La Comunidad Europea quiere evitar que el Reino Unido lucre con las emisiones tras el Brexit

“Los Estados miembros se reunieron recientemente, para acordar un cambio en la reglamentación de las emisiones, con el que pretenden anular la posibilidad de que, un país que abandone el bloque a partir de enero de 2018, comercialice permisos de emisión.”

Fuera es fuera El Reino Unido es el segundo mayor emisor de toda la Unión Europea y las investigaciones sugieren que, la salida esta nación del bloque reforzaría el equilibrio entre la oferta y la demanda en el sistema, en alrededor de 745 millones de toneladas. El nuevo reglamento intentará detener posibles ventas de permisos, puesto que las empresas del Reino Unido estarían fuera del mercado debido al Brexit, aunque los analistas afirman que, la nación permanecerá dentro del sistema o, como es el caso de Noruega, tendrá acceso a él. 
 La Estrategia de Crecimiento Limpio recientemente anunciada por la UE, se basa en una trayectoria hacia la reducción para el 2030, que se estimó en un 57%, pero la investigación realizada por el Comité sobre el Cambio Climático comprobó que, cuando el Reino Unido abandone el sistema, dicho presupuesto de carbono debería alcanzar la cota del 61%. La CE fija topes a las emisiones y permite a las industrias del Reino Unido (y del resto de países miembros) comprar permisos de reducción de emisiones en el exterior, lo que a menudo resulta una alternativa más barata, que disminuir dichas emisiones de forma operativa. Un despegue denegado La industria de la aviación (que representa más de un 3% de las emisiones totales de la UE) quiere implementar medidas para reducirlas. Ya hay un acuerdo global acordado por los 191 miembros de la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), pero éste no ha terminado de convencer a nadie, (ver: ¿Podrían acabarse los privilegios en las emisiones para la aviación en la UE?). La OACI está impulsando la llamada Visión 2050 para la sostenibilidad de los combustibles de la aviación, que incluye objetivos basados en el empleo de biocombustibles, para reducir el nivel de emisiones del sector. Hasta el 2040 se emplearían unos 128 millones de toneladas de biocombustible, el paso siguiente que se extendería hasta 2050 sería el de que, el 50% de todo el combustible proviniese de esa fuente, lo que significa triplicar la cantidad que se usa actualmente. 
 A esta opción ya se oponen al menos 25 países y la enorme mayoría de las asociaciones de corte medioambiental, que sugieren que este tipo de combustibles no resultará sostenible para el Medio Ambiente y que probablemente acabará con las selvas tropicales de todo el mundo. Primero la Naturaleza La opción alternativa a la deforestación y la quema de bosques para despejar tierras en las que producir biocombustibles es la de que se planten más árboles, se mejore la salud de los suelos y en definitiva se restaure el equilibrio natural del planeta. Una investigación publicada recientemente por Nature Conservancy y apoyada por otras 15 instituciones demuestra que, una reducción de emisiones el 37%, que es la mínima que se requiere para prevenir niveles peligrosos del Calentamiento Global podría lograrse restaurando la Naturaleza, en vez de seguir hostigándola, que es lo que sucede cuando la prioridad es la producción de biocombustibles.

REDACCION/ECOTICIAS.COM Fuente: CO2

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