lunes, 6 de febrero de 2017

El Acuerdo de París sobre el Cambio Climático: promover plantaciones comerciales de árboles y reducir los bosques a depósitos comercializables de carbono...

Editorial del Boletin 228 del WRM

La 22ª reunión anual de las Naciones Unidas sobre el clima se celebró en 2016. En esa ocasión los gobiernos celebraron la ratificación del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, aprobado en la reunión climática de la ONU de 2015. En 1997 se había logrado el primer acuerdo de la ONU sobre el clima, el Protocolo de Kyoto, que establecía límites vinculantes para los países industrializados. En esa oportunidad el gobierno de Estados Unidos insistió hasta lograr que el comercio de carbono fuera parte de dicho Protocolo, a pesar de lo cual nunca lo ratificó. Sin embargo, el comercio de carbono se mantuvo. Y el comercio de carbono terminó distrayendo a los gobiernos de la urgente tarea de negociar en las reuniones climáticas de la ONU cuándo se extraería y quemaría el último barril de petróleo y la última tonelada de carbón. Ese plan sigue aún sin discutirse en las reuniones de la ONU sobre el clima, como explica el primer artículo de este boletín, “El Acuerdo de París mina la campaña mundial para dejar el petróleo en el subsuelo”.

La idea de la compensación como alternativa a la reducción también domina el Acuerdo de París de la ONU sobre el Cambio Climático. En lugar de organizar un plan claro de eliminación progresiva de la combustión del carbono fósil, los gobiernos simplemente acordaron alcanzar “un equilibrio” entre las emisiones antropógenas y la absorción por los sumideros de gases de efecto invernadero en la segunda mitad del siglo. Eso significa que las empresas pueden seguir quemando combustibles fósiles siempre y cuando paguen a alguien para plantar árboles, para evitar que los bosques se corten o para reducir las emisiones derivadas de la producción agrícola. Esto puede resultar muy conveniente para la industria de combustibles fósiles y las empresas cuyos beneficios dependen de la disponibilidad de petróleo y carbón baratos, pero constituye una gran amenaza para los campesinos y los pueblos indígenas para quienes el bosque es su hogar. ¿Por qué? Porque lo que las empresas quieren usar ahora como “bosques de carbono” es la tierra de la que dependen las familias campesinas y los bosques que los pueblos indígenas han protegido y conservado durante generaciones. El Acuerdo de París sobre el Cambio Climático conecta iniciativas como REDD+ y la “deforestación neta cero” con la agricultura industrial y las plantaciones industriales de árboles. Una vez que el Acuerdo de París se implemente, la presión sobre las tierras agrícolas y los bosques aumentará. (2)
Una tendencia que ayuda a explicar por qué las negociaciones para mantener enterrados el petróleo y el carbón no están en la agenda de las negociaciones climáticas de la ONU es la creciente presencia de grupos empresariales en las reuniones de la ONU sobre el clima. Durante años, las empresas dedicadas a la prospección petrolífera y de gas así como las industrias alimenticias y financieras mundiales organizaron eventos paralelos en lugares cercanos a los de las reuniones climáticas de la ONU, y sus asociaciones industriales han estado presentes en las salas de reuniones de la ONU. Un periódico señaló la “participación sin precedentes de los grupos empresariales que han combatido las acciones climáticas en todo el mundo” en la reunión de la ONU de 2016 en Marruecos. Se trata de empresas cuyo principal interés es la extracción y combustión de la mayor cantidad posible de combustible fósil. (3) A principios de este año, los gobiernos de los países industrializados se opusieron a restringir la presencia de empresas de combustibles fósiles en las reuniones climáticas de la ONU. En esa oportunidad afirmaron que el concepto de “conflicto de intereses” era demasiado difícil de definir. Los representantes del gobierno australiano, por ejemplo, afirmaron que “no hay una comprensión clara de lo que es un conflicto de intereses y significa cosas distintas para diferentes personas”. Argumentaron que, por lo tanto, debía asumirse que no había riesgo de “conflicto de intereses” en que los representantes de empresas cuyo negocio dependiera de la venta de petróleo y carbón asistieran a las reuniones climáticas de la ONU. Así, en Marruecos, las asociaciones industriales que representan a las compañías de combustibles fósiles, como ExxonMobil, Chevron, Peabody, BP, Shell, RioTinto, etc., mantuvieron discusiones