miércoles, 30 de noviembre de 2011

La humanidad a la deriva






La injusticia tiránica de unas multinacionales  envueltas en el poder económico y amparadas por políticos sin escrúpulos, continúa sembrando la inestabilidad de un mundo cada más  inestable, aumentando sus beneficios hasta cantidades astronómicas y aumentando la pobreza, el hambre, las guerras y la destrucción de la biodiversidad de una manera inhumana, sin importarles la vida de las personas, la paz de los países o la muerte de millones de niños por desnutrición.

POR: PEDRO POZAS TERRADOS . DIRECTOR EJECUTIVO PROYECTO GRAN SIMIO/ESPAÑA, 


El ser humano ha llegado a un punto de degradación e inestabilidad sentimental, que deja ya de diferenciarse del resto de los seres vivos, para convertirse en un ser inteligente pero inhumano, despiadado, incontrolado, que mata por el propio sabor a muerte. Un monstruo que la naturaleza tarde o temprano tendrá que exterminar. Un terminator de la vida que se alimenta del egoísmo y donde la compasión hace años que desapareció de su corazón frío y calculador.
Si, existen gentes buenas, sinceras, que luchan por conservar la tierra. Pero por ser buenas, son barridas por  la negrura del poder financiero y político que sólo buscan beneficios para unos pocos y la esclavitud para el resto.
Mucho tiene que cambiar el ser humano para poder seguir ostentando la humanidad de la que presume y ya no tiene. Los dictadores siguen matando al pueblo a sus anchas y sin remordimientos, las multinacionales arrasando los recursos naturales y empleando en muchas ocasiones la violencia y el asesinato para todo aquel que se resista, los bancos exprimiendo lo poco que tienen los ciudadanos hasta ahogarlos sin miramientos, los políticos al servicio de un poder X siendo utilizados como marionetas contra el bienestar social del pueblo, los especuladores acampando a sus anchas y enriqueciéndose sin que la justicia intervenga ante  tan descomunales robos mientras sin pensarlo mandan a la cárcel a un pobre hombre que hurta un pedazo de pan para subsistir.
Estamos siendo testigos directos de una revolución del poder contra el ciudadano, la implantación de un feudalismo riguroso, donde el plebeyo no tiene derechos ni a respirar y el Señor dueño de tierras y hombres, los explota, humilla y los viola sin compasión, sin derechos, siendo objetos de uso para después quemarlos y explotarlos.
Asistimos con la boca abierta a una crisis que ha sido protagonizada por el poder financiero y consentida por los políticos y sin embargo, tanto unos como otros, exprimen al ciudadano para que sea él el que pague las irresponsabilidades y robos realizados por ellos. Y nos callamos. Y dejamos que nos roben. Y tenemos miedo.

La Estevia, una planta medicinal y curativa, un adulcorante potente que bien puede suplantar a los que normalmente nos ponen en las comidas y bebidas dulces, puede ser patentada por una multinacional. Esta planta es de Paraguay. Es propiedad de la humanidad, de la vida misma y sin embargo, se permite que se patente como muchas otras plantas. La Unión Europea, que solo beneficia a las multinacionales y que no son representantes de los europeos, quieren legalizar su consumo pero refinándola, es decir, quitándola el 95% de las propiedades medicinales para no competir o perjudicar a las farmacéuticas. ¿Esto como se llama? Un robo consentido, un acto criminal de lesa humanidad que no debe permitirse bajo ningún concepto. Los lobbis que constantemente asesoran e intervienen en las decisiones de los parlamentarios europeos, pertenecientes a cientos de multinacionales, son los verdaderos diputados europeos. Ellos compran a los representantes del pueblo de muy diversas formas, para conseguir sus objetivos. Esta es la realidad de una farsa democrática. La democracia se nos ha ido de las manos.  No hemos sabido implantarla. No han sido capaces de separar el poder del dinero del poder político. No saben lo que es defender los intereses del ciudadano y de la vida. Se mueven por puro mecanismo de partido. Nosotros no valemos nada para ellos, excepto cuando nos piden su voto cada cuatro años. Y así lo están demostrando día a día.
Mutilan una planta medicinal que es beneficio de la humanidad, la quieren patentar y sólo por sus propios intereses, solo porque esta planta puede que rebaje los enfermos y de esta forma los beneficios de las farmacéuticas. Hagamos RESISTENCIA y plantemos en nuestros balcones y jardines la Estevia para consumo propio y como patrimonio de la humanidad.
El precio de los alimentos se ha duplicado desde que los fondos privados invierten en cosechas. La especulación con los alimentos ha llegado hasta duplicar el precio de algunos de ellos y ha empujado al hambre a 350 millones de personas. ¿Por qué no se toman medidas urgentes y se detienen a todos los especuladores? ¿Por qué permitimos que multinacionales se adueñen de la alimentación mundial sin que los gobiernos hagan nada contra ello? ¿Por qué se permite este abuso? Sin embargo cuando se trata de rescatar a un banco por sus malas gestiones, enseguida ponen dinero público sin consultar al pueblo, prácticando un nuevo robo contra el ciudadano. A estas alturas, quien no vea en esta película de terror quienes son los malos y sus estrategias, es porque esta completamente ciego y quiere vivir de espaldas a una realidad que al final le hará sucumbir como a todos, en la mismísima miseria humana.
El proceso es como sigue: Los capitales especulativos invierten en producción de una cosecha que suele ser normalmente en cereales o trigo. El fondo especula en la bolsa  con la cosecha en la que se ha invertido, intentando de esta forma que el precio suba para venderla y sacar beneficio. El precio del producto sube tras varias compraventas y el 98% de los fondos que adquieren una cosecha, la revenden, no se la quedan. Esa subida de precio permite el beneficio al fondo inversor, pero supone un drama  para millones de personas, a las que se les limita el acceso a la comida. Esta es la manera macabra en la que el poder económico y la especulación juegan con la vida de la humanidad, de la muerte, sin importarles el sufrimiento y la desesperación de los seres humanos. Y esto esta siendo permitido por los gobiernos y la Unión Europea y después se echan las manos a la cabeza cuando de vez en cuando saltan a los medios de comunicación las hambrunas en distintas partes del mundo. Nos piden dinero, fundaciones que no denuncian la realidad y que enseguida abren cuentas para que el ciudadano descargue su conciencia, dinero que se pierda en gran medida por el camino de la irresponsabilidad, en lugar de atajar y combatir donde radica el problema.
La alimentación debe ser tratada por los estados como un bien de la humanidad, un derecho asistido, por lo que tendría que ser protegida, no patentada y con leyes internacionales que la protegiera de la especulación y la patente de sus semillas.
En África se ha seleccionado a diferentes poblaciones para probar la vacuna contra la malaria en más de 15.000 niños. Aún no saben la eficacia real de la misma ni tampoco los efectos secundarios, y sin embargo utilizamos a los más desfavorecidos como conejillos de indias para ver que pasa y si es eficaz, se comercializa. Dicen que por ser zonas donde más existe la malaria, pero también sin duda por ser más cómodo y no tener tantos requisitos legales en caso de que los efectos secundarios sean catastróficos. Ya ha pasado en otros ensayos con medicamentos como el Xigris recientemente retirado y del que ha podido matar a 728 personas.
Si no cambiamos nuestro rumbo, si continuamos  navegando sin brújula ni mapa de navegación, nunca llegaremos a destino y posiblemente hundiremos nuestro barco que de forma irresponsable hemos gobernado. Cuando ello ocurra, no valdrá suspiros y lloros, y el dinero solo será un papel que jamás debió de inventarse, un error que los humanos pagaremos con nuestro suicidio en la deriva a ninguna parte. 

