miércoles, 4 de noviembre de 2015

¿Camino a la Conferencia de las partes o al colapso planetario?



COP 21


“(…) lo único que aumenta más rápidamente que nuestras emisiones es la producción de palabras de quienes prometen reducirlas” Naomi Klein  
Desde el siglo XIX, diversos científicos advertían sobre el incremento de las emisiones de CO2, y sus efectos en el calentamiento global, al mismo tiempo que señalaban la vinculación de las actividades humanas con dicho proceso. En 1861, el físico irlandés John Tyndall mostró que el CO2 podía causar cambios en el clima. En 1895, el químico sueco Svante Arrhenius concluyó que la quema de carbón de la era industrial aumentaría el efecto invernadero natural. En 1938, el ingeniero británico Guy Callendar afirmó que las temperaturas habían aumentado durante el siglo anterior, debido al incremento de las concentraciones de CO2 (Zillman, J., 2009; Knight, M., 2008; IPCC, 2007) . Para 1990, el primer reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático- IPCC [ii] confirmaba que el cambio climático inducido por el ser humano era real y significaba una amenaza (UN Climate Change Learning Partnership). 

Hace ya 36 años que la primera Conferencia Mundial sobre el Clima (WCC) se llevó acabo; 27 años del establecimiento del IPCC; 23 años de la adopción de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) y 20 años de la primera Conferencia de las Partes (COP) [iii] celebrada en Berlín. ¿Qué ha cambiado desde esos años a la fecha además del país sede de la Conferencia de las Partes; cuánto se ha avanzado en la disminución de las emisiones de CO2; en la transición hacia un modelo energético bajo en carbono? Son algunos cuestionamientos urgentes de cara a la COP 21 pero sobre todo, ante los peligros cada vez más latentes de un colapso climático antropogénico (Saxe-Fernández, 2015) que pone en riesgo la vida de millones de especies incluida la humana. Sobre las emisiones y sobre un posible cambio de patrón energético. El IPCC afirmaba en su informe Climate Change 2014: “ Las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero han aumentado desde la era preindustrial , impulsadas en gran medida por el crecimiento económico y demográfico , y actualmente son más altas que nunca. Esto ha llevado a concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso que no tienen precedentes en al menos los últimos 800.000 años” [iv] (IPCC, 2014). A pesar de los peligros anunciados y de las afectaciones ya en curso de un incremento de la temperatura ¾ desertificación, estrés hídrico, pérdida de especies, inundaciones, acidificación de los océanos, eventos hidrometerológicos cada vez más violentos ¾ , la producción y consumo de energía fósil continua y se acrecienta. En el 2012, 81.4% de la energía consumida mundialmente provino de los combustibles fósiles –carbón, petróleo y gas natural-; el 8.5% de la hidroelectricidad, de la energía nuclear, de la geotérmica y de la solar; y el 9.9% de la biomasa , la biomasa líquida , el biogás, los residuos industriales y los residuos urbanos (Banco Mundial, 2015) Dada la dependencia del mundo a los combustibles fósiles, las corporaciones petroleras adquieren un papel fundamental en la toma de decisiones, han sido las principales opositoras a someterse a regulaciones que limiten sus emisiones de CO2 o que les obliguen a mantener sus yacimientos sin explotar. Para ejemplificar, la petrolera estadounidense ExxonMobil -empresa que ocupa el lugar 7 del listado Forbes Global 2000 [v] (2015)- publicó el mismo día de la presentación del informe del IPCC antes citado, un documento donde afirmaba que los riesgos de un colapso ambiental no modificarían sus estrategias de inversión y producción. El informe señalaba: “ExxonMobil cree que aunque siempre existe la posibilidad de que la acción gubernamental puede afectar a la compañía [vi] , el escenario donde los gobiernos restringen la producción de hidrocarburos (…) durante el período pronosticado [vii] es muy improbable (…) el mundo requerirá toda la energía basada en el carbono que ExxonMobil planea producir (…) no prevemos que la sociedad pueda suplantar las formas tradicionales de energía basada en carbono con otras formas de energía, como las renovables (…)” [viii] (ExxonMobil). 
Si bien ExxonMobil reconoce en dicha publicación, los riesgos que trae consigo el cambio climático y la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los combustibles fósiles, difiere respecto a la rapidez con la que dichas medidas deben ser tomadas, al mismo tiempo que niega la posibilidad de algún cambio en el corto plazo.
De igual forma, la tendencia de la empresa BP cuyo logo era “Beyond pretoleum” (más allá del petróleo) y que en su momento decidió dejar la Global Climate Coalition [ix], se dirige ahora al incremento de sus negocios en combustibles fósiles y al abandono de sus inversiones en energía baja en carbono, esto de acuerdo con una investigación realizada por el periódico británico The Guardian [x].
Para las petroleras, la transición hacia otro modelo productivo o hacia otra matriz energética es impensable, no se contemplan los costos e incertidumbres que la no transformación acarrea. 
Un documento de trabajo del Fondo Monetario Internacional titulado How Large Are Global Energy Subsidies?, indicó que el monto de los subsidios a la energía ascendió a $ 5,3 billones de dólares 6.5% del PIB mundial del 2015 ¾ los subsidios al petróleo ocupan 1.7% del PIB mundial ¾ dicho monto incluye los subsidios implícitos, es decir los costos socio-ambientales ¾ incluyendo los daños climáticos ¾ derivados de la producción y el consumo. 