privadas con representantes gubernamentales cuya tarea es negociar medidas para acabar con el uso del carbono fósil. Pero la razón por la cual esas mismas empresas figuran entre las más poderosas del mundo es precisamente por la extracción y el procesamiento del carbono fósil. Quizás los representantes de los países industrializados que tienen dificultades para entender el “conflicto de intereses” deberían haber hablado con sus colegas que asistieron a la 7a. reunión del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Control del Tabaco en la India, para que les hablaran de su experiencia con el “conflicto de intereses” de las empresas y de la injerencia del grupo de presión de las tabacaleras con el objetivo de impedir la aplicación de medidas gubernamentales contra el tabaquismo. Quizás podrían haberles hecho entender que las compañías petroleras y del carbón que presentan a su industria como una socia en la lucha contra el cambio climático aplican una probada y antigua estrategia empresarial que la industria tabacalera también utilizó ampliamente. Las empresas dedicadas a la prospección petrolífera y de gas que asisten a las reuniones climáticas de la ONU lucharán por sus ganancias, no para que los gobiernos adopten medidas que pongan fin cuanto antes a la combustión de petróleo y carbón y gas natural. (4)
Pero no son sólo las industrias del petróleo y del carbón las que pusieron las reuniones climáticas de la ONU en su calendario. Las empresas plantadoras, las corporaciones mundiales de alimentos y la industria del conservacionismo han participado asiduamente durante años de las reuniones de la ONU sobre el clima. Sus esperanzas están puestas en que el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático cree una demanda mundial de créditos de carbono a partir de iniciativas que supuestamente reducen las emisiones de la deforestación; en otras palabras, demanda para su negocio.
En 2007, los gobiernos introdujeron el mecanismo REDD en las negociaciones de la ONU sobre el clima como una nueva forma de salvar los bosques. Desde entonces, las empresas plantadoras así como las firmas mundiales del sector alimenticio y los grupos conservacionistas han trabajado para imponer la idea - tanto dentro como fuera de las conversaciones climáticas de la ONU - de que los pagos para reducir las emisiones derivadas de la deforestación o para plantar árboles son una contribución a los esfuerzos por hacer frente al cambio climático. Se han lanzado numerosas iniciativas con el supuesto de que los pagos por almacenar carbono en los árboles reducirán las emisiones derivadas del uso de la tierra. La realidad de los últimos diez años ha demostrado que REDD y otras iniciativas similares en el sector agrícola son falsas soluciones que no pueden reducir la destrucción a gran escala de los bosques y por otro lado culpan falsamente de la deforestación a la agricultura campesina y al cultivo migratorio. Pero aún así, los bancos regionales de desarrollo y los gobiernos de países industrializados siguen financiando iniciativas empresariales de REDD. (5)
Por ejemplo, la Estrategia del Banco Africano de Desarrollo para la Transformación Agrícola de África 2016-2025, no menciona ni una sola vez la palabra “agroecología”. Sin embargo, el documento incluye 12 referencias principales a la “agricultura climáticamente inteligente”, un concepto poco claro que tiene como objetivo principal expandir el control de la industria de los agroquímicos y las semillas sobre la agricultura a pequeña escala. La Estrategia del Banco Africano de Desarrollo para la Transformación Agrícola de África también promueve el comercio de carbono. El documento habla sobre la promoción del “crecimiento verde” y de la inversión, entre otras cosas, en “la agricultura a gran escala sostenible y climáticamente inteligente”. El Banco propone inversiones “en asociación con” fondos del sector privado, como el Fondo de Sustento para la Agricultura Familiar (que entre sus inversores incluye a Danone y Mars), el Fondo Moringa (co-fundado por el banco Rothschild), o el Fondo Climático Althelia. El próximo informe “The Kasigau Corridor REDD+ Project: a crash dive for Althelia Climate Fund” de las organizaciones Counter Balance y Re:Common expone lo que las inversiones del Fondo Climático Althelia significan para las comunidades locales: se refuerzan las injusticias históricas vinculadas a la distribución de tierras, y a las más afectadas por las restricciones impuestas por el proyecto REDD+ les llegan pocos beneficios - o ninguno - del proyecto. (6)