IIRSA RECARGADO





Como es publicado en un ‘medio progre’ y firmado por un ‘periodista progre’, la nota habla de punta a punta del acelerador que la Unasur piensa inyectar al IIRSA, pero sin mencionar para nada esa conocida sigla, cargada de consecuencias geopolíticas y socioecológicas…. La idea parece clara entre lo que el periodista filtra del documento: ante la crisis mundial, los países de la región planean acelerar ‘la conectividad de zonas de potencial productiva hasta ahora relativamente aisladas’ para potenciar el crecimiento y la ‘inclusión social’.. O sea, más extractivismo progre…. P/12: una vergüenza! (Horacio Machado Aráoz)


Cómo conectar a los desconectados


El sábado próximo, en Caracas, los presidentes discutirán prioridades de integración física mientras ultiman medidas para que el huracán de la crisis mundial afecte lo menos posible a Sudamérica.
Por Martín Granovsky

El verbo es “intervenir”. Y el documento de la Unión de Naciones Suramericanas sobre infraestructura al que tuvo acceso Página/12 lo utiliza para planificar la intervención del organismo en este objetivo: “El desafío es cómo utilizar los obstáculos que nos impone la geografía como elementos dinámicos de integración”. La brecha digital entre los países miembro de Unasur figura como un escenario más donde intervenir, a partir de la constatación de que “casi el 80 por ciento del tráfico regional de las comunicaciones de Internet salen fuera de la región”.
El texto preparado por la Secretaría General de Unasur a cargo de la ex canciller colombiana María Emma Mejía será la base para que los presidentes la discutan el 3 de diciembre en Caracas. Tal como informó el sábado este diario, el ministro de Economía ya se refirió a los planes de infraestructura con búsqueda de financiación incluida cuando fue el anfitrión, el viernes último, de la reunión regional de ministros de Economía y Finanzas para analizar la crisis mundial.
En la Argentina venía trabajando en el tema Graciela Oporto, la subsecretaria de Planificación Territorial de la Inversión Pública del Ministerio de Planificación Federal.
Junto al verbo “intervenir” aparece el sustantivo “conectividad”. Y el concepto no es sólo digital. Está usado en el texto de Unasur como una forma de describir la integración física que, dice, “constituyó el primer origen de la creación de la Unión Suramericana de Naciones”.
Los EID (Ejes de Integración y Desarrollo) son diez: el andino, el del Escudo guayanés, el del Amazonas, el de Perú-Brasil-Bolivia, el Interoceánico Central, el de Capricornio, el Mercosur-Chile, el del Sur, el de la Hidrovía Paraguay-Paraná y el Andino del Sur.
El objetivo sería generar una dinámica que “facilitará el acceso a zonas de alto potencial productivo que se encuentran actualmente relativamente aisladas o subutilizadas debido a la deficiente provisión de servicios básicos de infraestructura, y proveerá mecanismos para la distribución racional y justa de los beneficios del desarrollo entre los territorios de la región”. En cada caso el desarrollo de proyectos iría acompañado, según Unasur, de la identificación de obstáculos en normas o instituciones, ya sea transporte aéreo, tecnologías de información o uso de pasos de frontera.
Cuantificados, los proyectos superan los 500 con una inversión estimada superior a los 100 mil millones de dólares.
En realidad, Unasur no se atribuye el mérito de una simple recopilación de proyectos en danza, sino la ocupación de un espacio vacío mediante “la constitución de un foro político de alto nivel que establece una visión estratégica y le da seguimiento a su ejecución”.
Por eso Boudou mencionó, al término de la reunión en Buenos Aires, la existencia de 31 proyectos estructurados de alcance regional y con capacidad de agrupar a varios de los planes existentes.
El Eje de Capricornio, que el propio documento de Unasur toma como ejemplo, incluye proyectos que afectan a la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Paraguay. En territorio argentino están incluidos Misiones, Corrientes, Formosa, Chaco, el norte de Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Salta, Jujuy y cuatro municipios de Córdoba.
Influye sobre 2.798.318 kilómetros cuadrados, el 20,64 por ciento de la suma de las superficies totales de los cinco países. Se trata de casi 50 millones de habitantes, el 19 por ciento del total de habitantes.
Los cinco proyectos estructurados de Capricornio (que articulan 18 proyectos individuales) suponen una inversión de 1765 millones de dólares.
Un proyecto es la construcción del puente binacional Salvador Mazza-Yacuiba, entre la Argentina y Bolivia.
El segundo es la llamada Conexión Oeste, también entre la Argentina y Bolivia, con proyectos de puente y centro frontera La Quiaca-Villazón, la rehabilitación del ferrocarril entre Jujuy y La Quiaca y la pavimentación de la Ruta Nacional 40 para el corredor minero.
El tercer proyecto es el corredor ferroviario oceánico Paranaguá-Antofagasta, que en la Argentina sirve para conectar el Chaco y Salta, y revivir el antiguo nudo ferroviario de Metán.
El cuarto proyecto es la conexión vial Foz-Ciudad del Este-Asunción-Clorinda.
Y el quinto, la línea de transmisión de 500 Kw entre Itaipú, Asunción y Yacyretá.
El proceso de integración va en paralelo al debate de Unasur sobre cómo hacer frente a lo que el presidente colombiano Juan Manuel Santos describió como huracán: una crisis mundial que provoca y provocará daños, pero que va cambiando de rumbo e intensidad y frente a la cual la región debe prevenirse lo más posible.
El documento de los ministros que se reunieron en Buenos Aires define Sudamérica como una región con “potencial para seguir creciendo y mejorar sus niveles de inclusión social” sobre la base de “mantener la generación de empleo como un punto central de la política económica”.
Los ministros elevarán en Caracas a los presidentes propuestas para fomentar el comercio dentro de la región y ya resolvieron profundizar en la discusión sobre el manejo de las reservas monetarias de cada país.
En financiamiento seguirán analizando la constitución del Banco del Sur, aprobado ya por los Parlamentos de la Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Falta el trámite –clave por peso político, internacional y financiero del país de origen– del Congreso brasileño. Hasta que funcione la nueva institución están, a mano, las viejas como la Corporación Andina de Fomento.>

Tepco ignoró un estudio que alertaba de un gran tsunami en Fukushima




La compañía eléctrica consideró el informe "poco realista"
J. S. MADRID 


El desastre de la central atómica de Fukushima tras el terremoto del 11 de marzo se debió a una serie de terribles coincidencias. Sin embargo, si los propietarios de la planta se hubieran mostrado más celosos con las medidas de seguridad, se hubieran podido reducir las posibilidades de llegar a sufrir una catástrofe que ya ha supuesto que más de 100.000 personas hayan abandonado sus hogares.
Los responsables de la compañía Tepco tuvieron sobre su mesa un estudio que alertaba del riesgo de que un tsunami de hasta 15,7 metros de altura golpeara la central y que recomendaba que se alzara el muro defensivo que protege sus instalaciones. Tepco ignoró este informe interno de 2008, que consideraba escaso el dique de diez metros de alto que resguardaba Fukushima, por considerarlo "poco realista".
El seísmo lanzó una ola de 15 metros contra la costa en la que se ubica la instalación nuclear, desmantelando sus sistemas de seguridad. El agua inutilizó los generadores de emergencia y la planta se quedó sin alimentación eléctrica para mantener en marcha los sistemas de refrigeración del núcleo de los reactores, que terminaron por fundirse provocando el mayor accidente atómico desde Chernóbil.
Antes de que se realizara este estudio, que ha hecho público la propia compañía, Tepco consideraba que el mayor tsunami que se podía sufrir en la zona era uno de 5,7 metros de altura. Esos cálculos se hicieron en la década de los setenta. Fuentes de la compañía reconocen ahora que la central habría podido defenderse del tsunami de haberse tenido en cuenta las recomendaciones del informe, según la agencia de noticias Kyodo.
Este trabajo lo realizó un departamento creado expresamente por Tepco en 2007 para revisar la seguridad de sus instalaciones, y que hasta junio del año pasado estuvo dirigido por el jefe de la central de Fukushima, Masao Yoshida, ahora retirado por enfermedad.
El Gobierno elevó ayer el riesgo de que la costa este de Japón sea golpeada por un gran tsunami en los próximos 30 años del 20% al 30%, siguiendo la recomendación del Comité de Estudio de la Sismicidad. Según este comité, un terremoto de magnitud 8 podría desatar un tsunami de hasta 38 metros, como el que golpeó Japón en 1896 y causó la muerte de más de 20.000 personas.
publico.es

EL NEGOCIADO DEL CLIMA




 La naturaleza en el horno: cambio climático, energía supuestamente renovable y biomasa

Los seres humanos han utilizado la biomasa para producir energía desde tiempos inmemoriales de forma sostenible. Por otro lado, la industrialización está terminando con las reservas de combustibles fósiles y ésta es la causa de la búsqueda frenética de otras fuentes de energía. Las bioenergías se basan en la producción de energía a partir de materia viva, la biomasa.

