miércoles, 22 de febrero de 2017

Henning Mankell, los residuos radiactivos y el muy oscuro legado de la humanidad

Eduard Rodríguez Farré y Salvador López Arnal
 
Papeles de relaciones ecosociales y del cambio global

La voz del poder atómico dominante no ha cambiado sustantivamente en estas últimas décadas al hablar y "reflexionar" sobre los residuos radiactivos, uno de los puntos más peligrosos del ciclo completo de la industria nuclear. En una entrevista con Manuel Planelles [1], Juan Carlos Lentijo, responsable del área de Seguridad de la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) desde 2012 tras desarrollar una carrera de casi tres décadas en el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de España , se expresaba del siguiente modo al ser preguntado si con los residuos, la asignatura pendiente de una industria que con tanto entusiasmo defendía, se estaba caminando hacia "una solución definitiva": Para los de alta actividad, los que se derivan del combustible nuclear gastado, hay soluciones transitorias para mantenerlos en situaciones de seguridad durante plazos cortos, medios e incluso largos. Y se está trabajando en formular una solución definitiva, que pasa por el almacenamiento geológico profundo.

Existían, señalaba Lentijo, varios proyectos en el mundo, iniciados hacía varias décadas, para analizar cuáles eran las mejores formaciones geológicas.
A partir de estos muchos proyectos, por ejemplo en Europa o Estados Unidos, hay varios que están en proceso de licenciamiento y construcción. Hubo algún ejemplo previo en EE UU y ahí se aprendió mucho. Pero hay tres países con proyectos muy ambiciosos y sólidos: Finlandia, Suecia y Francia. En todos estos casos, se ha avanzado mucho desde el punto de vista tecnológico y en los aspectos políticos y sociales, que son esenciales en todo el uso de la energía nuclear. El consenso social es fundamental. Y todavía más cuando se habla de almacenamientos definitivos de residuos radiactivos.
Efectivamente, el consenso -o disenso crítico e informado- social es fundamental cuando hablamos de un tema que tiene su historia. Brevemente.
El gran economista, matemático y filósofo de las ciencias sociales Nicholas Georgescu Roegen [NGR] ya habló del papel central de los residuos radiactivos (no fue la única voz por supuesto) hace unos 40 años, en 1977, en un artículo titulado "Bioeconomía: una nueva mirada a la naturaleza de la actividad económica" [2]. Argüía aquí NGR que, en principio, otra posible alternativa energética abierta a la humanidad, frente a los combustibles fósiles, era la energía nuclear. Aunque se admitía que el stock de esta energía, si se utilizaba en los reactores ordinarios, no sumaba una cantidad mucho mayor que la entonces existente de combustibles fósiles, si se usaba "en el reactor-reproductor, algunos opinan que podría proporcionar abundante energía para una población de veinte mil millones de personas durante, quizás, un millón de años". Problema resuelto, gritaban y publicitaban entusiasmados. Pero este plan a gran escala, esta nueva (aunque vieja) ensoñación tecnológica, nos advertía el bioeconomista rumano, estaba llena de problemas por las consecuencias no previstas para la Humanidad y, tal vez, para toda la vida terrestre. "Los defensores de este pacto fáustico no nos dicen cómo almacenar de manera segura los residuos nucleares". Ni tampoco sugieren qué hacer "con las montañas de residuos mineros resultado de la extracción del uranio, del granito de New Hampshire o de la pizarra bituminosa de Chattanooga". Era una preocupación, tan o más grave que la anterior, el que sólo fueran necesarias "unas ocho libras de plutonio 239 para fabricar una simple bomba atómica". No existía forma de asegurar, ni entonces ni ahora, que esa cantidad de plutonio no fuera a parar "a manos que no están controladas por mentes sensatas". Sólo en Estados Unidos [3], cientos de libras de material nuclear se encontraban ya en aquellos años sin contabilizar. Las contabilizadas, por otra parte, no estaban tampoco en manos muy sensatas. Parece evidente, concluía NGR, que la humanidad estaba en una de las encrucijadas más fatídicas de su historia. En el mismo abismo en el que seguimos estando.
Francisco Fernández Buey también habló hace muchos años de graneros y basureros nucleares en una nota editoriañ [4] de una revista, mientras tanto, que siempre tuvo una fuerte arista antinuclear.
Mientras en las ciudades y en las universidades todavía se discute sobre la identidad de esta vieja comunidad [Castilla-León] de la que ahora paradójicamente no puede hablarse ni escribirse sin guión, mientras se lamenta la falta de conciencia regional y se riega cada día la memoria de los comuneros con el contenido de las litronas, mientras las instituciones se preparan para vendimiar las migadas de ese gran negocio amado 1992, renovando así las nostalgias por las gestas del dorado siglo, resulta que Castilla-León aún tiene que ver con a Europa, con la Europa de la postmodernidad y del mercado en común.
La noticia había saltado a los medios de comunicación en España, a principios de 1987, al conocerse que entonces se proyectaba construir en la comarca de Arribes de Duero un cementerio nuclear. Según los expertos, recordaba el autor de Leyendo a Gramsci, "la pureza y bondad de los granitos salmantinos hacen de esta región firme candidata a pasar a la historia" por algo casi tan importante, apuntaba irónicamente el filósofo y activista del CANC (Comité Antinuclear de Cataluña), "como el Descubrimiento y la Colonización: convertirse en sede de nuevas experiencias europeas sobre almacenamiento de residuos radiactivos de alta actividad".
Pues bien, también nosotros, salvadas todas las distancias, hemos hablado de estas encrucijadas en algunas de nuestros trabajos [5]. Tomamos pie en ellos y en artículos más recientes. Recordemos lo más esencial del tema.
Pensando en el funcionamiento "normal" de una central nuclear, sin tener en cuenta posibles accidentes que son más que "accidentes", auténticas hecatombes en algunos casos (Chernóbil, Fukushima... también Tres Millas o Vandellós si no hubiera habido suerte), puede afirmarse que el principal riesgo para la salud humana y el medio ambiente es el proveniente de la generación de residuos, una "externalidad" (en jerga economista) inherente a la propia tecnología nuclear. Queramos o no queremos no podemos evitarlos si apostamos por esa industria.
La primera fuente de contaminación radiactiva de la biosfera han sido, hasta el momento, las explosiones realizadas por las potencias atómicas. Más de mil hasta el momento. Además de contaminar la biosfera con un variado repertorio de radionúclidos artificiales -particularmente los tan biológicamente peligrosos cesio 137 y estroncio 90-, esas explosiones han creado enormes cantidades de núclidos radiactivos "naturales" -en especial tritio (hidrógeno 3), y carbono 14- que anteriormente existían en cantidades ínfimas. El incremento de la fracción radiactiva de estos elementos constituyentes de la vida ha quedado reflejado en todos los medios naturales y en la biomasa. Así, en las aguas superficiales marinas, donde la concentración de tritio natural era en 1950 de 0,01-0,03 Bq/l (becquerelios/litro), se alcanzaron en 1964, tras las explosiones, cifras superiores a los 2 Bq/l en el hemisferio norte, una cantidad 200 veces superior a las cifras preatómicas.
En estos últimos años el funcionamiento normal -o accidental por supuesto- de la tecnología nuclear se ha convertido en la principal fuente de contaminación radiactiva, superando en determinados casos y áreas geográficas la originada por esas explosiones. Todas las centrales nucleares difunden radionúclidos en el aire y las aguas. Las centrales de producción eléctrica son menos sucias que las plantas de reprocesamiento (que pueden representar una contaminación entre 100 y 1.000 veces mayor según los radionúclidos que consideremos). Entre los radionúclidos arrojados al medio por la industria, el criptón 85 y el tritio ocupan un lugar destacado en razón de su cantidad, su diseminación y su período de actividad. Los radionúclidos evacuados rutinariamente con el agua de refrigeración que procede de los reactores pueden recorrer grandes distancias o acumularse en zonas concretas de los sistemas acuáticos.
Los satélites con generadores nucleares –principalmente de plutonio 238- representan también un sistema de diseminación radioactiva a escala mundial cuando se disgregan al reingresar en la atmósfera
¿Qué entendemos por residuo radiactivo? La Ley 54/1997 del Sector Eléctrico español define residuo radiactivo como cualquier material o producto de desecho, para el que no está previsto ningún uso, que contiene o está contaminado con radionúclidos en concentraciones o niveles de actividad superiores a los establecidos por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, previo informe del Consejo de Seguridad Nuclear.
La generación de estos residuos tiene orígenes diversos: la producción de energía eléctrica de origen nuclear, el desmantelamiento de las instalaciones nucleares, la utilización de radioisótopos en múltiples actividades de la industria, la medicina o la investigación, etc. Los residuos más peligrosos generados en la fisión nuclear se producen en las barras de combustible, donde se generan elementos transuránicos [6] como el el n eptunio , el plutonio, el a mericio , o el curio que pueden permanecer radiactivos a lo largo de miles y miles de años. También se generan, desde luego, residuos de elevada actividad que tienen vidas medias cortas. Lo que suele llamarse gestión de los residuos radiactivos es el conjunto de actividades administrativas y técnicas necesarias para la manipulación, tratamiento, acondicionamiento, transporte y almacenamiento de estos residuos, teniendo en cuenta, se afirma oficialmente, "los mejores factores económicos y de seguridad disponibles".
Como decíamos, una central nuclear, funcionando con normalidad, genera gran cantidad de residuos. Un reactor de 1.000 MW produce anualmente unas 33 toneladas de residuos que emiten radiactividad durante períodos muy diversos (desde unos pocos segundos hasta miles de años). Las centrales nucleares de Cataluña, por ejemplo, generaron más de 25.374.800.000 kWh en el año 2003 ( 3,6 mg de residuos radiactivos por cada kWh), es decir, del orden de 15 gramos de residuos per capita, resultantes de distribuir entre la población las aproximadamente 100 Tm de residuos producidos anualmente.
En España, los planes de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA) incluyen la construcción de un cementerio nuclear denominado Almacén Temporal Centralizado (ATC) para ubicar los residuos de alta actividad de todas las centrales nucleares, un proyecto que cuenta con la marcada y documentada oposición de científicos y de los grupos ecologistas antinucleares de todas las comunidades españolas.
Cuando se reprocesa el combustible, que no es siempre, es necesario gestionar como residuos de alta actividad, los derivados de dicho tratamiento son introducidos en contenedores de acero inoxidable en cámaras de hormigón refrigeradas por aire en las propias instalaciones de reproceso, a la espera de su evacuación final. Existen plantas industriales de reprocesamiento funcionando desde hace muchos años como la de Sellafield en el Reino Unido o la de La Hague en Francia. En ambos casos, es necesario disponer de un almacenamiento temporal durante un tiempo más o menos prolongado. Tras la separación del uranio 235 del plutonio, el resto de residuos deben ser almacenados en recipientes herméticos, bidones y contenedores de seguridad que, a su vez, se disponen en almacenes vigilados. Los residuos deben estar acondicionados en estado sólido, e inmovilizados en un material aglomerante (como el asfalto o el cemento). Los materiales radiactivos circulan internacionalmente a través de medios de transporte como buques o trenes especiales vigilados. Un aspecto clave en el transporte de estos materiales lo constituye el tipo de embalaje, que debe impedir cualquier fuga de material al medio así como proteger de las radiaciones al personal manipulador y a la población en general. Dada su alto nivel de radiactividad, los combustibles irradiados requieren contenedores especiales, plomados y estancos, que protejan del calor, la radiación y las autorreacciones. Deben ser además resistentes a los choques, al incendio y a la inmersión. Existen diversos tipos de 50 a 100 Tm, según la forma de transporte: 2-4 Tm de combustible irradiado necesitan, generalmente, un castillo plomado de 50 Tm.
