No es la histeria lo que está matando la energía nuclear

 

El lobby nuclear ha argumentado durante décadas que el movimiento antinuclear, y la opinión mayoritaria de las poblaciones humanas, sufre de “histeria” y que no guardan relación con la realidad. Pero sus respuestas furibundas a quienes responden a su credo y su ignorancia absoluta del sufrimiento que ha generado la nuclear, invita a reconsider quién sufre de histeria y quién tiene la evidencia de su parte. Pero la destrucción que genera nos debería emocionar

Por: Linda Pentz Gunter

Hace un tiempo, cuando una mujer tenía menopausia, síndrome premenstrual, una líbido algo alta o falta completa de la misma, se la juzgaba como “histérica”. Su condición o problema, médico o psicológico, se resumía en “reacción emocional”. Incluso se creía que aquellos síntomas se debían a un “útero errante”. ¿En serio? Sí.
Durante años, si eras una mujer antinuclear, se te consideraba así. Con suerte no lo del útero, pero mejor olvidémoslo. ¿A cuántas nos dijeron que éramos demasiado “emocionales”? La implicación, que no entendíamos de “ciencia”.
Pero conforme la supervivencia a largo tiempo de la nuclear se volvía más improbable, las fuerzas pronucleares redoblaron sus esfuerzos y empezaron a meter a todo el mundo en el cajón de la “histeria”. Ahí pertenecías si te atrevías a señalar el peligro de la nuclear. Histéricas. Diseminábamos miedo e ignorancia. Como se dice ahora, “fake news”. Por todas partes nos lo siguen haciendo.
“Veamos si hay países en el mundo que no se dejaron llevar por la histeria antinuclear, y el impacto que eso tuvo sobre las emisiones”, escribió un tal Anhony Watts en su blog tras la catástrofe de Fukushima.
Bajo el titular 'No hay motivos para la histeria antinuclear', Vei Ringel escribía en la Executive Intelligence Review: “Si no nos protegemos contra la ideología histérica antimodernidad, antinuclear... nuestras nietas acabarán tejiendo camisetas para el mercado chino”. 

Hablando de histeria.
“Una catástrofe nuclear en la central nuclear de Fukushima Daichi, en Japón, ha generado un rebrote de histeria nuclear”, decía John Downs en Business Insider. Los ilustres científicos (nótese la ironía) Penn y Teller llamaron a su crítica de Helen Caldicott, de Beyond Nuclear, y seguramente una persona “muy emocional”, “Penn & Teller vs Dr. Helen Caldicott, velas y alarmismo antinuclear”.
Fareed Zacharia escribiría en el Washington Post: “El temor a la nuclear, que [el senador Bernie] Sanders comparte, se basan en reacciones emocionales a los escasos accidentes ocurridos en las últimas décadas”. Parece sacado de un post pronuclear en Facebook.
Pero no es el miedo lo que está condenando a la nuclear, sino los muy auténticos riesgos y su precio extraordinario.

Es el hecho de que puede envenenar a las personas, animales, aire, tierra y agua durante millones de años.
Es el hecho de que, pese a su pontificación desde una torre de marfil, gente como Zacharia nunca han coincidido con las madres de Fukushima o Chernóbil. Sus hijos serán estadísticas inmateriales para sublimes columnistas y bloggers, pero no lo son para sus madres.
Y no es miedo lo que conduce a políticos como Bernie Sanders a oponerse a la energía nuclear. Es todo el dinero que hace falta para que reflotarla de sí misma. Un dinero, y un tiempo, que podríamos estar dedicando a la acción rápida por el clima.
Así que sí, Sr. Zacharia, tengo una “reacción emocional” cuando veo a niños que deberían ser sanos y felices que tienen que evacuar, que no pueden jugar en la calle, que sufren de acoso escolar o, peor, cáncer de tiroides, y todo por culpa de Fukushima.
Tengo una “reacción emocional” cuando veo las caras de tristeza de los niños con discapacidades físicas y/o mentales en los orfanatos de Bielorrusia. Niños que sufren por el accidente de Chernóbil del 86, mucho antes de que nacieran.
Tengo una “reacción emocional” cuando veo las caras de tristeza de los niños con discapacidades físicas y/o mentales en los orfanatos de Bielorrusia. Niños que sufren por el accidente de Chernóbil del 86, mucho antes de que nacieran siquiera.
Tengo una “reacción emocional” cuando veo fotos y vídeos de vacas muertas o moribundas, abandonadas en Fukushima, el eco de sus mugidos extendiéndose por establos repletos de los cadáveres de sus compañeras.
Y sí, también tengo una “reacción emocional” incluso cuando no suceden accidentes.
Me preocupa mucho el alarmante aumento de leucemia entre los niños que viven cerca de centrales nucleares.
Me emociono escuchando las historias de los mineros de uranio navajos y sus familias, que se enfrentan a enfermedades relacionadas con la exposición a la radiación, además de escasez y discriminación.
Me perturba, emocionalmente, las consecuencias de las centrales nucleares sobre especies marinas en peligro de extinción, que son atrapadas y mueren dentro de ellas.
Y me enfado cuando veo, una y otra vez, que los únicos planes para gestionar los residuos radioactivos consisten en dejarlos junto a comunidades no blancas, no urbanas.

El lobby nuclear contesta a todo esto diciendo, como Zacharia, que la nuclear es “300 veces más segura que el carbón”, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Oxford. Lo que es, por supuesto, irrelevante. Cuando empleamos nuestros argumentos “emocionales” contra la nuclear, por el peligro que supone sobre todas las formas de vida, no estamos necesariamente diciendo que el carbón sería mejor. Es una acusación absurda. No regresaremos al carbón.
Lo que decimos es que las renovables son más seguras, no que sean 100% seguras. Aún no se ha descubierto una forma de generación de energía que no afecte al medioambiente.
No tenemos que afrontar la decisión de Sophie. Pero sí tenemos que decidir si preferimos nuclear o renovables. Y allá donde la nuclear está desapareciendo, como en Alemania, Suiza, Nebraska y California, es precisamente lo que está sucediendo.
La Asociación Psiquiátrica Americana abandonó el concepto 'histeria' en 1952. El lobby nuclear se debería aplicar el cuento y decir algo ante los muy reales peligros médicos de su negocio, que afecta desproporcionada a las comunidades con menos recursos para frenarles. La definición de valientes, vamos.
Si no tienes una “reacción emocional” cuando te acercas a las tragedias de la energía nuclear, entonces eres tú quien tiene que ir al médico.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/desconexion-nuclear/no-es-la-histeria-lo-que-esta-matando-la-energia-nuclear. Artículo publicado originalmente en Beyond Nuclear International. www.beyondnuclearinternational.org - Traducción de Raúl Sánchez Saura. Central nuclear de Fukushima. Foto:TEPCO




 

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