La biomasa es materia viva como árboles, arbustos, hierbas, granos, algas, microbios y también residuos vegetales.

Los acuerdos del protocolo de Kyoto dieron lugar en Europa a políticas como la Directiva de Energías Renovables, aprobada en diciembre de 2008 por el Parlamento Europeo. Ésta tenía como objetivo diversificar las fuentes de energía, pero también abrir nuevos mercados globalizados para la agricultura industrializada europea. Automáticamente se promovió un boom de bioenergía a escala industrial en muchos países del continente.

En la actualidad, dos tercios de la energía llamada renovable provienen en la Unión Europea de la biomasa. Las otras energías renovables – solar, eólica, hídrica, etc. – aportan solamente un tercio. La Comisión Europea pretende que antes de 2020, el 14% de toda la energía de la Unión Europea proceda de biomasa. La materia prima no será precisamente -como se dice a menudo- residuos, sino madera, y también aceites vegetales y biogás. El 75% de los subsidios para las energías renovables está destinado a la biomasa y los biocombustibles. Los demás se reparten entre la energía solar y eólica.

Esto sucede a espaldas de la opinión pública. Las informaciones son parcializadas al vender los beneficios de la economía verde, con la que se pretende continuar creciendo sin límite en lugar de concretar medidas sólidas de ahorro y eficiencia energética.

Renovable es lo que siempre vuelve a crecer, y sostenible es lo que manteniéndose diverso y productivo, no impacta negativamente sobre el medio. Pero al contrario de lo que se suele afirmar, ninguno de estos conceptos aplica a una economía globalizada y a un uso energético masivo y siempre creciente, ni a los impactos ambientales y sociales de este modelo económico.

Los supuestos beneficios de la generación de electricidad a partir de biomasa forestal son la disponibilidad ilimitada de la madera, el aprovechamiento de los residuos de la poda y el mantenimiento de los bosques, la forma limpia de producción o la neutralidad en términos del ciclo de carbono.

Pero no nos engañemos: no hay deshechos forestales capaces de abastecer la demanda energética que se requiere para producir energía para todas las centrales eléctricas de biomasa que se están instalando. La producción global de pellets era de unos 10 millones de toneladas en 2008 y se estima que se duplicará en los próximos 4-5 años. Se prevé un crecimiento anual global del 25 al 30% en los próximos 10 años, según la organización británica Biofuelwatch. Este gran crecimiento en la demanda de madera para la producción de electricidad impacta los bosques de Europa, Norteamérica y Rusia y obliga a muchos países a importar la materia prima de países productores del Sur global.

La demanda europea prevista de madera para la producción de energía eléctrica y calor es de 700 millones de metros cúbicos anuales de madera. Ya la industria maderera por ejemplo, del mueble, o la producción de pulpa de celulosa y papel, requieren anualmente por su parte de 500 millones de metros cúbicos de madera. La FAO afirma que, para 2020, Europa sufrirá una escasez dramática de unos 400 millones de metros cúbicos anuales de madera.

La demanda de madera importada significa una carrera por el uso de las tierras productivas, y el desplazamiento de pueblos indígenas y campesinos de los bosques en beneficio de las empresas productoras de la madera como materia prima industrial. La neutralidad en términos de carbono es igualmente cuestionable y no se sustenta sobre ninguna base científica sino sobre cálculos hechos a conveniencia.

Países como Suecia, Gran Bretaña o Alemania están experimentando un desarrollo sin precedentes de la generación de biomasa a gran escala. Los planes de Gran Bretaña significan, por ejemplo, un consumo de 50 a 60 millones de toneladas de biomasa por año, repartidas entre varias centrales de biomasa planificadas, en construcción o ya instaladas. Pero Gran Bretaña produce tan sólo entre 8 y 9 millones de toneladas de biomasa seca por año. Conclusión: tendrán que importar el resto.

Lo que se presenta a la opinión pública como un cambio benigno y benéfico, de la energía fósil a la renovable, es en los hechos un despojo global de los recursos naturales del Sur para el Norte que profundizará la injusticia y empeorará la pobreza y el hambre.

Por Guadalupe Rodríguez, Salva la Selva, correo electrónico: guadalupe@regenwald.org
Boletin del WRM
Foto: http://img.fotocommunity.com/Proyectos-de-los-fotografos/BOLERO/El-cambio-del-clima-a19285866.jpg

Pueblo Mapuche repudió la actividad minera en Río Negro




La coordinadora del Parlamento Mapuche de la provincia, puso de manifiesto su "profundo rechazo a la minería y su gran preocupación por los megas proyectos". El gobernador electo ya anticipó que dará un impulso a la actividad. Los mapuches recalcaron su apoyo a las "políticas públicas generadoras de desarrollo sustentable y digno", y explicaron que seguirán exigiendo "que se respeten nuestros derechos a la consulta previa, libre e informada, nuestra soberanía alimentaria y nuestra libre determinación".
La coordinadora del Parlamento del Pueblo Mapuche de Río Negro expresó su "hondo rechazo a la minería y su preocupación ante el avance sobre los derechos fundamentales del Pueblo Mapuche", mediante un comunicado.
"No es la primera vez que proyectos de este tipo quieren venir a instalarse en nuestros territorios. Cabe recordar, lo que fue el proyecto minero Calcatreu y el emblemático no rotundo que cosechó por parte de la sociedad en general y por el Pueblo Mapuche en particular, quedando plasmado en la sentencia del Superior Tribunal de Justicia de la provincia, que reconocía que estaban 'comprometidos derechos y garantías de las comunidades originarias' e instaba a 'observar el pleno respeto y la aplicación de las normas en vigencia en cuanto a la pluralidad étnica; al patrimonio social y cultural; preservación de los recursos naturales y el medio ambiente; información, consulta y participación de las Comunidades originarias', según precisó la coordinadora del Parlamento".
Explicó además, que "el Pueblo Mapuche no separa al hombre del universo y de la naturaleza, no se siente dueño y señor para hacer lo que quiera sobre ella, creemos que se es parte y por lo tanto sentimos la obligación de defender la Nuke Mapu, la tierra, de defendernos. La minería depreda sobre la tierra, mata un recurso tan valioso como es el agua y la contamina. En lugares como la Línea Sur y la meseta de Somuncura el agua es un recurso valiosísimo para la vida y representa más que todo el oro del mundo".
En el mismo sentido, analizó: "Pero hoy en día, tenemos que salir de nuevo en defensa del territorio del que somos parte, ya que las ansias destructivas de sectores multinacionales vuelven a la carga y en su afán sabemos que no tienen ningún tipo de remordimiento en destruir el intro fil mongen, la biodiversidad, el delicado equilibrio que tiene la naturaleza".
Argumentó además: "No podemos usar de excusa el fenómeno natural que implica la ceniza al abandono en que se encuentran regiones como la zona sur de la provincia. Sí a la falta de políticas públicas proactivas que generen una mejor forma de vivir, un modelo sustentable de desarrollo. Sabemos que este fenómeno les cae como anillo al dedo a ciertos 'mercachifles' de las soluciones neoliberales que fracasaron completamente en los noventa y que hoy quieren hacer migas de las desgracias ajenas, no solo en la Patagonia si no en el mundo entero".
En otro orden, pronunció: "Creemos en otro modelo de vida, un modelo de vida donde quepamos todos y nadie tenga que abandonar su territorio por la contaminación, en un modelo de un comercio justo, un trabajo digno y sobre todo donde tengamos derecho de auto determinación y de participación en decisiones que afecten nuestro medioambiente, donde se respete nuestra soberanía alimentaria y la crianza de nuestros hijos en un ambiente seguro, libre de enfermedades. No queremos ir a engrosar los sectores marginales de las grandes ciudades para ser mano de obra barata de esas mismas multinacionales que pretenden establecerse en nuestros territorios", concluyó.
"Deumakeiñ tufa chumwechi deumakefuygun kuifike che, pu laku ka pu chaw. Fey pingn tufa norzungu"
"Lo hacemos porque lo hicieron los antepasados, los abuelos y nuestros padres. Ellos dijeron que era correcto."

