Argentina: El saqueo y la contaminación son actividades esenciales

La pandemia produjo un paro general mundial de actividades manufactureras, culturales, turísticas, comerciales etc. Pero la explotación industrial de la tierra, forestales, mineras, entre otras son decretadas actividades esenciales en la emergencia.

Explotación irracional basada en el saqueo y no en la vida, poniendo en riesgo millones de personas, con la complicidad del estado, que se hizo evidente en las últimas décadas.
Cada vez más epidemiólogos confirman la relación entre la producción industrial de alimentos, comida contaminada con agrotóxicos y la destrucción de nuestro medio ambiente y nuestra salud.
Este desastre ecológico se profundiza año a año, silenciosamente, avanzando sobre poblaciones nativas y reservas naturales.
Deforestación
Organizaciones ambientalistas como Greenpeace denuncian que se arrasan bosques en cuarentena durante el aislamiento. Monitorearon con imágenes satelitales y descubrieron que en el norte del país ya se desmontaron más de 6.500 hectáreas.
Más desmonte significa más inundaciones, más desalojos de comunidades campesinas e indígenas, más desaparición de especies en peligro de extinción y más enfermedades. Destruir bosques es un crimen y debemos impedirlo.
Las provincias de Salta, Chaco, Santiago del Estero y Formosa concentran el 80% de la deforestación del país.
No solo estamos en emergencia sanitaria, también en emergencia forestal y climática.
Los bosques y selvas concentran más de la mitad de la biodiversidad terrestre del planeta. De ellos obtenemos bienes y servicios indispensables para nuestra supervivencia, como alimentos, medicinas y maderas.Son el hogar y sustento de miles de comunidades indígenas y campesinas y tienen un rol fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos.
La principal causa de la pérdida de bosques es el avance de la frontera agropecuaria (ganadería y soja transgénica) silvicultura y otros usos de la Tierra representaron el 39% de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) del país en 2017.
La deforestación nos vuelve más vulnerables al aumento e intensidad de las precipitaciones. Un estudio del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) precisa que mientras una hectárea de bosque de la región chaqueña permite absorber 300 milímetros de lluvia en una hora, los campos deforestados para soja absorben diez veces menos, mientras que los desmontados para pasturas para ganado, absorben tres veces menos.
Resulta evidente que menos bosques significan más inundaciones y más enfermedades. La actual crisis sanitaria, climática y de biodiversidad que estamos sufriendo obliga a actuar en consecuencia.
Megaminería
La megaminería tampoco es alcanzada por la cuarentena, la destrucción de cerros, montañas, glaciares, contaminación de fuentes de agua de riego y de consumo humano no descansa.
Valiosos metales conocidos por nosotros y otros desconocidos de uso industrial, espacial, tierras raras, continúan siendo saqueados por multinacionales y trasladados a los países centrales.
Las Asambleas Patagónicas denuncian estos y otros atropellos con la complicidad del poder político de turno de las últimas décadas.Por eso plantean poner fin a la megaminería y el fracking en todo el país. Expropiación de las firmas, casi todas imperialistas, dedicadas a este negocio, sin indemnización por el daño realizado al medio ambiente por sus actividades, garantizando el empleo con igual salario a los trabajadores de estas empresas.
Declaran que fueron los estados capitalistas, patriarcales, asistencialistas, neocoloniales los responsables del vaciamiento de la salud y la educación pública, garantes del ecocidio empresarial, el genocidio étnico y cultural, el endeudamiento como práctica del sometimiento y el control social.
Son la causa no la solución.
Agronegocio
Organizaciones ambientalistas y vecinos se preguntan: ¿De la pandemia del agronegocio quién nos cuida?
Más de 100 agrupaciones denuncian sobre la explotación capitalista del territorio, para cultivos de exportación y su incidencia en la salud.
El agronegocio continúa regando nuestros territorios con agrotóxicos que comprometen la capacidad de nuestro organismo para hacer frente al virus y generan cientos de enfermedades en la población. Siguen sin escuchar lo que vienen denunciando hace años.
Este sector hace menos de un mes realizó 4 días de paro agropecuario, acaparando granos y carne, contra el aumento de 3% en los derechos de exportación para grandes productores de soja; hecho que fue repudiado por el campo que produce alimentos y amplias franjas de nuestra población, tanto urbana como rural.
La terrible paradoja, es que existen evidencias a nivel global que vinculan fuertemente al modelo del agronegocio con el surgimiento de las pandemias. En una entrevista reciente el investigador Rob Wallace afirmaba: “El aumento de la aparición de virus está estrechamente relacionado con la producción de alimentos y la rentabilidad de las corporaciones multinacionales.
Cualquiera que pretenda comprender por qué los virus se están volviendo más peligrosos debe investigar el modelo industrial de la agricultura y, más específicamente, la producción ganadera. En la actualidad, pocos gobiernos y pocos científicos están preparados para hacerlo. Más bien todo lo contrario.
La sociedad global debe recoger la experiencia de otras grandes pandemias, como la peste negra, donde la avaricia y la acumulación de los señores feudales fue a contramano de las necesidades alimentarias de la población desencadenando aquella gran pandemia. Hoy el coronavirus vuelve a tener la misma aliada: la malnutrición, ahora junto a inmunodepresores.
La clase dominante argentina surgió históricamente como la clase que se apropió del recurso productivo fundamental del país agroexportador: la tierra. Lo hizo mediante distintos negociados con el estado y gracias al genocidio de los pueblos originarios.
Si Marx decía que el capital “viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, de la cabeza hasta los pies”, esto puede comprobarse plenamente en la historia nacional.
Hoy, a través de múltiples entrelazamientos familiares y societarios, la concentración de la propiedad de la tierra se mantiene: 4.000 propietarios poseen la mitad de toda la tierra utilizada para agricultura y ganadería.
Los ganadores siempre son los mismos el sector financiero, el agropower, empresas forestales, mineras y privatizadas.

Fuente: http://www.laizquierdadiario

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