La usual gestión que se practica con los residuos es depositarlos en piscinas de refrigeración que están ubicadas en el interior de las centrales nucleares. Se guardan allí para refrigerarlos, porque en toda emisión de radiactividad la energía se disipa en forma de calor. Cada tres o cuatro meses se cambian alrededor de un tercio de las barras de combustible irradiado de los reactores -que pesan varias toneladas- por otras nuevas. De entrada, se ponen en las piscinas de las centrales para que se vaya disipando el calor. Las piscinas se siguen manteniendo activas y en muchas centrales españolas están muy saturadas. ¿Qué soluciones se han intentado ante este problema en absoluto secundario del almacenamiento de residuos?
La primera opción es seguir manteniéndolos en las propias centrales, en las piscinas. Uno de los problemas que presenta esta alternativa, no es el único, es que al final ya no caben más residuos. Lo que está sucediendo en muchas centrales españolas. Otra aproximación, de la que antes hablábamos y que sólo han practicado hasta el momento franceses y británicos, es reciclar este material. Estados Unidos, gran potencia atómico-nuclear, nunca ha reprocesado. Tienen depósitos en las centrales y tienen varios depósitos militares. El más importante es el de Savannah River (Carolina del Sur, en terrenos adyacentes al río Savannah cerca de Augusta, Georgia) y los otros reactores, los que producían plutonio para las bombas atómicas, están en Hanford, en Benton, en el Estado de Washington, ubicados a lo largo del rio Columbia . Del depósito de Savannah River se ocupa el Departamento de Energía de Estados Unidos. Pero la gestión, también en un caso así, está en manos de la Washington Savannah River Company, una corporación subsidiaria de Washington International que posee todo su capital.
Lo que se ha intentado investigar, y se sigue ahora investigando por la industria, es conseguir un sistema que gestione los residuos de forma definitiva. Aquí también han irrumpido conjeturas alocadas. Alguna vez se ha hablado de lanzarlos al espacio, sin más. Un gran cohete se llena de productos radiactivos y ¡arriba con él! Disuelto el problema. ¡Contaminemos el espacio, el programa de nuestra alocada hora atómica!
Las soluciones más serias intentan vitrificar, incluir los residuos radiactivos dentro de una masa vitrificada para depositarlos en sitios que sean realmente herméticos. Se ha hablado normalmente de minas de sal. La industria alemana, por ejemplo, tienen depósitos en Gorleben y Asse, en la Baja Sajonia. En Asse se empezaron a depositar los residuos en los años sesenta y no hace mucho tiempo las mismas autoridades alemanas responsables reconocieron que existen riesgos muy reales porque estas minas han resultado geológicamente inestables y han empezado a llenarse de agua. No existen conocimientos ni predicciones seguros al cien por cien.
Dos son los problemas principales de este procedimiento. En primer lugar, lo ideal sería que la mina escogida fuera un lugar en el que aunque la radiactividad se escapase de los contenedores no pudiera difundirse, permaneciendo a una profundidad de 600, de 1.000 metros. Pero es imposible, por profunda que sea. Simple quimera, pensamiento desiderativo. En una mina siempre habrá corrientes de agua, estará llena de capas freáticas, siempre habrá lixiviación,.. Puede acabar finalmente aflorando a la superficie.
El segundo problema: pretender que el contenedor donde se guardan los residuos sea permanente. Ha habido aquí hasta el momento sonoros fracasos. En Nature se habló de ello hace pocos años. Esta solución, lograr vitrificar toda la masa de residuos radiactivos, se ha trabajado mucho en Estados Unidos y en Alemania. Se ha de tener en cuenta que estamos hablando de cantidades muy importantes de materiales altamente radiactivos. Abultan mucho aunque no tanto como sería de esperar dado el peso del uranio. Un ladrillo uránico, de tamaño normal, no podríamos levantarlo. Si fuera de plomo necesitaríamos las dos manos; si fuera de uranio no tendríamos fuerza suficiente. Su masa atómica, como sabemos, es de 235.
Lo que se vio con estas vitrificaciones, en el estudio que realizaron, es que estábamos aquí ante un grave problema. Si hacemos una masa de cerámica, en el fondo una vitrificación, cuando mejor sea la cerámica más hermética será. Existen cerámicas chinas de hace 2.000 años que se han conservado muy bien. Ocurre aquí que si incluimos en esta cerámica, en esta vitrificación, elementos radiactivos, estos elementos se van desintegrando y toda desintegración, por definición, es una radiación ionizante (la interacción de la radiación con la materia determina ionización). La trayectoria de la radiación alfa, la beta, la gamma, dentro de la masa de cerámica, la ioniza y hace que, poco a poco, se vaya alterando su estructura y acabe destruyéndose. Una estructura de cerámica es una organización cristalina vitrificada y las radiaciones ionizantes la van rompiendo hasta que, finalmente, se acaba perdiendo. Se ha observado que en poco tiempo, al cabo de diez años -¡diez años tan solo!-, un contenedor que tenía que durar miles de años estaba perdiendo su contenido porque se había alterado la composición del material con el que había sido construido debido a la misma radiación que debía contener, por las características de lo que es por definición una radiación ionizante.
No se ha alcanzado hasta el momento ninguna solución definitiva. Se sigue hablando de las minas de sal, pero, al fin y al cabo, en esas minas, por más sal vitrificada que haya, siempre puede haber algún movimiento geológico. Pueden entrar agua en lugares donde llueve con frecuencia; por pequeño que sea el movimiento geológico se puede resquebrajar el contenedor; puede llover fuertemente y, si se inunda, por vitrificada que esté la sal, se acaba disolviendo. En Cataluña, tenemos un buen ejemplo de ello en el del río Cardoner (comarca del Bages, en Barcelona): el suelo de este río es sal. En una mina próxima hicieron mal un agujero y tocaron el fondo del río. ¿Qué ocurrió? Que el agua empezó a entrar en gran cantidad, la mina se inundó y la sal vitrificada acabó disolviéndose.
El procedimiento de la transmutación es ciencia ficción. Carlo Rubbia, premio Nobel de Física en 1984, habló de ello, llegó a defenderlo, en algún momento; luego se desdijo. La física, en teoría, puede hacerlo. Si bombardeamos con neutrones, podemos transformar cualquier elemento en otro. La transmutación de un metal en oro, el viejo sueño alquimista, se consiguió hace tiempo. El problema es el coste inmenso de la transformación y, por otra parte, que tan solo puede hacerse con cantidades muy pequeñas, con porciones ínfimas de materia. En un acelerador lineal se vaporizan unas cantidades ínfimas, inferiores a miligramos, nanogramos más bien, y después se obtiene oro. Aquí, en cambio, estamos hablando de montañas de materiales. No podemos introducir toneladas y toneladas de estas sustancias en una máquina gigantesca que vaya bombardeando con neutrones.
Desde la perspectiva de la industria atómica existente, mientras no tengamos otra solución, los residuos no van a caber en las centrales y se van a tener que guardar en almacenes. En este punto entran en acción dos alternativas: ubiquémoslos en subterráneos o mantengámoslos a vista. El criterio más sensato, sin ningún atisbo de duda, es el segundo, tener este material a la vista. Enterrarlos en algún sitio y olvidarnos de todo tiene el riesgo de lo que allí pueda pasar dentro de un tiempo, que nunca podremos determinar exactamente, lo que queramos pensar, lo que alcancemos a imaginar en base a nuestros datos iniciales (incluso otros escenarios no imaginados). La solución que se está tomando es tener guardado el material en almacenes, centralizados y temporales (recordemos la enorme vida media de muchos elementos radiactivos). En lugar de tener radiactividad diseminada por todas las centrales de un país, guardar todos los residuos en un sitio que esté controlado y preparado para ello. Así se ha hecho en Holanda. No son muchos los países que han construido almacenes para residuos pero el momento está llegando. El cartero nuclear está a punto de llamar a nuestra puerta con insistencia y tal vez no llame dos veces. Ya no puede tardar mucho y no podemos responder con demora teniendo en cuenta la edad de las centrales más viejas. En España y en muchos otros países.
Hasta aquí una aproximación, digamos técnica y al mismo tiempo política, al tema de los residuos. Pero cabe una mirada más penetrante, más profunda, más filosófica si se quiere. Tomamos pie en el último libro de Henning Mankell: "Arenas movedizas" [7]. El autor de La falsa pista habla insistentemente del tema en este libro, especialmente en la primera parte.
El olvido, afirma, es oscuridad. Queremos extinguir toda la luz de la memoria que nos puede recordar lo que, quienes hoy estamos vivos, "enterramos -o olvidamos- un día en el corazón de la montaña; aquello de cuya existencia no queríamos que supieran nada las generaciones venideras, mucho menos que pudieran detectarlo y, finalmente, encontrarlo".
La Humanidad, los países "más desarrollados", han encerrado un peligroso trol de la montaña que va a vivir miles y miles de años. Cien mil indica Mankell. "Pero no hemos escrito ningún cuento sobre él, sino que hacemos lo posible para que se olvide", tratamos de crear un "Cantar de los Cantares del olvido". ¿Es posible? ¿Podemos engañar, pregunta, "a las futuras generaciones con la ilusión de que no hay nada ahí enterrado"? La curiosidad humana y la búsqueda de nuevas verdades, "¿no terminarán por descubrir el trol que hay en la roca?". No lo sabemos responde Mankell prudentemente. "Lo único que podemos hacer es confiar en que no ocurra antes de que haya transcurrido el plazo". Esos cien mil años terribles.
Para el malogrado autor sueco, la situación encierra una paradoja. "Siempre hemos vivido para crear buenos recuerdos, no para olvidar". Toda cultura se basa en la conservación y la búsqueda de recuerdos del pasado y, al mismo tiempo, en la creación de nuevos recuerdos. El arte mira hacia atrás... y hacia delante por supuesto. Para que no olvidemos lo que ha sido y para hablar de nuestro tiempo a quienes vendrán detrás". Por lo demás, el mundo del arte suele encerrar advertencias de lo que hemos vivido y sufrido para que no se repita. "¿Qué son los grabados de Goya sobre la horrenda realidad de la guerra sino advertencias para que esas atrocidades no se repitan?". Se repiten, por supuesto, pero la advertencia del gran pintor aragonés sigue viva, muy viva.
Los recuerdos, nos recuerda Mankell, son relatos. "Puede que troceados y divididos en fragmentos pero relatos al fin. Yo me imagino el olvido como una habitación vacía. Nuestro universo interior, vacío y helado como el otro universo. En el olvido, el hombre queda indiferente ante sí mismo, ante los demás ante lo que ha sido y ante lo que vendrá".
Para manipular los residuos nucleares, advierte y denuncia Mankell a un tiempo, hemos construido un palacio para el olvido. "Lo que quedará después de nuestra civilización será, pues, olvido y silencio. Y un veneno escondido en las profundidades de una catedral donde nunca podrá entrar la luz".
Los primeros dioses a los que suplicó el hombre al principio de su historia estaban casi siempre ligados al sol. El mayor prodigio era, a la sazón, que el sol saliese cada mañana. En culturas que nunca tuvieron contacto entre sí existen por lo general relatos similares de cómo surgió el ser humano. En todos está presente el sol. Pero, lamenta Mankell, "en esta civilización nuestra, que he llegado más lejos que ninguna otra sociedad anterior, por avanzada que fuera, el último recuerdo que dejamos es sólo oscuridad",
¿Sólo oscuridad? ¿Vamos a permitir que ese sea nuestro legado? ¿Podemos hacer algo para evitar que este legado ya existente adquiera dimensiones inconmensurables? ¿Vamos a apostar alocadamente por una solución tecnológica futura que disolverá nuestros temores como un azucarillo? ¿Dónde se ubica nuestra necesaria racionalidad temperada?