Por su parte, un estudio elaborado en la Universidad de Cambridge Judge Business School precisó que los costos socio-ambientales generados por las corporaciones de combustibles fósiles, son mayores que las ganancias obtenidas (Hope, Gilding, & Alvarez, 2015), es decir, si dichas empresas pagaran los daños que provocan, el negocio dejaría de ser rentable. 
Aunque la búsqueda de ganancias, motor de la lógica capitalista, puede explicar en gran medida las dinámicas destructivas de las corporaciones en general y particularmente la de las petroleras ¾ aquí ejemplificadas con el caso de ExxonMobil y BP ¾, cabe sugerir la posibilidad de que las economías de los países centrales continúen con la misma dinámica a sabiendas de que serán los menos afectados en un futuro de colapso, o al menos los más preparados para ello. 
Tal y como lo indica un índice elaborado por la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.) países como Estados Unidos, Alemania, Australia, los países Escandinavos, Nueva Zelanda son los que tienen mayores capacidades para responder al cambio climático, mientras que l a mayoría de los países en riesgo y menos preparados están en África, particularmente los países intervenidos por la guerra, la dependencia y la pobreza (University of Notre Dame). 
En este sentido, el caso estadounidense es esencial. La hegemonía ¾ económica, militar, política ¾ de los Estados Unidos sobre vastas regiones del mundo está sustentada en el control del petróleo. Son las fuerzas armadas estadounidenses la organización que más consume este recurso en el mundo (Klein, 2015; Saxe-Fernández, Barbarie nuclear o civilidad estratégica, 2015) y por tanto, ha sido el país más reacio a transformar el patrón energético ¾ aunque no ha sido el único. Frente al agotamiento de las reservas de petróleo convencional, gobiernos progresistas y de derecha en todo el mundo, se han encaminado a la búsqueda de yacimientos de combustibles no convencionales (gas de esquistos) y a la expansión de las fronteras de extracción (la Amazonía y el Ártico), agotando cada vez más nuestras posibilidades de evitar un colapso climático (Saxe-Fernández, 2015). 
Bajo este contexto, nos preguntamos ¿será que la COP 21 logrará un acuerdo global vinculante que permita disminuir las emisiones o fracasará en el intento tal y como lo hicieron sus predecesoras? 
Una disminución de las emisiones de carbono conllevaría la transformación del patrón energético sustentado en la energía fósil, lo que a su vez implicaría: trastocar los intereses económicos de quienes obtienen ganancias a partir de la destrucción de la atmósfera; un abandono de la idea de crecimiento económico ad infinitum; un cuestionamiento del modo de producción y consumo que es promovido por el 1% de la población a expensas del despojo y miseria del 99% restante. En pocas palabras, un cambio de sistema no de clima como pregonan las pancartas de las movilizaciones sociales en las cumbres mundiales de cambio climático. 
Sin embargo, mientras esperamos que la COP 21 se lleve a cabo, ocurren anualmente alrededor de 150, 000 muertes debido al cambio climático (WHO & WMO, 2011); la extinción de especies se incrementa; millones de personas se ven obligadas a desplazarse a consecuencia de desastres naturales social, económica y políticamente provocados -tan sólo en el 2012 fueron 30 millones- tendencia que podría intensificarse en la medida que los efectos del cambio climático se profundicen (ACNUR) .
Sobre las movilizaciones
Bajo este contexto es que diversas organizaciones han abandonado la espera pasiva y han decidido incentivar la movilización a escala mundial. Como ejemplo de ello tenemos: las movilizaciones en diversos países promovidas por 350.org; el movimiento de desinversión en combustibles fósiles (http://gofossilfree.org/); campañas como la de Keep it in the ground (Manténgalo en el suelo), impulsada por The Guardian; o el llamado de Vía campesina –organización que representa alrededor de 200 millones de campesinos y campesinas- a rechazar las soluciones ofrecidas por las corporaciones principales responsables del calentamiento global. 
Notas
[i] Socióloga y Especialista en Economía Ecológica y Economía Ambiental por la Universidad Nacional Autónoma de México.
[ii] El IPCC es un grupo científico auspiciado por Naciones Unidas, el cual revisa y evalúa la información científica, técnica y socioeconómica más reciente producida en todo el mundo, relevante para la comprensión del cambio climático.
[iii] La COP es una asociación que reúne a todos los países que son partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC).
[iv] Traducción propia
[v] La lista Forbes Global 2000 recopila a las empresas más poderosas del mundo, medidas por ingresos, ganancias, activos y valor de mercado.
[vi] A tono con la noción neoliberal de poca regulación estatal a las acciones corporativas, la empresa concibe la intervención del Estado para la protección del planeta como una potencial afectación para sus intereses.
[vii] El período considerado por ExxonMobil se extiende hasta el año 2040.
[viii] Traducción propia.
[ix] La Global Climate Coalition (1989–2002) fue un intento conjunto de corporaciones como Exxon, General Motors Corporation, Shell Oil USA, British Pretoleum, entre otras, para oponerse a la ratificación del Protocolo de Kyoto y por ende a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, meta que lograron incorporar en el senado estadounidense.
[x] Véase Macalister, T. (16 de Abril de 2015). BP dropped green energy projects worth billions to focus on fossil fuels. The Guardian. http://www.theguardian.com/environment/2015/apr/16/bp-dropped-green-energy-projects-worth-billions-to-focus-on-fossil-fuels 
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes. - Imagenes: icvdecreixement.blogspot.com - laverdadysololaverdad.wordpress.com