Patagonia argentina / Defender la tierra: mujeres en la primera línea de fuego en la Comarca
Combaten el fuego cuando todo arde, durante el año intentan concientizar y tienen una mirada bien crítica sobre el negocio inmobiliario en el territorio. Brigadistas, militantes y vecinas cuentan, desde el sur, lo que significa batallar contra el fuego: A Epuyén no llegaron los Reyes Magos. Las niñeces dijeron que fue por el fuego que los camellos no pudieron acercarse porque tenían miedo de quemarse las patas. Más de 15 mil hectáreas fueron arrasadas por las llamas desde que comenzó el incendio el cinco de enero en Puerto Patriada, Chubut. Familias enteras durmieron en clubes y escuelas porque en esa provincia no existen centros de acogida para las víctimas de los incendios, aunque son cada vez más comunes y se repiten año a año. Según los habitantes de esas zonas, este es el peor de la historia reciente, no sólo por la cantidad de hectáreas consumidas bajo las llamas sino por la nula asistencia estatal: galpones, casas, animales, huertas, cosechas enteras se perdieron con el fuego y según dicen las brigadistas y las vecinas del lugar, si no hubiera sido por la comunidad organizada, las pérdidas hubieran sido mucho peores.
Por Ines Hayes
Comunidad organizada
“Se está trabajando sobre los focos más pequeños y sobre el enfriamiento porque un incendio de esta magnitud deja las raíces de los árboles y los corazones completamente prendidos", explica Flavia Broffoni, politóloga, escritora, vecina de Epuyén y recientemente parte de una brigada auto-convocada llamada La Epuyenera. Broffoni cuenta que el suelo humea y hay que hacer lo que se dice guardia de cenizas y enfriamiento constante: “es para evitar que cuando suba la temperatura o levante viento, esos focos vuelvan a activarse que es algo absolutamente posible”. Broffoni dice también que, aunque por fuera no se vea, por dentro los árboles quedan prendidos y el suelo y las raíces permanecen humeando.
Broffoni forma parte de la comunidad organizada que viene arriesgando la vida día y noche para vencer llamas de entre 20 y 40 metros de altura. Compartió con otres el gesto común de mirar al cielo esperando que se nublara y que cayera el agua: “El 11 llovió. Increíblemente, contra todo pronóstico, alrededor de las 19 empezaron a caer gotitas y eso aplacó bastante el fuego, sobre todo en el Cerro Coihue que era el más comprometido y está lleno de pinos de propietarios privados que nunca tuvieron mantenimiento a pesar de los reclamos de quienes vivimos cerca de ellos”, cuenta Flavia.
Lo que se necesita, explica, es que se restablezca la luz, que distribuyan generadores y que haya combustible, conectividad, que los y las brigadistas cuenten con el equipamiento que necesitan, así como a los bomberos, y a quienes forman parte de las brigadas auto-convocadas porque todo se dañó y se perdió con el fuego.
“Una manga de una pulgada y media que es la que más usamos en la cuadrilla de la que soy parte, de 25 metros, cuesta 400 mil pesos y para tener una línea de hasta 300 metros que es lo que necesitamos para el Pirque, la inversión es millonaria y no se puede hacer de manera privada, por eso se piden las donaciones porque no hay manera de enfrentar de manera familiar el costo de una moto bomba que puede costar entre uno y dos millones de pesos, o de cada tramo de manga (400 mil pesos), o de los acoples, las lanzas o los generadores. Son órdenes de inversión imposibles de afrontar desde los particulares”, detalla Broffoni.
Estigmatización y redes de solidaridad
Flavia dice además que “no hay que bajar la guardia porque no se descarta el surgimiento de nuevos focos” y señala la nula voluntad de entender desde el Estado Nacional este proceso como un patrón que se repite: “hay una decisión oficial de abandono y de culpabilización al pueblo tehuelche mapuche, sin ningún tipo de pruebas, con generalizaciones y una construcción narrativa de un enemigo inexistente: nadie en Epuyén cree que son los culpables, es una construcción muy burda para deslindar responsabilidades del Estado”.
Desde distintas partes del país, a través de grupos de whatsapp, se organizan colectas no sólo de dinero sino también de materiales para controlar el fuego así como de cremas para las quemaduras, gasas y remedios. La solidaridad es constante: gente que viaja desde el norte y el centro del país, empresas de transporte que llevan las encomiendas gratuitamente o colectivos que bajan sus pasajes mientras el Estado insiste en la estigmatización de los pueblos originarios.