Notas
1) http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/26/estados_unidos/1464277338_697553.html
2) N. Georgescu Roegen, Ensayos bioeconómicos, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2006 (edición de Oscar Carpintero).
3) Nosotros podemos pensar en lo sucedido en los antiguos países que formaban la Unión Soviética.
4) Francisco Fernández Buey, "Castilla-León: granero y basurero nuclear de España", mientras tanto n.º 32, octubre de 1987, pp. 3-9.
5) ERF y SLA, Casi todo lo que usted desea saber sobre los efectos de la energía nuclear en la salud y el medio ambiente, Barcelona, El Viejo Topo, 2008. También, ERF y SLA, Ciencia en el ágora, El Viejo Topo, Barcelona, 2012.
6) Elementos transuránicos o transuránidos son aquellos de número atómico mayor que el del uranio (Z = 92). No tienen existencia natural en la Tierra y son todos ellos radiactivos.
7) Henning Mankell, Arenas movedizas, Barcelona, Tusquets, 2015 (traducción de Carmen Montes Cano), pp. 76-78

Fuente: Papeles de relaciones ecosociales y cambio global Nº 135, 2016, pp. 127-137 - Imagenes: ‪Tendenzias.com‬ - ‪energia-nuclear.net‬ - ‪www.quo.es‬ - Taringa

Uravan, los fantasmas de Hiroshima en el Oeste de Estados Unidos

El pueblo minero en Colorado que suministró uranio al 'Proyecto Manhattan' es hoy 
un terreno vallado e invisible
Marc Bassets

Los nombres en este rincón seco y montañoso del Estado de Colorado, en el Oeste de Estados Unidos, parecen sacados de una novela de ciencia ficción: Naturita, Nucla, Paradox. El más extraño es Uravan, una contracción de uranio y vanadio: los metales que se extraían de las minas de este pueblo que floreció durante la Segunda Guerra Mundial y cerró a mediados de los años ochenta. Uravan puede verse como un pueblo manchado por su papel en la fabricación de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. O, al contrario, como el frente invisible: la trinchera en la que el esfuerzo de sus habitantes decidió la guerra. ¿Fueron héroes los mineros de Uravan? ¿O cómplices inconscientes de un crimen contra la humanidad?

No es sólo una discusión histórica, sino sobre el futuro. En 2013, la documentalista Suzan Beraza relató en Uranium Drive-In el desgarro que causó el proyecto de una nueva planta de uranio entre ecologistas y mineros. De un lado, los partidarios de preservar la naturaleza inmaculada y renunciar a la energía nuclear. Del otro, los trabajadores golpeados por las sucesivas crisis de la minería.
Hoy nadie vive en Uravan. Como si hubiese caído una bomba atómica, cualquier rastro de vida humana ha desparecido. Las casas, los muebles, los árboles  se hicieron pedazos y quedaron sepultados para descontaminar la zona. Quien viaje por la carretera 141, en un valle entre rocas escarpadas, no se dará cuenta de que un día hubo un pueblo de 800 habitantes, con su escuela, sus calles arboladas y una piscina municipal.
Hiroshima y Uravan son dos reversos de la catástrofe.  Como un castigo divino, Uravan sólo pervive en la memoria de algunos desterrados
Un cartel, junto a la carretera, explica por qué este lugar remoto —el McDonald’s más cercano está a dos horas en coche— fue central en la historia del siglo XX. De las minas de Uravan se extrajo parte del uranio de las bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre Japón. Murieron 200.000 personas. El viernes Barack Obama será el primer presidente en visitar Hiroshima.
Hiroshima y Uravan son dos reversos de la catástrofe. Como en 2010 escribió en la revista The New Yorker Peter Hessler, entonces residente en Colorado y minucioso cronista de la región,“Hiroshima y Nagasaki son ciudades vivas de nuevo, pero el pueblo que ayudó a fabricar la bomba ha sido barrido completamente de la faz de la tierra”. Como un castigo divino, Uravan sólo pervive en la memoria de algunos desterrados.
Jane Thompson mira al valle desde una roca elevada. En paralelo a la carretera discurre el río San Miguel. Ella ve más: la ciudad invisible está allí. Creció en Uravan. Su padre y su suegro eran mineros. Su abuelo también. “Ahí estaba el supermercado y el centro recreativo. Dentro se hacía de todo: fiestas de Navidad, patinaje el viernes y el sábado por la noche”, dice.
Thompson nació en 1956, cuando el Proyecto Manhattan, que desarrolló las primeras bombas atómicas, había abandonado Uravan. Cuenta que su abuelo trabajó para el Proyecto Manhattan, aunque desconocía el uso que iba a darse al uranio que él extraía. “Mi abuelo no iba explicándolo. Aquella generación no hablaba de estas cosas, ni sacaba pecho”, dice. “Él no habría dañado a nadie y yo nunca me avergonzaría por lo que él hizo”.
El pueblo está rodeado por alambres de espinos. Hay carteles que avisan del peligro de radioactividad. El viento peina la vegetación baja de estas mesetas. No se ve ni un alma. Thompson conduce por caminos sin asfaltar. “Mira, allí vienen los cowboys”, dice. Se acercan una treintena de vacas y detrás dos cowboys a caballo que intentan controlar al ganado. Tierra de vaqueros y mineros.
Uravan es un lugar de memoria, el escenario incómodo y vacío de una trauma sin resolver. Y un ejemplo del abandono de la América rural, que se siente incomprendida por las ciudades
El cuñado de Thompson, Duane Johannsen, acampa junto al río, en una de las pocas zonas accesibles en Uravan. Johanssen y Thompson cuentan anécdotas de unos años que vivieron en California. Aquella vez que le preguntaron a Duane si, al haber trabajado con material radioactivo, de noche era luminoso. O aquella en que una peluquera dejó de cortarle el pelo a la hermana de Jane y esposa de Duane cuando se enteró de su procedencia. “La gente de ciudad es muy crédula”, dice Johannsen.
A los desterrados de Uravan les irrita el estigma que acompaña al pueblo. El abuelo de Thompson murió por cáncer de pulmón, pero no culpa al uranio. Las condiciones en la mina —en cualquier mina— y el hecho de que fumasen pudo contribuir. Para esta región con pocos recursos económicos, la bonanza del uranio fue una bendición. Duane tenía seis años cuando por primera vez bajó bajo tierra.
La región nunca se recuperó del cierre de las minas: los accidente en la centrales nucleares en Three Miles Island y Chernobil, y el fin de la Guerra Fría redujeron la demanda. Quienes sueñan con que las reabran tienen enfrente a ecologistas como Jennifer Thurston, directora de Inform, siglas inglesas de la Red de Información para la Minería Responsable. Thurston conoce como pocos los centenares de minas que salpican estas tierras agrestes. En su vieja camioneta guarda un casco y una linterna para entrar si hace falta.
“El valle es tan bello, y tan valioso para la agricultura y para el ocio, es tan espectacular que una fábrica de uranio lo arruinaría. Siento que debo preservar el lugar”, dice Thurston mientras acelera por la carretera que recorre la escenografía imponente de Paradox Valley, donde vive. La camioneta se encarama por el monte hasta llegar a una mina abandonada. ¿Acamparía aquí? “No, pero hay gente que lo hace”.
Uravan es un exotismo en Estados Unidos, pero también una historia muy común. Es la historia de un pueblo, o ciudad, asociado a una industria –en este caso una industrial subsidiada por el estado– y sometido a sus vaivenes: Detroit y el automóvil en una dimensión microscópica. También es un lugar de memoria, el escenario incómodo y vacío de una trauma sin resolver. Y un ejemplo del abandono de la América rural, que se siente incomprendida por las ciudades.
En Nucla, a 30 kilómetros de Uravan, se aprobó en 2013 una ordenanza municipal que obliga a cada hogar a tener un arma. Era un gesto de protesta contra los intentos en Washington de endurecer la regulación de las armas. Si ellos quieren prohibir las pistolas, razonaban, nosotros las haremos obligatorias. En el Oeste, las bombas de Hiroshima y Nagasaki son historia pretérita: el derecho a la primitiva pistola o al rifle de toda la vida es la batalla que nunca cesa.

Fuente: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/05/26/estados_unidos/1464277338_697553.html

Cruceros ‘caca’

Esto es debido a que los cruceros usan un fuel oil pesado, 100 veces más tóxico que el diésel que utilizan automóviles y camiones, y que tiene hasta 3.500 veces más contenido de azufre. No en vano, este tipo de combustible está prohibido en tierra, donde es considerado un residuo peligroso que exige un tratamiento altamente costoso.

