«Geocracia propone establecer un contrato social con nuestro planeta»(1ª Parte)

Con motivo de la publicación de su último ensayo, Geocracia, el paradigma que va en pos del bienestar de la gente y el planeta y no del mercado, quisimos conversar con el autor mexicano residente en California para indagar en su original propuesta política: Álvaro de Regil Castilla es director ejecutivo de la Alianza Global Jus Semper, organización que desde 2003 impulsa el salario digno como base de las sociedades sostenibles y democráticas. Puso en marcha la iniciativa Salarios Dignos Norte y Sur, referente internacional en la denuncia del intercambio desigual mediante el arbitraje laboral en las cadenas globales de suministros generada por la globalización corporativa. Es, además, miembro fundador del Observatorio Internacional de Salarios Dignos (OISAD) en la Universidad La Salle en Ciudad de México.

LAURA G. VALES


Desde 2015 su labor se centra en promover la necesidad de construir el imaginario de un nuevo paradigma en pos del bienestar de las personas y del planeta en un entorno verdaderamente democrático, libre del capitalismo. Como parte de este concepto transformador, trabaja en los ámbitos de los derechos laborales, las empresas y los derechos humanos, la economía de decrecimiento/estado estacionario, la renta básica y la drástica reducción de la huella ambiental de la humanidad como única forma de lograr la sostenibilidad de la vida en nuestro hogar: el planeta Tierra.
Álvaro es también colaborador de la visión y la praxis transformadora de la iniciativa de la Gran Transición del Instituto Tellus en Boston, Massachusetts, y consultor sobre las causas subyacentes de la inmigración con varias organizaciones comunitarias en California y con la Universidad Luterana de California.
La trayectoria de Álvaro de Regil dio un giro radical cuando en 1999 pasó a escribir y trabajar en torno a paradigmas sociales de democracia real, justicia social y decrecentistas, un camino que contrasta con sus años en el corazón del capitalismo corporativo, puesto que trabajó más de veinte años en multinacionales como Ford, IBM y Univisión, además de en su propia empresa de mercadotecnia directa.
Conceptos de partida
Laura G. Vales: Han pasado 5 años desde que escribiste la primera versión de Geocracia, una propuesta que cuenta a día de hoy con una estructura mucho más forjada. ¿Cómo resumirías este paradigma para una ciudadanía que ya percibe que el sistema actual está en crisis, pero no sabe hacia dónde mirar?

Álvaro de Regil

Álvaro de Regil: Geocracia propone establecer un contrato social con nuestro planeta, reorganizando a las sociedades en comunidades ecosocialistas y realmente democráticas que construyan nuevas formas de vida centradas en cuidar que las necesidades del planeta, en función de los nueve límites planetarios, estén siendo satisfechas y no al revés, como lo es ahora con el capitalismo, donde la tradición dualista cartesiana hace que veamos al planeta como un regalo para nuestro disfrute y explotación. Debemos organizarnos para que el planeta nos gobierne (γεω-κράτος) y no insistir en el infructuoso reverso. Se trata de transitar de los actuales estilos de vida hedónicos, dirigidos a la satisfacción de un montón de necesidades creadas para maximizar la acumulación, a estilos de vida eudemónicos para la satisfacción de nuestras necesidades reales. Se trata, en síntesis, de cambiar drásticamente nuestros valores y sistemas de vida y de consumo, eliminando las necesidades innecesarias creadas artificialmente y los frívolos apetitos hedonistas por nuevos modos de vida dignos y sostenibles; lo que es el bienestar eudemónico de florecimiento humano y gregario en vez del hedonista de individualismo consumista.
LGV: En tu propuesta aludes varias veces al "planeta", a la necesidad de "salvar el planeta", de su bienestar y de su salud; incluso del "gobierno del planeta sobre toda la vida". Sin embargo, este tipo de lenguaje resulta dicotómico cuando tratamos a la Tierra como un ente inerte ("Geo-") y no como la biosfera o Gaia, un sistema vivo del que formamos parte. En estos términos, ¿nos podrías aclarar si tu geocracia se fundamenta en una visión de la Tierra como ente inerte que gobierna la vida, o como vida que se autogobierna a sí misma?
ÁdR: Es claramente la segunda. Nosotros somos una especie más dentro de la biosfera o Gaia, que se gobierna a sí misma a pesar de que, paradójicamente, somos la única especie que no sabe vivir en armonía con nuestro planeta dador de vida, porque, siendo la especie con mayor poder de raciocinio, reflexión y conciencia, no aprendemos a cuidar la fuente de nuestra vida. Parece que el ego, el superyó en nuestra propia naturaleza, se interpone.

