Primera medición radiación de Fukushima





¡Trescientas sesenta y cinco veces superior a la radiación natural!



No hay que fiarse en absoluto, innecesario es insistir, de las informaciones de TEPCO y del gobierno japonés. Tres días después del accidente del 11 de marzo de 2011 ya sabían que tres de los seis reactores de Fukushima se habían fundido; informaron de ello tres meses después. El gobierno japonés permitió que evacuados de la zona afectada (Namie, a escasos ocho kilómetros de Fukushima) se expusieron al viento radiactivo procedente de la central, viento que no giraba hacia el sur, como todo el mundo pensaba, sino hacia Tsushima, en el noroeste. El dato no era desconocido por el ejecutivo del primer ministro Kan que ocultó que la dirección del viento había cambiado.
Los científicos de la Universidad de California de San Diego son más fiables en este asunto. Un grupo de ellos, dirigidos por Mark Thiemens [1], han detectado (y analizado) azufre radiactivo en la atmósfera de California procedente de la central japonesa y han efectuado la primera medición de la radiación liberada por Fukushima.
Se ha calculado que entre el 13 y el 20 de marzo de 2011, cuando se bombeó agua del mar para paliar la destrucción e inoperatividad de los sistemas de refrigeración de los reactores, unos 400 mil millones de neutrones por metro cuadrado se escaparon de la piscina donde se guardaba el combustible de uranio. El agua marina absorbió los neutrones generados al fundirse las barras del combustible, neutrones que transformaron el cloruro marino en átomos de azufre radiactivo que salieron de los reactores en los chorros de vapor que se emitieron a la atmósfera para evitar las explosiones de los núcleos.
Los vientos llevaron este azufre radiactivo a California. Los científicos de San Diego, mediante un modelo informático diseñado para la ocasión, han calculado que en aquellos días la radiación en los alrededores de Fukushima, un kilómetro del océano Pacífico, fue… ¡365 veces superior a la radiación natural! Como los días de 2011, un año en el que se ha producido una de las mayores catástrofes de la era de la industrialización humana y en el que de nuevo, al unísono, grandes corporaciones y gobiernos serviles a su servicio mintieron y ocultaron información básica a la ciudadanía. Sin temblor en sus rostros, sin apenas signos de rectificación. Alemania ha señalado un sendero que deberá transitarse por todos. Más pronto que tarde.

Nota:
[1] Público, 16 de agosto de 2011, p. 37

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