Ecologistas en Acción se hace eco de las advertencias de la organización alemana NABU (Nature and Biodiversity Union), la mayor organización ambientalista de Alemania, que lleva años denunciando los daños que provocan las emisiones contaminantes de los cruceros sobre la salud humana y el medio ambiente. Esto es debido a que los cruceros usan un fuel oil pesado, 100 veces más tóxico que el diésel que utilizan automóviles y camiones, y que tiene hasta 3.500 veces más contenido de azufre. No en vano, este tipo de combustible está prohibido en tierra, donde es considerado un residuo peligroso que exige un tratamiento altamente costoso.
Tabla 1.- Gráfico de niveles de contaminación por partículas medidos en la cubierta de un crucero.

Tabla 2.- Comparativa de niveles de contaminación en la cubierta de un crucero, en entorno urbano y en aire no contaminado.

Las investigaciones de NABU han llegado a la opinión pública a través de las campañas que la organización realiza en puertos europeos. En ciudades como Venecia, Hamburgo, Marsella y Barcelona; se realizaron mediciones en las mismas terminales de cruceros que mostraron niveles alarmantes de micropartículas ultrafinas, uno de los contaminantes más perjudiciales para la salud pública. Por otro lado, recuerdan que durante 2016, en Cartagena, se recibieron 187.813 cruceristas (un crecimiento del 24%), a bordo de 121 buques (+12%). El último descubrimiento lo ha desvelado un reportaje del conocido programa Thalassa de la televisión francesa, con quienes NABU han podido documentar las concentraciones de partículas ultrafinas PM0,1 en la cubierta de un crucero, y que pueden multiplicar hasta 200 veces los niveles de fondo natural. Según Daniel Rieger, responsable de política de transporte de NABU: "Las navieras exponen a sus pasajeros a cargas de contaminantes altamente nocivas para la salud. A pesar de los datos que estamos encontrando, la industria de cruceros se niega a utilizar combustibles más limpios e instalar sistemas de filtros que desde hace años se utilizan en las industrias en tierra”. Rieger añade: "Los resultados encontrados no nos han sorprendido, solo que hasta ahora no se nos había permitido verificar la contaminación a bordo, la que directamente están respirando los pasajeros. La industria responde con buenas intenciones que se han demostrado del todo insuficientes”. Ecologistas en Acción trabaja con NABU y otras organizaciones europeas para reclamar una regulación estricta y obligatoria que limite los fuertes impactos socioambientales de esta industria. En el caso del Mediterráneo exigen que se establezca un Área de Control de Emisiones de Azufre (SECA, por sus siglas en inglés) que limite la entrada de cruceros altamente contaminantes como existe en el norte de Europa (Mar Báltico, Mar del Norte y Canal de la Mancha) y que se establezca el Mediterráneo como Zona de Control de Emisiones (ECA). En el Estado español el sector de cruceros crece de forma acelerada por las políticas de turismo sin control, especialmente en Barcelona, las Islas Baleares, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y ahora también en Cartagena. Barcelona se ha convertido en el primer puerto de cruceros de Europa y el cuarto a nivel mundial en pocos años, mientras crece la contestación social sobre este tipo de turismo masivo. De hecho, el pasado 28 de enero Ecologistas en Acción participó junto a numerosas organizaciones y colectivos en una manifestación contra la excesiva turistificación [1] de Barcelona [2], que denunciaba, entre otros temas, la contaminación de los cruceros, la falta de regulación de los aspectos económicos, fiscales, sociales y ambientales de este sector, y reclamaba que se limite el número y tamaño de cruceros según la capacidad de carga de la ciudad. Para la organización ambiental es necesario informar a los cruceristas del riesgo sobre su salud y la salud pública, y es urgente que las autoridades estudien y expongan los niveles a los que está expuesta la población que vive en los barrios cercanos a las terminales de cruceros. Las micropartículas ultrafinas PM0,1, menores de 0.1 µm, no se ven y son altamente tóxicas. Dado su tamaño pueden llegar a la corriente sanguínea, pudiendo provocar graves enfermedades cardiovasculares y varios tipos de cáncer, por lo que tienen un importante impacto en la salud pública. Ecologistas en Acción reclama al Gobierno Regional que se establezca una regulación fuerte y obligatoria sobre el sector, para limitar sus impactos. Por ello se ha dirigido a la Dirección General de Evaluación Ambiental de la Consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente; reclamando una ordenación del sector, un control exhaustivo y mediciones sobre las emisiones de los cruceros que llegan a Cartagena.

Fuente: Medio Ambiente

Perú: Taladores ilegales armados desalojan de sus territorios a asháninkas de comunidad nativa de Meantari

 Milton López Tarabochia
 
Unas 60 personas con armas de fuego ingresaron a una comunidad asháninka en la selva central y echaron a las familias de sus territorios.

    •    ¿Cuántas familias fueron desalojadas por los hombres armados?
    •    ¿Por qué los taladores de madera echaron a los asháninkas?


Un total de 21 familias asháninkas de la comunidad de Meantari en el distrito de Pangoa, provincia de Satipo, región Junín (en la selva central peruana), estaban construyendo una casa comunal cuando observaron que alrededor de 60 personas con armas de fuego ingresaron a su comunidad sin permiso alguno el pasado  3 de febrero. “¿Dónde está la madera?, es nuestra. Nosotros tenemos autorización”, dijeron los hombres armados mientras amenazaban a la comunidad indígena, según cuenta a Mongabay Latam Irupe Cañari, asesora legal de la Central Asháninka del Río Ene (CARE).
Luego de la amenaza, los hombres armados procedieron a desalojar a los indígenas asháninkas de la comunidad. “Con las armas los empezaron a amenazar para que abandonaran Meantari. La población no sabía qué hacer. Les hizo recordar a los tiempos cuando [el grupo terrorista] Sendero Luminoso también los atacó. Solo atinaron a irse”, agregó Cañari.
¿Por qué los taladores invadieron Meantari? Irupe Cañari lo explica así: “Los miembros del comité de autodefensa de Meantari observaron días antes del enfrentamiento que madereros ilegales habían ingresado al territorio de la comunidad y avisaron de inmediato a CARE sobre esta situación. Nosotros como institución denunciamos el caso frente al Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor) y luego su personal fue a la zona el 25 de enero para hacer una revisión ocular. Los madereros no estaban, pero encontraron tablas de madera talada”.
Tras la denuncia, de acuerdo al comunicado oficial de Serfor, “(se) decomisó un total de 3979.01 pies tablares de madera (pt) aserrada de la especie tornillo (Cedrelinga cateniformis) de procedencia ilegal”. En el oficio se describe además que, “la madera intervenida fue dejada en custodia a los representantes de la comunidad nativa presentes, con el fin de asegurar la permanencia de las piezas”.  Esa fue la razón por la que los 60 madereros fueron a reclamar a la comunidad de Meantari, señaló Cañari.
“Les pidieron que se retiren de ese lugar […]. Los amenazaron de muerte. Los asháninkas no sabían qué hacer. Solo atinaron a decir que este es nuestro territorio y han venido a talar madera sin nuestro permiso, pero con la autorización de las bases militares de la 324 del Valle Esmeralda, Canaire, Pichari. Estaban asustados, más aún por los niños. Imagínate cómo deben haberse sentido que se acordaron de los tiempos del terrorismo por el miedo”, dijo a Mongabay Latam la presidenta de CARE y ganadora en 2014 del premio Goldman, Ruth Buendía Mestoquiari.
Irupe Cañari, sostuvo que incluso se ha identificado a quien lideraría a los 60 taladores.  “Su nombre es Abraham Taguada. Lo que hizo no puede quedar impune. Taguada les increpó a los comuneros que por qué le habían quitado su madera cuando la comunidad no ha acaparado algo que no les corresponde, el propio Serfor les ha dejado el material incautado. Eso pasó”, explica.
Exigen derecho al territorio
No es la primera vez que desplazan a familias asháninkas de Meantari. Entre 1980 y 1990 los asháninkas fueron desplazados debido a la violencia terrorista. Luego, a inicios del 2000 con la pacificación de la zona, los asháninkas volvieron a la comunidad nativa de Meantani y actualmente está gestionando frente a la Dirección Regional de Agricultura (DRAG) de la región Junín el título de propiedad de su comunidad.
“Mis hermanos y familiares fueron desplazados por el terrorismo, ahora por los madereros ilegales. Pero lo que yo me pregunto es cómo, en una supuesta zona roja de emergencia como es el Vraem [Valles de los ríos Ene, Mantaro y Mantaro] , 60 personas armadas están como si nada allí. Ellos están relacionados directamente con el narcotráfico y las autoridades deben tomar medidas inmediatas contra ellos”, manifestó Ruth Buendía.
Por su parte, la asesora legal de CARE indicó que la denuncia se ha hecho ante el Serfor en lo que respecta a la madera ilegal y ante la fiscalía medioambiental por el desalojo de la comunidad. “También nos hemos comunicado con la Defensoría del Pueblo y el viceministerio de Interculturalidad para que estén enterados del caso y los asháninkas puedan regresar a su territorio”, afirmó.
Mientras los procesos judiciales continúan su curso, las 21 familias asháninkas han sido acogidas por las comunidades nativas vecinas de San Ene y Yaviro.
“No queremos llegar a los extremos de la violencia para defender el territorio con el comité de autodefensa de la comunidad. Respetaremos primero la ley, pero que quede claro que dentro del territorio de Meantari se está talando madera. Y la otra pregunta es por qué están con armamento. Los madereros continúan ahí y quieren posesionarse del territorio”, denunció Cañari.

Fuente: https://es.mongabay.com/2017/02/tala-madera-indigenas/?utm_source=Latam&utm_campaign=1598553ee7-BOLETIN_2017_02_17&utm_medium=email&utm_term=0_e3bbd0521d-1598553ee7-71089191 - Fotos: Madera incautada a taladores ilegales. Foto: Serfor. -

España: Palizas, amenazas, intentos de asesinato... el riesgo de ser agente forestal 

Dos agentes rurales de la Junta de Castilla y León tras decomisar cabezas y armas de caza. AEAFMA

En enero dos guardas rurales de Lleida fueron asesinado por un cazador furtivo. El sector lleva años denunciando la escasez de medios y la falta de seguridad. Muchas veces trabajan solos, desarmados y aislados.

