Una noción ideológica del trabajo


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La actual idea de trabajo se afianza hacia el siglo XVIII, junto con las ideas de riqueza y producción; el individuo pasa a ser conformado dentro de una visión productivista al servicio de una ideología del progreso.
Las nociones de producción y trabajo, se reforzaron mutuamente, al presentarse como medios de abastecer el crecimiento de la población y el consumo, y se les otorgó un sentido utilitario que permitía identificarlas con un avance inequívoco hacia la felicidad y el desarrollo.
Se tuvo que extender entre la población un afán continuo e indefinido para acumular riquezas, a la vez que se desvanecía el tabú moral contra la codicia. Se anima a la búsqueda del placer y la libertad; las actitudes egoístas y acaparadoras dejan de ser vistas como amenazas hacia la colectividad, ya que se supone que el mercado las reorienta para que impulsen la properidad y la ciencia.
Un desplazamiento de la noción de riqueza hacia una forma de acumulación infinita por medio del dinero. Las personas deberían de creer que eran capaces de producir riquezas, y que el trabajo era el instrumento básico de producción.
Una vez que el trabajo es una meta social e individual, los pobres pasaron de pedir pan a pedir trabajo, y el burgués pasó a convertirse en un ‘creador de puestos de trabajo’. Una vez eliminadas las instituciones que daban sustento y cobijo a las personas en las sociedades anteriores al capitalismo (la familia, la comunidad, la tribu... o el gremio) como elementos que arropaban física y socialmente al individuo, el trabajo cobró cada vez más importancia como medio de relacionarse y promocionarse en el terreno profesional, económico y social.
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Por una salida noviolenta del capitalismo. Decrecimiento o barbarie
Estamos instalados en la crisis. Y no será un paréntesis. Este libro esboza una posible salida de la recesión global dando un vuelco a los paradigmas de la modernidad.
Una revolución económica (el decrecimiento) y política (la noviolencia activa) que ya viven en el archipiélago de los movimientos de resistencia comunitaria, en los de las mujeres y de las nuevas generaciones, y que está a la espera de una cita con las luchas para liberar el trabajo del yugo productivista. La "crítica al desarrollo" no puede no ir acompañada por un proyecto político de autogobierno. Y a la inversa.
“El decrecimiento nos pide hoy imaginar vivir de una forma más espontánea, sin necesidad de calcular el retorno de nuestras acciones. Se trata de una verdadera inversión de la idea que atribuye la felicidad al tener. El decrecimiento es la esperanza de poder ser felices justamente mediante la liberación de la obsesión compulsiva hacia el consumo, del afán de posesión, de la vanidad egoísta, de la competición permanente, del trabajo por necesidad.
El decrecimiento es un vector de dirección que aplicamos a nuestra vida individual, al tiempo que es un programa constructivo y una modalidad de acción de colectivos y de políticos.
Una búsqueda que resulta hoy aún más urgente frente al fracaso evidente de las promesas de bienestar universal del liberalismo, en presencia de los efectos negativos de la globalización neoliberal, tanto en las áreas de los países empobrecidos, como en las de los países emergentes e incluso en las de los países maduros y opulentos.”
Decrecimiento o barbarie. Para una salida noviolenta del capitalismo. Paolo Cacciari. Icaria. 2010 - Paolo Cacciari es periodista. Ha trabajado en el diario L´Unità y actualmente colabora con el semanario Carta. Ha sido en diferentes ocasiones concejal en el municipio de Venecia por el PCI (Partido Comunista Italiano) y por Rifondazione Comunista. Ha colaborado con el sindicato CGIL de la región del Veneto y con asociaciones como Legambiente, Lipu y Fórum Ambientalista.
Para saber más: Raíces económicas del deterioro ecológico y social. José Manuel Naredo. 2006. - Para saber más: Historia del trabajo
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