Decrecimiento o ecofascismo: Trump agudiza la crisis ecológica con su reforzado imperialismo
Una de las características esenciales de las fuentes de energía no renovables es, precisamente, que no se renuevan. Dicho de otro modo, el petróleo se acaba. Durante las dos últimas décadas, EEUU hizo frente a la escasez de recursos a través del fracking (fracturación hidráulica), que permite extraer petróleo y gas natural. Pero esta técnica parece haber tocado techo. El mandatario estadounidense, Donald Trump, no es ajeno a la inestable soberanía energética del país, principal motivo del secuestro de Maduro o de su renovado anhelo expansionista hacia Groenlandia. Una estrategia que no tiene sino efectos retardistas en la política verde y la transición ecológica.
Adhik Arrilucea
El geólogo Antonio Aretxabala señala a Público que una sociedad que funcione al 100% con fuentes renovables de energía es incompatible con el capitalismo y, por tanto, con los modos de vida que conocemos. Un informe del grupo de expertos Ember publicado en abril de 2025 apuntaba que el 41% de la electricidad mundial se generaba con fuentes sin emisiones. Pero "no se puede electrificar todo", matiza el también investigador en transición ecológica y digital, que pone ejemplos como el avión. Así, considera que solo existen dos vías en el largo plazo: "decrecimiento o ecofascismo". Y en esta bifurcación, Trump ya ha movido ficha.
El ocaso del 'fracking'
La gran apuesta de EEUU durante las últimas décadas ha sido el fracking o fracturación hidráulica. Esta técnica consiste en perforaciones profundas del suelo y quebrar las rocas subterráneas, conocidas como shale, para extraer de ellas gas natural y petróleo. Este método ha recibido fuertes críticas por parte de los movimientos ecologistas. Greenpeace advierte de que "consume enormes cantidades de agua", contamina las fuentes hídricas del subsuelo y emite "potentes gases de efecto invernadero" como el metano.
Las alertas ambientales no han parado de llegar en este tiempo al Despacho Oval –cuando ha estado ocupado tanto por demócratas como por republicanos–, que encontró en la Cuenca Pérmica de Texas un vergel a explotar. Sin embargo, la Administración de Información Energética de los Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) prevé una "moderada" reducción de crudo para el 2026. En concreto, la entidad pronostica una producción media de 13,5 millones de barriles diarios, 100.000 menos con respecto al promedio de 2025. La empresa de inversión Goehring & Rozencwajg, dedicada a la investigación en el sector de los recursos naturales, también apuntaba en su informe del pasado mes de agosto que la industria estadounidense podría estar acercándose a su "crepúsculo".
"El petróleo de fracking no se va a agotar por escasez, sino por mecanismos financieros", declaran a Público Marcel Llavero, coordinador del Atlas Global de Justicia Ambiental en la Universitat Autònoma de Barcelona Marti Orta y Gorka Muñoa, ambos científicos del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona. "Cada vez requerirá una mayor inversión de capital para mantener el mismo nivel de producción, se reducirán las tasas de retorno, y el capital buscará otros destinos para sus inversiones".
Los investigadores reconocen que los inicios del fracking obtuvieron "unos retornos de inversión estratosféricos" que todavía hoy siguen siendo competitivos, si bien se han reducido. No obstante, ponen de relieve que "algún cambio en las políticas o en el entorno económico puede transformar súbitamente la ecuación". Por ejemplo, la entrada del petróleo venezolano en el mercado estadounidense haría descender "el atractivo de la inversión" en la fractura hidráulica. "Sin inversión, los pozos de fracking existentes se secarían en unos pocos años".
El petróleo de Canadá, el más caro del mundo
Aretxabala recuerda que el crudo que se extrae del fracking es especialmente ligero, por lo que se mezcla con el canadiense, más denso. Este proviene de las llamadas arenas bituminosas que se encuentran en Alberta, las cuales constituyen "las fuentes de petróleo más caras del mundo", indican los investigadores catalanes. En este sentido, el geólogo remarca que este recurso debe pasar por un complejo entramado de refinería para el que se requiere gas natural. Y aunque existe infraestructura para llevarlo a cabo, el gas natural "encarece todo el proceso".
El Gobierno central de Canadá firmó con Alberta un memorándum el pasado mes de noviembre por el que acordaron la construcción de un nuevo oleoducto para transportar su crudo al mercado asiático. Ottawa busca de este modo ampliar su mercado ante la inseguridad derivada de la guerra arancelaria que EEUU, su principal cliente, inició hace un año con la vuelta de Trump a la Casa Blanca. Aretxabala también incide en que las arenas bituminosas están muy explotadas. Todo ello llevaría a Washington a buscar nuevas vías para garantizar su suministro energético. Y lejos de buscarlas en fuentes renovables, mantiene la mirada puesta en los hidrocarburos.
Los científicos de la UAB y el IRBio mencionan que el impacto ecológico de las arenas bituminosas es "muy significativo". Su extracción se realiza "directamente de la superficie, arrasando por completo grandes extensiones de territorio, y afectando a las aguas de cuencas hidrográficas extensas", advierten. Además, "tienen unos de los índices de emisiones por energía más altos". Consideran que "retirar estos recursos del mercado es una buena noticia". Sin embargo, el camino alternativo que EEUU quiere iniciar poco tiene que ver con las fuentes verdes.
Un petro Estado en guerra contra las energías limpias
Gerard Reid, analista de energía, diferencia entre "petro Estados" y "electro Estados", países que apuestan por los combustibles fósiles y los que electrifican su consumo energético en la medida de lo posible, respectivamente. Reid es cofundador de Alexa Capital, una asesoría financiera basada en soluciones renovables. En un panel de expertos celebrado hace unos días, identificó "una esquizofrenia en EEUU porque tienen recursos increíbles, también renovables, pero el shale ha transformado su visión". Destacó una "paranoia" en el país norteamericano porque no tienen claro cuál es su modelo energético, pero subrayó que la herencia trumpiana encaja de manera inequívoca en el primero.
