viernes, 26 de agosto de 2016

Las otras víctimas de los incendios: animales y plantas

Los efectos directos de los incendios sobre la vegetación y la fauna de la superficie ,pero también en el suelo y en la importante biodiversidad que alberga son inmediatos, pero los indirectos se prolongan durante tiempo y en algunos casos son letales e irreversibles, según un experto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El investigador del Instituto de Investigaciones Agrobiológicas de Galicia Serafín González ha explicado a Europa Press que los efectos sobre el suelo y la vegetación dependen de varios factores, de la velocidad del fuego, ya que hay algunos muy rápidos, que queman una superficie muy grande y matan mucha vegetación, pero otros, que son más lentos, afectan a menos superficie, aunque las llamas se quedan "pegadas" al suelo por lo que la degradación es mayor.
Así, advierte de que si se degrada la tierra, "base de los ecosistemas terrestres", se producirán 'a posteriori' efectos importantes, mientras que el incendio es suave, por ejemplo algunas plantas herbáceas pueden germinar en pocas semanas. En una zona de matorral, sin embargo, no se regenera hasta pasados tres, cinco o incluso diez años y si lo que se quema es un bosque de hace 100 años, al menos pasarán otros cien años en volver a un suelo similar.
En casos más graves, según González, cuando el incendio es "muy severo" y calcina completamente la vegetación y se daña la capa más superficial del suelo, comienza a haber un "riesgo importante" y si poco tiempo después se producen lluvias importantes, sin cubierta protectora de la vegetación, estas lluvias pueden arrastrar ceniza y la corteza del suelo, milímetros o centímetros, lo que provoca un empobrecimiento del suelo.
"Perder un centímetro de suelo por erosión tarda un siglo en volver a formarse", ha comentado el científico quien, además añade que esto llegará a ríos y lagunas, con lo que siempre se extenderá el daño al ecosistema acuático.
LLUVIAS TRAS INCENDIOS: EL PEOR ESCENARIO
En este contexto, ha recordado que eso, precisamente sucedió en los incendios de 2006 en la franja litoral de Galicia, donde se quemó una gran superficie cerca de la costa, en zonas de pendientes elevadas y tras los incendios se produjeron lluvias fuertes. "Ese es el peor de los escenarios" --ha afirmado--. "Se tuvo que limpiar playas donde hay marisqueo y también quedaron afectadas aves limnícolas, que comen insectos de lagunas y del mar, con graves daños para el chortilejo patinegro, una especie amenazada de Galicia".
Para paliar este riesgo y evitar las escorrentías antes de que empiecen las lluvias, el científico gallego recomienda, en primer lugar, evaluar en cada incendio la vegetación y la topografía afectada y si hay áreas quemadas con alta severidad.
En ese caso, propone cubrir esos terrenos con una "alfombra de paja", más o menos un cuarto de kilo por metro cuadrado o bien con virutas, que serviría de "venda para cubrir las heridas del suelo", imitando lo que sucede naturalmente en otoño, cuando caen las hojas y el suelo se cubre, de forma que se minimiza el riesgo de erosión. Sin embargo, lamenta que este método se está aplicando desde hace "solamente" dos o tres años y a muy pequeña escala, casi como experiencia piloto.
En este ámbito, considera que España está "bastante atrasada" en materia de prevención y recuperación de las zonas afectadas por los incendios y sobre todo en materia de divulgación de los daños "gravísimos" que producen, de modo que reclama inversiones mayores y fijación de la población rural a través de la producción forestal. "Es necesario que se destinen partidas a restaurar las zonas quemadas", ha comentado.
FAUNA MUERTA O DESPLAZADA
Con respecto a la fauna, el investigador del CSIC, lamenta que no existan datos sobre el número de animales que han muerto durante los incendios de este verano pero ha indicado que los efectos de los incendios son extensos y que se producen tanto de forma directa como indirecta.
De este modo, ha señalado que el efecto más directo es la muerte inmediata de "toda la fauna que no es capaz de huir", como los pequeños animales, desde insectos a pequeños mamíferos, anfibios, reptiles, los pollos de aves que están en el nido, que mueren quemados porque no pueden volar, así como toda clase de insectos polinizadores, como las abejas de las colmenas --por lo que se suma las pérdidas económicas de la producción de miel--.
Más allá de la mortandad directa, ha agregado que con la erosión posterior, cuando llega la lluvia, las cenizas acaban en el agua, de modo que modifica su ph y aumenta la turbidez, de modo que puede producir la mortandaz de las especies acuáticas, tanto vertebradas (peces, a los que se les obstruyen las branqueas) como invertebradas (las madreperlas de río o mejillón de río, en peligro crítico de extinción.
Por otro lado, los efectos indirectos para la fauna se producen en el hábitat que antes ocupaban y que el fuego destruye, por lo que se pueden ver obligados a desplazarse a otras zonas, porque se ha quemado el bosque o porque las charcas se han colmatado por sedimentos o un cambio de especies.
Al mismo tiempo, aunque no se marchen, en los siguientes años, su éxito reproductor es menor, ya que hasta que no se recupere la vegetación dispondrán de menos alimento.
En cuanto a la capa superficial del suelo, ha destacado sus efectos "muy importantes" para la biodiversidad, ya que asegura que el peso de las lombrices y de otros invertebrados puede ser mayor que el de la biomasa de las vacas que pastan encima.
UNA ESPIRAL DE DEGRADACIÓN
Finalmente, advierte de que las zonas que se queman de forma reiterada entran en una "espiral de degradación", algo que sucede lamentablemente "en muchas zonas de Galicia", que se queman una vez tras otra y el tiempo que discurre entre un fuego y el siguiente es menor que el espacio temporal que requeriría para que se recuperara la zona.
"Cualquier zona que se queme con una frecuencia mayor de 15 años corre riesgo de entrar en la espiral de degradación, de forma que su suelo perderá fertilidad comenzará la erosión del suelo, que cada vez será menos profundo y acabarán aflorando las rocas. Es el inicio de una desertificación", ha prevenido.
Por último, el científico gallego ha afirmado que esto se produce en la actualidad en distintas zonas de España y particularmente, en los últimos años en algunas áreas el sur de Galicia, que "se está convirtiendo en un pedregal" que no se va a recuperar.

Fuente: http://www.ecoticias.com/