Sobre la (incompleta) obliteración de lo sagrado

Una oración a la sacralidad y la sensibilidad de todo aquello que es sacrificado al motor del capital. A todas nuestras relaciones mal reconocidas como “recursos”.  A todo aquello que se licúa en moneda, y sin embargo desborda los bancos. A todo lo que se pierde, se olvida, se borra, y aun así persiste, negándose obstinadamente a estas redacciones repetidas. A todas nuestras relaciones. (1)

Por Kriti Sharma y Pavithra Vasudevan

Anhelamos vidas que sean a la vez fáciles y ambiciosas. Máquinas voladoras nos transportan por el planeta a velocidades vertiginosas. Bebemos placeres líquidos antes reservados a la realeza en latas descartables, y filosofamos sobre la capacidad de carga de la Tierra desde nuestras viviendas urbanas cada vez más verticales. El aluminio, abundante y barato, nos promete un material infinitamente reciclable para saciar nuestros apetitos mundanos. Pero la comodidad tiene un costo enorme. (2)
El cristal llegó a mí desde Groenlandia. Canadá y Groenlandia estuvieron una vez envueltos en una extraña danza fría llamada Segunda Guerra Mundial (3). La criolita fue triturada y utilizada para extraer un fiero metal de luz: el aluminio. Cuánto amo ahora al aluminio, sabiendo cuánto costó; cómo ese costo no fue mío para soportar; cómo yo misma no morí, pero pagué y pago con mi respiración por el metal; cómo la cantera fría y luminosa ocultaba un corazón vibrante y vivo, hoy casi vacío, pero no del todo.
El aluminio fue alguna vez un metal precioso, incluso más preciado que el oro (4). Es abundante en la corteza terrestre, pero solo en forma de minerales híbridos. El aluminio se aferra con tanta fuerza a sus parientes elementales que durante mucho tiempo se requirieron cantidades enormes —es decir, costosísimas— de energía para romper esos enlaces químicos y permitir que el aluminio emergiera puro, maleable y solo, listo para adoptar la forma de nuestros deseos.

Criolita o piedra de alumbre, (utilizada tambien como desodorante natural)

Fue el cristal de criolita el que hizo posible (5) la producción comercial de aluminio al reducir la energía necesaria para separarlo de otros elementos. La criolita o piedra de alumbre —fluoruro de sodio y aluminio— es un cristal raro, cuya principal cantera estuvo en Ivittuut (antes Ivigtut), en el suroeste de Groenlandia,donde fue descubierta —es decir, cartografiada por colonos— en 1798 (6). Hacer pasar una corriente eléctrica por un baño fundido de criolita y óxidos de aluminio permite que el aluminio puro emerja a temperaturas relativamente bajas, volviendo su producción económica. Para este proceso, conocido como fundición, sirve el fluoruro de sodio y aluminio en cualquier forma, y desde 1961 comenzó a fabricarse criolita sintética.

