas. Estamos todos con los dedos cruzados porque les podrían condenar a penas de cárcel, aunque si no tienes antecedentes no entras en la cárcel cuando las penas son menores a un año.
Todo esto está muy relacionado con la Ley Mordaza. La Ley Mordaza es el gran marco que hace que todas estas acciones sean penalizadas
A principios de 2022 hubo otra protesta pacífica, la que aparece en la obra, en la que echamos pintura biodegradable basada en zumo de remolacha sobre la fachada del Congreso. Esta va a ser juzgada en septiembre. 
En 2023, Futuro Vegetal repitió esta acción, pero con menos gente. Este proceso se está resolviendo más rápido que el nuestro.
Y todo esto está muy relacionado con la Ley Mordaza. La Ley Mordaza es el gran marco que hace que todas estas acciones sean penalizadas.

Imágenes de la representación teatral Zumo de remolacha. / Asociación Cor de Terra

¿Qué aspectos de la Ley Mordaza facilitan reprimir estas protestas?
Te pueden multar con 500 euros con mucha arbitrariedad y rapidez
Sobre todo, la facilidad para sancionar. No hacen falta muchas pruebas, es suficiente con la palabra de un agente de la ley. Te pueden multar con 500 euros con mucha arbitrariedad y rapidez. Yo conozco a muchas estudiantes que ya no van a las manifestaciones porque no tienen dinero. Y son muy pacíficas, iban con sus pancartas, tranquilas. Pero la policía les pide los datos y a la semana siguiente o a las dos semanas les llega a casa la multa de 500 euros por desórdenes públicos o resistencia a la autoridad, aunque estuvieran en una manifestación autorizada. Además, los agentes ya no tienen que identificarse. Antes se les podía pedir el número de placa. Y se podía grabar en vídeo la detención o la interacción con el policía. Ahora no se puede. En general, hay una mayor facilidad para la represión.
Los que nos rebelamos lo tenemos cada vez más crudo. Enseguida te empiezan a achacar delitos, como por ejemplo resistencia a la autoridad. ¡Anda que no entrenamos para no resistirnos! Aunque te cagues de miedo, no huyes ni te resistes para no ir sumando delitos. Pues da igual.
¿Ha habido un aumento de la represión sobre la protesta climática en los últimos años?
Totalmente. En el Reino Unido, en Alemania o en Países Bajos están tomando ejemplo del modelo español. Lo que llaman el modelo español es básicamente la Ley Mordaza. España les lleva ventaja porque no solo tiene una ley represiva, sino diez años de experiencia aplicándola [la ley entró en vigor el 1 de julio de 2015].
¿Cuál fue el origen de la protesta en la fachada del Congreso?
Quien la organizó fue fundamentalmente Extinction Rebellion. Yo estaba en representación de Rebelión Científica, un movimiento que había surgido en 25 países, de forma un poco desorganizada, a partir de la publicación del sexto informe del IPCC, sobre todo del resumen para políticos y gestores. Al final, ese resumen es lo que se usa, porque nadie se lee las más de 2.000 páginas del informe original. Todos los países firmantes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático pueden editar el resumen y hacer sugerencias. Se publicó muy maquillado y nos enfadamos mucho los científicos de todo el mundo.
Si hubiéramos querido dañar el patrimonio, que es una de las cosas de las que se nos acusa, hubiéramos utilizado pintura comercial que cuesta mucho más limpiarla
Era un acto de desobediencia civil no violenta. No teníamos autorización, porque precisamente lo que buscábamos era llamar la atención. Sabíamos lo que hacíamos, pero usamos zumo de remolacha para que fuera biodegradable y no dañara la fachada del edificio. Si hubiéramos querido dañar el patrimonio, que es una de las cosas de las que se nos acusa, hubiéramos utilizado pintura comercial que cuesta mucho más limpiarla. Nosotros dejamos la fachada del Congreso más limpia de lo que estaba porque había un grupo amplio de voluntarios que se pusieron a limpiarlo todo. Recogieron basura que no era nuestra y lo dejaron todo como los chorros del oro.