------------------------------------------------------------------------



La ciudadanos Rionegrinos y de la Argentina toda que celebramos el 21 de julio del 2005 la aprobación de la Ley 3981 que prohíbe el uso de cianuro y mercurio en el proceso de extracción, explotación e industrialización de minerales metalíferos en el ámbito de nuestra provincia, nos encontramos hoy atentos y expectantes ante la próxima sesión de nuestra legislatura. En la misma, el 30 del corriente mes, se tratará en 2da. vuelta la iniciativa 283-2010 mediante la cual se siguen los lineamentos básicos de la Ley Nacional de presupuestos mínimos de Protección de glaciares ( Ley26.639).
Por Comunidad del Limay

26/11/2011. No desconocemos la presión política que ejercen desde hace muchos años los sectores corporativos empresariales extranjeros y nacionales del rubro minero.
Tampoco podemos ignorar el posicionamiento de numerosos estamentos políticos tanto dentro de la órbita nacional como provincial enrolados en el Modelo Neoextractivista. Pero, queremos confiar en esta oportunidad, en la coherencia de una legislatura que supo aprobar hace 6 años una ley que preserva nuestro Patrimonio Natural para el presente y para las generaciones futuras. Saben muy bien, nuestros representantes, que el avance de estos emprendimientos constituye una solución cortoplacista que beneficia a unos pocos dejándonos un legado de destrucción de nuestro entorno natural por tiempos impredecibles. Por ello, apelamos a su conciencia de funcionarios en pos de un futuro digno ,provechoso y saludable para nuestro Río Negro.
Comunidad del Limay
Organización Ciudadana para la Defensa del Patrimonio Natural y Cultural
(8400) San Carlos de Bariloche - Río Negro - Patagonia / Argentina
Teléfonos: (02944) / 46-8095 /42- 1145 / 43-5972

noalamina.org


Hilos de reflexión sobre ¿la crisis? y la sostenibilidad de la vida






Este texto es no es más que un intento de recoger por escrito reflexiones varias surgidas al calor de múltiples debates en diversos contextos y forma parte de un trabajo más amplio en preparación. Surge en este momento de ilusión del 15-M (esto es esperanza, y no la presidenta), pero se engarza con historias que venían de mucho antes. No es un texto acabado, redondo, con principio y fin. Es poco más que un borrador que recoge debates que hemos ido teniendo y lanza ideas para debates futuros. Es un texto que se lanza para el diálogo, para sentarse en una plaza y debatir, por eso no va maqueado ni pulcramente planchado; o sea: perdonad los posibles gazapos, los puntos suspensivos, y los argumentos a medio cocinar.


1. La crisis, ¿qué crisis?
El estallido financiero se ha adueñado de la concepción única y absoluta de “LA CRISIS”. Desde perspectivas críticas, llevábamos años denunciando que el proceso de valorización de capital se lograba mediante la puesta a disposición de dicho proceso del conjunto de la vida (humana y no humana). Es decir, convirtiendo la vida y sus necesidades en un medio para el fin de acumulación de capital; en el mejor de los casos, en el peor, la vida constituía un estorbo y lo más rentable era destruirla. A esto lo habíamos denominado conflicto capital-vida. Con esta expresión nos referíamos al tipo de vida que construye el capitalismo (qué formas de vida y qué dimensiones de la vida resultan rentables, productivas –por la doble vía de la producción o del consumo-), y a las dimensiones de la vida que no son rentables, que sobran, o a las vidas enteras que no eran rentables, que sobraban. En el proceso de financiarización de la economía, este conflicto se había agudizado, al producirse una parte creciente del proceso de valorización con una desconexión tremenda de los procesos vitales mismos.
En ese sentido, decíamos que el proceso de valorización se había dado a costa de la explotación del planeta (de la vida no humana). Y también a costa de poner la vida humana al servicio del proceso de acumulación, tanto en el Sur global como en el Norte global (si bien esta explotación tenía características e intensidades muy diversas). Esto había conllevado serios ataques a los procesos vitales, que veníamos luchando que se reconocieran como crisis profundas, sistémicas y acumuladas. Así, hablábamos respectivamente de una crisis ecológica (global); una crisis de reproducción social que afectaba al conjunto de expectativas de reproducción material y emocional de las personas en el Sur global; y una crisis de los cuidados, que afectaba a una dimensión concreta de las expectativas materiales y emocionales de reproducción (los cuidados) en el Norte global.
Luchábamos porque estos procesos vitales truncos se reconocieran como crisis… y nos estaba costando. Estábamos visibilizando las deficiencias estructurales de un sistema depredador (que no solo era capitalista, sino también heteropatriarcal, antropocéntrico e imperialista). Hablábamos de crisis de civilización porque atravesaba el conjunto de las estructuras (políticas, sociales, económicas, culturales, nacionales, etc.), pero también de las construcciones éticas y epistemológicas más básicas (la propia comprensión de “la vida”).
Llega entonces el estallido financiero y automáticamente y sin cuestionamiento alguno, le otorgamos el nombre de crisis. Realmente, lo que se produce es un quiebre en el proceso de acumulación, de valorización de capital, primeramente en los circuitos financieros. No es, de primeras, un quiebre directo de los procesos vitales. En ese sentido no es una crisis (no está –o no tan agudamente- en crisis el proceso vital, que es el que nos importa si ponemos la sostenibilidad de la vida en el centro). Son posteriormente el tipo de políticas que se ponen en marcha para recuperar el proceso de valorización (las llamadas políticas anticrisis, que son más bien políticas de recuperación de la ganancia) las que implican un serio ataque a las condiciones de vida. Esa ahí donde la respuesta política al estallido financiero empieza a devenir en crisis. Así, podemos prever que la recuperación del capital implique, en el Norte global, un agravamiento serio de la crisis de los cuidados (vía reducción de servicios y prestaciones públicas, traslación de carga de trabajo al trabajo no remunerado y flexibilización y desregulación creciente del mercado laboral), así como el comienzo de una crisis de reproducción social para ciertos segmentos sociales (vía hipersegmentación social y vía paso de situaciones de precariedad en la vida a situaciones de exclusión, en un contexto de agudización de la dependencia del ingreso por la desaparición de mecanismos colectivos de absorción de los riesgos de la vida, dificultad de acceso a fuentes estables y suficientes de ingresos, pérdida de la noción de universalidad de los derechos y paso a enfoques asistenciales); y, en el Sur global, que se traduzca en un agravamiento de la crisis de reproducción social (por ejemplo, ya ha ocurrido en lo referente a la crisis alimentaria provocada por la especulación con alimentos).
Así, una primera pregunta es de qué crisis estamos hablando.
Ante la crisis, hay múltiples frentes de intervención, pero me limito a resaltar dos “pres” y dos intervenciones simultáneas.

