Estados Unidos reforma la normativa para acelerar el inicio de la minería submarina


La nueva regulación tiene efecto inmediato y significa un impulso importante para los planes de The Metals Company, aunque sigue entrando en conflicto con la legalidad internacional: La Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos ha publicado un nuevo conjunto de normas para acelerar los procesos de solicitud de licencias de minería submarina. La nueva regulación, que permite a las compañías estadounidenses acceder a recursos mineros que están más allá de su jurisdicción, es de aplicación inmediata. De hecho, The Metals Company, la empresa que más ha avanzado hasta ahora para minar el fondo del océano, ha anunciado que ya ha iniciado los procesos para conseguir, bajo las nuevas normas, una licencia para explotar comercialmente un área de unos 65.000 kilómetros cuadrados de fondos marinos.

Juan F. Samaniego

Hasta ahora, la Deep Seabed Hard Mineral Resources Act (una ley de 1980 que autoriza a la NOAA a regular la minería submarina en áreas fuera de la jurisdicción nacional) establecía un procedimiento en dos partes: primero había que solicitar una licencia de exploración y, una vez obtenida, se podía pedir un permiso de explotación comercial. La principal novedad que introduce la nueva regulación es que ambas licencias se pueden pedir de forma simultánea. Además, de acuerdo con un análisis de la agencia S&P Global, flexibiliza los requisitos de control medioambiental de las operaciones.
“Esta nueva norma representa una modernización significativa del marco regulatorio estadounidense para la recolección de minerales de los fondos marinos y tiene en cuenta los avances que la industria ha logrado desde que se estableció por primera vez”, señaló Gerrard Barron, director ejecutivo de The Metals Company, a través de un comunicado. Los cambios regulatorios representan un impulso para los planes de la compañía minera, que ha prometido a sus inversores que iniciará su actividad comercial a finales del año que viene. Sin embargo, tal como publicó Climática el pasado mes de diciembre, no está claro que estas fechas puedan cumplirse.
De acuerdo con la información publicada por The Metals Company, la solicitud que acaban de presentar bajo el nuevo marco regulatorio abarca permisos de exploración y explotación comercial en un área de 65.000 kilómetros cuadrados (frente a los 25.000 kilómetros cuadrados que se incluían en la solicitud comercial inicial, de abril de 2025). Este espacio, ubicado en la zona de Clarion-Clipperton, entre México y Hawái, contiene unas 619 millones de toneladas de nódulos polimetálicos, pequeñas acumulaciones de metales muy abundantes en las profundidades oceánicas a partir de las que la compañía pretende refinar cobalto, cobre, manganeso o níquel, entre otros recursos (siempre según cálculos de la compañía).
Más allá de los avances que esto pueda suponer para los planes de The Metals Company y de la administración Trump, la nueva normativa no soluciona los escollos legales que, de acuerdo con expertos consultados por este medio, podría enfrentar una compañía que inicia una actividad industrial en aguas internacionales. De acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, las áreas en las que planea trabajar The Metals Company están bajo la jurisdicción de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA, por sus siglas en inglés). Y, aunque Estados Unidos no es parte de dicha convención (no la ha firmado), otros de los países con los que The Metals Company tiene acuerdos comerciales (como Suiza o Japón) sí la han ratificado. Además, y aunque esto no parece importar al Gobierno estadounidense, la concesión de licencias al margen de la ISA estaría desafiando los acuerdos multilaterales firmados por 169 países, lo que podría abrir la puerta a futuros litigios.
La presión de China y las necesidades de las tecnológicas
De forma paralela a la aprobación de la nueva normativa, el Subcomité de Recursos y Energía del Congreso de Estados Unidos celebró el 22 de enero una audiencia sobre minería submarina con el objetivo de examinar barreras, problemas y posibles mejoras en los marcos legales alrededor de esta actividad y de recibir el testimonio de expertos, reguladores y otras partes interesadas. Además de los miembros del subcomité (bajo el control del partido republicano), a la audiencia asistieron el CEO de The Metals Company, Gerard Barron, el CEO de Impossible Metals, Oliver Gunasekara, el presidente de la Asociación Nacional de Industrias Oceánicas, Erik Milito, y el CEO de la consultora medioambiental Blackbeard Biologic, Andrew Thaler.
Barron, Gunasekara y Milito, representantes de la industria, centraron gran parte de sus discursos en dos argumentos: la competencia de China y la necesidad de minerales de la industria tecnológica (en los enlaces están sus testimonios al completo). De acuerdo con los directivos, la carrera internacional por el control de los minerales estratégicos está en marcha. La demanda no deja de crecer, motivada en gran parte por el auge de las tecnologías digitales y de la inteligencia artificial, y China controla la mayor parte de la cadena de extracción y suministro en tierra. Además, señalan que China también estaría dando pasos para acelerar actividades de minería submarina bajo el paraguas de la ISA, una institución multilateral que, según ellos, está controlada por la potencia asiática.
Sin menciones a la transición energética
En sus testimonios no hay ninguna referencia a la transición energética ni a las energías renovables, que también dependen en cierta medida de algunos de estos minerales. La ausencia de mención sorprende especialmente en el caso de The Metals Company cuando, hasta hace poco más de un año, el argumento principal de la compañía era, precisamente, que el mundo necesitaba más minerales para acelerar la transición hacia un sistema de producción de energía limpio. De hecho, en su web todavía se señala como prioridad el desarrollo de los recursos metálicos necesarios para la movilidad eléctrica y las fuentes de energía bajas en carbono.
Por otra parte, el testimonio de Andrew Thaler sí puso de manifiesto los riesgos de iniciar una actividad extractiva de escala industrial en el fondo del mar. Para el ecólogo marino, en primer lugar, no es urgente desarrollar la minería submarina, teniendo en cuenta que los mercados de metales como el níquel y cobalto tienen excedentes y que Estados Unidos carece de capacidad para refinar los nódulos polimetálicos. Además, el experto señaló ante el subcomité que la industria está subestimando los impactos potenciales sobre los ecosistemas, así como la riqueza y la biodiversidad de los fondos marinos, un lugar del planeta que apenas se conoce.
“Las llanuras abisales tienen mayor biodiversidad que las selvas tropicales, con más especies únicas y mayor variedad genética que casi cualquier otro ecosistema del planeta”, recalcó Thaler en su testimonio. “Aunque apoyo los esfuerzos de los señores Barron y Gunasekara para abordar los impactos sobre los ecosistemas, debemos tener en cuenta que la ciencia ha demostrado que cualquier impacto en el fondo marino alrededor de un lugar de explotación minero es permanente”. Por último, el CEO de Blackbeard Biologic, subrayó la posibilidad real de que decidir minar el fondo del mar de forma unilateral multiplique las tensiones geopolíticas, tanto con socios comerciales de Estados Unidos como con los pequeños países insulares que se verán más afectados por la actividad minera.


Fuente: https://climatica.coop/estados-unidos-reforma-la-normativa-para-acelerar-el-inicio-de-la-mineria-submarina/ Imagen: Minería submarina. Foto: The Metal Company.

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