Lucía Villa

Controlan la caza furtiva, persiguen a las mafias recolectoras de setas, denuncian los delitos ambientales o vigilan y se enfrentan a incendios forestales, muchas veces echando mano tan sólo de una libreta y un lápiz. Los 6.000 agentes rurales que existen en España llevan más de diez años denunciando la carencia de medios y de seguridad con la que se enfrentan a su trabajo diario, pero nunca habían sido escuchados.
Ahora, el asesinato de dos compañeros a manos de un cazador sin licencia el pasado enero en Lleida ha conseguido que el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, se decidiera por fin a recibirles y se comprometiera a estudiar sus propuestas para una Ley Básica Estatal de la Policía Medioambiental.
Aunque los asesinatos de agentes forestales son hechos muy aislados (el último que se recuerda fue hace 30 años en Asturias), a nadie en el sector le sorprende lo sucedido en Lleida.
“No creo que se encuentre a un solo agente forestal que no haya sufrido algún tipo de agresión física o verbal”, asegura en conversación con este diario Alejandro Rodríguez, coordinador de Agentes Forestales de Comisiones Obreras. 
Rubén Cabrero, presidente de la Asociación Española de Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA) coincide en que “las amenazas son un goteo continuo”. “Palizas, agresiones con palos, intentos de homicidio, encañonamientos, coches calcinados, pintadas, insultos… hay de todo”.
En el último año, la Asociación lleva registradas unas 25 agresiones a agentes forestales, asegura. Una cifra que seguramente se quede corta, porque no existen estadísticas oficiales de denuncias ni las administraciones documentan los ataques. La Asociación que preside Cabrero empezó a contabilizarlas hace un año y medio para darles visibilidad, “pero la mayor parte no nos llegan”, advierte. CCOO recuerda que la falta de registros afecta a la hora de valorar los riesgos laborales de los funcionarios.
El riesgo aumenta sobre todo ante los cazadores ilegales, porque van armados, pero desde el sector denuncian que las amenazas vienen de todas partes, desde los propietarios de fincas hasta un paseante que corta madera del bosque para llevársela a casa.
“Cualquier agresión a un policía o a un Guardia Civil se entiende como un atentado a la autoridad, pero en nuestro caso no ocurre así”, asegura Rodríguez.
Originalmente el cuerpo de agentes forestales iba armado, pero cuando en 1983 las competencias medioambientales se transfirieron a las comunidades autónomas, se fueron rebajaron los medios defensivos de los agentes. Hoy por hoy, sólo los guardabosques de La Rioja llevan armas cortas. La Generalitat de Catalunya acaba de aprobar, tras el asesinato de los dos guardas, un nuevo protocolo que permite el uso de armas largas a las unidades antifurtivismo y les dota de chalecos antibalas. También pasarán de patrullar en parejas a hacerlo en grupos de tres.
En su reunión con el ministro Zoido, AEAFMA ha pedido una modificación del reglamento de armas y de los automóviles en los que se desplazan los agentes en servicio, para que sean considerados como vehículos policiales. CCOO apunta también que la regulación del uniforme es confusa y no ayuda a que sean identificados como autoridad.
Muchos trabajan solos y aislados, en zonas donde se tarda dos o tres horas en llegar
“En el campo también se producen robos, delitos, asaltos… y no es normal que no tengamos medios”, dice Cabrero, que matiza que no están pidiendo armas para la totalidad del colectivo, sino para determinados supuestos.
Aunque depende de cada comunidad autónoma, en muchos casos los agentes trabajan solos y aislados en zonas donde se tarda entre dos o tres horas en llegar. Además, la regulación medioambiental se ha ido incrementando con los años, y con ella las funciones a realizar, mientras que el número de agentes se ha visto reducido por los recortes presupuestarios. El sindicato denuncia que, como otros servicios públicos, este también se está privatizando.
Hay 6.000 agentes rurales en España. El sector reclama que haría falta el doble
Antes de la crisis había unos 6.500 agentes, ahora ya son menos de 6.000. Rubén Cabrero asegura que haría falta el doble para cubrir todos los servicios. 
“Hay agentes trabajando solos un fin de semana, que es cuando más gente hay”, dice. “A veces cuando estás solo te ves forzado a mentir y si pillas a un infractor le dices que hay otro compañero de camino. O si me toca un servicio de noche, directamente no se me ocurre salir a vigilar el furtivismo”, confiesa por su parte Rodríguez.
Ambos señalan a las administraciones como responsables de la falta de medios y de formación en técnicas de defensa personal y en prevención de riesgos laborales y denuncian también coacciones y presiones por parte de estas para que no se conozca la situación.
“A lo mejor lo que quieren nuestras administraciones es que no hagamos ese trabajo, piensas que están del lado de los furtivos, porque no puedes sacar otra conclusión”, zanja Rodríguez.
Izquierda Unida presento el 10 de febrero una iniciativa en el Congreso para instar al Gobierno a poner poner en marcha una mesa de negociación entre la Administración y los sindicatos sobre el trabajo de los agentes forestales y evaluar los riesgos a los que se expone el colectivo.

Fuente: publico.es - @Luchiva

La hierba diabólica

Nicole Muchnik

Estamos a un paso  de una mutación importante en el estilo de vida de mucha gente. Lo que había sido negado desde hace casi un siglo, con argumentos engañosos y una falta de respeto a la inteligencia, podría ser ahora permitido, sometido solo al libre albedrío y el buen criterio de las personas. El consumo del cánnabis, la bestia negra de todas las administraciones y policías del mundo, podría ser legalizado y a disposición de los consumidores. Y ahora la cuestión entender, si esta guerra llega a su fin, las razones de tal lucha, extendida a todo el planeta.
 
“La manera correcta de tratar las drogas: legalizar el cánnabis con total seguridad”. No, no es una cita extraída del manifiesto en defensa de las drogas propio de un grupúsculo de jóvenes iluminados, sino el título y el tema principal del semanario The Economist del 14 de enero de 2017. La pieza es más económica que moral, y trata sobre todo del mejor modo de legalizar el cánnabis en el mundo –si bien no se prohíbe ampliar las investigaciones.
Fue en 1929 cuando en el Departamento de Prohibiciones de Washington, Harry Anslinger, político rebosante de ambición y carente de escrúpulos que se dedicaba a la represión de los bootleggers, aprovechó un banal suceso policíaco para lanzar una campaña contra “la diabólica hierba”. Sobre 30 investigadores, 29 se pronunciaron por la inocuidad de la planta, pero el miedo ya hacía estragos en las familias y el cánnabis fue prohibido para mayor beneficio de la industria farmacéutica norteamericana. Es así, en base a una mentira y de intereses ocultos, como se lanzó la campaña mundial de prohibición. Por otra parte, el especialista norteamericano Jack Herer afirma en uno de sus libros, El emperador está desnudo, que la prohibición total del cáñamo surgió para proteger la  reciente industria del nylon de la DuPont de Nemours con el apoyo decisivo de la prensa de Randolph Hearst. Hoy, habría que buscar los principales intereses económicos responsables de la prohibición del cánnabis por el lado del tráfico ilegal y del blanqueo de capitales.

La prohibición total del cáñamo surgió para proteger la reciente industria del nylon, con el apoyo decisivo de la prensa de Randolph Hearst
Es interesante recordar, si hace falta, que esta planta se solía llamar en los siglos pasados “el regalo de Dios a la humanidad”, tan importantes eran y son sus ventajas --diríamos hoy-- como fuente sostenible y renovable. Como fuente de papel, se sabe que una hectárea cultivada con cáñamo produce cuatro veces más papel que la misma área plantada con árboles, y sus semillas, con su perfecto equilibrio de aminoácidos, aceites y ácidos grasos, proporcionan todas las proteínas necesaria a la vida humana. Todavía en uso en partes de Rusia y Asia, las semillas del cáñamo son tan adecuadas para las necesidades del cuerpo humano que muchos profesionales de la salud y entrenadores personales las consideran un suplemento muy superior a cualquier otra proteína en polvo disponible en el mercado. ¿Es el cáñamo que ha sufrido la prohibición del cánnabis como planta psicotrópica o al revés, por ser una planta demasiado buena que representaba  una seria competencia para la naciente  y creciente industria química de la época? “La absurda prohibición de la planta más valiosa de la Tierra, el cáñamo, debe ceder ante la demanda”, afirma el investigador R. Lee Hamilton, que la considera como “la respuesta al problema del hambre en el mundo, y una oportunidad para alcanzar la supersalud pública”.
Sea lo que fuere, durante el siglo XX el cánnabis fue puesto fuera de la ley mediante la convención única sobre estupefacientes de 1961 y no será hasta los años 2000 cuando se comience a distinguir el uso médico del cánnabis antes que por el placer de su consumo.
La pequeña historia de la prohibición en diferentes países podría parecer una oda a la imaginación en materia de represión. En cuanto a los verdaderos motivos subyacentes a las prohibiciones, se puede entrever el temor de que su utilización por los soldados en guerra pudiera desmotivarlos, la falta de investigaciones científicas sobre las cualidades de las diferentes drogas y sus respectivos peligros, todo sobre un fondo de puritanismo judeocristiano y comodidad burguesa. Por la sustancia más consumida en el mundo según la ONU, todas las variantes de prohibición han sido puestas a prueba, según los países y las legalizaciones en curso.
En Canadá, la posesión, el tráfico y la exportación de cánnabis han sido juzgados ilegales desde 1997. En Japón, donde servía para fabricar telas o redes de pesca, el cáñamo fue prohibido en 1948 bajo la ocupación norteamericana. En Suiza legislaron con un lujo de detalles: el cánnabis con más del 1% de THC (producto activo del cánnabis) se consideró como un estupefaciente a nivel federal. Pero desde el 28 de septiembre de 2012, la posesión inferior a 10g ya no es una infracción penal sino una falta penada con 100 francos suizos. Desde 2008, pacientes alemanes pueden acceder a un tratamiento con cánnabis médico con sólo presentar una receta médica en la farmacia. En España, despenalizado en 1983, el consumo individual de cánnabis volvió a sancionarse en 1992 como “infracción grave”. En Bélgica, Dinamarca y Finlandia, el consumo está más o menos legalizado o reprimido, según los barrios, los lugares privados o públicos o en establecimientos como las prisiones. La posesión y el consumo son ilegales mientras que el cultivo está más o menos autorizado según las 30 variedades de grano conocidas y el contenido de THC (menos del 3% es impropio como estupefaciente). En una palabra: un poco en todas partes, el cánnabis es objeto de un batiburrillo de autorizaciones parciales y de prohibiciones más o menos justificadas.
La situación en Francia es cuando menos paradójica. Con 4,6 millones de franceses que lo probaron según los números del Observatorio de las Drogas para 2004, el país va a la cabeza de la clasificación europea. Es donde más cánnabis se fuma y también donde se ejerce la máxima represión de drogas en general y de cánnabis en particular. Según Le Monde, “un colegial de cada diez y dos alumnos de liceo de cada cinco lo han probado, y 550.000 personas lo consumen cotidianamente”. Docenas de libros se han publicado sobre el tema. Desde el Appel du 18 Joint de 1976 –en referencia al Appel du 18 Juin del General de Gaulle–, el cánnabis reúne a militantes antiprohibicionistas con el apoyo de algunos periódicos y del partido ecologista.

