martes, 10 de mayo de 2016

Europa/TTIP: ¿qué podemos esperar en 2016?

“El 2015 vio crecer la campaña contra el TTIP y convertirse en un movimiento opositor en toda Europa. Mucha gente se pregunta si el 2016 puede ser el año en que el TTIP sea derrotado y los ciudadanos puedan construir una Europa menos elitista y más abierta.”

¿Qué es el TTIP?
AL TTIP (por sus siglas en inglés de Transatlantic Trade & Investment Partnership) nos lo quieren “vender” como una especie de tratado comercial, pero en realidad es una mera regulación económica entre EEUU y Europa, con el supuesto objetivo de agilizar, incrementar y liberalizar los negocios a través del Atlántico. La Declaración Transatlántica (1990) por el libre cambio entre la UE y los EEUU, la Nueva Agenda Transatlántica (Madrid - 1995), el CET o Consejo Económico Transatlántico (firmado durante la Cumbre europea 2007) y el Grupo de Alto Nivel (2011) han sido hitos que jalonaron el camino hacia el TTIP, que comenzó a gestarse como tal en 2013. El objetivo principal tras los eufemismos de turno es decidir cómo repartirse la que se convertiría en la zona de libre comercio más grande del mundo, ya que entre ambos territorios suman más de 800 millones de clientes potenciales con un nivel de ingresos constante (y muchas ganas de consumir); en definitiva un mercado muy apetecible.
¿Por qué decirle NO?
Europa es en general mucho más exigente que los EEUU en una gran cantidad de aspectos, tanto a nivel de estándares de calidad como en normativas de limitación y desde el otro lado del Atlántico la idea es que haya más “permisividad” o sea que los europeos seamos más “tolerantes”. La pregunta es: ¿tolerantes en qué aspectos? porque cuando se oye a los defensores del tratado hablando de las concesiones que se tendrían que hacer desde Europa, éstas parecen “nimiedades” comparadas con los “grandes beneficios” prometidos. Pero en realidad son cosas tan graves como volver a la experimentación con seres vivos (para cosmética y farmacia), rebajar las normas de control medioambiental o aceptar el cultivo, uso y consumo de transgénicos, por nombrar algunos ejemplos. Otras de las enormes consecuencias que podría tener este tratado es que les daría aun mayor poder a las mega corporaciones e híper multinacionales, quienes cada vez que se firma este tipo de convenios, acrecientan su dominio e influencia en detrimento del libre albedrío de los ciudadanos. Un punto de discusión muy importante del TTIP es que les permitiría a las empresas estadounidenses demandar a los países europeos por futuras pérdidas de beneficios, si sienten que sus intereses han sido dañados por la introducción de nuevas regulaciones o leyes, lo cual a la mayoría de la gente le suena a “intervencionismo” disfrazado; por algo se lo denomina el “tratado de Troya”.
Una oposición enconada
En 2015 la campaña paneuropea creció exponencialmente a medida que más y más personas fueron conscientes de las amenazas planteadas por el acuerdo y ello quedó más que demostrado en octubre durante la inmensa manifestación que se congregó en Berlín. En el espacio de un año, más de 3,2 millones de personas firmaron la iniciativa ciudadana europea contra el TTIP y el CETA (el acuerdo entre UE y Canadá) constituyéndose en un récord, ya que es el mayor número de adhesiones jamás registrado para tal tipo de peticiones. Las investigaciones parlamentarias y los estudios académicos publicados en el transcurso de 2015 han logrado explicar con términos accesibles a las mayorías, cual era en sí el meollo del TTIP y cómo éste afectaría a las normas sociales, los servicios públicos y la integridad del medio ambiente. Gracias a ello en todos los países de la UE cientos de municipios se declararon a sí mismos zonas libres de TTIP. Como resultado de la presión sostenida por los activistas británicos, los diputados laboristas decidieron votar en contra de la resolución del TTIP presentada ante el Parlamento Europeo. Los defensores de TTIP admitieron haber perdido el debate público.
El CETA
El mayor hito del 2016 podría ser el proceso de ratificación del CETA, el Acuerdo Económico y Comercial Global entre Canadá y la UE que muchos ven como un "ensayo general" para el TTIP. Las negociaciones sobre este tratado se concluyeron formalmente en septiembre de 2014 y el texto pasa ahora por un proceso de "depuración legal” y de traducción a los 24 idiomas oficiales de la UE. El 80 % de las empresas estadounidenses que operan en Europa tienen oficinas en Canadá, por lo que podrán beneficiase de las disposiciones de arbitraje internacional de CETA sin esperar a que el TTIP sea firmado. El nuevo gobierno canadiense elegido el pasado octubre ha indicado que está dispuesto a firmar el CETA, por lo que quienes tienen la última palabra al respecto son los integrantes del Parlamento Europeo. Una reflexión final
La única manera de que este tipo de tratados no sean firmados está en manos de los ciudadanos y la herramienta para lograrlo se llama implicación activa: firmar, protestar, manifestarse y usar todos aquellos recursos que de forma pacífica y legal, le permitan a los europeos seguir defendiendo su independencia económica, comercial y moral.

Fuente: medio ambiente - Imagenes: Eneko-