viernes, 12 de agosto de 2016

Evalúan implicancias del aumento del hielo marino en la Antártica y sus efectos en la Patagonia

“La pregunta no es ¿por qué nos interesa estudiar el hielo marino? Sino ¿conocemos lo suficiente sobre sus impactos y tendencias futuras? La respuesta más inmediata es que todavía no”. Esta es una de las reflexiones que la científica Angela de Santis hace en el marco de una investigación sobre el hielo marino antártico y sus efectos en el cambio climático.

La italiana se desempeña en el Centro Regional Fundación Cequa y es doctora en teledetección por la Universidad de Alcalá de Henares, España. Gracias a su postgrado se especializa en el uso de imágenes de satélites para realizar estudios ambientales. Y, en ese contexto, desarrolla su estudio sobre el hielo marino antártico, aprovechando la abundante información satelital existente. Angela se encontraba trabajando en Suiza cuando se dio la posibilidad de emigrar a Magallanes. Llegó a la zona en octubre de 2015 y en diciembre se incorporó al Centro Regional Fundación Cequa, específicamente en la línea de Cambio Climático y Variaciones Recientes.

Desde un principio comenzó a trabajar en un estudio centrado en el hielo marino que se aprecia en los fiordos de la Patagonia y también en la Antártica. Su proyecto se centró en lo que ocurre en el continente antártico, aprovechando los datos que existen desde noviembre de 1978 – enero de 1979 hasta la actualidad. Esto, gracias a imágenes satelitales disponibles para la investigación que se centra en hielo marino, agua salada que se congela con una temperatura de -1,8 grados a -2 grados.
Los antecedentes obtenidos permitirán establecer una tendencia general acerca de lo que ocurre en la Antártica para que, en una segunda etapa, se pueda comparar qué es lo que ocurre en la Patagonia. La idea de establecer si el hielo marino en la Patagonia sigue las mismas tendencias del hielo marino en la Antártica. Sobre el nuevo análisis, señala que Patagonia será un estudio aparte que considerará fiordos de cordillera Darwin y Gran Campo Nevado.
La investigación en curso considera la participación del ingeniero e investigador de Fundación Cequa, Rodrigo Gómez, en el manejo estadístico de los datos, y del académico de la Universidad de Río Grande Do Sul, el climatólogo Eder Maier, que comparará datos de extensión de hielo marino con datos meteorológicos para encontrar cuáles son los factores que están influenciando la tendencia.
Aumenta la tasa de hielo marino
A partir de la revisión bibliográfica, Angela ha podido apreciar que  los datos publicados desde 1979 hasta el año 2010 muestran que se ha ido acelerando la tasa de hielo marino. Y ha crecido aún más si se añaden los datos correspondientes hasta el año 2015.
“Quisimos investigar qué estaba pasando porque se trata de un evidente contraste con lo que está ocurriendo en el Artico, donde el hielo marino está desapareciendo completamente”, advierte.
“Recopilamos todos los datos, analizamos los datos de satélite para cuantificar en cada mes la extensión del hielo marino. Vimos que en los últimos cinco años ha habido un aumento importante en todo el territorio antártico, pero con variaciones regionales importantes. Hemos comparado estos datos de hielo marino con temperatura, presión atmosférica y los vientos y hemos intentado buscar correlaciones entre ellos. Vimos que hay una correlación muy fuerte con los vientos. Los vientos han cambiado de tendencia. Por ejemplo, los vientos del oeste y los vientos catabáticos (que soplan desde tierra hacia el mar) son mucho más fuertes debido a cambios globales en la circulación atmosférica”, refuerza.
Al momento de esta circulación de viento se ha registrado un doble efecto sobre el hielo. Por un lado, se enfría el aire con la consecuente baja de temperatura de superficie y, por otro, ejerce presión sobre el hielo marino. Entonces empujan el hielo marino, éste se fractura y en la fractura se forman nuevos hielos, lo que ayuda a que crezca más rápidamente. Es un efecto termodinámico de empuje sobre el hielo.