Instante de la comparecencia de Donald Trump en una Cumbre de Citizens United en 2015. Fuente: Wikimedia Commons

LGV: Desde el punto de vista jurídico, en tu ensayo señalas cómo ciertas leyes y sentencias, como el caso de Citizens United contra la Comisión Electoral Federal en EE. UU. influyen en el gobierno de la sociedad de manera poco democrática. Sin embargo, en Suiza, el colectivo Ancianas por el Clima (KlimaSeniorinnen), logró que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos obligara al Estado helvético a adoptar medidas efectivas contra el cambio climático. ¿No crees que vías legales como esta podrían utilizarse para dotar a la naturaleza —a Gaia— de personalidad jurídica, como en varias constituciones de América del Sur? ¿De qué otras maneras podría tu geocracia aprovechar estos instrumentos jurídicos nacionales e internacionales para proteger la vida y los ecosistemas y avanzar hacia sus objetivos?
ÁdR: Desde luego que se puede aprovechar. En España se tiene el caso del Mar Menor. Pero la situación general global es que el capitalismo manda, por lo que no vivimos en un ethos realmente democrático, sino que padecemos la mercadocracia o dictadura del mercado. Debido a una enorme corrupción generalizada e incluso legalizada, como en el caso de la jurisprudencia sentada por el Tribunal Supremo en EE. UU., el capital dicta la agenda en todos los ámbitos de la cosa pública. Por ello, necesitamos organizarnos para forzar un nuevo contrato ecosocial centrado en el bienestar planetario. Es la única forma de enfrentar a fondo la causa de raíz reemplazando el capitalismo.
LGV: De igual modo, sobre ese "contrato ecosocial con Gaia" que planteas, ¿nos podrías esclarecer esta idea haciendo una analogía con el contrato social entre humanos? ¿Cómo se concretaría este pacto con Gaia en derechos, deberes y responsabilidades, y qué implicaciones tendría para la organización política y social que propone la geocracia?

© iStock. Reproducida con permiso.