“¿Qué significado tiene el Acuerdo de París, de las Naciones Unidas, para los bosques y los pueblos de los bosques?” - ésa es la pregunta central para todos los artículos de este boletín. Un artículo explora por qué, aunque cada año se habla más y más sobre la urgencia de tomar medidas para combatir el cambio climático, el Acuerdo de París no menciona ni una sola vez las palabras combustible fósil, petróleo o carbón. Los dos artículos siguientes analizan de qué forma se incluyen los bosques en el Acuerdo de París y quiénes se benefician de las iniciativas referidas a esta inclusión explícita de REDD en el Acuerdo de París. En otros dos artículos se discute la errónea calificación de las plantaciones de árboles como bosques y la promoción de los monocultivos forestales industriales como resultado del Acuerdo de París. Finalmente, el proyecto de carbono de plantación de árboles de Ibi Batéké, en la República Democrática del Congo, conecta el mecanismo del comercio de carbono del Protocolo de Kyoto - el Mecanismo de Desarrollo Limpio - con el Acuerdo de París. Incluso antes de que se plantaran los primeros árboles, el proyecto se propagandeó como un éxito que nunca fue.
Sin duda, el Acuerdo de París de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático trae malas nuevas tanto para los bosques como para las comunidades y los pueblos indígenas para quienes los bosques no sólo constituyen un medio de vida sino también su hogar físico, cultural y espiritual. Su lucha en defensa de los bosques y de un modo de vida que reconoce el valor de los bosques mucho más allá del precio del carbono al que REDD+ ha reducido los bosques, es más importante que nunca. Haciendo caso omiso de la prueba irrefutable de los graves problemas que las plantaciones industriales de árboles acarrean a las comunidades locales y de la evidencia de que no son una solución a la crisis climática, el Acuerdo de París abre una nueva puerta a su mayor expansión. En los próximos años será fundamental intensificar la resistencia a estos planes de expansión masiva de los monocultivos de árboles, justificados equívocamente como una contribución al cambio climático. Ésa es también la razón por la que debemos seguir exigiendo a la FAO que corrija su definición de bosque que incluye a las plantaciones de monocultivos de árboles. Los exhortamos a apoyar la carta en la que se recuerda una vez más a la FAO que las plantaciones no son bosques y que debe revisar urgentemente su definición de bosque. (7)

(1) Más información, por ejemplo, en la publicación del WRM “El comercio de servicios ecosistémicos: cuando el “pago por servicios ambientales” se convierte en un permiso para destruir”. http://wrm.org.uy/es/libros-e-informes/el-comercio-de-servicios-ecosistemicos-cuando-el-pago-por-servicios-ambientales-se-convierte-en-un-permiso-para-destruir/
(2) Ver por ejemplo: http://www.nature.com/nclimate/journal/vaop/ncurrent/full/nclimate2870.html   Williamson 2016: http://www.nature.com/news/emissions-reduction-scrutinize-CO2-removal-methods-1.19318
(3) Artículo publicado en el periódico Guardian el 6 de noviembre de 2016: “Marrakech climate talks: giving the fossil fuel lobby a seat at the table”. https://www.theguardian.com/environment/2016/nov/07/marrakech-climate-talks-giving-the-fossil-fuel-lobby-a-seat-at-the-table  y “Corporate Accountability International report Uncovered: Fossil Fuel Industry Has Back-Door Access to U.N. Climate Talks”. https://www.stopcorporateabuse.org/blog/uncovered-fossil-fuel-industry-has-back-door-access-un-climate-talks
(4) El informe de la Organización Mundial de la Salud “Evaluación del impacto del CMCT de la OMS: Informe del grupo de expertos” informa que “el rol y las actividades de la industria mundial del tabaco sigue siendo, sin dudas, el obstáculo más importante para la adopción de medidas en todos los aspectos del CMCT”. http://www.who.int/fctc/cop/cop7/FCTC_COP_7_6_EN.pdf
(5) Ver por ejemplo, “REDD: una colección de conflictos, contradicciones y mentiras”, http://wrm.org.uy/es/libros-e-informes/redd-una-coleccion-de-conflictos-contradicciones-y-mentiras/
(6) The Kasigau Corridor REDD+ Project in Kenya: a Crash dive for Althelia Climate Fund. Counter Balance y Re:Common. Febrero 2017.
 (7) Pueden firmar aquí la carta que reclama a la FAO la revisión de su definición de bosque: http://wrm.org.uy/es/todas-las-campanas/apoye-la-carta-reclamando-a-la-fao-que-revise-su-definicion-de-bosque/
Fuente: Boletin del WRM - Imagenes: globedia -