Cuando el agua se congela expulsa parte de esta sal de la estructura del hielo y esta sal se mezcla con el agua del mar y el agua se hace más densa y cae hacia el fondo. Y empieza una corriente de agua fría muy densa que va desde el Polo Sur hasta el Ecuador. Y ahí se produce el recambio porque empuja el agua caliente hacia abajo y eso crea una circulación de agua que permite la distribución del calor en más zonas que no sean sólo el Ecuador y el trópico. Las diferencias de temperatura entre las distintas zonas de la Tierra generan los vientos.
Por otro lado, hace un efecto de aislante, ya que aísla la temperatura del mar. Reduciendo el intercambio de calor con la atmósfera.  Como también es muy blanco refleja la energía solar y la devuelve al espacio, reduciendo el calentamiento de la Tierra. “Entonces parece algo inerte pero influye muchísimo en todo el equilibrio del clima. Si pensamos en las extensiones  de hielo marino en la Antártica, el máximo que se ha registrado en el año 2014 es de más de 20 millones de kms2. Son dimensiones tan grandes que influyen mucho en el equilibrio climático”, recalca.
Antártica y cambio climático
La directora ejecutiva del Centro Regional Fundación Cequa, Paola Acuña, resalta que la orientación de la investigación de la línea de Cambio Climático y Variaciones Recientes es un ejemplo de estudios de ciencia local de impacto global. “Esta investigación de relevancia mundial ha propiciado el vínculo internacional pero siendo siempre la actividad científica que se realiza en Magallanes y en la Antártica lo relevante y de interés de científicos de todo el mundo. Por otra parte, Cequa contribuye con investigación de pertinencia regional y de innovación para el país, como ha sido el instalar el estudio de los hielos marinos en fiordos y canales de nuestra región, aplicando tecnología de punta, series de datos históricos, modelamiento e  interpretaciones interdisciplinarias”, advierte.
En ese sentido, Angela de Santis pone énfasis en el hecho de que todas las variaciones que se aprecian en la Antártica permiten analizar los cambios climáticos en el resto del planeta. En los últimos años ha disminuido el calentamiento en la Península Antártica. De hecho, un estudio reciente muestra un ligero enfriamiento desde el año 2000. Desde el año 2010 hubo una expansión de hielo en la parte oeste de la Península Antártica. Eso está conectado a que el agujero de ozono antártico se ha cerrado poco a poco y a cambios en la circulación atmosférica en ese sector.
“Muchos factores climáticos están conectados con el hielo y por eso es tan complicado dar una respuesta definitiva sobre cuál es la variable que más influyó en el aumento de la extensión de hielo marino, porque todo es una combinación de factores, pero los estudios apuntan a que esto se está produciendo por un efecto termodinámico, que es una combinación de una baja de la temperatura y de empuje de los vientos”, agrega.
De acuerdo al análisis realizado, la científica de Fundación Cequa señala que hay varias teorías que proponen que puede ser una anomalía puntual o parte de un ciclo la tendencia a la expansión del hielo marino que se ha registrado en los últimos cinco años. Varios estudios complementarios apuntan a que se trata de una variabilidad natural, a la que se han sumado distintos factores. Por ejemplo en los años 2013 y 2014 se produjo en Fenómeno del Niño de manera continuada. Lo más probable es que se hayan combinado variaciones naturales de varios factores climatológicos que han actuado en sincronía sumando sus efectos.
Lo concreto es que “mientras que la disminución de hielo en el Artico muestra una tendencia muy clara, los últimos tres años han presentado máximos históricos de extensión de hielo marino en la Antártica, pero no se tienen suficientes observaciones para inferir si se trata de una anomalía o de un aumento que se mantendrá en el futuro, también debido a la gran variabilidad interanual del clima antártico. Por lo tanto, es fundamental identificar correctamente todos los factores que están llevando al aumento de hielo marino en la Antártica y estudiar sus tendencias futuras, para prever si llegará o no a compensar las pérdidas globales y mitigar algunos de los impactos del calentamiento global”.
Fuente: La Prensa Austral