Los Estados Unidos "le han declarado la guerra a la transición ecológica", destacó en el panel Tyson Slocum, director del Programa de Energía de Public Citizen, una ONG en defensa de la salud, la seguridad y la democracia. La realidad es que el petróleo venezolano no es un negocio atractivo porque requiere grandes inversiones. El crudo es denso y está mezclado con azufres, por lo que necesita una importante infraestructura de refinación.
El CEO de la petrolera estadounidense ExxonMobil, Darren Woods, afirmó que "es imposible invertir" en el mercado venezolano, según recoge la CNN. "Venezuela se ve obligada a redoblar sus esfuerzos en el sector petrolero justo cuando el sistema energético mundial está avanzando", declaró este viernes en un panel de expertos Christiana Figueres, ex secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
"A pesar de los llamamientos a invertir en el petróleo venezolano, sabemos que se necesitarían unos 100.000 millones de dólares y al menos una década para recuperar la capacidad del país", abundó Figueres. La Administración Trump ahora deberá esclarecer la hoja de ruta con la que pretende hacer del crudo venezolano un mercado atractivo para las compañías. "La gran pregunta pendiente es: ¿qué garantías se verán obligados a ofrecer los contribuyentes estadounidenses a las grandes petroleras para que inviertan en Venezuela?", incide Tyson Slocum a este respecto. "Y eso es lo que estaremos observando".
Peligro para la salud y adiós al presupuesto de carbono
Los últimos movimientos de Trump no solo han provocado inseguridad política y económica. La explotación de los recursos venezolanos puede suponer un grave peligro para la salud pública y un devastador incremento de las emisiones. El petróleo del país se encuentra principalmente en el lago de Maracaibo y la franja del Orinoco, uno de los humedales más importantes. "Cabe esperar que incrementar la extracción del petróleo en Venezuela tendría graves impactos para la salud humana y de los ecosistemas locales", alertan los investigadores de la UAB y el IRBio.
El azufre del petróleo venezolano también puede repercutir en el aire y en el entorno físico. Si este "entra en combustión, puede producir lluvia ácida y contaminación atmosférica", señalan los expertos. "En el proceso de refino se puede eliminar gran parte del azufre, pero se generan otros compuestos tóxicos que pueden generar impactos importantes en las comunidades y ecosistemas locales". De hecho, también remarcan que las poblaciones cercanas a las áreas de extracción pueden ver su salud gravemente afectada. "En áreas de gobernanza débil, los estándares de operación de la industria son muy laxos y las prácticas operacionales, muy pobres", añaden.
Las consecuencias también suceden a nivel macro. "La intensidad de emisiones upstream del petróleo pesado venezolano –las generadas durante la extracción y procesamiento– es significativamente más alta que las del gas natural producido mediante fracking en Estados Unidos o las arenas bituminosas canadienses, por lo que la expansión de la producción venezolana podría incrementar las emisiones en los procesos de extracción y refino", destacan los científicos catalanes.
Un reciente análisis que realizó ClimatePartner, una firma de contabilidad de carbono, para The Guardian determinó que los planes de explotación estadounidense podrían consumir hasta el 13% del presupuesto de carbono remanente antes de sobrepasar el límite de calentamiento sobre los 1,5ºC. La empresa modeló este impacto en un escenario donde la producción petrolera de Venezuela aumente medio millón de barriles diarios para 2028, y hasta 1,58 millones adicionales entre 2035 y 2050. Cifras que todavía se encontrarían lejos de los 3,5 millones diarios que producía este mercado en los noventa, según apunta el diario británico.
"Hay una relación lineal entre las emisiones de gases de efecto invernadero acumuladas en la atmósfera y el calentamiento global medio", aclaran los investigadores catalanes acerca del presupuesto de carbono remanente. "Marcando un objetivo de calentamiento, y sabiendo las emisiones emitidas históricamente, podemos saber cuántas emisiones se podrían aún emitir para no superar ese objetivo", indican sobre cómo se calcula. "A principios de 2026 quedarían unas 88 GtCO2 (gigatoneladas de CO2). Las emisiones anuales de 2024 fueron de 42 GtCO2. Nos quedarían dos años al nivel actual para agotar el presupuesto de carbono".
Pero el resultado no tiene por qué ser catastrófico. Los expertos apuntan a "la inestabilidad de un contexto geopolítico imprevisible" que puede determinar de múltiples maneras el consumo final de petróleo. Si se retiran las reservas de arenas canadienses o se reduce el fracking, el impacto se vería compensado. Los movimientos comerciales de EEUU también pueden empujar al resto de países a aumentar la electrificación del sector energético y apostar por fuentes renovables. De este modo, los ojos están puestos sobre la UE y la manera en la que decida reaccionar a la estrategia de Trump.
Adhik Arrilucea
Redactor de Medio Ambiente, Crisis Climática y Animalismo en 'Público'. Graduado en Periodismo y Humanidades, mención en Ciencias Políticas y máster en Teoría y Crítica de la Cultura por la UC3M. Tiene experiencia en información científica e institucional, ha colaborado con diferentes medios y pasado por la redacción de la Agencia SINC.
Fuente: https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/decrecimiento-ecofascismo-trump-agudiza-crisis-ecologica-reforzado-imperialismo.html - Imagen: Donald Trump en una reunión con altos cargos petroleros, el 9 de enero de 2026.REUTERS/Kevin Lamarque