“Legalizar el cánnabis privaría al crimen organizado de su mayor fuente de recursos, y a la vez protegería a los consumidores”
Como los movimientos de sociedades terminan siempre por ganar la partida, el debate ha sido desplazado hoy de “¿hay que liberalizar el cánnabis?” a “¿cómo hacerlo?” ¿Cómo salir del absurdo de la prohibición de una sustancia cuya inocuidad y virtudes terapéuticas ya no necesitan ser demostradas? Es como si la idea misma de “droga” hubiera tetanizado el pensamiento e impidiera tratar racionalmente un problema social que concierne cada vez a más personas. Para el conservador The Economist, ahí están los números que demuestran lo absurdo de las políticas de represión: el cánnabis o marihuana “pesan más de la mitad de un mercado de drogas ilícitas de 300 millones de dólares” y queda la droga más preferida por 250 millones de personas en el mundo. Este inmenso mercado está controlado por grupos criminales y asesinos. “Legalizar el cánnabis privaría al crimen organizado de su mayor fuente de recursos, y a la vez protegería a los consumidores, que se convertirían en honestos ciudadanos”.
Pero algo de razón parece introducirse ahora en el problema. La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, encargado de la prohibición y consumo en 192 países, ha decidido, desde noviembre de 2016m autorizar su cultivo y utilización con fines terapéuticos. En Canadá, el primer ministro, Justin Trudeau, acaba de declarar su intención de crear y “hacer adoptar leyes para legalizar y reglamentar el consumo de la marihuana”.  Queda por precisar la edad legal del consumo, el precio de venta al público y las medidas de control de calidad. En Estados Unidos, 22 Estados han legalizado el cánnabis para uso médico. En Uruguay  ha sido legalizado y se puede encontrar para uso placentero en el marco de una distribución controlad . En Europa, los Países Bajos lo han ampliamente despenalizado y han encuadrado su venta y consumo desde 1976. De ahí la irrupción del cánnabis en la campaña electoral de varios candidatos de izquierdas. El primer ministro actual, Manuel Valls, rechaza toda despenalización, mientras que otros candidatos reclaman por lo menos un debate nacional, y Benoît  Hamon pide la liberalización simple y pura. Constatando que “cuanto más se prohíbe más se consume”, el profesor Bertrand Dautzenberg hace poco reclamó una “despenalización enmarcada”. Hoy, poseer cánnabis se tolera si es individual pero es sancionado en lugares públicos, y el cultivo de cánnabis por adultos está autorizado si es con fines personales.

Las propiedades terapéuticas de la sustancia, como antidolor, broncodilatador, antiespasmódico o vasodilatador se conocen desde hace mucho
Pero el corazón del debate concierne a los beneficios terapéuticos del cánnabis. Las propiedades terapéuticas de la sustancia, como antidolor, broncodilatador, antiespasmódico o vasodilatador se conocen desde hace mucho. La Asociación Médica Británica (BMA) se pronunció en su favor en 1997, y en un ensayo clínico en marcha, se analiza el posible efecto antitumoral de este medicamento en pacientes con tumores cerebrales y, en general, de los cannabáceas  para frenar el crecimiento y/o matar células tumorales de órganos y ayudar a la prevención del alzhéimer. En los Países Bajos, en Gran Bretaña y en ciertos Estados de Estados Unidos, unas decisiones políticas permiten hoy experimentar con la posesión terapéutica de esta droga. Pero es en el campo de la investigación donde España está a la cabeza. Las investigaciones recientes de la bióloga Cristina Sánchez de la Universidad Complutense de Madrid sobre los tumores cerebrales de animales de laboratorio tratados con cánnabis parecen autorizar verdaderas esperanzas en materia de tratamiento.
De hecho, lo que los romanos ya sabían –utilizando esta droga, entre otras cosas, para atenuar los dolores del parto – y que todos sabemos hoy, es que el cánnabis tiene múltiples propiedades terapéuticas, y que solamente el oscurantismo general e intereses varios han provocado un verdadero retraso en este dominio.

Fuente: http://ctxt.es/es/-Publico.es - Imagen: Puesto informativo sobre el cánnabis en un festival por: Don Gunn -  ‪Lamarihuana‬ - ‪Scoopnest.com‬

martes, 21 de febrero de 2017

¿Cómo hacemos frente a esta gran encrucijada?

La activista Yayo Herrero acaba de publicar el libro La Gran Encrucijada con Alicia Torrego y Fernando Prats, en el marco del Foro Transiciones. Un libro sobre la crisis ecosocial y el cambio de ciclo histórico cuyo diagnóstico no aporta nada nuevo, según comenta Yayo, pero que recoge el mejor conocimiento científico que tenemos ahora mismo con un estilo narrativo que conecta con personas a las que no estábamos siendo capaces de llegar. “Nos han dicho muchas veces «basta ya de diagnósticos, vamos a las soluciones», pero creo que hay que seguir insistiendo porque aún no se ha conseguido un relato universal sobre lo que está pasando. Es necesario salir de nuestros núcleos para atraer a capas de la sociedad más amplias a este empeño por transitar hacia sociedades ecologistas, justas e igualitarias. Con este libro estamos conectando con entornos más socialdemócratas o de corte más neokeynesiano o de economía verde”.
 
Es necesario abrir los debates más polémicos de las transiciones y debatir con cuantos más sectores de la opinión pública, mejor. Por ejemplo, si hablamos de transitar hacia renovables, habrá que estudiar cómo se financia para que dé cobertura a las necesidades de las mayorías sociales, y por otro lado, habrá que planificar esa transición, ya que la fabricación de generadores y placas solares supone la emisión de gases de efecto invernadero y la utilización de materiales escasos. Para Yayo, esta dinámica de planificación requiere “autoorganización en lo local y políticas macro que cuenten cuántas toneladas de materiales, cuánto gasto energético y cuántas emisiones se pueden generar con estos procesos sin empeorar las dinámicas de colapso”.
En la parte de propuestas sí hay novedades. El libro establece estrategias, dinámicas y planes sectoriales sobre qué hacer con los residuos, el agua, la energía, etc. Más allá de participar en construir alternativas locales, también piensa en cómo desde la política pública o de lo común podemos tratar de generar procesos ilusionantes de transición. “Si se quisiera, podría haber toda una batería de políticas públicas bien pensadas que podrían empujar esas dinámicas de autoorganización en lo local. Visibilizar eso es muy importante porque ahora mismo se percibe un salto enorme entre esas iniciativas autorganizadas y la percepción que tiene mucha gente de que no nos ayudan a frenar las dinámicas de apisonadora o de doctrina del shock”.
No existe una receta con sus ingredientes y tiempos de cocción exactos que nos hagan transitar con éxito. Pero al menos, tenemos claro qué queremos. ¿Cuál es el aceite que permitirá cocinar las necesarias transiciones? “El lubricante para mí sería la construcción de poder ciudadano. La disputa de la hegemonía cultural que nos conduzca a la disputa de la hegemonía política. Construir un tejido social que pueda impulsar, sostener y apoyar a aquellas instituciones que quieran ir por el camino de las transiciones socioecológicas y que pueda forzar a otras instituciones a que se sumen a la dinámica”. Para Yayo, la clave es conseguir que estos temas sean una preocupación generalizada.
¿Cómo involucrar a más gente en este cambio cultural?
Dice Manuel Castells que la lucha de poder fundamental es la batalla por la construcción de significados en las mentes. En el libro hay un capítulo titulado “Sin reconfigurar los imaginarios sociales no será posible el cambio”. ¿Cómo hacemos eso y qué nos falta?
Empezamos con la autocrítica. “Nos ha fallado el no haber sabido conectar con la gente normal”, dice Yayo con rotundidad. Añade que la eclosión de Podemos nos tendría que proporcionar algunos elementos para el aprendizaje: “Hay muchas cosas de Podemos que ni comparto ni me gustan, pero hay que reconocer que supo aprovechar las grietas que dejaba el modelo hegemónico para colarse ahí. Utilizó algunas nuevas categorías como lo de la “casta” y la idea de “los de arriba y los de abajo”, conceptos del 15M, que consiguieron amplificar el mensaje a otros públicos. Nosotros no hemos sabido aprovechar esas grietas”. ¿Por qué? “Creo que no acabamos de encontrar fórmulas o no terminamos de atrevernos a pisar ciertos espacios”. Desde hace unos meses, Yayo participa en las tertulias del programa radiofónico “A vivir” de la Cadena Ser: “El programa dura unos 45 minutos, a repartir entre unas 6 tertulianas. No es mucho tiempo y explicar la dimensión de la crisis ecológica requiere de un buen rato. Pues a pesar de eso, lo hago y me llegan comentarios muy positivos de gente a quien he hecho reflexionar a raíz de participar en espacios tan pequeños de alta audiencia”. Y añade que tampoco hemos tenido fuerzas, ni estrategia ni capacidad para meternos en asociaciones de vecinas o en los barrios cuando hablamos del activismo ecologista en ciudades grandes como Madrid. “Estamos muy alejadas de la vida cotidiana de la gente”.
Entonces, ¿cómo nos acercamos a la gente? Dependiendo a quién queramos llegar, debemos pensar en un mensaje o en otro y en cuál es la forma más eficaz para comunicarlo. Vamos a la práctica. “Por ejemplo, con personas mayores es fácil empezar hablando de austeridad porque lo tienen aún en su marco de referencia cultural. Son personas que, en su mayoría, se han educado en pueblos donde todo se aprovechaba. Entonces, cuando te diriges a esas personas puedes empezar por ahí”. Sin embargo, desde hace unos años, se ha ridiculizado a muchos de estos perfiles austeros estereotipándolos como tacaños, atrasados o poco modernos. Tal ha sido el cambio que, cuando te diriges a personas entre 45 y 65 años, la estrategia cambia. “Generalizando enormemente, estos perfiles adultos que han vivido el despliegue del crecimiento económico, la llegada del «progreso» y la cultura del usar y tirar, es mucho más difícil empezar por las alternativas porque estas pasan por la reducción drástica del consumo material. Si no lo pones en relación con el problema al que ha llevado vivir como si no hubiera limites, a la gente le cuesta entender porque presentamos estas medidas tan radicales que van en contra del confort y la buena vida, entendida esta a través del consumo”.
Es decir, la deconstrucción de falsa idea de confort requiere de la fase de diagnóstico. “No es el caso de los mayores, como contaba, o cuando son pequeños, que antes de ser poseídos por el consumo ven las cosas con una claridad y una nitidez increíble. No es lo mismo la gente que vive en lo rural o en ámbito insular, que ven en su territorio los límites. No nos vale una receta de comunicación única para todos los lugares y perfiles. Nos falta mucho en el terreno de comunicar la alternativa y, como digo, hay que construirla de forma distinta dependiendo del territorio y el contexto de cada lugar”.
Además, hay que comunicar la alegría. Si algo caracteriza las charlas de Yayo es la energía con la que sales de ellas. A pesar de contar una realidad crudísima, tras escuchar las palabras de Yayo, tienes ganas de pasar a la acción. ¿Cuál es el truco? “He tenido la suerte de encontrar y poder conectar con la mejor gente del mundo que es, precisamente, la que quiere cambiar las cosas. Cuando voy a dar una charla me encuentro gente que me cuida, que me acoge, gente bien articulada, gente que piensa como darle la vuelta a las cosas, gente solidaria que se preocupa por quien no tiene cómo pagar la luz... Vivir al lado de esta gente es la caña. Y yo eso, lo comunico y lo digo mucho en Ecologistas en Acción: Igual caminamos hacia el colapso pero no es lo mismo caminar sola y rodeada de hostilidad que hacerlo acompañada de la mejor gente que hay en el mundo”.
¿Cómo conciliar vida privada, activismo y trabajo?
“Con alegría”. La pregunta es sencilla. “Yo me río mucho en el curro, me río mucho en Ecologistas en Acción, con mis amigos... Esa posibilidad de reírse con la gente y de disfrutar es lo que te da fuerza para poder seguir haciendo cosas”. Acude a su trayectoria vital: “Cuando trabajaba en la gran empresa, tenía la sensación de que una parte de mi vida la tenía dedicada a algo que no me importaba en el fondo. Entonces cuando tuve la posibilidad de dar el salto en el vacío, dejar el curro y empezar a explorar el mundo del cooperativismo y otras cosas, a mí se me produjo una armonización de repente entre las cosas que me preocupaban, lo que me parecía importante y con lo que me ganaba la vida, y eso te genera una salud mental impresionante”. ¿Y cuando hay momentos en los que no puedes más? “Hay momentos de cansancio, pero creo que es un momento en el que necesitamos mucho activismo y para mí la solución no está en restarle tiempo a la militancia. La cuestión está en crear espacios que sean gratos, que te refuercen y te hagan sentirte muy bien. A mí me parece difícil cuidarme a mí misma sino genero esa estructura de cuidado en los espacios en los que yo quiero estar y estoy”.
El problema es cuando los espacios activistas son hostiles. “A veces, se reproducen muchas lógicas del mundo público o de la empresa privada o de la familia, donde hay relaciones de subordinación, de poder y de jerarquía, y a veces nos tratamos mal. Igual que existe un homo economicus alejado de la vida, creo que también existe un hommo militantus”. Tenemos que superar a esos antiguos militantes que decían «Yo no he venido aquí a hacer amigos» o «Aquí lo importante es que cambiemos el mundo», comenta Yayo.
Ella es partidaria de dedicar tiempo y energía a las organizaciones: “a resolver conflictos, a hablar las cosas y a generar formas de tratarnos que haga que la gente se sienta bien”. Y para eso, las organizaciones tienen que regenerarse y “dar cancha” a otras personas más jóvenes o nuevas. Una de las cosas que valora de Ecologistas en Acción es que las personas con una trayectoria larga y cierta responsabilidad en la organización saben retirarse sin dejar de estar. “A veces, por haber ocupado espacios de decisión, tu opinión tiene un peso distinto al de las demás y eso es un problema. Aunque seas abierta y democrática, terminas teniendo un peso que, aunque jerárquicamente ya no te corresponde, el grupo te lo concede”.
Yayo Herrero dejó la Coordinación y luego la Secretaría, pero no ha dejado de participar en Ecologistas en Acción, ya sea pintando una pancarta o viajando al punto que sea de la geografía española para mediar en un conflicto. Siempre a disposición de las personas y de las transiciones. Hay teorías conspiratorias que dicen que en realidad, Yayo no es solo una, sino que hay dos y por eso ella puede estar en todas partes. Se van turnando, dicen las malas lenguas. Después de muchos años de militancia en el ecologismo social, quienes la conocen saben que Yayo Herrero, no hay más que una; solo que es... mucha Yayo.