Los "pres" para intervenir en la crisis
2.1 La "desfinanciarización" de la economía
Someter a los mercados financieros a un control realmente democrático, poner coto a la capacidad de las empresas de crear dinero financiero, exigir responsabilidades a gestores financieros, agencias de calificación, instituciones, etc. Es decir, la reversión del proceso por el cual los mercados financieros estaban alejándose por completo de toda posibilidad de control y de todo vínculo con el resto de procesos socioeconómicos (lo que en palabras de Mertxe Larrañaga podemos llamar "desfinanciarizar" la economía) es una exigencia que no solo toma cuerpo, sino que es compartida una pluralidad enorme de gentes. El problema es si con ello aspiramos a volver a poner a las finanzas al servicio de la producción como fin último de la reivindicación, es decir, que queremos volver a una especie de capitalismo bueno, movido por la demanda, léase el consumo.
Las diversas medidas que nos llevarían a esa desfinanciarización debemos leerlas en términos de aminorar el conflicto capital-vida. Si bien sabemos que este conflicto es inherente al capitalismo heteropatriarcal, puede tener diversas intensidades. Y en el paso de la lógica K-M-K’ a la lógica K-K’ se había agravado. Se trata, por tanto, de exigir esta bajada de intensidad del conflicto a la par que cuestionamos el sistema capitalista en sí.
(Existen múltiples propuestas que dan forma a esta desfinanciarización -entre otras, pueden verse las propuestas del grupo de trabajo de economía de Sol, propuestas de grupos como ATTAC, u otras realizadas desde el ámbito de la economía ecológica- el debate central es si se “limitan” a, digamos, poner algo de orden en el casino global, o si replantean de arriba abajo el papel del sistema financiero, su carácter privatizado, e, incluso el rol del dinero como medio de acumulación de valor).

2.2 El cuestionamiento de la dicotomía perversa producción/reproducción
Desde el ecologismo social afirman que la “metáfora de la producción” (como la llama José Manuel Naredo) se ha adueñado de nuestra forma de interpretar el mundo. Es decir, creemos en la posibilidad de producir riqueza, en un proceso progresivo y creciente sin límite. Este sería el objetivo socioeconómico por excelencia, el sentido del progreso y el desarrollo: el crecimiento. A su servicio estaría, de forma clave, el planeta, el conjunto de recursos naturales, disponibles para que el hombre los domine y utilice para ir constituyendo civilización. Esta metáfora ha sido duramente cuestionada por el ecologismo social y por el feminismo.
El ecologismo asegura que la producción no existe. Los sistemas socioeconómicos son subsistemas abiertos, que extraen recursos, absorben energía, generan residuos y emiten energía degradada. Estos subsistemas abiertos funcionan en un sistema cerrado, la biosfera, que no intercambia materiales con el exterior y donde la única producción de verdad solo es la de la fotosíntesis, y es muy poca. Es decir, que extraemos y transformamos, pero no producimos nada. La producción es una fantasía antropocéntrica, que tiene una única forma de mantenerse: crear un medio fantasma de acumular esa supuesta riqueza creada, el dinero. El dinero que no existe más que en la medida en que la gente crea que existe (y, en ese sentido, podemos decir que es una gravísima performance), no solo se convierte en el fin del proceso económico, en medio de acumulación y no de mero intercambio, sino que es el sine qua non para el funcionamiento de la metáfora de la producción.
Desde el feminismo se afirma que el otro oculto de la producción es la reproducción, en un esquema epistemológico patriarcal que está en la base de la explotación de la naturaleza y la opresión de las mujeres. Este esquema se caracteriza por interpretar el mundo de forma dicotómica: comprender la realidad organizada en pares opuestos (bueno/malo, arriba/abajo, producción/reproducción), con una valoración jerárquica del binomio (la producción es el progreso, lo deseable) y donde el miembro valorado termina arrogándose el todo, la universalidad (solo vemos y hablamos de la producción). Además, hay un encabalgamiento entre toda dicotomía y las dos clave de: masculino/femenino, civilización/naturaleza. La producción encarna valores de la masculinidad y usa la naturaleza feminizada para construir civilización. Desde aquí se produce una disociación entre el crecimiento, el progreso, entendidos como el objetivo civilizador y el mero sostenimiento, condición que se supone debe superarse (trascender es lo plenamente humano y entra en contradicción con la inmanencia). Ante esta epistemología perversa, la cuestión no es solo visibilizar que, además de producir bienes y servicios, también se reproducen personas. Sino señalar que ambos procesos no están escindidos, que la producción solo nos importa en la medida en que reproduce vida. La reproducción, por tanto, es la lente desde la que mirar el conjunto, el eje trasversal. Dicho de otra forma: que no hay contradicción entre el objetivo que luego llamaremos de “vivir bien” y la sostenibilidad. Se trata de vivir bien, no vivir mejor (mejor que antes, mejor que otrxs).

Intervenciones simultáneas: construcciones éticas y construcciones socioeconómicas
Es urgente que tengamos dos debates simultáneos o, en palabras de Silvia L. Gil, que seamos capaces de pensar e intervenir simultáneamente en varios niveles:
  • Necesitamos un cuestionamiento ético de los valores mismos que sostienen el sistema y que interpretan la vida (la humana y la no humana)
  • Y necesitamos un cuestionamiento de las estructuras que organizan esa vida (esas vidas)
Son procesos que deben ir simultáneos, porque a lo que nos enfrentamos es a una crisis sistémica.

