El laberinto conspiranoico del negacionismo climático (y cómo combatirlo)

Richard Hames y Saoirse Gallagher analizan en un encuentro organizado por el CSIC y el Instituto Meridiano cómo las teorías de conspiración negacionistas del cambio climático alimentan a una ultraderecha fragmentada, y urgen a recuperar la "estética del gozo" frente al relato reaccionario.

Marta Montojo

Durante el huracán Helene, que golpeó el sureste de Estados Unidos en otoño de 2024 —y se cobró la vida de más de 250 personas—, proliferaron en las redes sociales teorías sobre el fenómeno que, creían, estaba detrás de estas catástrofes. Alejados de la visión ofrecida por la comunidad científica, que subraya el papel del cambio climático en el aumento de la frecuencia y virulencia de estos desastres, algunas teorías de la conspiración aseguraban que los huracanes se debían en realidad a «armas de geoingeniería» y otras tecnologías secretas de manipulación del tiempo. Señalaban al gobierno estadounidense (presidido entonces por Joe Biden) por supuestamente tener como objetivo interferir en las elecciones de noviembre. Estas acusaciones no circularon solamente entre grupúsculos radicales de Internet: las compartieron personas cercanas a Donald Trump, como su ex asesor de seguridad nacional, Michael Flynn.

Justificar con teorías alternativas los impactos del calentamiento global es un tipo de negacionismo climático. Richard Hames, analista británico especializado en movimientos de extrema derecha contemporánea, señala que se podría esperar que llegará un momento en que la crisis climática se vuelva tan evidente que ya nadie pueda negar que existe. 

Pero su pronóstico es otro: «La flexibilidad del pensamiento conspirativo es tal, es tan extrema, que podemos imaginar que cualquier fenómeno climático se pueda explicar mediante algún tipo de elaborada teoría de la conspiración».

«No creo que lleguemos a un punto en el que la mayor parte de la extrema derecha esté de acuerdo con la versión oficial sobre el cambio climático, porque hay muchas otras versiones mejores por ahí», apuntaba Hames, autor de Post-Internet Far Right y Baterías, bombas y fronteras, en un encuentro sobre ecología y extrema derecha organizado en Madrid por el CSIC y el Instituto Meridiano (dedicado a cuestiones de transición ecológico y energética).
Mitos políticos
Junto a Saoirse Gallagher, especialista en imaginarios y arquetipos fascistas, Hames analizó la evolución de la ultraderecha en Internet, y detalló cómo esta ha pasado de contar con una coherencia ideológica estructurada a dispersarse por redes muy heterogéneas y fragmentadas.
«Una de las características distintivas de nuestra época es la fragmentación de los marcos epistémicos. Y la extrema derecha, en particular, tiene un marco epistémico desmoronado. Antes existía, como mínimo, algún tipo de estructura partidista o de liderazgo que daba forma a la ideología de la extrema derecha. Hoy en día eso ya no es así», añadió Gallagher.
Esta experta, investigadora en la Universidad de Florida, repasó los mitos políticos que traducen los sentimientos de alienación en creencias coherentes y explican en parte el pensamiento de ultraderecha.
«Es común pensar que las teorías de conspiración son huecos para la ignorancia, que están destinadas a ofrecer una visión del mundo, a trazar un mapa de las cosas», afirmó Gallagher. 

Y aclaró que, aunque hay elementos falsos en los mitos políticos, como es el caso de las máquinas meteorológicas del Golfo de México controladas por el gobierno para inundar las costas estadounidenses, el relato general del que se sirven «se asemeja a la verdad»: «ofrece un mapa de cómo es el mundo y de cómo debería ser, por lo que contiene elementos de verdad y de falsedad que crean un mosaico que sirve de guía para esta fantasía».

Así, según la experta, las teorías de conspiración negacionistas del cambio climático que abundan en determinados círculos de extrema derecha presentan la información como una serie de indicios que sostienen sus argumentos en lugar de generar pruebas falsas (aunque a veces esto pueda suceder): «La intención no es persuadir, sino crear duda, y es mito porque expresa, resalta o codifica un conjunto de creencias».
Hames destacó la resistencia de las comunidades que piensan en términos conspiranoicos, pues en ellas casi nunca se producen divisiones «salvo cuando un grupo de la comunidad empieza a creer que otro grupo forma parte de la conspiración», y no existen límites a aquello sobre lo que se puede conspirar.
«Gran parte del análisis de la extrema derecha en los últimos años se ha centrado en el resurgimiento del fascismo y en los tipos particulares de conspiraciones que lo constituyen, y esto es un error, porque el tipo de cosas sobre las que se conspira son mucho más variadas, diversas y extrañas que eso», arguyó Hames.
El discurso transgresor, la libertad y el disfrute
Frente a las posiciones que reclaman la «libertad» de transgredir códigos morales, de disfrutar a costa de otras personas y rechazan el «buenísimo» o los planteamientos moralistas o «woke», Gallagher cree que la respuesta pasa por diseñar un programa político que permita imaginar también el disfrute, pero articulado en otras coordenadas. Por ejemplo, trabajar menos o tener un mayor acceso a la naturaleza. Reclamos atractivos del disfrute individual y colectivo.
En esa tarea, la izquierda tiene que encontrar, de acuerdo con ambos especialistas, sus propios símbolos. «La derecha tiene armas, camiones monstruo, crueldad, el rugido de los motores, pero creo que hay una estética de la alegría», sugirió Gallagher. Y la izquierda, lamentó, «ha perdido el rumbo a la hora de describir una estética del gozo». Propuso, por ejemplo, la estética del baile: el baile como forma de liberación. Porque para esta experta, el espectro político progresista no puede repetir lo que hacen los argumentos reaccionarios que resaltan la libertad pero la conciben como licencia («licencia para contaminar», el derecho al coche, el derecho a hacer cosas que el ecologismo quiere limitar). Tiene que entenderla como liberación, y diseñar su propia constelación simbólica para ilustrar cómo puede ser una vida buena y combatir así algunas de las armas del negacionismo.

Fuente: https://climatica.coop/laberinto-conspiranoico-ultraderecha-combatirlo-izquierda/ - Imagen de portada: Manifestantes pro Trump en el asalto al Capitolio de los Estados Unidos. Foto: REUTERS/STEPHANIE KEITH.

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