Colombia, azotada por la temporada de lluvias más fuerte de los últimos 40 años


Hace 5 meses que no para de llover y hay un millón de hectáreas bajo el agua. Hay más de 2 millones de damnificados.
Por: ANDRÉS VARGAS FERRO
Hace cinco meses que los colombianos viven empapados. Desde finales de septiembre del año pasado no para de llover, y sin duda, este ha sido uno de los inviernos más duros en la historia de Colombia. Desde 1970 no se registraba una ola de lluvias tan fuerte y se espera que continúen hasta abril del 2011.
Las intensas precipitaciones azotan por completo al país y han dejado un millón de hectáreas bajo el agua. Adriana Caviedes vocera de la Dirección de Gestión del Riesgo, afirma que: "hasta la fecha se encuentran reportados 2.234.000 damnificados, lo que equivale a 401.337 familias colombianas y hay registrados 311 muertos". Estos más de 2,2 millones de "desplazados ambientales", se suman a los 3 millones que tuvieron que dejar sus hogares por la guerrilla, según cifras de la ONU. En total, suman más del 10 por ciento de la población colombiana.
A lo largo del territorio se pueden ver hogares destruidos por las avalanchas y los aguaceros despiadados: pueblos enteros sumergidos bajo los ríos desbordados. Son muchos los que necesitan asistencia. Lo perdieron todo. Los deslizamientos de tierra y barro no entienden de obstáculos este invierno y acaban con todo a su paso. "Terminan saliendo con lo que tienen puesto", cuenta Caviedes. El Ministerio del Interior entrega cada 15 días ayudas como: azúcar, café, leche, harina, pan, toallas, pañales, artículos de higiene y cocina.
Los colombianos ayudan: la Cruz Roja recibió donaciones por 136 toneladas de comida. Pero la buena voluntad no alcanza. "Cuando la gente se recupera llueve de nuevo. Se crean nuevos deslizamientos" y el círculo no para, explica Carolina Montealegre, funcionaria del área de Atención de Desastres del mismo ministerio. Lo urgente ahora es reubicar a los afectados en territorios seguros.
La costa atlántica es una de las regiones más arruinadas. Transitar por la Troncal del Caribe entre Santa Marta y Barranquilla es un golpe al corazón. A cada lado de la autopista se ven pueblos arrasados por las crecientes y gente -mucha- pidiendo ayuda. Según Hernan Lobo, Secretario de Planeación de la alcaldía de Pueblo Viejo, en las afueras de Santa Marta, más del 90% del territorio está inundado y 15.000 de los 27.000 habitantes de la región se quedaron en la calle. "No tenemos donde reubicar a tantas personas", explica el funcionario.
Sus habitantes no tienen más remedio que salir a la ruta principal para pedir auxilio. "Hay unos que son conscientes de corazón. A veces el auto para y da unas compritas, otras veces dan dinero", cuenta Desié Herrera de 20 años, mientras sostiene a su pequeña hija en brazos, lo único que le queda.
William Romero, integrante de la policía local dice que la cantidad de desplazados es tan grande que "llegan a bloquear la ruta para pedir algo. La fuerza pública ha tenido que intervenir en la Troncal".
Los pies llenos de humedad de los colombianos luchan contra el barro y empiezan a enfermarse. A pulmón tratan de mantenerlos secos. El éxito no está de su lado. Construyen sobre las áreas inundadas plataformas rudimentarias de madera a las que llaman "tambos", para que los separe del agua que rodea sus casas. "Las canoas y los tambos son la única salvación", relata Javier Monsalvo de 50 años, un campesino de Pueblo Viejo.
El impacto que deja la temporada invernal en el país debido al Fenómeno de la Niña es crítico. Su recuperación depende de la eficiencia del Gobierno de Juan Manuel Santos. El presidente de Colombia prometió crear el "Fondo para la Estabilización, la Reconstrucción y el Desarrollo Económico, Social y Ambiental" para mitigar los efectos de la lluvia y devolverle la calidad de vida de los desplazados por las tormentas mientras el agua sigue sin escuchar los ruegos, furiosa, desde el cielo.
Fuente: clarin.com
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Río: más de 300 muertos, en la peor inundación de su historia
Teresópolis, Nova Friburgo y Petrópolis son las tres ciudades más golpeadas. Las víctimas fueron en sólo un día por lluvias intensas e inesperadas que azotaron la zona serrana. El fenómeno afecta también a Minas Gerais y San Pablo.
