El burka y el pulso sobre el cuerpo de la mujer en nueve puntos

Lo único positivo del regreso del debate sobre el burka en España, promovido por la extrema derecha cristiana (Vox), es recordar que unos 25 millones de mujeres de Asia Central están obligadas a llevar este terrorífico artefacto hecho de tela con barrotes, bajo la amenaza de torturas inimaginables y de muerte. ¿Se acuerdan lo que le pasó a la esposa de Lot –el protagonista del relato de Sodoma y Gomorra-, a quien dios habría convertido en un pilar de sal sólo por mirar atrás y ver cómo su casa era destruida por los ángeles cuando se le había ordenado no hacerlo?

Por Nazanin Armanian
Analista política y traductora persa y dari

1. Desde que el burka de los talibanes afganos irrumpió en sus vidas, hace unos años, la derecha y la izquierda en Occidente han utilizado esta prenda para librar sus propias batallas locales, con el denominador común de ignorar los derechos de las mujeres condenadas a la cadena perpetua de habitar en esta celda de aislamiento de medio metro de ancho.
2. Entre los objetivos de Vox: 
– Instrumentalizar el velo para ocultar el verdadero significado del burka.
– El "aquí mando yo": determinar la agenda social -desde el autoritarismo que llevan en su ADN- sin que tal tema fuese una preocupación social anterior a que ellos abrieran el debate.
– "Divide y gobierna", creando enemigos imaginarios en una población a la que se induce al pánico por la supuesta amenaza de "invasión de inmigrantes morenos".
– Presentarse como el salvador de la pureza de la raza y la religión de los "nativos" con pedigrí.
– Desviar la atención de los verdaderos problemas de los ciudadanos, como la vivienda, la privatización de la sanidad, la corrupción, etc.
– Ocultar que su discurso es en realidad aporófobo, y que su islamofobia es falsa. Pues, 1) si por un lado, los fundamentos del islam y el cristianismo son exactamente los mismos, por el otro, es preciso tener en cuenta que el propio Vox, por ejemplo, ha recibido al menos 800.000 euros de la secta chiíta de los Muyahedines del Pueblo de Irán, a la que además prestó servicios uno de sus fundadores, Alejo Vidal-Cuadras. Será que el velo de la dirigente del grupo, Maryam Rajavi, es de Chanel y no del bazar de "todo a 1 euro"; 2) sus colegas cristianos en EEUU persiguen a los inmigrantes también cristianos pero pobres. Es un matiz de suma importancia, ya que se trata simplemente de una lucha de clases: los ricos contra los pobres.
Con esta táctica consiguen un gran premio: que las fuerzas de la izquierda maniquea, que por inercia ciega dicen todo lo contrario de lo que afirma Vox, caigan en la trampa de apoyar al totalitarismo islámico, su conservadurismo ultra reaccionario misógino, perdiendo su naturaleza crítica y de defensa de los oprimidos, que es lo que vienen haciendo. Esta izquierda sigue confundiendo a "los inmigrantes", que en su gran mayoritaria pertenecen a la clase trabajadora, con la "comunidad religiosa", el chiringuito de las castas privilegiadas religiosas modernófobas que viven de la extorsión de los fieles. Este es uno de los catorce errores de la izquierda sobre la libertad religiosa. Ha perdido el norte y confunde a los opresores con los oprimidos.
Vox, además, señalando a este sector como "musulmán" –que no como "pobre"–, impide que sus propios simpatizantes de las clases subalternas descubran la verdad.

