Ecuador: De república bananera a república agrotóxica

"El banano es el principal producto de agroexportación del Ecuador y cubre unas 200 mil hectáreas cultivadas. La industria bananera es la que más agrotóxicos requiere, no sólo en las plantaciones, sino en todo su ciclo metabólico. El Ecuador es el tercer país en América Latina, en términos de aplicaciones de agrotóxicos por hectárea, después de Costa Rica y Colombia. De acuerdo a información de Agrocalidad, en el país se han registrado 3104 plaguicidas y productos afines, siendo China el principal proveedor".

Por Elizabeth Bravo y Alex Naranjo

Decenas de organizaciones sindicales, ecologistas, de ayuda al desarrollo de América Latina y Europa criticaron la declaración producida hace algunos meses por empresarios bananeros latinoamericanos, luego de una reunión mantenida en las instalaciones de la Corporación Bananera Nacional de Costa Rica (Corbana) en la que participó también la transnacional Del Monte. El tema fue presionar a la Unión Europea frente a una nueva decisión tomada para reducir los límites máximos de residuos (LMR) de plaguicidas en los productos agrícolas importados. En su declaración los gremios argumentaban que esto les afectará económicamente.
En el banano se aplican 31 ingredientes activos altamente peligrosos y 18 de ellos prohibidos en la Unión Europea. El mancozeb es el agrotóxico más utilizado. En diciembre 2020, la Comisión Europea decidió no renovar su uso. Para los exportadores de banano esto es un problema, pues la UE es el principal importador de la fruta. Otro importador importante es China, que acaba de adoptar medidas más restrictivas en términos de residuos de plaguicidas en sus importaciones. Estas restricciones incluyen también al mancozeb.
El surgimiento de las “repúblicas bananeras”
El término es un símbolo de subdesarrollo, y describe a países empobrecidos, atrasados, tercermundistas y corruptos, cuya economía depende de la exportación de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por el banano), controlada por una o dos empresas transnacionales que imponen sus políticas en el país, en su beneficio. Durante el siglo XX la industria bananera transformó radicalmente la América Latina tropical y se convirtió en un nexo importante de interacción con Estados Unidos.
Cuando la United Fruit introdujo en el Caribe y Centro América la variedad Gros Michel, se inició una nueva forma de producir banano, con la figura de la hacienda bananera y la integración vertical, donde la compañía controlaba todas las fases de producción y comercialización. La United se convirtió en una importante terrateniente en América Latina y el Caribe y jugó un papel influyente y controvertido en la política regional; influyó en la formación académica y de investigación sobre el banano a través de la Universidad Zamorano en Honduras, centro educativo que todavía tiene mucha influencia en los rumbos de investigación en la América tropical.
La Standard Fruit (hoy Dole) también ha jugado un papel importante en transformar a los gobiernos de la región en “repúblicas bananeras”.
La United introdujo en sus plantaciones la variedad Cavendish a finales de las décadas del 50 y 60, por su resistencia a la enfermedad del mal de Panamá, enfermedad fúngica que azotaba a las plantaciones en Centroamérica. Por ser Cavendish menos resistente al manipuleo, se cambió la forma de embalaje de la fruta. Antes la fruta era transportada desde la propiedad al puerto, envuelta en la corteza del pseudo-tallo del banano, ahora se tenía que separar los racimos en “manos”, y embalarlas en cajas (de madera y luego de cartón). Este cambio hizo a los pequeños productores (que en el Ecuador son la mayoría) dependientes de las empacadoras, quienes imponían el precio basándose en criterios subjetivos que les beneficiaban.
Hoy el banano es la fruta tropical que más circula en el mercado internacional. Pese a las más de mil variedades de plátanos existentes, el comercio internacional se basa sólo en clones Cavendish. Los principales exportadores son Ecuador y Las Filipinas, y los principales compradores, la Unión Europea y Estados Unidos.

Ilustración de Tini Templeton.

