El bosque más grande del mundo se expande y se mueve…

El bosque boreal, el ecosistema forestal más grande del planeta, se está moviendo. Literalmente. En las últimas décadas, el bosque boreal ha avanzado hacia el norte, ocupando zonas de tundra que antes parecían demasiado frías para sostener árboles altos. Este fenómeno, impulsado por el cambio climático y conocido como parte del “reverdecimiento del Ártico”, no solo redefine el mapa del planeta: también cambia la forma en que entendemos el equilibrio del carbono global. La pregunta no es solo qué está pasando, sino qué significa para nuestro futuro.

por Carolina Gutiérrez Argüelles

El bosque boreal se desplaza al norte por el cambio climático
Entre 1985 y 2020, científicos analizaron imágenes de los satélites Landsat de la NASA y datos complementarios de ICESat-2. El resultado fue contundente: el bosque boreal creció alrededor de un 12% y se desplazó en promedio 0.29 grados de latitud hacia el norte. Puede sonar pequeño, pero a escala planetaria es enorme.

El Ártico se está calentando casi cuatro veces más rápido que el resto del mundo. Eso descongela el permafrost, alarga las temporadas de crecimiento y permite que nuevas especies de árboles colonicen territorios antes dominados por musgos y arbustos bajos. Entre los 64° y 68° de latitud norte se han registrado las expansiones más notables. Es un paisaje que cambia frente a nuestros ojos, un paraíso helado que empieza a llenarse de verde.
Reverdecimiento del Ártico: ¿más árboles, más solución?
Aquí viene el giro interesante. Más árboles significa, en teoría, más captura de carbono. Se estima que estos bosques jóvenes han absorbido entre 1.1 y 5.9 gigatoneladas de carbono en las últimas décadas. Para ponerlo en contexto: todos los árboles del mundo almacenan aproximadamente 861 gigatoneladas. Estamos hablando de cifras que influyen en el presupuesto global de carbono.

Además, los investigadores destacan que no solo es una expansión territorial, sino también demográfica. Estamos viendo una nueva generación de bosques jóvenes, con estructuras distintas y gran capacidad de crecimiento. Son ecosistemas dinámicos, capaces de absorber CO₂ con rapidez. En un planeta que busca desesperadamente formas de frenar el calentamiento, esto suena casi como una buena noticia.
El efecto albedo: el lado menos visible del bosque boreal

Pero no todo lo verde es esperanza. Existe un fenómeno llamado efecto albedo que complica la historia. La tundra cubierta de nieve refleja gran parte de la radiación solar hacia el espacio. Los árboles, en cambio, son oscuros. Absorben más calor. Cuando el bosque boreal reemplaza superficies blancas por copas verdes o marrones, el suelo retiene más energía.

En otras palabras, el mismo bosque que captura carbono también puede intensificar el calentamiento local. Es un equilibrio delicado, casi irónico. Más vegetación puede significar menos CO₂ en la atmósfera, pero también más calor atrapado en la superficie. La naturaleza no funciona en blanco y negro; es una red de interacciones complejas.
Incendios, plagas y el retroceso del sur
Mientras el bosque boreal avanza hacia el norte, su frontera sur cuenta otra historia. En Canadá y Rusia, el aumento de temperaturas ha provocado sequías más largas, incendios forestales extremos y brotes masivos de insectos como el escarabajo del pino. El resultado es el llamado “browning”: zonas donde el verde se convierte en marrón por la muerte de árboles.

Los incendios en el oeste de Canadá en los últimos años han sido tan intensos que liberan millones de toneladas de carbono almacenado durante décadas. Es como si el planeta retirara dinero de una cuenta de ahorros climática. A esto se suman inviernos más cortos y veranos más secos que afectan suelos, lagos y biodiversidad. El bosque boreal no solo crece: también sufre.

Un ecosistema clave en el tablero climático global
El bosque boreal es el mayor bioma terrestre del planeta, extendiéndose por América del Norte, Europa y Asia. Su papel en el cambio climático es estratégico. Lo que ocurra allí influye en los modelos climáticos, en las políticas ambientales y en nuestra capacidad de mantener el aumento de temperatura por debajo de 1.5 °C.

Los científicos advierten que, aunque las tendencias globales son claras, existe una enorme variabilidad regional. No todos los sectores crecen igual, ni todos responden del mismo modo a las presiones ambientales. Integrar datos satelitales con mediciones en campo será clave para entender cómo evolucionará este ecosistema en 2026 y más allá. Porque lo que está en juego no es solo un bosque remoto, sino el equilibrio climático de todo el planeta.

El bosque boreal se está desplazando al norte, expandiéndose en un Ártico que ya no es tan blanco como antes. Captura carbono, transforma paisajes y reescribe mapas, pero también enfrenta incendios, plagas y el efecto albedo que complica la ecuación climática. Es un recordatorio poderoso de que el cambio climático no es un concepto abstracto, sino una fuerza que moldea territorios enteros en tiempo real. Si el mayor bosque del mundo está en movimiento, ¿estamos preparados para entender (y gestionar) sus consecuencias?

Fuente: https://ecoosfera.com/medio-ambiente/natura/

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