3. El burka, adulteración de la palabra indoeuropea purda "cortina", no es una "prenda afgana". Afganistán es una nación compuesta por una veintena de grupos étnicos con sus vestimentas particulares y el burka es el "velo" exclusivo del sector más subdesarrollado de la etnia pastún (que habita en Pakistán y Afganistán). Cuando este grupo tomó el poder en Kabul en 1992, gracias al patrocinio de EEUU, impuso el burka a todas las afganas.
Su origen puede estar en el Talmud judío: "Ni un solo día de mi vida las vigas de mi casa han visto mis trenzas", respondió una devota llamada Kimhit, madre agraciada por dios por tener siete hijos sacerdotes. Obviamente, la intención del autor del relato era que las mujeres ni en su hogar -ni siquiera delante de los hijos- tengan derecho a relajarse. Recomendación que vuelve a aparecer en el versículo 33:53 del Corán, cuando propone instalar una cortina entre las esposas del Profeta y los hombres que acudan a su casa: una tienda de campaña.
Vox también pide prohibir el niqab, "máscara" en árabe, que suele ir con guantes para cubrir las manos, y es una tela que oculta la cara dejando los ojos al descubierto; es propio de las mujeres de la Península Arábiga, y su función inicial era proteger a sus portadoras de los rayos del sol. Los hombres del desierto, como los tuaregs, utilizan un atuendo similar.
El "velo religioso" no existe 
4. Aunque en Occidente se llama "velo religioso" a todo lo que oculta el pelo de la mujer, ninguna de sus modalidades relaciona a su portadora con un ser sobrenatural:
– Velo climático: el primer ser humano que cubrió su cabeza (y el resto de su cuerpo) con algún artilugio tuvo la intención de protegerse de los climas extremos, como hacen las vestimentas de los judíos y árabes, habitantes del desierto, y los esquimales del Ártico.
– Velo étnico: visibiliza la pertenencia a un grupo determinado en un espacio ocupado por diversas comunidades, como los pañuelos que usaban las mujeres gallegas o asturianas, o los que llevan las qashqai y las guilanies iraníes.
– Velo complemento: es el que adorna al resto de la indumentaria, como el sari de las indias.
– Velo de la clase social: el tul (deformación de la palabra persa "tur") que llevaban las mujeres de los emperadores persas, diferente del rusari (pañuelo simple) de la plebeya.
– Velo patriarcal: es el más común (cualquier formato de pañuelo y mantilla). El que muestra el rol de la mujer y su estatus de subgénero en las sociedades de la religión abrahámica. Es la señal externa de la subordinación de la mujer al hombre, y no hace falta que cubra todo el pelo o la cabeza: "La mujer debe tener una señal del dominio del hombre sobre su cabeza (velo) y el hombre una muestra del dominio de Dios (Kippa)" (Corintios 11:1-10), y para que no haya la menor duda sobre esta jerarquía del poder del hombre que describe, el texto aclara: "La cabeza de todo varón es Cristo, y la cabeza de la mujer (es) el varón". El Corán (el versículo 24: 59, el más ocultado por los islamistas) lo vincula con el periodo de fertilidad de la mujer, desligándolo de la religión: "Las mujeres que han llegado a la menopausia no cometen falta al no ponerse sus velos siendo ya adultas…".
La primera ley aprobada por el ayatolá Jomeini fue para bajar la edad nupcial en Irán, de 18 años para las mujeres a 8, y de esa forma impuso el velo a todas las niñas a partir de esta edad hasta la muerte, adoptando también el mandato de los judíos, resaltando la dimensión sexual de la mujer: ¿a qué hombre le importarán los pensamientos, gustos o aficiones de las mujeres si ellas han sido creadas sólo para ser las esclavas del hombre y darle descendencia? La uniformización de las mujeres ha pretendido borrar su diversidad individual, simplificando su control, y exterminando a las feministas.
La niña que lleva el velo, siendo ya "mujer", debe prepararse para atender a un hombre y dejar de hacer tonterías como jugar, saltar, escalar, bailar, montar en bici o soltar una carcajada en público porque deshonraría a la familia. Mientras que de adulta siempre será considerada por ley como una menor (o incapacitada mental), necesitada de un tutor varón para realizar cualquier gestión o ejercer su profesión, para ingresar en un hospital, casarse, divorciarse, viajar, trabajar, estudiar, etc.
– Velo político: que cubre toda la cabellera, la cabeza y el cuello y oculta los pechos. Es la bandera del fascismo islámico, cuya doctrina, muy estructurada, otorga el estatus de "subhumanas" a las mujeres, convirtiendo los códigos patriarcales de la religión en una herramienta política para aterrorizar y dominar a toda la sociedad: "Dios no envió ningún profeta del sexo femenino", respondió Mahoma a quienes estaban sorprendidos por tanta restricción a las mujeres árabes en nombre de la nueva religión. Es la manifestación externa de un "destino biológico" dictado por dios. Ellas han sido creadas para que sirvan a la "quietud del hombre" (Corán, 30:21), o para que "Adán no esté solo" (Génesis II: 18 y 22), no para tener una vida independiente. El creador castigó duramente a Lilith, la primera esposa de Adán, cuando exigió igualdad de derechos, alegan. Una vez controlada la mitad de la sociedad, la extrema derecha irá a por la otra: los hombres, como se hizo en el Irán de Jomeini, midiendo hasta su barba, por no hablar de su falta de derecho a ejercer algún tipo de control sobre el poder absoluto de aquellos seres zombis.
Conforme a los textos "sagrados" de dichos credos, la mujer es medio-humana (el humano completo es el hombre). En árabe y en persa la palabra "Adam (Adán)" es sinónimo de "ser humano". De hecho, en la Sharia y leyes jomeinistas la mujer recibirá la mitad de la indemnización que le corresponde a un varón en caso de accidente.
– Velo militante: es el que llevan las adolescentes de familias emigrantes en Occidente, después de que la pseudodoctrina del choque de civilizaciones de George Bush las señalara como “bárbaras y potenciales terroristas”. La conciencia repentina de que no pertenecen a esta sociedad ni han vivido en aquella de la que proceden sus progenitores las lleva a buscar una identidad supraterritorial, y la única ideología a mano es la religión: "¡Yo soy musulmana y a mucha honra!", dicen. Y en un mundo hostil, buscando referencias y el apoyo de su “comunidad”, deciden ponerse el velo y marcar más diferencias (artificiales), en vez de cultivar los vínculos entre personas trabajadoras más allá de sus credos, color de su piel, lengua, etc.

