Los residuos de la minería descontrolada en Myanmar cruzan la frontera con Tailandia: “El agua ya no puede usarse. Ya no vienen turistas”

Tras el golpe de Estado de 2021 en el país, la extracción de oro y minerales críticos se intensificó en zonas fuera de cualquier control. Los desechos generados por estas actividades no reguladas viajan por el río Kok más allá de las fronteras: Al amanecer, el río fluye en silencio. Las montañas permanecen envueltas en una fina niebla, el aire es fresco y la luz empieza a iluminar lentamente el pueblo de Tha Ton, en el norte de Tailandia, justo en la frontera con Myanmar. Durante años, esta localidad fue una pequeña capital del turismo fronterizo gracias a los miles de visitantes tailandeses y extranjeros que venían cada año a disfrutar de las actividades que ofrecía el río Kok: desde rafting, excursiones en barco a Chiang Rai o simplemente una estancia placentera en alguno de los hotelitos ribereños.

Fabio Polese

La población local siempre había vivido del río pero en los últimos años, ese vínculo se ha roto por la contaminación de sus aguas, que entran en Tailandia tras atravesar el Estado Shan de Myanmar, antes de continuar su camino hacia el Mekong. “Nunca había visto nada igual”, dice Keng, de 52 años, que ha trabajado como barquero en el Kok durante más de 30 años. “Tha Ton se ha convertido en un pueblo fantasma. Solía pasear con turistas todos los días. El negocio iba bien, había vida. Ahora no queda nada”, dice. Mientras habla, su mirada se posa en los barcos inmóviles a lo largo de la orilla.
Tras el golpe de Estado de febrero de 2021 en Myanmar, la extracción de oro y tierras raras se intensificó en zonas fuera de cualquier control efectivo. Un análisis publicado en septiembre de 2025 por el Stimson Center, basado en imágenes satelitales de Copérnico y Google Earth, concluyó que “desde 2021 el número de yacimientos mineros se ha duplicado y el área explotada se ha más que triplicado”. Los residuos y sedimentos generados por estas actividades fluyen hacia los afluentes del Kok y son arrastrados río abajo, lo que convierte la extracción no regulada en una fuente directa de contaminación transfronteriza.
En el mercado matutino de Tha Ton, muchos puestos han desaparecido. “La gente tiene miedo de comer pescado y los pescadores ya no salen”, dice Lao Oh, de 61 años, propietario de un pequeño complejo turístico junto al río donde las habitaciones han estado vacías durante meses y el muelle está desierto. “El agua ya no puede usarse. Ya no vienen turistas; los barcos permanecen parados. Y causa daño, te provoca ampollas en la piel. No sabemos cómo seguir adelante”. Se detiene, observando cómo la corriente se mueve lentamente bajo la terraza. “El agua siempre ha significado vida. Si no tenemos agua, no podemos quedarnos aquí”.
Las pruebas realizadas por las autoridades tailandesas detectaron niveles de arsénico en algunas muestras por encima de los límites de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el agua potable.
La 16ª ronda de monitoreo realizada por el Departamento de Control de la Contaminación (PCD) de Tailandia entre el 24 y el 27 de febrero de 2026 identificó concentraciones de arsénico que oscilaban entre 0,013 y 0,016 mg/L en varias secciones del río Kok, por encima del nivel de referencia tailandés y de la OMS de 0,01 mg/L para el agua potable. También se encontraron otros metales pesados asociados a la actividad minera, incluyendo manganeso y hierro, en concentraciones superiores a los parámetros de referencia para el agua destinada al consumo humano.
La infuencia china
En el pueblo pesquero de Kaen Dai Mu, a las afueras del centro de Tha Ton, en el último punto al que se puede llegar antes de entrar en Myanmar, Liao, de 52 años y dueña de una pequeña tienda, no se anda con rodeos. “Los problemas no vienen de aquí, sino de allí”, dice, señalando al otro lado de la frontera. “Cuando era niño, jugábamos en el agua, incluso la bebíamos. Ahora no podemos. El río está contaminado por las minas en Myanmar”.
“Aprovechando la anarquía general y la inestabilidad política, las minas han devastado tierras agrícolas, degradado el suelo y matado vida acuática en ríos y arroyos”, explica Brian Eyler, investigador principal y director de Energía, Agua y Sostenibilidad en el Stimson Center for Southeast Asia, en una entrevista con EL PAÍS. “Hay cientos de minas no reguladas en Myanmar que operan de forma independiente. Cualquier solución de gobernanza requiere la implicación de grupos armados étnicos, la junta militar, otros países del Mekong, China y, en última instancia, el sector privado que depende de la cadena global de suministro de tierras raras”, añade Eyler.