Imágenes de la representación teatral Zumo de remolacha. / Asociación Cor de Terra

¿Cuál es la relación entre su trabajo como biólogo y su activismo climático, si la hay?
Claro que hay mucha relación. Yo llevo 30 años haciendo estudios de campo en ecología y constatando cómo los ecosistemas van colapsando por el cambio climático y en general, por las alteraciones humanas.
En los últimos nueve o diez años he ido dando cada vez más pasos hacia varias formas de activismo. Voy constatando que el daño va creciendo, que el cambio climático se desarrolla rapidísimo, que la ciencia se va quedando corta. Y que la sociedad mira para otro lado y los políticos no toman medidas. Cada vez me preocupa más, cada vez me desespero más. La misma obra de teatro es un acto de activismo, una provocación.
¿Cómo surgió la idea de hacer una obra de teatro?
Yo di una charla en Valencia y acabé provocando a la gente, les dije que hay que mover emociones, porque voy constatando que el dato científico no es suficiente para cambiar la sociedad. Hay que llegar a los corazones.
Al final de mis charlas, muchas veces suelto esto. En aquel entonces, en Valencia, lo solté con la cosa de que en la audiencia había gente del mundo del teatro. Al acabar nos quedamos hablando y surgió la idea de hacer una obra de teatro. Luego hicimos un crowdfunding para poder pagar al dramaturgo y a la directora y poder financiar el montaje. Y aquí estamos.
La producción sufrió daños con la dana de Valencia.
La dana ocurrió antes de que pusiéramos en pie la obra, pero antes de la dana, la productora era Babel. Era una gran productora, sobre todo de espectáculos musicales. Esa productora sufrió la dana porque todos los equipos, mucha electrónica, estaban en un almacén que se llenó de barro y todo aquello hubo que tirarlo.
Esa crisis de la productora, junto con la intención de uno de los productores de derivar más hacia temas ecosociales, llevó a la creación de una asociación que se llama Cor de Terra, que es la que está llevando esta obra. De momento es una asociación pequeñita que lo único que hace es perder dinero y echarle mucha ilusión, pero si nos va bien esta obra podríamos impulsar otros proyectos creativos con fines ecosociales.
¿Cuáles son para usted las medidas más importantes que se deberían tomar contra el cambio climático?
Es agobiante que la lucha contra el cambio climático sea arrastrada por la crisis de la izquierda. Aunque parezca mentira, para mí una de las medidas principales es despolitizar el cambio climático, que no sea solo una cosa de las izquierdas. La ciencia puede proponer soluciones, pero si se interpretan como ideas de izquierdas y de anarquistas, pues hemos acabado. Es agobiante que la lucha contra el cambio climático sea arrastrada por la crisis de la izquierda.
Si se consiguiera superar esta barrera, habría que priorizar medidas en sectores como el de los transportes, el de la producción de alimentos y el de la moda.
Aunque hablemos de una realidad científica, física, las propuestas para hacerle frente o mitigar su impacto requieren cambios sociales.
Quienes nos dedicamos a la divulgación sobre el cambio climático cada vez prestamos más atención a las narrativas. Hay que asociar la transición ecológica a todo lo que podemos ganar, no a lo que podemos perder. Si quieres llegar a la gente, a la gente que tiene problemas para llegar a fin de mes, no puedes hablar del colapso y el apocalipsis así de entrada.
Lo he hablado mucho con gente como Javier Peña de Hope!, que hace unos vídeos muy optimistas. Cada uno tenemos un estilo, pero vamos buscando hablar de lo que podemos ganar, no solo de evitar el peor de los escenarios, sino de ganar en derechos humanos, en alfabetización, en sociabilidad o en salud mental.

Fuente: https://ctxt.es/es/20260601/Politica/53775/fernando-valladares-elena-de-sus-entrevista-remolacha-rebelion-cientifica-congreso-teatro.htm - El científico y divulgador Fernando Valladares. / Alba Valladares

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