Debido a una importante desinversión de varias empresas bananeras en plantaciones y buques de propiedad directa, ahora los supermercados e hipermercados son importadores directos que están adquiriendo cada vez más poder en el control de la cadena del banano.
El banano en el Ecuador, un hijo de la guerra fría
La era bananera en el Ecuador se inició en la post-guerra, tras la crisis del cacao. Entró a un mercado internacional consolidado, dominado por la United Fruit y Standard Fruit, afincadas en Centroamérica.
El auge bananero generó migración masiva de la Sierra a la Costa por las políticas de colonización y créditos para productores bananeros. Se produjo además de una acelerada urbanización y el fortalecimiento del Estado, la disolución de las relaciones precapitalistas en el agro costeño. Productores independientes se asentaron en ecosistemas naturales con el apoyo del Estado y de las propias transnacionales exportadoras, que además tenían sus propias haciendas bananeras [1].
Dos tercios del área cultivada eran unidades medianas, dispersas y extensivas, sin monocultivos. En 1964 la finca bananera promedio era de 68 ha.: 45% de los productores tenía propiedades menores a 25 ha. y ocupaban 13% de la superficie bananera total. Sólo había tres haciendas de más de 500 ha, todas en manos extranjeras.
El auge del banano generó la deforestación de ecosistemas naturales en la Costa. En 1954, los bosques naturales cubrían 75% del área, donde ahora quedan sólo remanentes. La deforestación está relacionada no sólo por la transformación de los bosques en fincas bananeras sino con la red de vías construidas por el Estado para apoyar al sector.
Gobiernos afines a las políticas económicas de Estados Unidos posicionaron la agroindustria bananera en el país; por eso se puede considerar que la inserción del Ecuador en el circuito bananero fue parte de la guerra fría.
El sector bananero ecuatoriano sigue teniendo influencia en las principales decisiones políticas y económicas del país, incluyendo las políticas laborales. Se dice que el TLC firmado con la Unión Europea es un acuerdo bananero, pues es el sector que más se beneficia; especialmente las empresas exportadoras estadounidenses, europeas y élites ecuatorianas, siendo la Dole la principal exportadora.
Territorios bañados en agrotóxicos
El banano es el principal producto de agroexportación del Ecuador y cubre unas 200 mil hectáreas cultivadas. La industria bananera es la que más agrotóxicos requiere, no sólo en las plantaciones, sino en todo su ciclo metabólico.
El Ecuador es el tercer país en América Latina, en términos de aplicaciones de agrotóxicos por hectárea, después de Costa Rica y Colombia. De acuerdo a información de Agrocalidad, en el país se han registrado 3104 plaguicidas y productos afines, siendo China el principal proveedor.
Tradicionalmente la importación de agrotóxicos en el Ecuador ha estado monopolizada por un pequeño grupo de empresas, pero en los últimos años ha habido un cambio importante, pues los gremios bananeros, a más de ser productores y exportadores de banano, son importadores de agrotóxicos, y cuentan con la autorización del Estado. Algunas de estas empresas además prestan servicios de fumigación aérea, entre otros servicios relacionados con la industria bananera.
Entre 2000 y 2017, el uso total de agrotóxicos casi se duplicó, 40% fueron herbicidas. Un alto uso de herbicidas significa una menor cantidad de trabajo rural para el deshierbe manual. Los fungicidas son el segundo grupo (el 37% del total), y constituye el grupo de agrotóxicos que más se ha incrementado desde el 2000.
Esta gran cantidad de agrotóxicos en los campos ecuatorianos tiene una fuerte repercusión en la naturaleza y la vida de las poblaciones que viven en su zona de influencia, siendo los más afectados los trabajadores agrícolas, puesto que están expuestos a los plaguicidas a través de sus prácticas cotidianas, lo que se exacerba cuando suceden accidentes.
Estudios comparativos entre pequeños productores de banano orgánico (destinado al comercio justo) y trabajadores en la agricultura convencional (con plaguicidas), muestran diferencias significativas en el estado de salud entre los dos grupos. Pocos trabajadores de bananeras conocen exactamente qué plaguicidas aplican, pero saben que son sustancias perjudiciales para su salud. Sólo el 20% usa con regularidad equipos de protección personal cuando aplican plaguicidas, porque los empresarios no le proporcionan este equipo.
El testimonio de un ex trabajador bananero revela que ellos reciben ropas de protección sólo cuando llegaban los certificadores de calidad del banano a la plantación.
Una tarea especializada es el enfundado, es decir, la colocación de fundas plásticas impregnadas de insecticidas peligrosos como el clorpirifos para proteger el racimo de banano. Los trabajadores manipulan directamente la bolsa tratada tantas veces como requiera el proceso. Para cosechar el racimo se vuelve a entrar en contacto con las fundas envenenadas. Posteriormente mujeres lavan en sus casas las fundas plásticas impregnadas de plaguicidas, llevando el problema a sus hogares. Se les paga unos pocos centavos por cada funda, las mismas que son reutilizadas en una segunda cosecha. La precarización de la vida de las mujeres en sus hogares ilustra el alcance de la cadena de toxicidad y explotación que sirve para sostener el crecimiento de la industria bananera.
Los aero-fumigadores están en constante contacto con los agrotóxicos. La muerte de varios pilotos aero-fumigadores y el deterioro en la salud de otros, prendió la alarma sobre este problema. En 2007, la Defensoría del Pueblo del Ecuador pidió un peritaje para analizar esta problemática, encontrándose un alto grado de afectación en la población estudiada. Calcularon que más de 500 mil personas, entre trabajadores y población cercana podrían estar afectadas [2].
Se identificaron algunos grupos laborales relacionados con la aero-fumigación que están expuestos a los químicos y con daños en su salud: los pilotos, los abastecedores de agrotóxicos en las aeronaves, los mecánicos y los trabajadores fitosanitarios; todos expuestos a los venenos. Los investigadores encontraron altos niveles de transaminasas en el 80% de los mecánicos, el 54% de los abastecedores, el 53,7% de los fitosanitarios y 38,7% de los pilotos, lo que da cuenta de problemas metabólicos crónicos.
Los agrotóxicos afectan además a las familias de los trabajadores, en primer lugar, porque ellos llevan residuos de plaguicidas a sus hogares, y también por efecto de la deriva, pues las aspersiones vuelan más allá de las plantaciones bananeras, llegando a centros poblados y escuelas.
Un informe hecho por Maldonado y Martínez (2007) en una comunidad rural que vive junto a plantaciones bananeras expuestas a fumigaciones aéreas, reporta un mayor porcentaje de abortos espontáneos —y un crecimiento de esta tendencia en comparación con una comunidad no expuesta—, lo que puede estar relacionado con la exposición a ciertos pesticidas.3
Se encontraron diferencias muy significativas en el número de niños con malformaciones congénitas y tasas de cáncer entre las dos poblaciones. Las enfermedades reportadas más frecuentes fueron asma, diabetes, problemas hepáticos, cáncer e insuficiencia renal (con diálisis). Estas enfermedades se relacionan con la exposición a plaguicidas. El 42,5% de la población manifestó haber sufrido síntomas de intoxicación aguda, a pesar que durante las fumigaciones la población se encierra en casas y escuelas, pues las avionetas pasan por encima de la población.
Se encontró también afectación a los cultivos de subsistencia mantenidos por los miembros de la comunidad así como también a sus animales domésticos.
En la naturaleza, los agrotóxicos contaminan las fuentes de agua y los suelos cercanos, lo cual vulnera los derechos de la naturaleza, al destruir poblaciones de insectos beneficiosos, que actúan como agentes de control biológico de las plagas, acaban con los microrganismos y mesofauna del suelo, y que juegan papeles importantes en el ciclo de nutrientes, en los ecosistemas aledaños, cuando son transportados por el agua o por la deriva cuando se trata de fumigaciones aéreas.
Agrotóxicos prohibidos en nuestros campos
El plaguicida más usado en el banano es el fungicida mancozeb, usado para combatir a la enfermedad de la sigatoka negra, producida por el hongo Mycosphaerella fijiensis.