Sin embargo, durante el auge de la producción de aluminio, el cristal fue extraído extensiva y exclusivamente de Groenlandia, hasta su agotamiento en 1987. La criolita tiene la dudosa distinción de ser el único mineral explotado hasta su extinción comercial.
Hoy hay un pueblo fantasma en Ivittuut (7), y una cantera vacía donde antes había cientos de toneladas de criolita. Triturada, pulverizada, residual, la cantera de criolita se pierde en las sombras: otro lugar devastado por el capitaly (en gran medida, aunque no por completo) borrado de nuestra memoria colectiva. (8)
El cristal de criolita y la criolita sintética comparten una fórmula química, pero poseen propiedades físicas diferentes. Mientras la molécula sintética es un polvo blanco amorfo, la criolita natural tiene una estructura cristalina, con moléculas dispuestas para interactuar con la luz de una manera específica. Mientras el polvo sintético es opaco, el cristal es transparente; cuando se lo coloca en agua, sus bordes desaparecen, ya que la luz atraviesa tanto el agua como el cristal a la misma velocidad. Por esta razón, los científicos utilizan la criolita como un “suelo o sedimento transparente”para observar los movimientos de excavación de caracoles marinos o el nado de bacterias en entornos arenosos y diminutos. (9)
El cristal llegó a mí como una bendición —raro, frío, comprado en una tienda de gemas al costado del camino. Barato, sí, pero lo sostuve con cuidado entre ambas manos. En la oscuridad de la sala del microscopio, excitaba el cristal con un láser y murmuraba mi gratitud cuando me devolvía su canto en longitudes de onda ordenadas. Para el mercado, el cristal y su réplica pulverizada son lo mismo. Pero yo he observado ambos con atención, sosteniéndolos contra mi frente y mi pecho, y como ser humano —el único testigo creíble de mi sociedad— doy testimonio de que no son más intercambiables entre sí de lo que mi abuelo lo es con mi hermana. El cristal es tan específico como cualquier cosa mortal, y tan cercano a la muerte total. En esta hora tardía de su existencia, he llegado a conocerlo como una piedra sagrada.
El capitalismo no puede ni sabe reconocer qué es un metal precioso, ni una piedra sagrada. Para un sistema que se dice fomentar el materialismo, no conoce ni aprecia verdaderamente la materia. Al abstraer el valor de la materia, el capitalismo aliena cada vez más aquello mismo de lo que depende. ("Vivimos en un culto consumerista, adoramos cosas" -oh! si tan sólo fuera así).
Tenía tres meses cuando volé por primera vez en avión. Puedo narrar la historia de mi vida a través de los viajes en avión: el que llevó a mi familia al otro lado del mar como migrantes hacia nuevos mundos, los que nos llevaron de vuelta a visitar a nuestros mayores, el que nos llevó a nuestro nuevo hogar cuando el otro quedó destruido. La improbable extracción del aluminio hizo posible mi vida.
El aluminio oculta la fría cantera que ahora yace en silencio. También oculta las vidas y las pérdidas de las familias trabajadoras negras en la ciudad industrial de Badin, Carolina del Norte. Al ser negros, lo que se interpretaba como no del todo humanos, eran sujetos de experimentación en el proceso de perfeccionamiento de las proporciones de fundición —de criolita y óxido de aluminio, de crueldad y complicidad— que hacían que el comercio y la guerra fueran viables y rentables.(10) La luz del aluminio proyecta sombras profundas en la tierra y las aguas envenenadas de Badin.
Cada vez que viajo en avión, trazo el camino del aluminio hacia atrás: del avión a la planta de ensamblaje, al horno de fundición, a los innumerables paisajes devastados que alguna vez albergaron bauxita. ¿De dónde más vino ese aluminio?¿Quiénes más fueron sacrificados? Aspiro a la gratitud; sabe a duelo.
El capitalismo opera a través del borrado: la ocultación activa y repetitiva de la preciosidad de la(s) materia(s) que hacen posibles nuestras vidas. Nos volvemos ignorantes de cómo nuestro ser deviene a través de todas las relaciones materiales -mineral, (in)humana, ecológica (11). Primero borramos aquello que importa, y luego borramos la evidencia de esas relaciones. Así reclamamos ser sujetos separados y auto-creados. (12)
¿Qué significaría recordar nuestras relaciones? ¿Cómo podríamos negarnos al borrado?

