Bancarrota hídrica global: Cuando el capital se bebe el futuro

El mundo ha ingresado en una nueva fase de la crisis civilizatoria: la bancarrota hídrica global. Ya no se trata, como durante décadas se nos advirtió, de estrés hídrico o de una crisis del agua evitable con ajustes técnicos o gestos de buena voluntad. Los propios organismos de Naciones Unidas reconocen ahora lo que los movimientos socioambientales vienen denunciando desde hace años: los sistemas hídricos del planeta están siendo agotados a un ritmo superior a su capacidad de recuperación (UNU-INWEH, 2026).

Por Adrián Flores (integrante de Vecinos Autoconvocados de Río Ceballos).

El reciente informe del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH) advierte que ríos, lagos y acuíferos han sido llevados más allá de su punto de recuperación debido a décadas de sobreexplotación, contaminación, destrucción de ecosistemas y presión climática acumulada. El embalse de Latyan, cerca de Teherán, con niveles críticos registrados en 2025, se presenta como una imagen concreta de este colapso hídrico que atraviesa amplias regiones de Oriente Medio (UNU-INWEH, 2026).
Las cifras son contundentes y revelan la magnitud del problema: más de 4.000 millones de personas sufren escasez grave de agua al menos un mes al año; en el período 2022-2023, 1.800 millones de personas vivieron bajo condiciones de sequía extrema; más del 50 % de los grandes lagos del planeta ha perdido volumen desde principios de la década de 1990; y el 70 % de los grandes acuíferos muestra tendencias de declive sostenido (UNU-INWEH, 2026; ONU-Agua).
El informe señala además que aproximadamente el 50 % del agua de uso doméstico y más del 40 % del agua destinada al riego agrícola provienen de aguas subterráneas, muchas de ellas explotadas muy por encima de su capacidad de recarga natural. A esto se suma la desaparición de 410 millones de hectáreas de humedales en los últimos 50 años, la pérdida de más del 30 % de la masa de los glaciares desde los años setenta, y el hecho de que docenas de grandes ríos ya no llegan al mar durante partes del año (ONU-Agua; IPBES; UNU-INWEH).
El profesor Kaveh Madani, director del INWEH, sintetiza esta situación con una definición tan incómoda como precisa: muchas regiones del mundo están viviendo por encima de sus medios hidrológicos, y numerosos sistemas críticos de agua ya se encuentran en bancarrota (Madani, comunicado oficial, enero de 2026). Aunque no todos los países atraviesan el mismo grado de colapso, la existencia de suficientes sistemas hídricos en situación crítica ha modificado de manera estructural el mapa global de riesgos.
Las regiones más afectadas según el propio informe son Oriente Medio, el norte de África, partes del sur de Asia y el suroeste de Estados Unidos, donde el Río Colorado y sus embalses se han convertido en símbolos de un “agua prometida en exceso”, hipotecada por décadas de expansión agrícola industrial, urbanización irracional y consumo energético desmedido (UNU-INWEH, 2026).
Agua, capital y fractura metabólica
La bancarrota hídrica no es un accidente ni una fatalidad natural. Es la expresión más cruda de lo que Marx definió como fractura metabólica: la ruptura entre los ciclos de la naturaleza y la lógica de acumulación del capital. El agua, convertida en insumo, mercancía y soporte invisible de la valorización, es extraída, contaminada y desplazada sin atender a los límites físicos de su reproducción.
La agricultura industrial responsable de la mayor parte del consumo de agua dulce y los sistemas alimentarios globalizados profundizan esta dinámica. Aunque el agua se extraiga localmente, sus consecuencias se propagan a escala planetaria a través del comercio, los precios y la dependencia alimentaria. La bancarrota hídrica es, en ese sentido, global no solo por su alcance, sino por su lógica. Como advierte Madani, la crisis del agua se propaga a través del comercio internacional y los precios de los alimentos, impactando de forma directa en el hambre, la pobreza y las migraciones forzadas (UNU-INWEH, 2026).
Ultraderecha, negacionismo y aceleración del colapso
Con la llegada de la ultraderecha al poder esta situación se acelerará de manera apocalíptica. Gobiernos abiertamente negacionistas del cambio climático, claramente autoritarios y tendencias dictatoriales como el de Donald Trump en Estados Unidos o Javier Milei en Argentina no solo desconocen la crisis hídrica y climática, sino que profundizan deliberadamente las condiciones que la producen: desregulación ambiental, privatización de bienes comunes, criminalización de la protesta social y subordinación total a los intereses del capital extractivo y financiero.
Argentina: glaciares, leyes ambientales y saqueo hídrico
En Argentina, la crisis hídrica global adquiere una dimensión concreta y peligrosa. El actual gobierno nacional impulsa de forma exprés la modificación de la Ley de Glaciares (26.639), una norma clave para proteger reservas estratégicas de agua dulce en la cordillera y los ambientes periglaciares.
Esta ley, conquistada tras años de movilización social, no es un “obstáculo al desarrollo”, como repite el discurso oficial, sino un límite mínimo al avance del extractivismo minero. Su flexibilización responde directamente a las demandas del complejo minero transnacional, que considera a los glaciares y al agua un estorbo para la expansión de la megaminería metalífera a cielo abierto.
La ofensiva no se detiene allí. El gobierno avanza también sobre las leyes de presupuestos mínimos de protección ambiental, debilitando controles, reduciendo evaluaciones de impacto y promoviendo una desregulación que deja a los territorios librados a la voracidad empresarial.
En nombre de la “libertad” y la “seguridad jurídica”, se consolida un modelo que profundiza la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de ríos y la pérdida de humedales. El resultado es una hipoteca hídrica sobre el futuro del país. Sequías prolongadas, retroceso de glaciares andinos, conflictos por el acceso al agua y pérdida de ecosistemas estratégicos conviven con la promesa de dólares rápidos provenientes del extractivismo. Una promesa que, como tantas veces en la historia argentina, deja devastación ambiental, miseria y dependencia estructural.
El agua como campo de lucha de clases
La bancarrota hídrica expone un límite histórico del capitalismo. No hay gestión eficiente, mercado verde ni innovación tecnológica capaz de revertir una lógica basada en la acumulación infinita sobre bienes finitos. La crisis del agua no es solo ambiental: es social, política y civilizatoria.
Defender el agua, los glaciares y las leyes ambientales no es una causa sectorial ni un lujo ideológico. Es una tarea estratégica de la clase trabajadora y de los pueblos, inseparable de la lucha contra un sistema que convierte la vida en insumo descartable. Frente a un mundo que entra en bancarrota hídrica, la disyuntiva vuelve a plantearse con brutal claridad histórica: socialismo o barbarie.

Fuente: https://redeco.com.ar/nacional/ambiente/75652-bancarrota-hidrica-global-cuando-el-capital-se-bebe-el-futuro

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