Nota:
[1] Esta entrevista (completa) ha sido originalmente publicada y escrita en la revista Ecologista que publica Ecologistas en Acción.
Fuente: http://www.elsalmoncontracorriente.es/?Igual-caminamos-hacia-el-colapso

La salida del capitalismo ya ha empezado

 André Gorz

La crisis del sistema se manifiesta tanto a nivel macro-económico como a nivel micro-económico. La principal causa es el cambio radical tecno-científico que introduce una ruptura en el desarrollo del capitalismo y arruina, con sus repercusiones, la base de su poder y su capacidad para reproducirse. Intentaré analizar esta crisis primero bajo la perspectiva macro-económica [1], y segundo a través de sus efectos en el funcionamiento y la gestión de las empresas [2].


[1] La informatización y la robotización han permitido producir cada vez más mercancías con cada vez menos trabajo. El coste del trabajo por unidad de producto no ha dejado de disminuir y el precio de los productos tiende a bajar. Sin embargo, cuanto más disminuye la cantidad de trabajo para una producción particular, más tiene que aumentar el valor producido por trabajador -su productividad- para que la masa de beneficio no disminuya. Obtenemos por tanto esta paradoja aparente : cuanto más aumenta la productividad, más tiene que aumentar ésta para evitar que el volumen de beneficio disminuya. La carrera hacia la productividad tiende a acelerarse, los recursos humanos a reducirse, la presión sobre el personal a endurecerse, el nivel y la masa salarial a disminuir. El sistema evoluciona hacia un límite interno donde la producción y la inversión en la producción dejan de ser lo suficiente rentables.
Las cifras prueban que se ha alcanzado este límite. La acumulación productiva de capital productivo no ha dejado de experimentar una regresión. En los Estados-Unidos, las 500 empresas del índice Standard & Poor’fs disponen de 631 millones de millones de reservas líquidas ; la mitad de los beneficios de las empresas americanas proviene de operaciones en los mercados financieros. En Francia, la inversión productiva de las empresas del CAC 40 ni siquiera aumenta cuando sus beneficios se multiplican.

