Europa tala millones de árboles e inunda campos agrícolas para revivir los humedales de 14.000 años y bloquear emisiones de CO2
Bélgica lidera un giro ecológico en Europa al restaurar turberas: inunda cultivos, retira árboles y recupera humedales que capturan CO₂, filtran agua y aceleran el regreso de la biodiversidad: Europa ha empezado a tocar uno de esos interruptores que durante décadas parecían intocables. Allí donde durante generaciones se drenó el agua para domesticar el paisaje y convertirlo en tierra “útil”, ahora ocurre lo contrario: se vuelve a inundar. En Bélgica, varios proyectos de restauración están deshaciendo de forma deliberada el trabajo agrícola del pasado para frenar una pérdida silenciosa de carbono que llevaba años ocurriendo bajo nuestros pies. La medida es polémica.
Alberto González
Europa toma una decisión radical: tala árboles y vuelve a inundar campos agrícolas para rescatar humedales y frenar una fuga invisible de CO₂
En el valle de Black Creek, un entorno que hasta hace poco no se distinguía de cualquier otra zona agrícola europea, la maquinaria pesada trabaja con un objetivo tan simple de explicar como complejo de ejecutar: cerrar zanjas, bloquear desagües y permitir que el agua regrese al suelo. La meta no es estética ni simbólica, sino profundamente climática. Bajo esos campos verdes se esconden antiguas turberas, ecosistemas capaces de almacenar cantidades colosales de CO₂ durante miles de años siempre que permanezcan inundadas.
El problema es que Europa pasó un siglo entero haciendo justo lo contrario. Se estima que hace apenas cien años hasta un 20 % del continente estaba cubierto de humedales. Hoy, cerca del 80 % han desaparecido, drenados para agricultura, ganadería o expansión urbana. El resultado no fue solo la pérdida de biodiversidad, sino la transformación de uno de los mayores sumideros de carbono del planeta en una fuente constante de emisiones.“
Bélgica destruyó uno mayores sumideros de carbono del planeta en una fuente constante de emisiones: quiere revertirlo pero con consecuencias
Aquí entra una de las decisiones más incómodas del proyecto: talar árboles. No por desprecio al bosque, sino por precisión ecológica. En muchas de estas zonas, los árboles no forman parte del ecosistema original de la turbera. Sus raíces extraen agua, bajan el nivel freático y dificultan que el humedal se recupere. En este contexto, mantenerlos es contraproducente. Restaurar la turbera implica devolverle el agua y quitar todo lo que actúe como una bomba biológica de drenaje.
La lógica climática detrás de esta apuesta es contundente. Aunque las turberas solo ocupan alrededor del 3 % de la superficie terrestre, almacenan más carbono que todos los bosques del mundo juntos. Cuando se drenan, el oxígeno penetra en la turba, activa a los microorganismos y libera CO₂ acumulado durante milenios. En Black Creek, algunas capas de turba tienen hasta 14.000 años. Cada día que permanecen secas, ese archivo climático corre el riesgo de convertirse en emisión.
La restauración no es inmediata ni sencilla. Implica años de mantenimiento, control de vegetación y vigilancia del nivel del agua. Pero los resultados empiezan a verse antes de que el proceso termine. La biodiversidad responde rápido: especies de humedal regresan, los castores refuerzan el sistema con sus presas y aves ausentes durante décadas vuelven a reproducirse en la zona. El mensaje que deja Bélgica es incómodo, pero claro: no toda solución climática pasa por plantar árboles.
Fuente: https://vandal.elespanol.com/random/europa-tala-millones-de-arboles-e-inunda-campos-agricolas-para-revivir-los-humedales-y-bloquear-las-emisiones-ocultas-de-co2/39371.html