Otra vez lluvias torrenciales estivales castigaron la región montañosa de Río de Janeiro y mataron al menos a 300 personas, según información suministrada por Defensa Civil y la oficina de emergencia fluminense. Es la peor inundación en la historia del Estado.
Socorristas con maquinaria pesada, palas e incluso con las manos removían toneladas de barro y escombros en busca de sobrevivientes.
Teresópolis, Nova Friburgo y Petrópolis fueron los puntos más golpeados y con mayor cantidad de víctimas (ayer se habían abierto 15 frentes de emergencia en esas tres localidades, informó la cadena O Globo ), dentro de daños que se extendieron por Río pero que también afectaron a otros Estados vecinos del sudoeste brasileño. Para empeorar la situación, el servicio meteorológico pronosticó que pueden seguir las lluvias los próximos días.
En el área de Río cayeron 260 mm de agua en un día cuando, para todo enero, se esperaban 180. El portal meteorológico Climatempo de Brasil informó que en sólo dos a tres horas cayeron 60 mm. Ya un temporal de 25 por hora es considerado algo grave.
En Teresópolis, 65 kilómetros al norte de la ciudad de Río, donde murió cerca de la mitad de las víctimas fatales de ayer, los torrentes estrellaron autos contra los árboles y las montañas se derrumbaron y sepultaron casas bajo toneladas de tierra. Los sobrevivientes, con el agua hasta la cintura, cargaban lo que podían de sus pertenencias y trataban de llegar a los sitios más elevados.
Subiéndose a los árboles, muchos se salvaron de ser arrastrados por la corriente . El agua seguía bajando de las montañas incluso después de que cesó la lluvia.
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, prometió ayudar a los damnificados y mañana sobrevolará la región afectada. Su gobierno destinará 700 millones de reales (algo más de 400 millones de dólares) para atender la situación. Colchones, alimentos y dadores de sangre fueron los mayores pedidos de ayer entre las víctimas sobrevivientes. El alcalde de Teresópolis, Jorge Sedlacek, declaró el estado de emergencia: “Es la peor calamidad que haya golpeado a esta población’’, dijo.
En Petrópolis, también sobre Serra dos Orgaos, el alcalde confirmó varias decenas de muertos y más de 1.200 evacuados. La cifra de muertos aumentaaba a medida que los bomberos llegaban a las zonas más inaccesibles.
Unas 1.000 personas quedaron sin techo.
Otras personas, más de 80, murieron en la vecina aldea montañosa de Nova Friburgo, entre ellos cuatro bomberos que participaban en una operación de rescate, según una declaración de las autoridades de defensa civil del Estado de Río. Fue destruido un hotel y el teleférico. Y un gimnasio era usado como una improvisada morgue.
Además la tragedia afectó en numerosas ciudades y poblaciones del Estado el servicio de agua, electricidad y telecomunicaciones .
Carlos Minc, secretario de Ambiente de Río, dijo que no sólo fue una catástrofe “natural” sino que la impericia de varios alcaldes contribuyó a agravar las cosas, generando una polémica política con diversos funcionarios. El secretario aludía al incentivo que se hizo por parte de varios prefectos (alcaldes o intendentes) para habitar zonas costeras inundables.
El gobernador, Sergio Cabral, pidió a la armada que preste a los bomberos sus helicópteros para las tareas de rescate. “Lloramos la pérdida de vidas en esta tragedia causada por la lluvia’’, dijo Cabral en una declaración. La tormenta concluyó ayer por la mañana, pero la tierra saturada de agua sigue inestable y amenaza a las poblaciones levantadas en las colinas.
Río no es el único estado afectado por las inunudaciones.
Por ejemplo las lluvias intensas también causaron estragos en el estado de Minas Gerais, donde 16 personas murieron el mes pasado y decenas de poblaciones se encontraban en estado de emergencia.
Y en San Pablo, las calles principales están inundadas desde el domingo y 21 personas fallecieron en derrumbes, aludes e inundaciones. En sólo doce días, el estado paulista recibió el agua que se esperaba para todo enero, de acuerdo con el diario local Folha . Las autoridades de Franco da Rocha, en ese estado, declararon la emergencia municipal: allí cayeron puentes y se clausuraron numerosas calles y avenidas.
El sureste brasileño ya sufrió similares tragedias en otros veranos, incluido el de 2009/2010.