La derecha no tiene vela en este entierro




BOLIVIA: TIPNIS

Revista Pueblos


Ya es bastante lamentable que tengamos un nuevo conflicto dentro del campo popular —al que pertenecen tanto el Gobierno que nosotros hemos elegido como la CIDOB, que ha sido parte importante de todo este proceso— para que encima le demos vela en este entierro —nunca mejor dicho— a una derecha que jamás se ha preocupado ni por la Madre Tierra ni por la dignidad de los pueblos indígenas, y que sin embargo ahora aparece toda solícita y preocupada.
A la hora de discutir si la vinculación del Beni con Cochabamba conviene o no que pase por el Territorio Indígena del Parque Nacional Isiboro-Sécure, lo que debe interesar son los argumentos que mueven al Gobierno —y a una buena parte de organizaciones sociales— para insistir en ese trazado caminero, y los argumentos que tiene la CIDOB —y otra buena parte de organizaciones sociales y grupos am-bientalistas— para proponer un cambio de ruta. Por supuesto las fuerzas opositoras tienen también el derecho de opinar, e incluso no se les puede negar el derecho de intentar maniobrar a beneficio suyo; pero lo que no debería ocurrir es que sus opiniones y maniobras sean utilizadas para descalificarnos entre nosotros.
A río revuelto —y está revuelto por culpa nuestra— es inevitable que los pescadores busquen su ganancia, que la Gobernación de Santa Cruz ofrezca apoyo a los marchistas indígenas (con el único objetivo de desgastar al Gobierno, ya que la vía como tal le importa un comino), que una diputada de Convergencia ande ofreciendo inútilmente zapatos a los marchistas (con el mismo objetivo), o que algún funcionario de la Embajada (la de siempre) busque desesperadamente contacto con los dirigentes indígenas para ofrecerles un apoyo que piensan molestará al Gobierno. Todo eso no se puede evitar. Lo que sí se debiera evitar es convertir todas esas maniobras, que vienen del campo contrario, para intentar dirimir un conflicto que se da dentro de nuestro campo.
De la misma manera que sería absurdo descalificar la posición gubernamental por el hecho de que cuenta con el apoyo de los ganaderos benianos —¿o es que FEGABENI es menos de derecha que el Comité Cívico cruceño?—. Lo que tenemos que discutir no es qué llamadas telefónicas ha recibido tal o cual dirigente, o qué mociones de apoyo llegan del campo contrario para una u otra posición; lo que tenemos que discutir es si las razones geopolíticas de vincular a Cochabamba con el Beni son más importantes que los derechos de la Madre Tierra (concepto que la derecha nunca ha manejado ni puede entender); lo que tenemos que discutir es nuestro concepto de desarrollo (el que maneja la derecha ya lo sabemos y defini-tivamente no sirve) y su pertinencia en relación con el nuevo paradigma del Vivir Bien.
Si no nos concentramos en el debate abierto y desprejuiciado sobre estos temas, si por el contrario nos dedicamos a la descalificación del que piensa diferente, si seguimos obsesionados con la idea de que nuestros pueblos indígenas de Tierras Bajas no son capaces de tener ideas propias y de tomar decisiones propias, sino que tiene que haber una mano negra que los dirige —ya sea la derecha opositora, ya sean esos fantasmas llamados ONGs, ya sea el imperialismo de siempre— lo único que lograremos será desgastarnos entre nosotros, como ya ocurrió en Caranavi, y en Potosí, y la otra vez con la propia CIDOB, y últimamente con la COB.
Y una palabra más. Toda esa serie de afirmaciones que estamos escuchando a nuestros dirigentes originarios de Tierras Altas en el sentido de que los pobrecitos indígenas de Tierras Bajas no entienden lo que les conviene, que se están dejando manipular por las mencionadas fuerzas oscuras, que cuando lleguen a tierras andinas les haremos entender que todo lo hacemos por su bien ¿no les recuerda el discurso de Hernán Cortés, Francisco Pizarro y sus misioneros? ¿No habrá que multiplicar por cien el presupuesto de nuestro Viceministerio de Descolonización, de modo que pueda empezar por casa?

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