5. El islamismo es un movimiento político de la extrema derecha sunita y chiita -como lo son el nacionalcatolicismo y el sionismo-, y utiliza los conceptos de familia, mujer y comunidad para llevar adelante una agenda política al servicio de las clases privilegiadas, y el velo es su bandera, independientemente de la conciencia de sus portadoras.
La indumentaria, cuya evolución lleva la marca del avance en los derechos de la mujer (y por ende del hombre y la sociedad), tiene un poderoso nexo con el rol social asignado a los sexos: "Quien lleva los pantalones es el que ostenta el poder".
6. Un sector del feminismo occidental, secuestrado con el síndrome de Estocolmo por la ultraderecha islamista, desde un oscurantismo feminizado soberbio habla del "feminismo colonial", y curiosamente reciben el respaldo de algunas feministas europeas perdidas, quienes desde una multiculturalidad mal entendida relativizan los derechos universales de las personas, despolitizando una macabra artimaña para someter a cientos de millones de mujeres por los hombres en el nombre de dios.
7. Despolitizar el velo es consolidar el estatus infrahumano de la mujer en las religiones abrahámicas. Llevar niqab-burka-velo siempre es desde el miedo: a dios y su temible hoguera del infierno, a aquellos Estados gobernados por el totalitarismo islámico y su particular inquisición, o a los hombres de la "comunidad" y de la familia.
8. La conciencia de los derechos se aprende, y no depende del nivel de estudios académicos. Las iraníes, la mayoría universitarias, que por ejemplo ahora sueñan con el regreso de los Pahlavi, debido a la prohibición de las organizaciones feministas, no saben que gran parte de la legislación del Sha sobre la mujer también procedía de la Sharia, incluso el Sighé, la prostitución halal poliginia.
9. El hábito de las monjas y el burka. La vestimenta de las monjas es el uniforme de una peculiar tropa "espiritual" (que no de todas las mujeres cristianas) del imperio religioso dirigido por un Papa. Vestidas con indumentarias de la era de la Virgen María en Oriente Próximo, las monjas, de paso, muestran sus votos de sumisión y pobreza tras su "libre" ingreso en una orden. Millones de niñas y mujeres nacidas musulmanas están forzadas por las autoridades del Estado o de la familia a llevar el velo como muestra de su obediencia a las normas (marcadas por la era de Hamurabi, s.XVIII a. C.) en cuya redacción nunca les han dejado participar. Es como si los sacerdotes del cristianismo obligasen a todas las mujeres a vestirse como las monjas, bajo amenazas y castigos corporales, económicos y de privación de la libertad.

El abrazo de oso de la izquierda occidental a las mujeres "musulmanas" nace de su esquizofrenia ideológica, el desconocimiento o el afán de mantener sus puestos de "expertos" en los centros de poder y sólo contribuyen a la consolidación de la opresión milenaria sobre las mujeres.

 Todos los Estados intervienen en el modo de vestir de los ciudadanos. En Barcelona se multa a los hombres que andan con el torso desnudo por la calle, y en Alemania está prohibido usar el uniforme nazi. Ya no sólo el burka o el niqab, sino el mismo velo debería estar prohibido en los colegios y autorizado en los institutos siempre que vaya acompañado por debates abiertos dirigidos por un personal instruido, y desde una educación en igualdad.   


Fuente: https://www.publico.es/opinion/columnas/burka-pulso-sobre-cuerpo-mujer-nueve-puntos.html - Imagen de portada: Imagen de archivo tres mujeres llevando el burka.DPA vía Europa Press

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