ÁdR: El Anexo A de mi ensayo presenta los «Componentes medulares del ethos democrático de Geocracia». Este aspira a proteger toda la gama de derechos humanos de manera vinculante (civiles, políticos, económicos, sociales, ecológicos, culturales, de género...) además de los derechos de los demás animales. En contraparte, nuestra responsabilidad es vivir de forma que cuidemos el planeta, lo cual se refleja directamente en nuestra huella ecológica, resultado de nuestros estilos de vida y su consumo. Ahora, estoy muy consciente de que lograr un nuevo contrato social con quienes detentan el poder es el mayor obstáculo, porque las clases políticas son en realidad agentes del mercado y están rotundamente en contra del cambio de paradigma, por más que la ciencia alerte de las catástrofes que ya se manifiestan. Por ello, apunto a dos estrategias. Una es forzar el cambio utilizando la lógica del mercado mediante acciones permanentes de no cooperación, porque esto tiene un pacto brutal inmediato en el ritmo de acumulación capitalista y es lo único que les interesa. Esto es actuar conforme a la lógica del mercado. La otra es una especie de plan B, pero que puede implementarse desde el principio, donde, dependiendo de los avances en el nivel de concienciación, las comunidades pueden empezar a transitar hacia la construcción de su propio estilo de vida eudemónico en su propia biosfera o ecosistema.
Economía, consumo y redistribución
LGV: Al transitar desde esa "mercadocracia" a una geocracia, desarrollo, progreso y sostenibilidad dejan de ser conceptos separados y pasan a formar un triángulo interdependiente. Desde esta perspectiva, ¿cómo deberían transformarse las políticas públicas y los modelos de organización territorial para garantizar que toda forma de progreso se mida por su capacidad de sostener la vida?
ÁdR: Por principio de cuentas, el PIB pierde todo sentido, con las políticas públicas para el progreso y el desarrollo, creando nuevos indicadores de bienestar ecosocial, siendo uno de los principales la huella ecológica de cada comunidad, al tiempo que se deben tener métricas para el grado de satisfacción de nuestras necesidades reales, en alimento, vivienda, salud, educación, ocio, etcétera. El objetivo es crear un equilibrio que asegure lo más posible la satisfacción sostenible del metabolismo social entre nuestra especie y toda Gaia. Aclaro que no puede haber un modelo homogéneo. Cada comunidad debe determinar su particular forma de practicar el paradigma geocrático en función de sus contextos culturales y de recursos naturales porque cada una habita en ecosistemas con abundancia y también carencias de recursos necesarios. El objetivo es ser comunidades lo más autónomas y autosostenibles posibles, pero indudablemente tiene que haber comercio con otras comunidades. Insisto en que es imprescindible un cambio cultural a sistemas de vida eudemónicos que tienen que ser frugales, mas plenamente gratificantes porque están satisfaciendo nuestras necesidades reales.
LGV: Si la verdadera sostenibilidad exige recortar drásticamente la huella de quienes consumen como si tuviéramos varios planetas, ¿cómo puede la geocracia impulsar esta redistribución radical sin que las élites económicas bloqueen cualquier cambio que ponga fin al privilegio de vivir a costa del resto del mundo?
ÁdR: Bueno, ya expliqué anteriormente las estrategias a seguir: se pone máxima presión a través de estrategias de no cooperación de manera permanente, que al mismo tiempo, al dejar de consumir una plétora de productos y servicios innecesarios, nos incorporamos a nuestros nuevos estilos de vida eudemónicos, transitando así gradualmente al nuevo paradigma geocrático. Es evidente que esto tomará décadas, siendo el primer paso la labor diaria para provocar la toma de conciencia.
LGV: En tu ensayo se aborda la compatibilización entre la mejora de las condiciones de vida de los más desposeídos y la reducción de la huella ecológica global. ¿Podrías desarrollar un poco más cómo se articula esta relación en la práctica y qué mecanismos permitirían simultáneamente justicia social y sostenibilidad ecológica?
ÁdR: Es claro que donde hay un sobregiro en la huella ecológica es en el llamado Norte global. Estados Unidos, por ejemplo, consume cinco veces lo que debería consumir. Yo incluiría también a las clases medias del Sur global. No hay una varita mágica. Muchos analistas creen que debemos reducir nuestra huella ecológica en un tercio para 2050 a más tardar. Para lograr un decrecimiento con equidad, he ilustrado con una gráfica que aparece en mi ensayo la proyección que hizo en 2008 la Global Footprint Network, donde, si seguimos una trayectoria de decrecimiento hasta llegar a una economía estacionaria, los ricos tendrían que reducir su consumo de hectáreas per cápita hasta en tres quintas partes, mientras que los pobres —del Sur y del Norte del planeta— tendrían que triplicarlo. Así podríamos disfrutar de la vida con un consumo de energía per cápita sostenible, al menos un tercio menor globalmente, y hacerlo con equidad. Desde luego, ya estamos tarde y, mientras no nos embarquemos en una trayectoria de decrecimiento, más difícil será lograr el objetivo.

Escenarios de huella ecológica. Fuente: Geogracia (2025).

LGV: En el ensayo, citas un estudio de Jason Hickel que sostiene que un nivel de vida digno para 8.500 millones de personas requeriría solo el 30 % de los recursos actuales. Sin embargo, ese cálculo asume que ese 30 % extra estará disponible y no parece considerar cuestiones críticas como la alimentación, dependiente de combustibles fósiles, lo que pone en duda la capacidad de sostener siquiera al 50 % de la población sin el concurso de los fertilizantes de síntesis, tal como señala Manuel Casal en Nosotros, los detritívoros. En este sentido, ¿qué valor concedes a este estudio dentro de tu propuesta geocrática? ¿Crees que tiene algún punto ciego como este de la alimentación posfósil?
ÁdR: Hay dos aspectos a considerar. Actualmente, es cierto que dependemos en buena medida de fertilizantes fósiles y esto no podrá cambiar sustancialmente mientras no nos embarquemos en una trayectoria de decrecimiento que incorpore de manera muy importante el desarrollo gradual de pequeñas comunidades autosuficientes, pequeñas pero muchas de ellas, aun bajo la égida capitalista. El otro aspecto a considerar es el tamaño de la población en la trayectoria de decrecimiento. Creo firmemente que es necesario también reducir sustancialmente el tamaño de la población. El último informe del IPCC establece repetidamente que los dos impulsores del dióxido de carbono son el crecimiento económico y el demográfico. Si logramos reducir no solo el crecimiento, sino el tamaño de la población en el siguiente medio siglo, nuestra dependencia de los fertilizantes fósiles se reduciría drásticamente. ¿Cuánta menos población? No se puede determinar en un cálculo científico certero actualmente. Pero por encima de ello, como Geocracia es una propuesta realmente democrática, solo se puede concienciar a la gente de que podría vivir mejor si tiene menos hijos o ninguno, pero siempre tendrá el derecho inalienable a decidir.