En las colinas de Niyamgiri, en el este de la India, los pueblos Kondh han resistido durante diecisiete largos años el borramiento violento de su hogar sagrado. Para la empresa minera Vedanta, con sede en el Reino Unido, y para el gobierno del estado de Odisha, estas colinas constituyen un auténtico cofre del tesoro: albergan una cantidad estimada de 88 millones de toneladas de bauxita —mena de aluminio— que podría abastecer durante diecisiete años a la cercana refinería de Lanjigarh y reemplazar la costosa bauxita importada (13). Para el pueblo Dongria Kondh, en cambio, la bauxita no debe ser extraída. Forma parte del cuerpo de Niyam Rajah, la deidad montañosa y ancestro que les concedió las laderas que cultivan y les encomendó la protección de los bosques y los cursos de agua. Tan preciosa es esta relación que, en 2013, doce aldeas votaron por referéndum rechazar la minería a cielo abierto y, con ella, la promesa de empleos, carreteras, hospitales y escuelas: es decir, las herramientas de la seducción capitalista. Para los Kondh, ninguna compensación podría ser suficiente frente a las devastaciones de la minería, cuyos lugares en sombra “se describen mejor como lunares: superficies perforadas y mineralizadas, desprovistas de suelo fértil, flora o fauna”. (14)
Aquello que estás dispuesto a pagar por algo no equivale a lo que realmente es. Aquello que estás dispuesto a escuchar no delimita todo lo que está siendo dicho. Que no hayas podido oír no significa que haya habido silencio, sino quizá que consideraste esas voces indignas de atención.
La baratura del aluminio se deriva de la destrucción de vidas y materiales que nunca pueden ser plenamente contabilizados. El despojo sigiloso de tierras sagradas a los pueblos indígenas abarata el aluminio; la criolita abarata el aluminio; y también lo hace la posibilidad de exponer libremente a familias negras a toxinas letales. Los Kondh nos recuerdan que la abstracción de la materialidad, la equivalencia entre la materia y el dinero, es en sí misma un borramiento de la preciosidad de las relaciones.
¿Qué significaría cuidar la preciosidad de la Tierra con la misma atención con que cuidamos los metales preciosos? ¿Qué significaría cuidar las vidas convertidas en (in)humanas con la misma dedicación que aquellas consagradas como valiosas por la ley y la práctica? ¿Qué significaría cuidar verdaderamente el mundo (in)animado tanto como cuidamos el mundo de lo viviente? ¿Qué implica comprendernos a nosotras y nosotros mismos como ya siempre en relación, a pesar de los borramientos que el capitalismo produce sobre la relacionalidad misma de la que depende? (17)
Esta es una oración a la sacralidad y a la sensibilidad de todo aquello que es sacrificado al motor del capital. El papel de aluminio que envolvió la pizza de anoche es una materia sagrada. Sostén el aluminio entre tus manos. Observa tu rostro reflejado, aunque sea de forma distorsionada. Si miras profundamente una cosa, encontrarás todas las demás, cada una en su propia especificidad y potencia. Mira el aluminio. ¿Las ves? El hielo, la retícula, la luz, las lágrimas, la masa, la piedra, la risa, la tierra, los pulmones, el sudor, la montaña, las y los guardianes, las manos, el río, la respiración, el conocimiento del lugar, del mineral, del espíritu, de otras formas de vida. Todo ello fue fundido en conjunto, brilló brevemente y luego fue desechado. Sostén todo con cuidado —el papel de aluminio— entre ambas manos. Añádelo a la letanía de los borramientos, como un guijarro al montón, como un cristal sobre el altar. Mirar y escuchar en profundidad y con reverencia, recordar incluso de manera inconsolable, es negarse al borrado, es conocer el mundo material tal como es: de otro modo, de otro modo, de otro modo.

Notas
1 LaDuke, All our relations.
2 Evenden, "Aluminum, commodity chains."
3 Berry, “Cryolite, the Canadian aluminium industry.”
4 Kean, “Blogging the Periodic Table.”
5 American Chemical Society National Historic Chemical Landmarks, “Production of Aluminum.”
6 Abilgaard, “Norwegische Titanerze.
7 Lockhart, “How This Abandoned Mining Town Helped Win World War II.”
8 Plumwood, “Shadow Places.”
9 Josephson and Flessa, “Cryolite.”; Zhu, et al., “Packed-Bed.”; Sharma, et al., “Transparent soil microcosms.”
10 Vasudevan, “An Intimate Inventory.”
11 Vasudevan, “Brown Scholar, Black Studies.”
12 Sharma, Interdependence.
13 Barik, “Dongria Kondhs.”
14Evenden, “Aluminum, commodity chains,” 83.
15 Jackson, "Animal.
16 Gergan, “Animating the sacred.”
17 Sharma et al., Relationality.
18 Hanh, The heart of understanding.
Fuente: https://www.climaterra.org/post/sobre-la-incompleta-obliteración-de-lo-sagrado
- Link al original: https://cdn.prod.website-files.com/5ba9c6933815356bf0faa5f8/5fdae7da01692334a95f48c3_Erasure%20-%20Kriti%20Sharma%20%26%20Pavithra%20Vasudevan%20(Final%20Proof).pdf

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