Decrecimiento: la única opción posible

En un reciente debate organizado en Galicia por la Escola Popular Galega en torno al Decrecimiento realicé una defensa del Decrecimiento como única opción posible ante el colapso entrópico que ha comenzado para nuestra civilización industrial. Este colectivo se mostró reacio al Decrecimiento y algunos de sus miembros llegaron a tildarlo de opción "reaccionaria", aunque los excusaré en el escaso conocimiento que demostraron tener de las propuestas decrecentistas. Como advertí seriamente al final del debate, corremos el riesgo de que este tipo de izquierdistas que se niegan a asumir su cuota de responsabilidad personal y colectiva en el crecimiento sin límites, acaben cambiando de ideología antes que aceptar un cambio en sus hábitos de vida.

 Manuel Casal Lodeiro

Lo que me llamó mucho la atención fue su insistencia en que decrezcan los ricos: ponían como ejemplos a Amancio Ortega, y fácilmente hubieran podido incluir a cualquier otro archimillonario español, europeo o mundial. En mi opinión esto revela hasta qué punto su fijación por una visión monetarista y ortodoxa de la realidad y de la crisis les impide ver la necesidad del Decrecimiento en todas las capas de las sociedades "ricas".
 
Aunque el 1% de los más ricos decreciese en su consumo personal de energía y recursos, la repercusión sería mínima en el estado actual de carrera hacia el colapso. Claro que existe un reparto escandalosamente desproporcionado de la riqueza en el mundo, pero el reparto del consumo de recursos que hace cada ser humano, es mucho menos desigual. Sí lo es entre diferentes países y estilos de vida (con EEUU a la cabeza con su delirante consumo per cápita), pero no así dentro de cada país y estilo de vida. Lógicamente el Decrecimiento no quiere ser homogéneo, sino ajustado a los excesos de cada uno/a: de cada país, de cada región, de cada organización y de cada individuo. Pero los excesos del Sr. Botín dudo mucho que sean mucho mayores que los de un mileurista español, simplemente porque por mucho que quiera consumir tiene unas limitaciones físicas como ser humano y a no ser que fuera un excéntrico que gastase millones de watios para encender neones que se vieran desde el espacio con su nombre, no supondría una diferencia en el consumo total de energía del país.
Quienes defienden que los pobres de los países ricos no tienen nada que decrecer, y acusan únicamente a los ricos, están de nuevo confundiendo dinero con energía. La desigualdad en el consumo energético es muchísimo menor que en niveles de renta económica. 
Sin entender eso no podremos encontrarlos como compañeros de viaje en la Revolución urgente hacia el Decrecimiento. Ofuscados en la visión antiecológica de la economía, donde la lucha de clases es la única realidad existente, la base última sobre la que se fundamenta su credo único y verdadero, este tipo de marxistas le hacen un flaco favor a la izquierda.
Como advertí seriamente al final del debate, corremos el riesgo de que este tipo de izquierdistas que se niegan a asumir su cuota de responsabilidad personal y colectiva en el crecimiento sin límites, acaben cambiando de ideología antes que aceptar un cambio en sus hábitos de vida. 
La izquierda implica solidaridad, y ¿qué solidaridad puede haber más importante hoy día que la que asegure un mañana a nuestros hijos y a los hijos de nuestros demás congéneres? Cada vez que cargamos combustible al coche o gastamos innecesariamente electricidad, gas, o consumimos productos importados, da igual que creamos en el materialismo dialéctico o en la Escuela de Chicago: estamos contribuyendo a robarles ese futuro. No podemos lavarnos las manos y acusar a los plutócratas, porque su cuota de consumo personal es ridícula comparada con la del conjunto de la sociedad.

Fuente: Decrecimiento.info - Imagenes: The new York Times - Enpositivo - Ovacen

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