Liao, de 52 años, regenta una pequeña tienda en el pueblo pesquero de Kaen Dai Mu, a las afueras del centro de Tha Ton. En la fotografía, tomada en diciembre de 2025,señala al río Kok a su paso por su zona.FABIO POLESE

Richard Horsey, asesor principal del Grupo Internacional de Crisis para Myanmar, explica que “la minería de tierras raras en el país se concentra en dos áreas principales, el Estado de Kachin y el Estado de Shan, en las cuencas de los afluentes del Mekong y el Kok”. “Los yacimientos en Shan, desarrollados más recientemente, han atraído especial atención debido a la contaminación aguas abajo que afecta a Tailandia”, agrega.
En el Estado de Shan, las minas se encuentran principalmente en territorios controlados por el Ejército Unido del Estado Wa (UWSA, por sus siglas en inglés) y su aliado, el Ejército de la Alianza Democrática Nacional (NDAA, por sus siglas en inglés). Estos grupos armados no han estado en conflicto abierto con la junta durante años y, con el tiempo, han construido relaciones pragmáticas con el estamento militar, en un equilibrio moldeado más por conveniencia que por ideología. Una investigación independiente de Mongabay señalaba en 2025 que “los grupos armados y los funcionarios de la junta se benefician del auge mediante el cobro de sobornos e impuestos, convirtiendo la minería en una fuente de ingresos en todas las zonas de control”.
“China, gracias a su control de los pasos fronterizos y los flujos comerciales, mantiene una influencia considerable. Pekín ha demostrado su capacidad para detener o reanudar los envíos mediante la apertura o el cierre de los pasos fronterizos, pero es poco probable que imponga normas medioambientales más estrictas a los operadores privados”, afirma Horsey. Según el analista, la aplicación de la normativa medioambiental sigue estando supeditada a consideraciones económicas y de seguridad. “Los operadores tienen fuertes incentivos para minimizar los costes. La aplicación de la normas tiende a ser selectiva”.
Salvar el río
En los últimos meses, las autoridades provinciales tailandesas han emitido advertencias públicas instando a los residentes a no usar el agua del río para beber o cocinar y a limitar el contacto directo en ciertas zonas. Al mismo tiempo, se han intensificado las inspecciones de productos locales de pescado.

Los niños dibujan peces y escriben mensajes en los que piden que "les devuelvan su río" para poder volver a jugar en el agua durante una concentración pública en el muelle de Tha Ton, en diciembre de 2025. FABIO POLESE

A medida que la situación ha empeorado, las comunidades locales han empezado a organizar asambleas públicas en el pequeño muelle de Tha Ton. Estas reuniones, que no tienen fechas fijas, las suelen establecer cuando surgen nuevas preocupaciones relacionadas con la contaminación fluvial.
En ellas, decenas de personas, incluidos muchos niños, se reúnen para debatir el futuro del río Kok y exigir acciones a las autoridades. Los niños dibujan peces y escriben mensajes en los que piden que “les devuelvan su río” para poder volver a jugar en el agua. “Detener las actividades extractivas tóxicas, salvar el río”, dicen los carteles colocados por la ciudad. Al final de la reunión, los participantes liberan kratong —ofrendas tradicionales hechas de hojas, flores y velas— en la corriente del Kok, pidiendo simbólicamente al río que se lleve la desgracia y la negatividad.

Fuente: https://elpais.com/planeta-futuro/2026-09-21/los-residuos-de-la-mineria-descontrolada-en-myanmar-cruzan-la-frontera-con-tailandia-el-agua-ya-no-puede-usarse-ya-no-vienen-turistas.html - Imagen de portada: Pancartas colocadas por los vecinos en el puente que cruza el río Kok en Tha Ton en las que se pide el cese de las actividades extractivas en Myanmar y la protección del río, en diciembre de 2025. - FABIO POLESE
 

Entradas populares de este blog

La caza furtiva acaba con la mayoría de elefantes en una reserva clave de África

Chile: Organizaciones denuncian nueva resolución del SAG sobre comercialización de semillas

La "legión" acapara tierras en la Patagonia: hay más de 3,6 millones de hectáreas extranjerizadas