“Estamos trabajando con las instituciones de manejo de fuego de la provincia, vamos a trabajar al lugar más crítico, somos una brigada voluntaria de una asociación civil sin fines de lucro que trabaja para apoyar a las instituciones cuando hay incendios, hacemos prevención y campañas de concientización durante todo el año”, dice Natalia Dobransky, brigadista. El relato de Natalia coincide con el de Flavia y el de los demás vecinos y vecinas: “la ayuda del Estado ha sido nula, si no hubiera sido por la presencia de 60 grupos autogestivos organizados, brigadas comunitarias y cuadrillas formada por los vecinos y vecinas, hubiera sido muchísimo peor esta catástrofe. Son quienes han descendido noche tras noche hasta el cansancio para controlar el fuego, hubo mucho trabajo nocturno, se perdieron muchas casas y fue tremendo”, explica.
El mapa del fuego y el negocio detrás de la ceniza
Las imágenes del fuego en la Patagonia recorrieron el mundo: “fue un incendio que puso a muchas personas en peligro y requirió del apoyo de la comunidad para poder realizar evacuaciones urgentes. Había personas que no esperaban que el incendio diera la vuelta y llegara a su paraje y eso fue una mala gestión del riesgo por parte de la provincia, hay que entender que los incendios que venimos teniendo últimamente tienen este comportamiento errático, difícil de predecir y para eso hay que trabajar con especialistas en incendios forestales. Eso permite poder hacer evacuaciones de manera mucho más preventiva, también es necesaria la infraestructura para hacerlo porque en la Comarca Andina no hay ni un solo centro de evacuados preparado específicamente para estos fines”, cuenta Natalia. Es por esa razón que las familias terminaron durmiendo en las escuelas, los gimnasios municipales, los clubes y hasta las cabañas de turismo y eso sucede, explica Natalia, temporada tras temporada. Si bien los relevamientos oficiales dan cuenta de la destrucción de 24 casas, se estima en más del doble la cantidad de hogares destruidos, además de ganado, animales, galpones, maquinarias agrícolas y campos que estaban listos para la cosecha y que se quemaron completamente: “todo esto representa una pérdida en la economía local que viene siendo avasallada por los incendios año tras año”, dice.
Gioia Claro es periodista y vecina de Lago Puelo: “Desde que comenzó el fuego, se han perdido 15 mil hectáreas entre la Patriada, El Hoyo, el Pedregoso, Epuyén y el Coihue”, cuenta a Las 12. En esa zona, lo que queda claro es que nadie cree el relato oficial de que fue el pueblo tehuelche mapuche, más bien aseguran que el fuego viene a correrlos de sus casas para que alguien más se quede con esas tierras para el desarrollo inmobiliario. “El fuego no fue para el lado de Benetton”, dijo un trabajador petrolero jubilado y la tierra quemada le dio la razón.
En una investigación que realizaron Julieta Caggiano y Matías Oberlin y que puede leerse en el blog Observatorio de tierras, los investigadores dicen que el 5% del territorio argentino está en manos extranjeras y que en superficie ese porcentaje supera los 13 millones de hectáreas: “el equivalente a la extensión de Inglaterra”. Sin embargo, alertan, “el dato nacional, aunque impactante, no es el más relevante. La verdadera dimensión del fenómeno aparece cuando bajamos la escala y miramos por departamento, o cuando cruzamos la información con cursos de agua, acuíferos o zonas con potencial minero. Existen 36 departamentos que ya exceden el límite fijado por la ley de tierras y hay 4 casos -Lácar (Neuquén), General Lamadrid (La Rioja) y Molinos y San Carlos (Salta)- donde la extranjerización supera el 50%”. Todos ellos, según Caggiano y Oberlín, concentran bienes estratégicos como agua dulce o recursos minerales. En sus palabras: “El patrón es claro: las situaciones se dan en zonas fronterizas -tanto en el norte como en la cordillera- y en territorios con recursos hídricos, mineras o con ventajas logísticas como puertos”.
Mientras el humo persiste y la guardia de cenizas se vuelve la única forma de habitar el territorio, las mujeres de la Comarca Andina siguen tejiendo una red que el fuego no pudo consumir. Sus testimonios no sólo denuncian la desidia estatal y la especulación que avanza sobre el bosque nativo, sino que también ponen de manifiesto que la verdadera defensa de la tierra hoy tiene rostro de vecina, de brigadista y de militante. En un escenario donde el Estado se ausenta o criminaliza, la solidaridad comunitaria se erige como el único cortafuego real contra un modelo que parece preferir las cenizas antes que la vida.
Fuente: https://www.pagina12.com.ar/2026/01/16/defender-la-tierra-mujeres-en-la-primera-linea-de-fuego/ - Imagen de portada: Fuego (Brigada Forestal Mallín Ahogado )