Caída previstas de la población según diversos autores. Fuente: Nosotros, los detritívoros (3ª ed., 2018).

Élites, poder y estrategias
LGV: En tu ensayo afirmas "si la gente acomodada se niega a llevar un estilo de vida frugal, no tendremos futuro". Pero, precisamente, esa gente sí cree que lo tendrá y que seguirá siendo cómodo, al menos para ellos. ¿Quién "no tiene futuro" en realidad: nosotros o ellos? Además, la actual estrategia imperialista y neoparafascista, que supone una gran amenaza para cualquier cambio que siga tu modelo, apenas aparece mencionada en tu propuesta. ¿Por qué decidiste no abordarla ni proponer estrategias para enfrentarla? Y ¿qué opinas de corrientes ecomaoístas o rojipardas, que también están circulando como referencia política y cultural?
ÁdR: Creo que para nosotros está más que claro que el capitalismo no tiene futuro, pues es gaianamente insostenible. Ahora, no abordo el actual imperialismo neofascista porque considero que sería infructuoso y costoso en vidas humanas enfrentar directamente al hegemón imperialista anglosajón y a sus títeres en otros países. Por ello, la propuesta central de Geocracia es presionar vía la lógica del mercado con una estrategia permanente de no cooperación y otras tácticas temporales como pueden ser los boicots de consumo y paros temporales: no trabajo, no estudio, no compro y no salgo a protestar para evitar la represión. Lo único que le pega realmente a la bestia capitalista es la caída del consumo, porque reduce el proceso de reproducción y acumulación y el beneficio de los accionistas. Al mismo tiempo, aun si no logramos obligar a un gobierno a que abandone el capitalismo, podemos desligarnos del mismo sustancialmente si actuamos paralelamente para construir nuestras nuevas comunidades, urbanas y rurales ecosocialistas. En cuanto a las corrientes ecomaoístas y rojipardas, no las conozco lo suficiente para opinar.
LGV: Desde tu postura, el actual marco institucional global está capturado por intereses corporativos y el demos (el pueblo, en su etimología griega) es rehén del capital. ¿Qué transformaciones institucionales propone la geocracia para recuperar la soberanía democrática?
ÁdR: Lo que ya he propuesto: una estrategia de presión permanente centrada en la no cooperación, principalmente en la reducción del consumo, para exigir un nuevo contrato que solo puede ser ecosocial y, por tanto, no capitalista. Es fácil decirlo; pero hacerlo —dejar de consumir—, no es tan fácil mas perfectamente posible porque es cuestión de convencimiento y fuerza de voluntad para cambiar nuestros hábitos. Insisto en que el consumo es la clave para pacíficamente derrotar al sistema. Si reducimos el consumo por estrategia y también por el necesario decrecimiento, daremos un durísimo golpe a la acumulación capitalista.
LGV: En tu propuesta afirmas que "los políticos son meros agentes del mercado", lo que parece excluir cualquier posibilidad de alianzas estratégicas con la clase política. En este contexto, lo que se viene denominando estrategias duales, que combinan acción desde abajo (bottom-up) con intervención desde estructuras más amplias o estatales (top-down) para impulsar transformaciones profundas, ¿qué papel podrían jugar dentro de tu modelo geocrático?
ÁdR: No lo veo de manera medular, porque el objetivo es cambiar el sistema económico. Aclaro: sería tonto no establecer puentes e incluso relaciones estrechas con todo miembro de la clase política con quien compartamos fuertes afinidades, porque desde luego las hay. Pero no creo que se puedan desmontar las estructuras capitalistas por las vías institucionales. Supongamos de manera muy idealista que logramos que un gobierno acepte un plebiscito, una propuesta que emane de la ciudadanía organizada para un nuevo contrato social donde se reemplaza el capitalismo por un sistema ecosocialista y donde el gobierno acepta que los ciudadanos vayan a votarlo para un sí o un no. Estoy seguro de que si se logra un sí, si ese gobierno no acude a la represión y la violencia sin ambages, el imperio y sus lacayos harán uso de ella, especialmente con tantos gobiernos proto- o abiertamente fascistas. Por ello, creo mucho más realista, aunque más lenta, la estrategia de no cooperación pacífica, que además desarma la posibilidad de represión.
Sobre movilización y acción directa