Puesto que la producción ya no es capaz de valorizar todos los capitales acumulados, una parte creciente de ellos se queda bajo la forma de capital financiero. Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros. La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio ; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones : la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc.. Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras : los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.
La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada (la depresión japonesa dura ya quince años).
Siempre podremos culpar a la especulación, a los paraísos fiscales, a la opacidad y a la falta de control de la industria financiera (en particular los “hedge funds”), pero la amenaza de depresión, incluso de colapso que pesa sobre la economía mundial, no se debe a la falta de control : se debe a la incapacidad del capitalismo de reproducirse. Sólo se perpetua y funciona sobre bases ficticias cada vez más precarias. Pretender la redistribución, a través del impuesto, de las plus-valías ficticias de las burbujas precipitaría exactamente lo que intenta evitar la industria financiera : la desvalorización de masas gigantescas de activos financieros y la quiebra del sistema bancario.
La “reestructuración ecológica” sólo puede agravar la crisis del sistema. Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años. Si prolongamos la tendencia actual, se multiplicará el PIB mundial por un factor 3 o 4 hasta el 2050. Sin embargo, según el informe del Consejo sobre el Clima de la ONU, las emisiones de CO2 tendrán que disminuir de un 85% hasta esta fecha para limitar el calentamiento climático a 2ºC máximo. Más allá de 2ºC, las consecuencias serán irreversibles y no controlables.
Por tanto el decrecimiento es un imperativo de superviviencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales. Sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. Por tanto la salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar.
Ya conocemos la forma bárbara. Prevalece en varias regiones de África, dominadas por jefes de guerra, por el saqueo de las ruinas de la modernidad, las masacres y tráfico de seres humanos, en un panorama de hambrunas. Los tres Mad Max eran novelas de anticipación.
En cambio, no se suele plantear una forma civilizada de salida del capitalismo. La evocación de la catástrofe climática que nos amenaza conduce generalmente a considerar un necesario “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de este cambio, las condiciones que lo hacen posible, los obstáculos que hay que saltar parecen desafiar la imaginación. Proyectar otra economía, otras relaciones sociales, otros métodos y medios de producción y otros modos de vida se tacha de “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del asalariado y del dinero fuera infranqueable. En realidad una multidud de indicios convergentes sugieren que ya se ha iniciado esta superación y que las probabilidades de una salida civilizada del capitalismo dependen ante todo de nuestra capacidad de distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian su factibilidad.
[2] El capitalismo debe su expansión y su dominación al poder que ha adquirido en un siglo, tanto en la producción como en el consumo. Al privar primero a los obreros de sus medios de trabajo y de sus productos, se ha garantizado progresivamente el monopolio de los medios de producción y ha conseguido subsumir el trabajo. Con la especialización, la división y la mecanización del trabajo en grandes instalaciones, los trabajadores se convirtieron en los apéndices de las megamáquinas del capital. Se tornó así imposible para los productores apropiarse de los medios de producción. Gracias a la eliminación del poder de aquéllos sobre la naturaleza y el destino de los productos, se ha asegurado al capital el cuasi-monopolio de la oferta, es decir el poder de anteponer en todos los ámbitos las producciones y los consumos más rentables, así como el poder de crear los gustos y deseos de los consumidores y la manera con la que iban a satisfacer sus necesidades. Este poder es el que la revolución informacional empieza a agrietar.
En un primer momento, el objetivo de la informatización fue la reducción de los costes de producción. Para evitar que esta reducción de costes conllevara la correspondiente baja de los precios de las mercancías, había que, en la medida de lo posible, sustraerlas a las leyes del mercado. Esta sustracción consistía en conferir a las mercancías cualidades incomparables gracias a las que parecen no tener equivalente y dejan de ser por tanto simples mercancías.
El valor comercial (el precio) de los productos tenía, por lo tanto, que depender más de sus cualidades inmateriales no medibles que de su utilidad (valor de uso) sustancial. Estas cualidades inmateriales -el estilo, la novedad, el prestigio de la marca, la rareza o “exclusividad”- tenía que conferir a los productos un estatuto comparable al de las obras de arte. Éstas últimas tienen un valor intrínseco : no existe ningún patrón que permita establecer entre ellas una relación de equivalencia o “precio justo”. No son por tanto verdaderas mercancías. Su precio depende de la rareza, de la reputación del creador, del deseo del comprador eventual. Las cualidades inmateriales incomparables proporcionan a la empresa productiva el equivalente de un monopolio y la posibilidad de asegurarse una renta de novedad, rareza, exclusividad. Esta renta esconde, compensa y a menudo sobrecompensa la disminución del valor en su aceptación económica que la reducción de los costes de producción genera para los productos en tanto que mercancías por esencia intercambiables entre sí según la relación de equivalencia.
De un punto de vista económico, la innovación no crea valor : es el medio para crear una rareza fuente de renta y conseguir un sobreprecio en detrimento de los productos competidores. La parte de la renta en el precio de una mercancía puede ser diez, veinte o cincuenta veces más grande que su coste de producción, y no sólo se aplica a los artículos de lujo ; también se aplica a los artículos del día a día como zapatillas de deporte, camisetas, móviles, discos, pantalones vaqueros, etc..
Sin embargo, la renta no tiene la misma naturaleza que el beneficio : no corresponde a la creación de un aumento de valor, de una plus-valía. Redistribuye la masa total del valor a favor de las empresas rentistas y en detrimento de los otros ; no aumenta esta masa [1].
Cuando el incremento de la renta se convierte en la meta determinante de la política de las empresas -más importante que el beneficio que, por su parte, choca con el límite interno que hemos indicado antes- la competencia entre empresas descansa ante todo sobre su capacidad y rapidez de innovación. De ella depende ante todo la amplitud de su renta. Por tanto intentan superarse con el lanzamiento de nuevos productos o modelos o estilos, con la originalidad del diseño, con la inventiva de sus campañas de marketing, con la “personalización” de sus productos. La aceleración de la obsolescencia, que va de la mano con la menor durabilidad de los productos y de la menor facilidad para repararlos, se convierte en el medio decisivo para aumentar el volumen de ventas. Obliga a las empresas a inventar continuamente necesidades y deseos nuevos, a atribuir a las mercancías un valor simbólico, social, erótico, a difundir una “cultura del consumo” que apuesta por la individualización, singularización, rivalidad, envidia, es decir, lo que he llamado en otro escrito la “socialización antisocial”.
En este sistema todo se opone a la autonomía de los individuos ; a su capacidad de reflexionar juntos sobre sus objetivos y necesidades comunes ; de concertarse sobre la mejor manera de eliminar el despilfarro, de ahorrar recursos, de elaborar juntos, como productores y consumidores, una norma común de lo suficiente -lo que Jacques Delors llamaba una “abundancia frugal”. Sin duda alguna, la ruptura con la tendencia del “producir más, consumir más” y la redefinición autónoma de un modelo de vida que aspira a hacer más y mejor con menos, supone la ruptura con una civilización donde no se produce nada de lo que se consume y no se consume nada de lo que se produce ; donde los productores y consumidores están separados y donde cada uno se opone a sí mismo ya que es siempre lo uno y lo otro a la vez ; donde todas las necesidades y todos los deseos se centran en la necesidad de ganar dinero y el deseo de ganar más ; donde la posibilidad de autoproducción para el autoconsumo parece fuera de alcance y ridículamente arcaico - sin razón.
Sin embargo, la “dictadura de las necesidades” pierde fuerza. La influencia que las empresas ejercen sobre los consumidores se vuelve más débil a pesar del aumento exponencial de los gastos para el marketing y la publicidad. La tendencia a la autoproducción gana de nuevo terreno gracias al peso creciente que tienen los contenidos inmateriales en la naturaleza de las mercancías. El monopolio de la oferta escapa poco a poco al capital.
No era difícil privatizar y monopolizar contenidos inmateriales mientras los conocimientos, ideas, conceptos utilizados en la producción y concepción de las mercancías se definían en función de máquinas y de artículos en los que se incorporaban para un uso concreto. Máquinas y artículos se podían patentar y la posición de monopolio quedaba protegida. La propiedad privada de los conocimientos y de los conceptos se hacía posible, ya que eran inseparables de los objetos que les materializaban. Eran un componente del capital fijo.
Pero todo cambia en el momento en que los contenidos inmateriales no son inseparables de los productos que los contienen, ni siquiera de las personas que los poseen ; cuando acceden a una existencia independiente de todo uso particular y se convierten en susceptibles de ser reproducidos en cantidades ilimitadas por un coste ínfimo, tras su traducción en programas. Entonces se pueden convertir en un bien abundante que, por su disponibilidad ilimitada, pierde cualquier valor de cambio y cae en el dominio público como bien común gratuito - salvo si se consigue impedirlo al prohibir el acceso y el uso ilimitados para los cuales está hecho.
El problema que enfrenta “la economía del conocimiento” proviene del hecho de que la dimensión inmaterial de la que depende la rentabilidad de las mercancías no es, en la edad de la informática, de la misma naturaleza que éstas últimas : no es propiedad privada ni de las empresas ni de sus colaboradores ; no tiene un carácter privatizable y no puede por consiguiente convertirse en una verdadera mercancía. Sólo se puede disfrazar de propiedad privada y mercancía al reservar su uso exclusivo a través de artimañas jurídicas o técnicas (códigos de acceso secretos). No obstante este disfraz no cambia nada a la realidad de bien común del bien así disfrazado : sigue siendo una no-mercancía no vendible cuyo acceso y uso libres están prohibidos porque permanecen siempre posibles, porque le amenaza las “copias ilícitas”, las “imitaciones”, los usos prohibidos. Incluso el autodenomidado propietario no los puede vender, es decir transferir la propiedad privada a otro, como lo haría con una verdadera mercancía ; sólo puede vender un derecho de acceso o de uso “bajo licencia”.


Así la economía del conocimiento se basa en una riqueza cuya vocación es la de ser un bien común, y los patentes y copyrights que debieran privatizarlo no cambian nada : la era de la gratuidad se expande de manera irrefrenable. La informática y el Internet atacan las bases del reino de la mercancía. Todo lo que se traduce en lenguaje numérico y reproducible, comunicable sin gastos tiende irresistiblemente a convertirse en un bien común, incluso en un bien común universal cuando es accesible a todos y utilizable por todos. Cualquiera puede reproducir con su ordenador contenidos inmateriales como el diseño, planes de construcción o de montaje, fórmulas y ecuaciones químicas ; inventar sus propios estilos y formas ; imprimir textos, grabar discos, reproducir tablas. Más de 200 millones de referencias están actualmente accesibles bajo licencia “creative commons”. En Brasil, donde la industria del disco comercializa 15 nuevos discos al año, los jóvenes de las favelas graban 80 discos por semana y los difunden en la calle.
Las tres cuartas partes de los ordenadores fabricados en 2004 se construyeron en favelas con los componentes de materiales desechados. El gobierno apoya a las cooperativas y agrupaciones informales de autoproducción para el auto-abastecimiento.
Claudio Prado, que dirige el departamento de cultura numérica en el ministerio de Cultura de Brasil, hace poco : “El empleo es una especie en vía de extinción Tenemos la intención de saltarnos esta fase sin interés del siglo XX para pasar directamente del siglo XIX al siglo XXI”. Por ejemplo se ha apoyado oficialmente la autoproducción de ordenadores : se trata de favorecer la “apropiación de las tecnologías por los usuarios con un objetivo de transformación social”. La próxima etapa será lógicamente la autoproducción de medios de producción. Volveré sobre este tema.
Lo importante por el momento es que la principal fuerza productiva y la principal fuente de rentas caen progresivamente en el dominio público y tienden hacia la gratuidad ; que la propiedad privada de los medios de producción y por tanto el monopolio de la oferta son cada vez menos posibles ; que por consiguiente la influencia del capital sobre el consumo se relaja y éste puede tender a emanciparse de la oferta mercantil. Se trata aquí de una ruptura que ataca la base del capitalismo. La lucha emprendida entre los “programas propietarios” y los “programas libres” (libre, “free”, es también el equivalente en inglés de “gratuito”) ha sido el inicio del conflicto central de esta época. Se extiende y se prolonga en la lucha contra la mercantilización de las riquezas primas -la tierra, las semillas, el genoma, los bienes culturales, los saberes y las competencias comunes que constituyen la cultura cotidiana y que son las condiciones previas a la existencia de una sociedad. Del resultado de esta lucha dependerá que la salida del capitalismo tenga lugar de forma civilizada o bárbara.
Salir del capitalismo implica necesariamente nuestra emancipación de la influencia que ejerce el capital sobre el consumo y de su monopolio sobre los medios de producción. Significa restablecer la unidad del sujeto de la producción y del sujeto del consumo y retomar la autonomía en la definición de nuestras necesidades y de su modo de satisfacción. El obstáculo insalvable que el capitalismo había colocado en este camino era el carácter mismo de los medios de producción que había creado : constituían una megamáquina donde todos eran sirvientes y que nos dictaba qué fines perseguir y qué vida llevar. Este periodo llega a su fin. Los medios de autoproducción high-tech convierten la megamáquina industrial en virtualmente obsoleta. Claudio Prado alega “la apropriación de las tecnologías” porque todos pueden apropiarse la clave común de todas : la informática. Porque, como lo pedía Iván Illich, “cada uno puede utilizarla sin dificultad tan a menudo o tan poco como lo desea” sin que el uso que hace de ella usurpe la libertad de otros de hacer lo mismo” ; y porque este uso (se trata de la definición de Illich de las herramientas conviviales) “estimula la realización personal” y amplía la autonomía de todos. La definición que Pekka Himanen da de la Etica Hacker es bastante parecida : un modo de vida que antepone “la felicidad de la amistad, del amor, de la libre cooperación y de la creatividad personal”.
Las herramientas high-tech existentes o en curso de desarrollo, generalmente comparables a periféricos de ordenadores, apuntan hacia un futuro donde prácticamente todo lo necesario y deseable podrá ser producido en talleres cooperativos o comunales ; donde las actividades de producción se podrán combinar con el aprendizaje y la enseñanza, con la experimentación y la investigación, con la creación de nuevos gustos, perfumes y materiales, con la invención de nuevas formas y técnicas agrícolas, de construcción, de medicinas, etc.. Los talleres comunales de autoproducción estarán interconectados a escala global y podrán intercambiar o poner en común sus experiencias, invenciones, ideas, descubrimientos. El trabajo será productor de cultura, la autoproducción un modo de plenitud.

Dos circunstancias abogan en favor de este tipo de desarrollo. La primera es que existe bastante más know-how, talento y creatividad de lo que la economía capitalista es capaz de utilizar. Este excedente de recursos humanos sólo puede ser productivo en una economía donde la creación de riqueza no se someta a criterios de rentabilidad. La segunda es que “el empleo es una especie en vía de extinción”.
No digo que estas transformaciones radicales vayan a tener lugar. Sólo digo que por primera vez podemos querer que se realicen. Los medios existen, así como la gente que los ponen en práctica metódicamente. Es probable que sean los sur-americanos o sur-africanos los primeros que decidan recrear en los suburbios desheredados de las ciudades europeas los talleres de autoproducción de su favela o de su township de origen.

André Gorz, el 17/09/2007
Traducción y revisión de Florent Marcellesi y Lara Pérez Dueñas.
[1] El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían.
El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.).
Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máximo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente : una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo.
Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el
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