sábado, 21 de mayo de 2016

Política profesional y psicopatía

Marcelo Colussi

“En la sociedad tecnotrónica el rumbo, al parecer, lo marcará la suma de apoyo individual de millones de ciudadanos incoordinados que caerán fácilmente en el radio de acción de personalidades magnéticas y atractivas, quienes explotarán de modo efectivo las técnicas más eficientes para manipular las emociones y controlar la razón”. (Zbigniew Brzezinsky).

Salvando las distancias entre “corruptos” políticos del Sur y ¿transparentes? del Norte, pareciera que todos están cortados por la misma tijera. Es decir: responden a la caracterización de un perfil psicológico relacionado a las psicopatías: manipuladores, mentirosos, aprovechados, maquiavélicos, no confiables…. por decir lo menos. “A veces la guerra está justificada para conseguir la paz” dijo Barack Obama al recibir el Nobel de la Paz (¡!). ¿Qué diferencia sustancial hay entre eso y cualquier promesa de campaña de cualquier político del Sur? Repitámoslo: manipulación, mentiras, justificaciones maquiavélicas; esas son las características distintivas del discurso político.

¿Qué es hoy la “política profesional”? En otros términos: ¿qué significa esa casta de burócratas que hace funcionar las palancas del Estado moderno? En esta lógica, la política, según sarcástica –pero más que aguda– definición de Paul Valéry, es “el arte de hacer creer a la gente que toma parte en las decisiones que le conciernen”. Sin que eso sea ni remotamente cierto, debería agregarse. 

La preconizada “democracia” occidental, presunto “gobierno del pueblo”, tiene que ver con la artera manipulación donde la gente no tiene idea de las decisiones que definen su vida).

Ahora bien: ¿por qué todos los políticos profesionales tienen aproximadamente el mismo perfil?; es decir: son mentirosos, manipuladores, embaucadores, tramposos y demás bellezas por el estilo. Porque el ejercicio del poder, en cualquiera de sus formas, comporta una actitud psicopática. 

Dicho de otro modo: la relación que se establece entro los humanos cuando se trata del poder (cualquiera sea: político, relaciones de género, relaciones intergeneracionales, etc., etc.) es siempre una relación instrumental: quien ejerce el poder “usa” al otro en tanto instrumento, en tanto palanca que le permite conseguir un fin

Si la profesión de la política actual apela a esos manejos fabulosos, nunca faltará el sujeto particular que, por sus propias características psicológicas, se adecua a esa tarea. 
La gran mayoría no tiene esa avidez insaciable de poder que sí tienen algunos. 
Los que se dedican a la política “profesional” (esa práctica que requiere de saco y corbata, o tacones y buen maquillaje, y una enorme dosis de cinismo e hipocresía) tienen ese perfil –esas características, ese talante se podría decir– que un manual de Psiquiatría presentaría como “psicopatía”...
Fuente: fragmento de la nota publicada en http://rebelion.org/noticia.php?id=212467- 
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