sábado, 21 de noviembre de 2015

La democracia es algo más que esto que vivimos.


La palabra democracia es usada por todos para justificar todo lo que se haga. Da igual que sean de izquierdas, de derechas, o de centro.. También da igual que sean políticos honrados, que alguno hay, o que sean oportunistas que buscan solucionar su futuro camuflados entre el barullo de los partidos y los individuos no pensantes que los siguen viendo como dioses impolutos. Todo vale. 

La democracia se ha convertido con los años, y debido a su no contemplada evolución y renovación como idea, en la "putita" de todos, o sea, todos la nombran, todos la utilizan y todos se benefician de sus encantos, pero nadie piensa en ella como algo vivo que necesita regeneración para seguir adelante, como la base sobre la que se debe levantar un país que se construye sobre la Ley, la convivencia y el bienestar de todos los ciudadanos, no de unos pocos.
Mientras existan las mayorías absolutas, mientras los programas electorales de los partidos no sean de obligado cumplimiento por Ley, mientras la Constitución no sea actualizada y también de obligado cumplimiento, mientras la justicia no sea independiente de los políticos y mientras los políticos no sean unos ciudadanos más, con sus derechos y obligaciones, sin privilegios absurdos, con unos sueldos justos pero nunca por encima de médicos, catedráticos, científicos y todos aquellos que se considere que son elementos básicos en las entrañas del tejido democrático, en la salud y bienestar de la democracia… Mientras no se realicen esos cambios, hablar de democracia es absurdo, negativo, estúpido, porque entre todos estamos manteniendo un sistema enfermo que nos perjudica, que se vuelve contra nosotros y que permite que bajo su aparente bondad crezcan todo tipo de parásitos, oportunistas, mentirosos, ladrones y reliquias del pasado que se aprovechan del "aquí vale todo" para sacar partido de sus lugares de poder para impulsar negocios dirigidos a enriquecerse a costa del dinero público, el de todos.
Resucitemos el Referéndum y la participación ciudadana activa como esencia del funcionamiento democrático, porque el pueblo debe ser parte de aquellas decisiones que los afectan. ¿Por qué creen que los que gobiernan son tan reacios a los plebiscitos?
Si no recuperamos la verdadera democracia, si no la adaptamos a la realidad de la vida, de la sociedad, en pleno siglo XXI, estaremos creando y viviendo en falso, en el pasado, cuando la clave está en vivir en tiempo real, porque sólo así sabremos qué hay que hacer en cada momento y cómo hay que hacerlo. Recuerden, pensar en libertad nos hace más sanos y vivir el presente mirando hacia el futuro más inteligentes.
Pero el futuro siempre está en movimiento, por eso se llama futuro, porque el permanente movimiento nos libera de las cadenas del tiempo, o sea, del pasado.

Fragmento de una nota de la Revista: Fusión.com