  1. Cuestionarnos qué es eso de “vivir bien”
Respecto a la intervención ética: necesitamos un debate radicalmente democrático sobre qué entendemos que es “vivir bien”, varios apuntes:
  • Radicalmente democrático: y esto hace referencia a la falta de estructuras de democracia real participativa
  • ¿Qué necesidades son las que convierten a la vida en una vida significativa? Aquí hay nexos indiscutibles con las propuestas del decrecimiento y de vivir mejor con menos. Desde el feminismo, apostamos por constituir los cuidados en una de las dimensiones centrales de esa vida significativa (aunque tengamos al mismo tiempo que replantearnos qué entendemos por cuidar bien-cuidarnos bien). Y por otorgar máxima importancia a dimensiones de la vida que han pasado históricamente no discutidas en lo publico, sino “negociadas” en lo privado/doméstico, y/o se consideran ajenas a lo económico (cuestiones afectivas y relacionales, sexuales, etc.). Estas necesidades deben definirse de manera colectiva (no es lo que individualmente consideramos necesario, sino lo que colectivamente nos responsabilizamos de garantizar)
  • Cambios epistemológicos clave para romper con la idea de autosuficiencia (somos seres autosuficientes en nuestra individualidad, “yo y el mercado”):
    • Reconocer y poner en primer plano la vulnerabilidad de la vida: que la vida es vulnerable entendiendo esto como potencia, como la apertura de espacios donde podamos sentir conexión, sentirnos afectadas por lo que les ocurre a otrxs. 
    • Reconocer la interdependencia de la vida y la ecodependencia como condiciones inherentes a esta. La única forma de afrontar la vulnerabilidad es en la interacción. La interdependencia nos transforma la pregunta: ya no es cómo lograr ser autosuficiente, sino cómo lograr niveles suficientes de autonomía en una realidad de interdependencia y cómo construir la interdependencia en términos de reciprocidad y no de asimetría; y como lograr autonomía en un contexto de ineludible interdependencia (como dice Silvia Gil en Nuevos Feminismos. Sentidos comunes en la dispersión, se trata de “abrir la posibilidad de pensar la autonomía, no como ejercicio individualizador de valorización del capital, sino como capacidad para construir una vida en la que se afirme la interdependencia y se dibuje de un modo más justo, abriendo nuevos ”). 
    • sentidos colectivos para su organización. .
  • En estos debates (poner en el centro otra apuesta, una ruptura expresa y rotunda con los valores de la “modernidad”, “desarrollo”, “progreso”) hay muchas aportaciones: buen vivir (sumak kawsay/suma q’amaña), decrecimiento, mejor con menos, postdesarrollo… Desde el feminismo hemos hablado de cuidadanía, de vida vivible… Introducir las distintas perspectivas (con sus potencialidades y límites) en el debate. En esta profusión de perspectivas, no tenemos las palabras: ¿cómo llamar a ese “vivir bien”? Y por eso las comillas.
  • Algunos elementos, entre otros muchos, de cara a pensar ese “vivir bien”:
    • Que ese “vivir bien” sea universalizable: que no se dé a costa del “vivir mal” de otrxs. Los debates que estamos teniendo con el 15-M tienen a veces un foco excesivamente nacional, o “primermundista” (¿reivindicamos el estado del bienestar como una panacea sin preguntarnos en qué medida ese estado del bienestar solo ha sido posible gracias a las desigualdades globales?). Aquí hay un nexo directo con el cuestionamiento de las fronteras, y podría derivar en reivindicaciones inmediatas como la derogación de la ley de extranjería o el negarse a la modificación de Schengen.
    • Igualdad: la igualdad redefinida desde la conciencia de la diversidad, cómo lograr que la diversidad no implique desigualdad
    • Austeridad: los límites ecológicos son insoslayables. ¿Pero debemos pensar también en límites éticos (vinculados a las nociones de universalidad e igualdad)?

  1. Con qué estructuras gestionamos la responsabilidad colectiva de poner las condiciones de posibilidad para ese “vivir bien”
A la hora de discutir esto tenemos, en primer lugar, que introducir en el debate todas las estructuras socioeconómicas posibles (me voy a referir a las estructuras socioeconómicas y no a las políticas, por ejemplo, pero habría que ampliar en consonancia): la diversidad existente y las que podrían existir. A menudo el debate se ciñe a dos estructuras contrapuestas: mercado y Estado (entendidas además de forma muy monolítica). Pero hay otras estructuras en funcionamiento:
  • Los hogares (diversos, más allá de la familia): institución económica que desde el feminismo definimos como la unidad económica básica (en el sentido de que es la forma organizativa en que las personas gestionamos cotidianamente nuestra vida económica) y como colchón de reajuste del sistema (en el sentido de que es donde en última instancia se producen los reajustes en términos de generación de bienes y servicios, distribución y consumo de recursos para garantizar la vida en función de las condiciones que impongan el resto de las esferas; es la institución que asume la responsabilidad de garantizar las condiciones de vida en el marco de un sistema que garantiza el proceso de acumulación). Los hogares, además, son instituciones muy poco democráticas (unidades de conflicto cooperativo, como se han definido), por lo que si exigimos estructuras económicas democráticas, un serio debate sobre los hogares es insoslayable.
  • Diversas formas comunitarias de organizar el trabajo y el acceso a bienes y servicios: formas varias de vida en común y/o de organización en común de los trabajos. Redes varias comunitarias, vecinales, etc. 
  • Economía social y solidaria: ¿es posible que esta sea eje clave de la reorganización de la estructura socioeconómica?, ¿cuáles son los nexos de la economía social y solidaria con lo público?
  • Tercer sector
  • Economía campesina
  • … Formas variadas también en cada contexto

Esas y otras estructuras existen ya (son lo que Magdalena León llamaría la economía diversa realmente existente y que va también más allá de la tríada Estado-empresas-hogares en la que a veces se queda encajonada el feminismo). A la par, hay que complejizar el debate sobre las empresas (no toda empresa es igual, ni siquiera aunque tenga ánimo de lucro). Además, hay otras formas que podrían pensarse. Por ejemplo, ¿podría pensarse una organización y gestión de lo público que no pase necesariamente por la estructura administrativa burocrática? Es imprescindible un ejercicio de creatividad e imaginación muy grande.
Teniendo en mente la diversidad de formas posibles de organizar la economía, hay dos movimientos estratégicos clave:

Primero: detracción de recursos de la lógica de acumulación

En la medida en que está claramente identificado el conflicto entre el proceso de acumulación y la garantía de unas condiciones que hagan posible ese “vivir bien”, es urgente ir detrayendo recursos que hoy día están puestos a funcionar para garantizar el proceso de valorización de capital.
Segundo: Poner los recursos a funcionar bajo otra lógica económica, en estructuras económicas democráticas
Cuáles son estas estructuras y cuál puede ser su lógica de funcionamiento es justo el elemento clave a imaginar y construir. Podría haber ciertas pistas:
  • ¿Lógica? Es decir, la forma en que se reconocen las necesidades de sujetos concretos, las vías por las cuáles se legitiman esas necesidades (se asume un compromiso de resolverlas), la forma de organizar la generación de los medios para satisfacerlas, y la forma de distribuirlos… Debemos ir más allá de (¿o recuperar para complejizar?) la idea de las tres lógicas intercambio/redistribución/reciprocidad
  • Hay ya distintas lógicas en marcha en esas diversas estructuras económicas: podemos partir de reconocerlas y valorarlas, pero sin mitificar ninguna (especialmente peligroso sería mitificar una supuesta “ética de los cuidados” o de la “vida comunitaria”)
  • El dinero debe volver a ser un medio de intercambio y perder la capacidad de acumulación, tampoco puede ser el medio para reconocer y legitimar las necesidades.
Bajo esta idea de detraer recursos a la lógica de acumulación (organizada en torno a estructuras sumamente jerárquicas) y ponerlos a funcionar en estructuras democráticas bajo otras lógicas económicas para asumir la responsabilidad colectiva de garantizar las condiciones en las que sea posible ese “vivir bien”, podrían exigirse reivindicaciones inmediatas referidas a distintos tipos de recursos como:
  • Espacio físico: detraer tierra, espacio urbano y rural al capital. Aquí las propuestas más elaboradas vienen del ecologismo. Por ejemplo (y lanzo un tanto a boleo): redefinir toda la orientación de los transportes, priorizar el transporte en tren frente al automovilístico; una red ferroviaria electrificada que una todos los núcleos habitados y priorice esta conexión frente a las líneas de alta velocidad que unen grandes núcleos; espacio en las ciudades para el carril bici y zonas peatonales frente al asfalto para los coches; recalificar el suelo (de urbanizable a zonas verdes o…). Tierras para la pequeña agricultura ecológica frente a las tierras para los monocultivos para la exportación… 
  • Vivienda: el debate sobre la vivienda nos pone delante dos cuestiones claves: 
    • La imperiosa necesidad de apostar por la redistribución frente al crecimiento. “Casas sin gente, gentes sin casa, ¿qué pasa?” En este contexto es un absurdo pedir la construcción de más viviendas (¡casi un millón vacías!) para solucionar la falta de acceso. 
    • La urgencia de erosionar la fortaleza del nexo calidad de vida-capacidad de consumo (otra manera de decir que se pongan los recursos a funcionar bajo otra lógica distinta a la de acumulación y la subsiguiente compra/venta; otras formas de acceder a los recursos que no pasen por el dinero del salario): si dejamos de gastar una media del 60% del sueldo en vivienda, ¿podríamos vivir mucho mejor con mucho menos dinero?
    • Nos trae también a colación el debate sobre nuestros propios valores éticos: ¿seguimos teniendo como objetivo vital la propiedad individual de vivienda?
    • En ese contexto, ¿por qué no apostar por la expropiación de la vivienda vacía (quizá con ciertas excepciones) y organizar un parque público de vivienda en alquiler? 
  • Cuidados: en este caso, más que detraer estos recursos, se trata de evitar que se siga en la tendencia actual donde están entrando dentro de la lógica de acumulación. En ese sentido, la propuesta fundamental sería prohibir que los cuidados puedan ser servicios proporcionados por entidades con ánimo de lucro. Desde el feminismo hemos insistido en las perniciosas consecuencias de que esto ocurra (básicamente, garantizar márgenes de rentabilidad suficientes y crecientes mediante: la provisión de cuidados de calidades extremadamente diversas –a menudo rayando lo indigno- según la capacidad de pago, por lo tanto, multiplicando las desigualdades; y mediante la explotación de la “ética reaccionaria del cuidado” en las trabajadoras, para garantizar que se sientan responsables de seguir proporcionando buenos cuidados al margen de las condiciones laborales e inhibir procesos reivindicativos, en la medida en que se las hace sentir responsables directas del bienestar de los “consumidores”). Es imprescindible retomar esa vieja idea de que el ánimo de lucro no puede operar en sectores básicos, y exigir que los cuidados sean considerados como tal.
  • Recursos financieros: hago referencia aquí a un propuesta clave y con gran apoyo social, la reforma fiscal progresiva (pero hay otras, por ejemplo, la banca pública). 
    • Hay mucho hablado y por hablar sobre esto, pero básicamente progresiva significa: priorización de los impuestos directos sobre los indirectos; gravar más al capital que al trabajo; establecer un sistema de tipos y tramos realmente progresivo, tanto para el capital como para el trabajo. Podríamos añadir que no beneficie a unos tipos de familias sobre otros (sobre todo referido al impuesto sobre la renta: que no redistribuya hacia los modelos normativos de familia). Los debates en torno a la reforma fiscal aducen que el ajuste no necesariamente debe producirse vía gasto, sino que puede darse vía ingreso.
    • La cuestión adicional sería: ¿y para qué usar estos recursos?: ¿recaudarlos para ponerlos a funcionar otra vez en los mismos circuitos (por ejemplo, financiar otro megaproyecto)?, ¿recaudarlos para que la gente pueda satisfacer expectativas de consumo que son insostenibles (de nuevo, compra de automóviles)? Es decir, la idea no es “reactivar la demanda” (cualquier demanda, de cualquier necesidad, recursos producidos bajo cualquier forma organizativa) para incrementar la “producción real”, sino preguntarnos cuál es esa “producción”, en qué estructuras se da, a qué necesidades responde, etc.
    • En este sentido, sería clave ligar esta detracción de recursos financieros con el ponerlos al servicio de: (1) socializar la responsabilidad de cuidados, que a día de hoy está privatizada: responsabilidad femenina en los hogares (y aquí van la ley de dependencia y autonomía personal, las escuelas infantiles, derechos de “conciliación”… pero también podrían ir otras: ¿comedores colectivos?); (2) para poner en marcha otro conjunto de mecanismos que permitan colectivizar los riesgos del vivir (sistemas de pensiones, con un debate sobre su carácter contributivo, recuperación de la noción de universalidad de los derechos…); y (3) recuperar estándares de calidad y universalidad de los sistemas educativos y sanitarios. 
  • Recursos humanos: liberar tiempo de vida. La reivindicación clave sería la reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial, como forma además de poner en primera línea la idea de apostar por la redistribución frente a la competencia (en un entorno de esclavitud del salario y de escasez del empleo, competencia por el empleo entre países, entre mujeres y hombres, autóctonxs y migrantes…). Pero añadiendo:
    • La no reducción del conjunto de la masa salarial (que el trabajo en su conjunto no pierda recursos frente al capital) debe ir acompañada de un debate sobre el valor de los trabajos y las diferencias salariales. Así, reivindicaciones asociadas serían: incremento del salario mínimo, establecimiento de un salario máximo y tope a las rentas no salariales (recuperamos la cuestión de los límites de la que hablábamos con anterioridad). Aquí se abrirían debates clave: ¿qué diferencias salariales son legítimas?, ¿qué es un salario digno? Por ejemplo, qué es un salario digno para el empleo de hogar; si el precio de este ha de ser siempre menor que el salario que logra fuera la familia empleadora… El debate sobre cómo valorar los trabajos (¿existe actualmente una correlación inversa entre valoración –monetaria y en derechos-, y la contribución social de los trabajos? O, dicho de otra forma: ¿hay una correlación directa entre valoración y contribución al proceso de acumulación?)
    • Redistribución de todos los trabajos: la redistribución de los remunerados debe ir sí o sí ligada a la redistribución de los no remunerados (por justicia, y porque es mediante los no remunerados como se asume la responsabilidad de sostener todas las dimensiones de la vida que no son rentables; son el sustrato para el trabajo pagado alienado). En este sentido, es especialmente preocupante la solidificación de la noción de “el parado”, deprimido porque no tiene empleo y sin saber qué hacer con su vida (los lunes al sol). Aprovechar el desempleo masculino para redoblar la lucha por la redistribución de los trabajos no remunerados (¿cómo podría organizarse esto?). Ni un parado más al sol.
    • Más allá del debate sobre el reparto del empleo, y sobre el reparto de los trabajos remunerados y no remunerados, debemos empezar a hablar del reparto de los trabajos socialmente necesarios y los trabajos alienados. ¿A qué nos referimos? Socialmente necesarios serían aquellos trabajos que generan las condiciones de posibilidad para ese “vivir bien”; alienados serían los que sirven a otros fines distintos. Hay una correlación entre esta distinción y la de remunerados/no remunerados: Muchos trabajos no remunerados (¿la mayoría?) son socialmente necesarios, pero no todos (por ejemplo, hay funciones asociadas a la imagen del ama de casa y la feminidad que no son solo prescindibles, sino que son esclavizantes –ya se cuestionó en su día lo alienante que era para las mujeres la exigencia de tener la casa como los chorros del oro-). Y muchos trabajos remunerados son alienados (sirven solo al proceso de acumulación, pero no a los procesos vitales, no satisfacen necesidades; aquí está la pregunta de Rosario Hdez Catalán “pero este trabajo yo para qué lo hago”). Los trabajos socialmente necesarios deben repartirse (no todos ellos son agradables, ni mucho menos) y revisarse su valoración; y los alienados deben repartirse hoy por hoy (es clave el reparto de los trabajos pagados: hoy por hoy los queremos porque nos dan un salario imprescindible para vivir), pero la lucha debe ser por tender a su desaparición.
Todo lo anterior son meras ideas, dibujadas con trazo grueso, para recoger diálogos que hemos ido teniendo, y para lanzarlas por si pueden servir en los debates abiertos y por abrir.
(gracias, Sira)
Amaia Pérez Orozco es economista y feminista y este texto forma parte de un trabajo más amplio en elaboración.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