Gaia [Gaea] en una pintura mural de Anselm Feuerbach (1875) sobre el techo de la Academia de Bellas Artes de Viena. Fuente: Wikimedia Commons

LGV: Precisamente resultan muy interesantes las fórmulas planteadas para forzar a los gobiernos a negociar un contrato ecosocial —paros o huelgas nacionales de no cooperación— pero, ¿cómo asegura la geocracia una suficiente cohesión social para llevar a cabo estas fórmulas revolucionarias frente a quienes defienden la cultura consumista dominante?
ÁdR: La etapa de forzar un contrato social está aún distante, por la sencilla razón de que el primer paso es provocar la toma de conciencia para lograr la incorporación a un movimiento ecorrevolucionario que tenga la debida masa crítica. En el ensayo planteo que todo comienza con la formación de lo que denomino "Células Ciudadanas" (CCs). En su Anexo E, ofrezco una descripción esquemática detallada del trabajo conducente al éxito de la formación y cohesión de las CCs en el contexto de la construcción de unos bienes comunes ecosociales sostenibles. Lo bueno, es que no es solo difundir y promover, sino que desde un principio se reclutan y forman las células para enseguida empezar a practicar la nueva cultura geocrática que, como mínimo, se practica con el cambio de nuestros hábitos de consumo. Sin ello, no hay nada que hacer.
LGV: En relación a la propuesta de huelgas nacionales de no-cooperación, ¿consideras que algunos elementos de esta no-cooperación —por ejemplo, dejar de consumir productos y servicios de las grandes corporaciones— deberían mantenerse de manera indefinida como práctica política permanente?
ÁdR: Desde luego. Es muy factible e imprescindible para actuar en congruencia. Depende solo del nivel de compromiso. Si se logra, se tiene la fuerza de voluntad para dejar de consumir y deshacernos de muchos hábitos creados e innecesarios del sistema. Es pasar del hedonismo al eudemonismo.
LGV: Por otra parte, ¿cómo evalúas la viabilidad real de una movilización de este calibre cuando observamos que la gente ni siquiera toma medidas de coherencia ética en su vida digital, que en teoría debería ser un campo más sencillo sobre el que incidir que por ejemplo la huelga laboral? Me refiero a que, por poner un ejemplo actual, pese a saber que empresas como Google cooperan con el genocidio en Gaza, gracias al informe de Francesca Albanese para la ONU, la mayoría de la población no abandona servicios como Gmail… ¿No resulta bastante desalentador?

ÁdR: Tienes mucha razón y puedo afirmar que a todos nos falta lograr una total congruencia. Pienso que conforme avancemos en la labor de difusión y promoción —o evangelización, si prefieres— de la nueva cultura geocrática, será mucho más fácil lograr mucha congruencia. Por ejemplo: digamos que logras formar tu propia célula, y que tiene solo cinco miembros. Bueno, pues desde ese momento ya todos tienen una responsabilidad libremente adquirida, pero también un sentido de identidad, y como la célula está activa y se crea metas y proyectos, todo eso ayuda a lograr mayor entusiasmo y coherencia, porque además de adoptar nuevos hábitos de consumo, también se busca que cada miembro de una célula forme su propia célula, en un esfuerzo de polinización para crear masa crítica en tu propio entorno y esfera de influencia.

Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2025/12/30/alvaro-de-regil-geocracia-propone-establecer-un-contrato-social-con-nuestro-planeta/ - Imagen de portada: Gaia guiando al pueblo. Ilustración de Casdeiro, after Paligráficas (Pixabay) y Eugène Delacroix.
 

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