Ilustración de Tini Templeton.

De acuerdo a la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), el mancozeb daña la tiroides, perjudica el sistema neurológico, y es un probable carcinógeno humano. Un metabolito del mancozeb —el etilenotiourea (ETU)— causa defectos en el desarrollo, con efectos observados en el sistema nervioso central, el sistema urogenital y esquelético. El EPA clasifica al ETU como un posible carcinógeno de humano y un posible disruptor endocrino.
La IACR reporta que en ratas la ETU induce a la recombinación cromosómica; la aneuploidía en la levadura, y transformación celular en células de mamíferos. También produce consistentemente adenomas de células foliculares tiroideas y carcinomas, en ciertos roedores. El Instituto Nacional de Salud Ocupacional en Oslo, Noruega, encontró una asociación entre la exposición de los productores al fungicida mancozeb y defectos como la espina bífida o hidrocefalia en niños con una incidencia de 60% mayor que en el resto de la población.
Debido a su peligrosidad, en 2008 la Defensoría del Pueblo del Ecuador solicitó suspender su uso y pidió realizar una veeduría que analice a profundidad sus impactos. Aunque en un inicio se resolvió cancelar los registros de este plaguicida y sus mezclas, y queda prohibida la fabricación, formulación, importación, comercialización y empleo de estos plaguicidas, el director ejecutivo de la misma institución revirtió esta decisión en 2010.
Hasta la fecha los campos ecuatorianos siguen bañados por este fungicida. El principal exportador de este agrotóxico es China.
Los herbicidas son también muy usados en el banano, especialmente el glifosato y el paraquat; este último, es altamente tóxico, y ha sido prohibido en varios países del mundo.
Una nueva amenaza es el bromuro de metilo, propuesto para combatir una posible emergencia de una nueva raza de Fusarium (TR4) que afectaría a las plantaciones bananeras. Éste es un químico prohibido por el Protocolo de Montreal por afectar a la capa de ozono. La Universidad de Universidad Tecnológica de Queensland en Brisbane Australia anunció que está trabajando en herramientas de edición génica para enfrentar esta nueva enfermedad en el banano.
En el contexto del Covid-19, a inicio de la pandemia, los mercados de banano de China, Europa y Estados Unidos bajaron sus exportaciones; sin embargo, para mayo de 2020, las exportaciones de banano habían subido de 158 millones 328 mil 821 cajas de 18,14 kilogramos en 2019, a 175 millones 590 mil 705 cajas en mayo 2020. Y en el campo, la producción no paró nunca, tampoco las fumigaciones.

Notas:
1. C. Larrea, El banano en el Ecuador. Transnacionales, modernización y subdesarrollo. Corporación Editora Nacional, Quito, 1987.
2. J. Breih, A. Campaña y A. Maldonado, Peritaje a la Salud. Trabajadores De Aerofumigación en Plantaciones Bananeras. Informe pedido por la Defensoría del Pueblo, 2007
3. Adolfo Maldonado, y Ana Lucía Martínez, 2007. http://www.rap-al.org/db_files/PlaguiAL_InfoPa_Ecuador_Fumig_Aereas_Banan_07.pdf
Fuente: Revista Biodiversidad, sustento y culturas #108 - Ilustración de Rini Templeton.

 

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