martes, 29 de noviembre de 2011

Nuevo término para la enciclopedia de la indignación: acaparamiento de tierras





elparquedelashamacas.org


 En tiempos de crisis, la agricultura y la alimentación se están consolidando como uno de los negocios más lucrativos… no para agricultores o consumidores sino para transnacionales e inversionistas. El motivo es sencillo: una familia puede dejar de pagar la hipoteca pero siempre tendrá que comer. Ya desde hace décadas que la cadena alimentaria (semillas, agroquímicos, distribución, etc.) estaba “oligopolizada” y en manos de unas pocas transnacionales que se están lucrando a toda costa.
Pero a principios de siglo, a raíz de la “burbuja de las punto.com”, el capital financiero empezó a moverse buscando inversiones seguras y aterrizó en el mercado de futuros (alimentación, petróleo, etc.).Si en el año 2000 los activos financieros en éste oscilaban los 5.000 millones de dólares, en 2011 treparon hasta los 450.000. Para ellos un gran negocio, ya que por ejemplo el grupo de inversión Goldman Sachs ganó más de 5.000 millones de dólares en 2009 especulando en materias primas, lo que supuso un tercio de sus beneficios netos. Pero, para el resto, una gran chanchada: Los precios de los alimentos se multiplicaron por 2,5 desde 2000, se oscila el umbral de los 1.000 millones de famélicos y en estos momentos en el Cuerno de África 12 millones de personas sufren una cruel hambruna.
La cosa no ha quedado ahí. Esta vez el capital está metiendo sus garras en lo más importante de la cadena alimentaria: la tierra. Porque millones de campesinos eluden la agricultura ecológicamente insostenible enfocada a la exportación, de la misma manera que millones de consumidores adquieren en los mercados locales o directamente del productor sus alimentos sanos y de temporada. Para mantener estos canales ecológica y socialmente sostenibles sólo hace falta la tierra.
Pero el incremento de los precios de la alimentación en los mercados de materias primas, la posibilidad de especular en la compraventa de tierra, la creciente demanda de alimentos y la importancia estratégica de los agrocombustibles para el futuro energético en los países ecológicamente derrochadores, está alimentando la voracidad de inversores que ansían controlar la producción de alimentos y materias primas. En la última década millones de hectáreas han sido arrendadas o vendidas en los países empobrecidos, fundamentalmente en África. En algunos casos son gobiernos que adquieren tierras en otro estado para garantizarse su suministro futuro. Pero en la mayoría se trata de empresas e inversionistas que pretenden producir alimentos y sobre todo agrocombustibles, en ambos casos para exportar a los países ricos especialmente.  
Según la ONG Intermon Oxfam, en los últimos años cerca de 227 millones de hectáreas de tierra han sido acaparadas en el mundo. Como estos tratos van envueltos de mucho secretismo, la ONG sólo ha podido verificar 1.100 acuerdos por un total de 67 millones de hectáreas. La mitad de ellas se situarían en África, lo que significa que en este continente se ha acaparado una superficie de tierra similar al área de Alemania. Un reciente trabajo publicado por un grupo de expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO, avalaría estos datos al mencionar una cantidad de tierras acaparadas que oscila entre los 50 y 80 millones de hectáreas, situándose en África dos terceras partes del total.
Algunas instituciones como el Banco Mundial o la propia FAO intentan “humanizar” el despojo con la misma cháchara que llevamos décadas escuchando, es decir, aseverando que la inversión acarreará mejoras para las poblaciones locales (tecnología, infraestructuras, trabajo, seguridad alimentaria, etc.). Pero lo cierto es que cada hectárea destinada a la exportación es una hectárea menos para la producción local. Por si fuera poco, ya se han reportado decenas de miles de desalojos forzosos, explotación laboral, impactos ambientales o control sobre los recursos acuáticos para los regadíos intensivos de los acaparadores. Todo ello recuerden, está acaeciendo en países que frecuentemente sufren sequías y hambrunas.

Fuente: http://www.elparquedelashamacas.org/html/acaparamiento.html

Hay pero no te toca





Bohemia



¿Tenía razón Thomas Malthus al pronosticar, en 1798, que la capacidad del hombre para reproducirse iba a sobrepasar su habilidad para producir comida, lo que provocaría una hambruna y un recrudecimiento del proceso de selección natural de las especies, entiéndase guerras en el caso del homo sapiens?
Ante la interrogante, que tomo casi textualmente de una influyente agencia de prensa, los optimistas recuerdan que la revolución industrial y su impacto en la agricultura han frustrado esos vaticinios, a pesar de que la humanidad se ha duplicado una y otra vez. Otros se acogen al cartesiano recurso de la duda. Aunque advierten que los aumentos históricos de la población no han resultado catastróficos a escala económica, como para salvar la honrilla, “por si acaso”, apuntan que posiblemente Malthus se haya equivocado… solo en unos cuantos siglos.
¿El argumento de los últimos? La conjunción de la danza vertiginosa de los precios y el que los habitantes del orbe suman hoy siete mil millones, un crecimiento de dos mil millones en menos de 25 años. Y si bien en más de seis décadas, aducen cautelosos, la tasa de fertilidad global se ha reducido a la mitad, lo que en estadísticas equivale a dos niños y medio por mujer, no se puede prever que la cantidad de almas se estabilice en nueve mil millones, 10 mil millones o 15 mil millones en la presente centuria, porque ello dependerá de lo que ocurra en los países en desarrollo, sobre todo en África, la región de mayor natalidad.
Un hecho cierto es que, según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los mil 20 millones de hambrientos tienen que irse acostumbrando -claro, los que sobrevivan- a que en el 2030 los alimentos básicos costarán el doble. Ello, luego de que entre 2005 y 2008 los importes se acercaran a la comba celeste. En ese lapso, el del maíz se disparó 74 por ciento, mientras el del arroz se triplicó, llegando a crecer 166 puntos porcentuales. Y poco duró el declive de 2008, cuando perdieron 33 por ciento en apenas seis meses, espoleados por la crisis financiera. En 2010 los cereales experimentaron alzas de 50 por ciento, y lo peor es que a la altura de 2011 los economistas consideran muy probable que la volatilidad haya arribado para quedarse.
Entonces, ¿Malthus atinó? No. De acuerdo con datos solventes, la Tierra genera dos veces más comida de la que sus “tripulantes” precisan para vivir. No en vano entendidos como el director de la oficina de la FAO en España, Enrique Lleves, se pregunta a voces “cómo en un planeta con tal producción puede haber gente que pasa hambre”. Y él mismo se responde: “El libre juego de la oferta y la demanda no explica el hambre”, así como no la explican ni las últimas sequías, ni el crecimiento poblacional. “Las principales causas son la falta de voluntad política y la especulación”.
Precisamente citando el libro Especulación financiera y crisis alimentaria, de José María Medina y Kattya Cascante, el funcionario asevera que el bluf de la burbuja inmobiliaria atrajo los fondos de inversión a este sector, que parece seguro y rentable. A eso habría que añadir la acumulación de tierras, mayormente en África, donde las multinacionales están haciendo su agosto, y el acaparamiento del mercado por unas pocas empresas. A nivel mundial, cinco de ellas controlan el 80 por ciento de la producción y el comercio de granos, cuatro el ciento por ciento de las semillas transgénicas, tres el mercado de lácteos y otras tres la producción de maíz. Diversos especialistas suman a la lista el encarecimiento del petróleo, la proliferación de los agrocombustibles y las secuelas de los cambios climáticos.
Todo lo cual remite a la interrogante del inicio. Pero contestada a la brava. Porque asumir el planteamiento del clérigo inglés de manera descontextualizada, en vez de intentar una perspectiva histórica e historicista, que profundice en los problemas acarreados por determinada formación socioeconómica, estaríamos legitimando la explotación capitalista y la política imperial -la “necesidad” de las guerras-, como si la mismísima superpoblación y la miseria con ella vinculada tuvieran un origen natural, inevitable.
La renuencia de los más ricos al pedido del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de cincuenta mil millones de dólares con que erradicar un hambre ya endémica se constituye en suficiente prueba de nuestro aserto. Más teniendo en cuenta que la cantidad equivale al 1,08 por ciento de la invertida por los estados para el rescate bancario desde 2007 (4,6 billones de dólares), o sea para extender en el tiempo un sistema que se mantiene precisamente de la polarización entre terrícolas hartos y espectros que pasan por terrícolas.
¿Hará falta explayarse en la réplica a los seguidores de Mister Thomas?